“Quería tener el control sobre cómo iba a dejar este mundo”, dijo la mujer de 61 años que vive en Lancaster. “Decidí que era algo que yo podía elegir”.
Usar asistencia médica para morir no fue una opción cuando Milano supo, a principios de 2023, que su enfermedad era incurable. En ese momento, habría tenido que viajar a Suiza, o vivir en el Distrito de Columbia o en uno de los .
Pero Vermont eliminó su requisito de residencia en mayo de 2023, seguido de Oregon dos meses después. (Montana permite la muerte asistida en virtud de una decisión judicial de 2009, pero ese fallo no establece normas sobre la residencia. Y aunque Nueva York y consideraron recientemente una legislación que permitiría a los residentes fuera del estado acceder a la ayuda médica para morir, ninguna de las dos disposiciones fue aprobada).
A pesar de las limitadas opciones y los retos —como encontrar médicos en un nuevo estado, decidir dónde morir y viajar cuando se está demasiado enfermo para caminar hasta el dormitorio o para subirse a un coche— docenas de personas han hecho el viaje a los dos estados que han abierto sus puertas a los enfermos terminales no residentes que buscan ayuda para morir.
Al menos 26 personas han viajado a Vermont para morir, lo que representa casi el 25% de las muertes asistidas registradas en el estado desde mayo de 2023 hasta junio de 2024, según el Departamento de Salud de Vermont. En Oregon, 23 residentes de fuera del estado murieron utilizando asistencia médica en 2023, algo más del 6% del total del estado, según la .
El oncólogo Charles Blanke, cuya clínica en Portland se especializa en la atención al final de la vida, señaló que el total de Oregon es probablemente el resultado de un recuento inexacto y espera que las cifras aumenten. En el último año, dijo, ha atendido de dos a cuatro pacientes de fuera del estado a la semana —aproximadamente una cuarta parte de su consulta— y ha recibido llamadas de todo el país, incluyendo Nueva York, las Carolinas, Florida y “toneladas de Texas”. Pero que los pacientes estén dispuestos a viajar no significa que sea fácil ni que obtengan el resultado deseado.
“La ley es muy estricta sobre lo que hay que hacer”, afirmó Blanke.
Como en otros estados que permiten lo que algunos llaman muerte asistida por un médico o suicidio asistido, Oregon y Vermont exigen que los pacientes sean evaluados por dos médicos.
Los pacientes deben tener menos de seis meses de vida, estar mental y cognitivamente sanos, y ser físicamente capaces de tomar los fármacos para poner fin a sus vidas. Los historiales deben revisarse en el estado; no hacerlo constituye ejercer la medicina fuera del estado, lo que infringe los requisitos para obtener la licencia médica.
Por la misma razón, los pacientes deben estar en el estado para el examen inicial, cuando solicitan los fármacos y cuando los toman.
Las legislaturas estatales imponen esas restricciones como salvaguardias, para equilibrar los derechos de los pacientes que solicitan ayuda para morir con el imperativo legislativo de no aprobar leyes que puedan perjudicar a las personas, explicó Peg Sandeen, CEO del grupo (Muerte con Dignidad). Sin embargo, al igual que muchos defensores de la muerte asistida, Sandeen afirma que estas normas suponen una carga excesiva para las personas que ya están sufriendo.
Diana Barnard, médica de cuidados paliativos de Vermont, aseguró que algunos pacientes ni siquiera pueden ir a sus citas. “Terminan enfermándose más o no quieren viajar, por lo que hay que reprogramar las citas”, explicó. “Se les está pidiendo a los pacientes que utilicen una parte importante de su energía para venir aquí cuando realmente merecen tener la opción más cerca de casa”.
Entre quienes se oponen a la muerte asistida están que afirman que quitar una vida es inmoral, y que argumentan que su trabajo es hacer que los pacientes terminen sus vidas de manera más confortable, no acabar con la vida en sí.
La antropóloga , que entrevistó a docenas de enfermos terminales durante la investigación de su libro de 2022, (“El día que muera: la historia no contada de la muerte asistida en Estados Unidos”), afirmó que no espera que la legislación federal zanje pronto la cuestión. Al igual que hizo con el aborto en 2022, la Corte Suprema en 1997 dictaminó que la muerte asistida era una cuestión de derechos de los estados.
Durante las sesiones legislativas de 2023-24, (incluido Pennsylvania, el estado natal de Milano) consideraron la posibilidad de promulgar leyes de muerte asistida, según la organización . Delaware fue el único estado que , pero el gobernador aún no ha tomado medidas al respecto.

Sandeen señaló que muchos estados aprueban inicialmente leyes restrictivas —que exigen tiempos de espera de 21 días y evaluaciones psiquiátricas, por ejemplo— para acabar derogando las disposiciones que resultan muy complejas. Por eso es optimista y cree que más estados acabarán siguiendo el ejemplo de Vermont y Oregon.
