Venden opioides mezclados con tranquizilantes para animales en vecindario de Philadelphia

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Stephanie Klipp, a wound care nurse, treats people's xylazine ulcers in Philadelphia鈥檚 Kensington neighborhood, where maintaining hygiene is an issue for those living on the streets. (Courtenay Harris Bond)

Muchas personas del vecindario de Kensington, en Philadelphia 鈥攅l mayor mercado abierto de drogas al aire libre de la costa este鈥 son adictas y aspiran, fuman o se inyectan al aire libre, encorvadas sobre cajas o en los escalones de las casas. A veces es dif铆cil saber si est谩n vivos o muertos. Las jeringuillas ensucian las aceras y el hedor de la orina inunda el aire.

Las aflicciones del barrio se remontan a principios de los , cuando la industria desapareci贸 y el tr谩fico de drogas se afianz贸. Con cada nueva oleada de drogas, la situaci贸n se agrava. Ahora est谩 peor que nunca. Ahora, con la llegada de la xilacina, un tranquilizante de uso veterinario, nuevas complicaciones est谩n sobrecargando un sistema ya desbordado.

“Hay que poner manos a la obra”, dijo Dave Malloy, un veterano trabajador social de Philadelphia que trabaja en Kensington y otros lugares de la ciudad.

Los traficantes utilizan xilacina, un sedante barato no autorizado, para cortar el fentanilo, un 50 veces m谩s potente que la hero铆na. El nombre callejero de la xilacina es “tranq”, y el fentanilo cortado con xilacina se llama “tranq dope”.

La xilacina lleva una d茅cada disemin谩ndose por el pa铆s, seg煤n la . Su aparici贸n ha seguido la ruta del fentanilo: empezando en los mercados de hero铆na en polvo blanco del noreste y desplaz谩ndose despu茅s hacia el sur y el oeste.

Adem谩s, ha demostrado ser f谩cil de fabricar, vender y transportar en grandes cantidades para los narcotraficantes extranjeros, que acaban introduci茅ndola en Estados Unidos, donde circula a menudo en paquetes de correo expr茅s.

La xilacina se detect贸 por primera vez en Philadelphia en 2006. En 2021 se encontr贸 en el 90% de las muestras de opioides callejeros. En ese a帽o, el no intencionales relacionadas con el fentanilo incluyeron xilacina, seg煤n estad铆sticas de la ciudad. Dado que los procedimientos de an谩lisis durante las autopsias var铆an mucho de un estado a otro, no hay datos exhaustivos sobre las muertes por sobredosis con xilacina a nivel nacional, seg煤n la .

Aqu铆 en Kensington, los resultados est谩n a la vista. Usuarios demacrados caminan por las calles con heridas necr贸ticas en piernas, brazos y manos, que a veces llegan al hueso.

La vasoconstricci贸n que provoca la xilacina y las condiciones antihigi茅nicas dificultan la cicatrizaci贸n de cualquier herida, y mucho m谩s de las 煤lceras graves provocadas por la xilacina, explic贸 Silvana Mazzella, directora ejecutiva de , un grupo que ofrece servicios conocidos como 鈥渞educci贸n del da帽o鈥.  

En el vecindario Kensington de Philadelphia, Stephanie Klipp, enfermera de atenci贸n de heridas, venda una herida grave producto del consumo de opioides con xilacina, que corre peligro de llegar al hueso. (Courtenay Harris Bond)

Stephanie Klipp, enfermera que se dedica al cuidado de heridas y a la reducci贸n de da帽os en Kensington, dijo que ha visto a personas “viviendo literalmente con lo que les queda de sus extremidades, con lo que obviamente deber铆a ser amputado”.

El papel que desempe帽a la xilacina en las sobredosis mortales pone de relieve uno de sus atributos m谩s complicados. Al ser un depresor del sistema nervioso central, la no funciona cuando se trata de un sedante.