Milano habría preferido viajar a la vecina Nueva Jersey, donde la eutanasia es legal desde 2019, pero su requisito de residencia lo hizo imposible. Y aunque Oregon tiene más proveedores que el estado mayoritariamente rural de Vermont, Milano optó por el viaje en coche de nueve horas a Burlington porque era menos agotador física y financieramente que un viaje a través del país.
La logística era clave porque Milano sabía que tendría que volver. Cuando viajó a Vermont en mayo de 2023 con su marido y su hermano, no estaba al borde de la muerte. Pensó que la próxima vez que fuera a Vermont sería para pedir la medicación. Entonces tendría que esperar 15 días para recibirla.
El período de espera es estándar para garantizar que una persona tenga lo que Barnard llama “un tiempo de reflexión antes de decidirse”, aunque dijo que la mayoría ya lo había hecho mucho antes. Algunos estados han acortado la espera o, como Oregon, pueden solicitar una exención.
Ese tiempo de espera puede ser duro para los pacientes, después de tener que alejarse de su apoyo médico, de su hogar y de su familia. Blanke contó que ha visto hasta 25 familiares asistir a la muerte de un residente de Oregon, pero los que viven fuera del estado suelen traer sólo a una persona.
Y aunque encontrar un lugar donde morir puede ser un problema para los residentes de Oregon que están en residencias o en hospitales que prohíben la muerte asistida, es especialmente difícil para los no residentes.
Cuando Oregon eliminó el requisito de residencia, Blanke publicó un anuncio en Craigslist y utilizó los resultados para recopilar una lista de alojamientos de corto plazo, incluidos Airbnbs, dispuestos a permitir que los pacientes murieran allí. Las organizaciones sin ánimo de lucro en los estados con leyes de muerte asistida también mantienen estas listas, dijo Sandeen.
Milano no ha llegado al punto en que necesite encontrar un lugar donde tomar la medicación y poner fin a su vida. De hecho, como tuvo un año relativamente saludable después de su primer viaje a Vermont, dejó que transcurriera su período de aprobación de seis meses.
En junio, sin embargo, volvió para abrir otro plazo de seis meses. Esta vez fue con una amiga que tiene una casa rodante. Condujeron seis horas para cruzar la frontera del estado, parando en antes de detenerse en un estacionamiento donde Milano tenía una cita de Zoom con sus médicos en lugar de conducir tres horas más hasta Burlington para reunirse en persona.
“No sé si rastrean el GPS o las direcciones de IP, pero me habría dado miedo no ser sincera”, afirmó.
Eso no es lo único que la asusta. Le preocupa estar demasiado enferma para volver a Vermont cuando esté lista para morir. Y, aunque pueda llegar allí, se pregunta si tendrá el valor de tomar la medicación. Alrededor de un tercio de las personas a las que se les aprueba la muerte asistida no lo hacen, explicó Blanke. Para ellos, a menudo es suficiente saber que tienen la medicación —el control— para poner fin a sus vidas cuando lo deseen.
Milano dijo que está agradecida de tener ese poder ahora que aún está lo bastante sana para viajar y disfrutar de la vida. “Ojalá más gente tuviera esa opción”, afirmó.

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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1901831&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>La ley original de California, que permite a los adultos con enfermedades terminales obtener recetas para medicamentos que pongan fin a su vida, se aprobó en 2016. Los defensores dicen que la que entró en vigencia el año pasado elimina salvaguardas cruciales y viola la Constitución de los Estados Unidos y el American with Disabilities Act.
Los demandantes en la demanda federal, presentada en el condado de Los Ángeles, argumentan que es más probable que las personas con discapacidades, y las minorías raciales y étnicas usen las drogas mortales porque es que esos grupos reciban la atención médica y de salud mental adecuada.
Los defensores temen que las personas vulnerables puedan ser presionadas para quitarse la vida por parte de familiares o cuidadores, o que ellos mismos se sientan presionados porque no quieran ser una carga.
La demanda sostiene que el enfoque de California, conocido como End of Life Option Act, se remonta a la práctica desacreditada de la eugenesia, que alguna vez buscó evitar que las personas con discapacidades y otros grupos minoritarios se reprodujeran.
El sistema “aleja a las personas con discapacidades terminales de la atención de salud mental, la atención médica y los apoyos necesarios para la discapacidad, y los acerca a la muerte por suicidio bajo el pretexto de la 鈥榤isericordia’ y la 鈥榙ignidad’ al morir”, argumenta la demanda. La enfermedad terminal requerida para la asistencia es, por definición, una discapacidad según el American with Disabilities Act, dice.
Los defensores de la ley rechazaron esas afirmaciones. “Haremos todo lo posible para garantizar que la ley siga vigente”, dijo Kevin Díaz, director de defensa legal de Compassion & Choices, un grupo que respaldó las leyes de California, en un comunicado. Díaz agregó que hubo a la “ayuda médica para morir de adultos con enfermedades terminales, que están destinados a morir y solo quieren la opción de morir en paz, en lugar de sufrir innecesariamente”.
Sean Crowley, vocero del grupo, señaló sobre la práctica en Oregon y los Países Bajos que no encontró “ninguna evidencia de mayor riesgo” para los grupos vulnerables.
Michael Bien, abogado de los demandantes, dijo que la ley viola las garantías constitucionales de igualdad de protección y debido proceso, diseñadas para proteger a las personas de la discriminación y la exclusión.
Bien es uno de los abogados que presentó la demanda en nombre de United Spinal Association, que tiene al menos 60,000 miembros con lesiones de la médula espinal o que usan sillas de ruedas, incluidos 5,000 en California; , que se opone a la muerte asistida por un médico; el Institute for Patient’s Rights, que aboga por las personas que están al final de la vida y que enfrentan disparidades en la atención médica; y Communities Actively Living Independent & Free, un centro de vida independiente en el condado de Los Ángeles.
Bien señaló las estadísticas que muestran las desigualdades en la mortalidad infantil y materna, y las muertes por covid-19.
“Así es como funciona nuestro sistema, y la atención al final de la vida tiene exactamente los mismos problemas”, dijo Bien.
Es posible que las personas que eligen usar medicamentos suministrados por un médico para terminar con su vida no se den cuenta de que, en cambio, podrían recibir , lo que podría incluir sedación que puede dejarlos inconscientes, dijo Ingrid Tischer, una de las dos demandantes individuales en la demanda.
“Realmente crea dos clases de personas” en función de si se percibe que tienen una enfermedad terminal, dijo el residente de Berkeley de 57 años. “Un lado obtiene la prevención [del suicidio], el otro lado recibe una receta [para acabar con la vida]. Y eso es discriminatorio”.
Tischer nació con un tipo de distrofia muscular, una enfermedad progresiva que ahora le dificulta respirar: debe usar un andador o una silla de ruedas.
“Quiero que la atención que reciben las personas al final de la vida, incluida la mía, sea mucho mejor”, dijo. “Y no quiero que el suicidio asistido se convierta en la nueva forma de muerte estadounidense”.
California es uno de los 10 estados, junto con Washington, DC, que tienen las llamadas leyes de ayuda para morir. Los otros son Colorado, Hawaii, Maine, Montana, Nueva Jersey, Nuevo Mexico, Oregon, Vermont y Washington.
Bien dijo que sus clientes estaban buscando una manera de desafiar las leyes y se decidieron por el estatuto de California de 2022 porque eliminaba las salvaguardas de la ley original.
Estas redujeron el período de espera mínimo requerido entre el momento en que los pacientes deben realizar dos solicitudes orales de medicamentos de 15 días a 48 horas. La demanda señala que, por el contrario, California tiene un período de reflexión de 10 días entre la compra de un arma y su posesión. También eliminó el requisito de que los pacientes hicieran un certificado por escrito dentro de las 48 horas antes de tomar medicamentos para poner fin a sus vidas.
Los defensores de la ley revisada dijeron que esas salvaguardas se habían convertido en , y que otras protecciones se mantuvieron en el estatuto. Compassion & Choices, que aboga por las leyes de muerte asistida, citó que encontró que el 21% de las personas murieron o se enfermaron demasiado para seguir los pasos. Los partidarios de la ley dijeron que no estaban al tanto de ningún abuso o coerción.
La demanda argumenta que las personas que podrían vivir indefinidamente con la atención médica adecuada pueden ser consideradas enfermas terminales y, por lo tanto, elegibles para los medicamentos si es probable que mueran dentro de los seis meses sin esa atención. Dice que eso podría incluir pacientes con diabetes que rechazan la insulina o personas con trastornos renales que rechazan la diálisis.
Bien citó a que escribió en una revista médica que había aconsejado a dos pacientes con anorexia que tomaran medicamentos recetados para acabar con su vida. Compassion & Choices dijo que eso .
Según la ley de California, incluso los médicos que no están dispuestos a ayudar a los pacientes a terminar con sus vidas están obligados a documentar la solicitud del paciente, que aún cuenta como la primera de dos solicitudes orales requeridas. Christian Medical & Dental Association demandó por ese requisito y en septiembre. El estado está apelando el fallo.
La Oficina del Fiscal General de California no hizo comentarios inmediatos sobre la demanda, y la autora de la ley, la senadora estatal demócrata Susan Talamantes Eggman, no respondió de inmediatamente a las solicitudes de comentarios.
Esta historia fue producida por 麻豆女优 Health News, que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1682709&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero después de 18 meses sin cáncer, la enfermedad volvió con fuerza en junio de 2003. Le fracturó los huesos e invadió la cavidad espinal, bañando su cerebro de neoplasia maligna.
Durante los últimos seis meses, mientras yacía en su cama de cuidados paliativos en casa sufriendo un dolor constante, conectada a un goteo de morfina las 24 horas del día mientras perdía la vista y se marchitaba hasta convertirse en un esqueleto, la idea de poner fin a su sufrimiento acabando con su vida nunca formó parte de nuestras conversaciones.