Aunque la naloxona puede revertir el opioide de una sobredosis de 鈥渢ranq dope鈥, alguien debe iniciar la respiraci贸n artificial hasta que lleguen los servicios de emergencia o la persona consiga llegar a un hospital, cosa que a menudo no ocurre. “Tenemos que mantener a las personas con vida el tiempo suficiente para tratarlas, y eso aqu铆 es diferente cada d铆a”, explic贸 Klipp.

Si un paciente llega al hospital, el siguiente paso es tratar el s铆ndrome de abstinencia agudo de 鈥渢ranq dope鈥, que es algo delicado. Apenas existen estudios sobre c贸mo act煤a la xilacina en humanos.

Melanie Beddis vivi贸 con su adicci贸n dentro y fuera de las calles de Kensington durante unos cinco a帽os. Recuerda el ciclo de desintoxicaci贸n de la hero铆na. Fue horrible, pero despu茅s de unos tres d铆as de dolores, escalofr铆os y v贸mitos, pod铆a “retener la comida y posiblemente dormir”. Con la 鈥渢ranq dope鈥 fue peor. Cuando intent贸 dejar esa mezcla en la c谩rcel, no pudo comer ni dormir durante unas tres semanas.

Las personas que se desintoxican de la 鈥渢ranq dope鈥 necesitan m谩s medicamentos, explic贸 Beddis, ahora en recuperaci贸n, quien ahora es directora de programas de , que ofrece alojamiento, asistencia y reducci贸n de da帽os en Kensington.

“Necesitamos una receta que sea eficaz”, se帽al贸 , m茅dica y directora fundadora del Centro de Medicina de Adicciones de Penn Medicine.

Perrone dijo que primero trata la abstinencia de opioides, y luego, si un paciente sigue experimentando malestar, a menudo utiliza clonidina, un medicamento para la presi贸n arterial que tambi茅n funciona para la . Otros m茅dicos han probado distintos f谩rmacos, como la , un medicamento anticonvulsivo, o la .

“Es necesario que haya m谩s di谩logo sobre lo que funciona y lo que no, y que se ajuste en tiempo real”, afirm贸 Malloy.

Philadelphia ha anunciado recientemente que va a poner en marcha un servicio m贸vil de atenci贸n de heridas como parte de su , con la esperanza de que esto ayude al problema de la xilacina.

Lo mejor que pueden hacer los especialistas en las calles es limpiar y vendar las 煤lceras, proporcionar suministros, aconsejar a la gente que no se inyecte en las heridas y recomendar tratamiento en centros m茅dicos, explic贸 Klipp, que no cree que un hospital pueda ofrecer a sus pacientes un tratamiento adecuado contra el dolor. Muchas personas no pueden quebrar el ciclo de la adicci贸n y no hacen seguimiento.

Mientras que la hero铆na sol铆a dar un margen de 6-8 horas antes de necesitar otra dosis, la 鈥渢ranq dope鈥 solo da 3-4 horas, estim贸 Malloy. “Es la principal causa de que la gente no reciba la atenci贸n m茅dica adecuada”, a帽adi贸. “No pueden estar el tiempo suficiente en urgencias”.

Adem谩s, aunque las 煤lceras resultantes suelen ser muy dolorosas, los m茅dicos son reacios a dar a los usuarios analg茅sicos fuertes. 鈥淢uchos m茅dicos ven eso como que buscan medicaci贸n en lugar de lo que est谩 pasando la gente鈥, dijo Beddis.

Por su parte, Jerry Daley, director ejecutivo de la secci贸n local de un programa de subvenciones gestionado por la Oficina de Pol铆tica Nacional de Control de Drogas (ONDCP), dijo que los funcionarios de salud y las fuerzas del orden deben comenzar a tomar medidas en茅rgicas contra la cadena de suministro de xilacina y transmitir el mensaje de que las empresas deshonestas que la fabrican est谩n “literalmente benefici谩ndose de la vida y las extremidades de las personas”.

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