He estado pensando mucho en esos tristes días mientras analizaba la (End of Life Option Act) de California, que permite a los pacientes con enfermedades terminales, y una esperanza de vida inferior a seis meses, poner fin a sus vidas tomando los medicamentos recetados por un médico. En octubre, el gobernador Gavin Newsom firmó una , extendiéndola hasta enero de 2031 y flexibilizando algunas restricciones de la versión de 2015 que, según sus promotores, se han convertido en barreras para los moribundos que desean acogerse a la ley.
La ley original, que sigue vigente hasta el 1 de enero, contiene numerosas medidas destinadas a garantizar que los pacientes no sean coaccionados por los familiares que los ven como una carga, o una potencial oportunidad económica.
Según la ley actual, los pacientes que desean morir deben hacer dos peticiones, formuladas verbalmente, para obtener los medicamentos con un intervalo mínimo de 15 días. También deben solicitar los medicamentos por escrito, y dos médicos deben estar de acuerdo en que los pacientes son legalmente elegibles.
Tras recibir los medicamentos, los pacientes deben confirmar su intención de morir firmando un formulario 48 horas antes de tomarlos.
Los pacientes deben tomar los fármacos sin ayuda, ya sea por vía oral, rectal o a través de una sonda de alimentación. Y los médicos pueden negarse a recetar los fármacos que inducen la muerte.
Después de que la ley estuviera vigente durante un tiempo, sus promotores y los profesionales llegaron a la conclusión de que algunas salvaguardas impedían el acceso a esta opción para ciertos pacientes.
Algunos estaban tan enfermos que murieron durante los 15 días que debían esperar entre la primera y la segunda solicitud de los medicamentos. Otros estaban demasiado débiles o desorientados para firmar el certificado final.
La ley revisada reduce el período de espera de 15 días a sólo dos y elimina el certificado final.
También exige a las instalaciones de salud que publiquen en Internet sus políticas sobre la muerte asistida. Los médicos que se nieguen a recetar los fármacos 鈥攜a sea por principios o porque no se sienten capacitados鈥 están obligados a documentar la solicitud del paciente y a transferir el expediente a cualquier otro médico que el paciente designe.
La parte más importante de la nueva ley, según sus promotores, es la reducción del período de espera.
La , profesora clínica especializada en medicina paliativa en el National Medical Center de Duarte, California, dijo que ha visto a muchos pacientes que tuvieron miedo de abordar el tema de su propia muerte hasta que estuvieron muy cerca del final.
“Para cuando hacían esa primera petición y tenían que esperar esos 15 días, perdían su capacidad de decisión, o entraban en coma o fallecían”, señaló Banerjee.
Amanda Villegas, de 30 años, de Ontario, California, se convirtió en una defensora a ultranza de la actualización de la ley después de ver a su marido, Chris, morir de forma agónica por un cáncer de vejiga metastásico en 2019.
Cuando la pareja preguntó sobre la posibilidad de una muerte asistida por un médico, contó Villegas, el personal del hospital Seventh-day Adventist donde trataban a Chris, les comunicó, de manera inexacta, que era ilegal. Cuando su esposo finalmente solicitó los fármacos inductores de la muerte, ya era demasiado tarde: murió antes de que terminara el período de espera de 15 días.
La nueva ley “abrirá las puertas a personas que podrían… experimentar los mismos obstáculos”, expresó Villegas. “Cuando te estás muriendo, lo último que necesitas es tener que superar barreras burocráticas para acceder a la paz”.
La muerte asistida se encuentra en la misma línea de división política que el aborto, y desde hace tiempo se ha enfrentado a la oposición de muchas instituciones religiosas y grupos antiabortistas. También se ha encontrado con la resistencia de algunas que afirman que menosprecia la vida de quienes dependen físicamente de otros.
“Nos oponemos a la idea de que el estado proporcione un vehículo para que las personas se suiciden”, afirmó Alexandra Snyder, CEO de la Life Legal Defense Foundation, un bufete de abogados sin ánimo de lucro contrario al aborto. Snyder dijo que el período de espera de 15 días proporcionaba un importante tiempo de reflexión para que los pacientes pudieran pensar sobre una decisión que es irreversible. “Ahora, cualquier salvaguarda que hubiera en la ley ha desaparecido”.
Los defensores de la ley dicen que la decisión de un paciente de tomar los medicamentos para poner fin a su vida ha sido siempre voluntaria, y no han visto pruebas de lo contrario.
Aunque ninguna de las dos versiones de la ley exige que un profesional médico esté presente cuando el paciente toma los medicamentos, las normas médicas fomentan la participación de los profesionales en el proceso de la muerte, señaló el doctor Lonny Shavelson, presidente de la American Clinicians Academy on Medical Aid in Dying. Los fármacos deben conservarse en la farmacia hasta que el paciente esté preparado para tomarlos, dijo Shavelson, aunque eso no siempre ocurre.
Desde que la ley de ayuda para morir entró en vigor en junio de 2016 hasta el 31 de diciembre de 2020, algo menos de dos tercios de las 2,858 personas que recibieron recetas tomaron los medicamentos y murieron, según los del Departamento de Salud Pública de California. El resto murió antes de poder tomar los medicamentos o encontró otras formas de controlar su dolor y su angustia emocional.
La mayoría de los principales planes privados de salud 鈥攊ncluidos Kaiser Permanente, Anthem Blue Cross, Blue Shield of California y Health Net鈥 cubren los medicamentos que ayudan a morir, y las correspondientes visitas médicas, al igual que Medi-Cal, el programa de seguro de salud administrado por el gobierno para personas de bajos ingresos.
Sin embargo, más del 60% de las personas que toman estos fármacos son beneficiarios de Medicare, que no los cubre. Hay combinaciones eficaces de medicamentos que ponen fin a la vida por tan sólo $400.
Habla con tu médico lo antes posible si estás considerando la posibilidad de una muerte asistida, por si tienes que buscar la ayuda de otro médico. Si tu médico acepta ayudarte, la ley exige que discuta contigo otras opciones para el final de la vida, como los cuidados paliativos.
Sea cual sea la decisión que tome el paciente, es importante ser más abierto sobre nuestra mortalidad, declaró la senadora estatal Susan Eggman, demócrata de Stockton, autora de la ley revisada de ayuda a la muerte.
“Todos deberíamos tener más conversaciones sobre la vida y la muerte, y sobre lo que queremos y lo que no queremos y sobre lo que es una muerte pacífica”, afirmó. “Todos vamos a morir”.
Leslie y yo tuvimos muchas de esas conversaciones, hasta que el cáncer acabó por robarle la mente.
En sus últimos meses, a menudo se sumía en un estado de semiconsciencia, lejos de nuestro alcance durante días. Entonces, justo cuando pensábamos que no iba a volver, abría de repente los ojos y preguntaba por los niños. Se subía a su silla de ruedas y se reunía con nosotros a la mesa.
Esos períodos, que llamábamos “despertares”, eran una fuente de gran consuelo para todos los que querían a Leslie, pero especialmente para los niños, que se sentían aliviados y felices de tener a su mamá de vuelta.
Aunque nunca lo sabré con certeza, sospecho que Leslie no habría querido privarse de esos momentos.
FUENTES
Si has contemplado la posibilidad de recibir ayuda para morir, aquí tienes algunos recursos para aprender más sobre el tema:
– Compassion & Choices, 1-800-247-7421 o
– El Departamento de Salud Pública de California, (haz clic en “programas”)
– The American Clinicians Academy on Medical Aid in Dying,
– End of Life Choices California, o 1-760-636-8009
Esta historia fue producida por KHN, que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1417713&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El hombre de Seattle, de 50 años, un ex viajero del mundo, triatleta y ciclista, descubrió que tenía leucemia hace cinco años, a lo que siguió un diagnóstico aún más severo en 2016: una rara forma de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Diseñador de interiores y urbanista, quien cambió legalmente su apellido, McQ había sufrido dolor y deterioro físico durante años. Hasta que la enfermedad amenazó con destruir su capacidad de tragar y respirar.
“Es como despertarse cada mañana en arenas movedizas”, dijo McQ. “Es aterrador”.
El otoño pasado, McQ decidió usar la ley de Muerte con Dignidad que el estado de Washington aprobó en 2009 para acabar con su sufrimiento. La práctica, aprobada en siete estados y el Distrito de Columbia, permite a las personas con una proyección de vida de seis meses o menos obtener medicamentos letales para terminar con sus vidas.

Aunque la opción era legal, para McQ en realidad fue difícil llevarla a cabo. McQ acordó discutir sus deliberaciones con Kaiser Health News, esperando arrojar luz sobre una práctica a menudo secreta e incomprendida.
“驴Cómo se puede comenzar a pensar en la muerte?”, reflexionó, sentado en una silla de ruedas en su apartamento de Seattle a fines de enero.
Más de 3.000 personas en los Estados Unidos han elegido esta forma de muerte desde que se promulgó la ley de Oregon en 1997, según informes del estado. A pesar que leyes similares se han expandido a más lugares, incluyendo a este año, sigue siendo controversial.
La Ley de Opción de Fin de la Vida de California, que entró en vigencia en 2016, fue suspendida durante tres semanas esta primavera después de un desafío judicial, dejando a cientos de pacientes moribundos brevemente en el limbo.
Los partidarios dicen que la práctica le da a los pacientes control sobre su propio destino frente a una enfermedad terminal. Los detractores, incluidos grupos religiosos, defensores de los derechos de las personas con discapacidad y algunos médicos, argumentan que esas leyes podrían presionar a las personas vulnerables, y que los cuidados paliativos adecuados pueden aliviar el sufrimiento al final de la vida.
Delgado y consumido, con cabello plateado y penetrantes ojos azules, McQ aún podría haber pasado por el modelo de fotógrafos que alguna vez fue. Pero ahora sus piernas temblaban involuntariamente dentro de sus jeans oscuros y su voz estaba ronca de dolor por el esfuerzo de tres horas para contar su historia.
En noviembre pasado, los médicos le dijeron a McQ que tenía seis meses o menos de vida. La elección, dijo, no fue la muerte por sobre una vida sana, sino un “resultado certero” frente a la opción de un final prolongado, doloroso y “desconocido”.
“No quiero morir”, dijo. “Estoy muy vivo, pero estoy sufriendo. Y prefiero que no sea una sorpresa”.

A fines de diciembre, un amigo recogió una receta de 100 tabletas del poderoso sedante secobarbital. Durante semanas, la botella que contenía la dosis letal estuvo en un estante de su cocina.
“No estaba relajado ni confiado hasta que lo tuve en mi armario”, dijo McQ.
En ese momento, tenía la intención de tomar la droga a fines de febrero. O tal vez a mediados de marzo. Quiso pasar la Navidad, así que no arruinó las vacaciones de nadie. Luego su hermana y su familia vinieron de visita. Luego fue el cumpleaños de un amigo y la boda de otro.
“Nadie está realmente listo para morir”, dijo McQ. “Siempre habrá una razón para no hacerlo”.
Muchas personas que optan por la asistencia médica para morir están tan enfermas que toman las drogas lo antes posible, soportando con impaciencia los períodos de espera exigidos por el estado para obtener las recetas.
Los datos de Oregon muestran que el tiempo medio desde la primera solicitud hasta el momento de la muerte es de 48 días, o aproximadamente siete semanas. Pero ha oscilado entre dos semanas y más de 2,7 años, según registros.
Las enfermedades neurodegenerativas como ELA son particularmente difíciles, dijo el doctor Lonny Shavelson, médico de Berkeley, California, quien ha supervisado casi 90 muertes asistidas en ese estado y ha asesorado a más de 600 pacientes desde 2016.
“Es una decisión muy complicada semana a semana”, dijo. “驴Cómo decides? 驴Cuándo decides? No les dejamos tomar esa decisión solos”.
Filosóficamente, McQ había sido partidario de la muerte digna por años. Fue el último cuidador de su abuela, Milly, quien le suplicaba por la muerte para terminar con el dolor al final de su vida.
A finales de la primavera, la propia lucha de McQ empeoró, contó Karen Robinson, representante de atención médica de McQ y amiga de dos décadas. Fue admitido en el hogar de cuidados paliativos, pero siguió empeorando. Cuando una enfermera le recomendó que se trasladara a un centro de cuidados paliativos para controlar su creciente dolor, decidió que prefería morir en su casa.

“Había una parte de él que esperaba que hubiera alguna otra alternativa”, dijo Robinson.
McQ consideró varias fechas, y luego cambió de opinión, en parte debido a la presión por tomar esa decisión.
Junto con el dolor, el riesgo de perder la capacidad física de administrar el medicamento él mismo, un requisito legal, estaba creciendo.
“Hablé con él sobre perder su oportunidad”, dijo Gretchen DeRoche, voluntaria del grupo End of Life Washington, quien dijo que ha supervisado cientos de muertes asistidas.
Finalmente, McQ eligió el día: 10 de abril. Robinson llegó temprano en la tarde, como lo había hecho a menudo, para tomar café y charlar, pero no sobre su inminente muerte.
DeRoche llegó exactamente a las 5:30pm, según las instrucciones de McQ. A las 6pm, McQ tomó medicamentos contra las náuseas. Debido a que las drogas letales son tan amargas, existe la posibilidad que los pacientes no las contengan.
Cuatro amigos cercanos se reunieron, junto con Robinson. Repasaron los CD de McQ, tratando de encontrar la música adecuada.
DeRoche abrió las 100 cápsulas de secobarbital de 100 miligramos, una a la vez, un proceso tedioso que hizo sola en otro cuarto. Luego mezcló la droga con agua de coco y un poco de vodka.
Justo en ese momento, McQ comenzó a llorar, dijo DeRoche. “Creo que estaba llorando la pérdida de la vida que esperaba vivir”.
Después de eso, dijo que estaba listo. McQ les pidió a todos menos a DeRoche que salieran de la habitación. Ella le dijo que aún podía cambiar de opinión.
“Dije, como les digo a todos: ‘Si tomas este medicamento, te vas a dormir y no te vas a despertar'”, recordó.
McQ bebió la mitad de la mezcla de drogas, hizo una pausa y bebió agua. Luego se tragó el resto.
Sus amigos regresaron, pero permanecieron en silencio.
“Todos se reunieron a su alrededor, cada uno tocándolo”, dijo DeRoche.
Muy rápido, justo antes de las 7:30 p.m., todo había terminado.
“Bebió la medicación, se fue a dormir y murió en seis minutos. Creo que todos estábamos un poco sorprendidos de que se hubiera ido tan rápido “, contó DeRoche.
Los amigos se quedaron hasta que llegó un empleado de la funeraria.
Cuando fue colocado en un vehículo, escucharon jazz.
Los amigos de McQ se reunieron el 30 de junio en Seattle para una “celebración de recuerdos felices” de su vida, dijo Robinson. El grupo fue en kayak al lago Washington y dejaron las cenizas de McQ en el agua, junto con pétalos de rosa.
En los meses posteriores a la muerte de su amigo, Robinson ha reflexionado sobre la decisión de McQ de morir. Probablemente era lo que esperaba, dijo ella, pero no lo que deseaba.
“Es realmente difícil estar vivo y luego dejar de estarlo por propia elección”, dijo.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=864360&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El matrimonio de Portland, Oregon, casados por 66 años y ambos enfermos terminales, murieron juntos en su cama el 20 de abril de 2017, después de tomar dosis letales de medicamentos obtenidos bajo la .
Francie, de 88 años, fue la primera, murió 15 minutos después de tomar la píldora, una prueba del estado de su débil corazón. Charlie, de 87, un respetado médico de oídos, nariz y garganta, falleció una hora más tarde, poniendo fin a una larga lucha contra el cáncer de próstata y la enfermedad de Parkinson, diagnosticada en 2012.
“No tenían remordimientos, ni asuntos pendientes”, dijo Sher Safran, de 62 años, una de las tres hijas de la pareja. “Sentí que era su hora, y significó mucho saber que estuvieron juntos”.
En las dos décadas desde que Oregon se convirtió en el primer estado en legalizar la asistencia médica para morir con dignidad, han decidido morir en sus propios términos, tomando píldoras letales recetadas. Los Emerick fueron dos de las 143 personas que lo hicieron en 2017, y al parecer, hasta ahora, la única pareja en decidir morir juntos, al mismo tiempo, dijeron autoridades.
La pareja, miembro de la en los 80, apoyó el derecho a elegir morir durante años y, cuando sus enfermedades empeoraron, agradecieron poder decidir por sí mismos, dijeron miembros de la familia.
“Siempre había sido su intención”, dijo su hija Jerilyn Marler, de 66 años, quien fue la principal encargada de cuidar a la pareja en los últimos años.
Los Emerick permitieron que Safran y su esposo, Rob Safran, de 62 años, fundadores de , de Kirkland, Washington, registraran sus últimos días y horas. Al principio, el video fue pensado solo para la familia, pero Safran les pidió permiso a sus padres para compartirlo públicamente.

“Creo que puede ayudar a cambiar la forma en que las personas piensan sobre la muerte”, dijo.
El resultado es , un documental de 45 minutos que detalla el trasfondo de la decisión final de los Emerick y su determinación para llevarlo a cabo.
Grabado en su mayoría con celulares, el video captura los momentos íntimos de los preparativos de la pareja en su última semana de vida.
Charlie Emerick fue misionero médico en India y jefe de ENT en un hospital de Kaiser Permanente en el área de Portland. (Kaiser Health News no está afiliado a Kaiser Permanente). Fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson en 2012, después de lidiar con los síntomas de la enfermedad durante años. Sufría de cáncer de próstata y problemas cardíacos y supo, a principios de 2017, que le quedaban seis meses o menos de vida. En el documental, describió sus pensamientos mientras reflexionaba sobre ejercer el derecho a una muerte digna.

“Voy a seguir empeorando, lo otro no puede ser peor que ésto”, le explicó a su hija Sher, con voz temblorosa.
Francie Emerick, quien manejó el marketing y las relaciones públicas para el hospital que dirigió su esposo en India, aparece vital en el video. Sin embargo, sus hijas dicen que su energía fue fugaz y que enmascaró años de deterioro después de múltiples ataques cardíacos y cáncer.
En el video, Francie reconoció que podría haber sobrevivido un poco más que su esposo. Pero dijo que no quería.
“Charlie y yo tenemos una relación única, y hemos significado mucho el uno para el otro durante 70 años”, dijo.
La pareja siguió cuidadosamente los detalles de la ley, que requiere exámenes de dos médicos diferentes para determinar un pronóstico de seis meses de vida o menos, múltiples confirmaciones de intención y la capacidad de los pacientes para tomar los medicamentos letales por sí mismos. El proceso toma un mínimo de 15 días.
“Queremos que sea legal”, dijo Francie.
El video traza el arco de vida de la pareja. Los Emerick se conocieron cuando eran estudiantes universitarios en Nebraska, se casaron el 4 de abril de 1951 y pasaron años en los 60 como misioneros médicos en Miraj, India. La carrera del doctor Emerick los llevó al sur de California y luego al estado de Washington, a la India y finalmente a Oregon, mientras criaban a tres niñas. En 2004, se mudaron a un apartamento en una comunidad de retirados de Portland.

Allí es donde los Emerick murieron un jueves nublado la primavera pasada, seis días después de una celebración familiar que incluyó a sus hijos y nietos, y, a pedido de Francie, helado de vainilla con cerveza. La reunión fue feliz, dulce, pero a la vez amarga, dijeron miembros de la familia.
“Hubo momentos en que expresaron una gran tristeza por la despedida que se avecinaba”, recordó Marler.
Los Emerick buscaron la ayuda de Linda Jensen, una líder veterana del equipo de End of Life Choices Oregon, una agencia sin fines de lucro que apoya a las personas que buscan utilizar la ley estatal de muerte digna.
“Estaban bastante bien informados”, dijo Jensen, quien ha ayudado en docenas de muertes en 13 años. “Lo que querían entender era cómo se ve realmente una muerte planificada”.
El video incluye una reunión entre Jensen y los Emerick dos días antes de su muerte. No tiene nada que ver con cómo mueren en la televisión, les dijo.
“No pierdes el control intestinal o de vejiga. No te quedas sin aliento”, explicó. Dijo que simplemente sería como si se fueran a dormir.
Los Emerick revisaron el plan: no desayunaron, solo píldoras para calmar el estómago a las 9 am, seguidas por las drogas letales una hora más tarde.
En el video, Safran y Marler parecen tranquilos y decididos mientras ayudan a finalizar los arreglos de sus padres.
“Hubo mucha aflicción antes de tiempo porque sabíamos lo que venía”, dijo Marler.
Algunos miembros de la familia no estuvieron de acuerdo con la decisión de la pareja, pero los Emerick estaban decididos.
“驴Ustedes dos nunca han dudado?”, le preguntó Safran a su madre.
“No”, respondió Francie.
El video capturó los detalles de la mañana final: Charlie saludando a la cámara mientras caminaba por el pasillo, el último abrazo de Safran a su madre, Charlie y Francie tomándose de las manos después de tomar las drogas.
“Solo se necesita una gran cantidad de fortaleza interior y autoconocimiento para enfrentar esa elección, y lograr que todas las personas que te quieren y te van a extrañar, te acompañen”, reflexionó Jensen.
No hubo funeral después de las muertes. Los Emerick habían donado sus cuerpos para investigación a través de un programa en la , y los restos no se devuelven hasta después de dos o tres años, dijo una vocera.
Mientras tanto, el video se ha vuelto reconfortante y valioso para la familia, dijo Safran.
“Es amoroso, solo escuchar sus voces”, dijo.

El documental también tiene un propósito más amplio: ayudar a otros a comprender cómo funciona la ayuda para morir, dijo.
Carol Knowles, de 70 años, era miembro del club de lectura de Francie Emerick. Los Emerick no les dijeron a otros residentes sobre sus planes. Knowles dijo que se sorprendió cuando murieron el mismo día, hasta que vio el documental.
“Pensé que fue valiente y hermoso”, dijo. “Se podía ver el cuidado con el que Charlie y Francie habían tomado esa decisión”.
Sin embargo, otro miembro del grupo expresó su preocupación, diciendo que su religión prohibía cualquier esfuerzo para acelerar la muerte. Knowles dijo que planea llevar el documental al trabajador social del centro de retiro antes de mostrarlo más ampliamente.
“Queremos hacerlo de una manera que no los asuste ni los haga sentir incómodos”, dijo.
Stephen Drake, analista de investigación para el grupo de derechos de discapacidad , tuvo serias reservas acerca de hacer público el video. Le preocupaba que la presentación de la muerte digna bajo una luz positiva “cambie las expectativas; esto romantiza la idea de no solo suicidio, sino un doble suicidio”, dijo Drake.
Safran dijo que espera fuertes reacciones, incluidas críticas, sobre la crónica de los últimos días de sus padres. Pero apuntó que el documental honra la creencia de los Emerick: todos deberían opinar sobre cuándo y cómo morir.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=824907&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“Quería tener el control sobre cómo iba a dejar este mundo”, dijo la mujer de 61 años que vive en Lancaster. “Decidí que era algo que yo podía elegir”.
Usar asistencia médica para morir no fue una opción cuando Milano supo, a principios de 2023, que su enfermedad era incurable. En ese momento, habría tenido que viajar a Suiza, o vivir en el Distrito de Columbia o en uno de los .
Pero Vermont eliminó su requisito de residencia en mayo de 2023, seguido de Oregon dos meses después. (Montana permite la muerte asistida en virtud de una decisión judicial de 2009, pero ese fallo no establece normas sobre la residencia. Y aunque Nueva York y consideraron recientemente una legislación que permitiría a los residentes fuera del estado acceder a la ayuda médica para morir, ninguna de las dos disposiciones fue aprobada).
A pesar de las limitadas opciones y los retos —como encontrar médicos en un nuevo estado, decidir dónde morir y viajar cuando se está demasiado enfermo para caminar hasta el dormitorio o para subirse a un coche— docenas de personas han hecho el viaje a los dos estados que han abierto sus puertas a los enfermos terminales no residentes que buscan ayuda para morir.
Al menos 26 personas han viajado a Vermont para morir, lo que representa casi el 25% de las muertes asistidas registradas en el estado desde mayo de 2023 hasta junio de 2024, según el Departamento de Salud de Vermont. En Oregon, 23 residentes de fuera del estado murieron utilizando asistencia médica en 2023, algo más del 6% del total del estado, según la .
El oncólogo Charles Blanke, cuya clínica en Portland se especializa en la atención al final de la vida, señaló que el total de Oregon es probablemente el resultado de un recuento inexacto y espera que las cifras aumenten. En el último año, dijo, ha atendido de dos a cuatro pacientes de fuera del estado a la semana —aproximadamente una cuarta parte de su consulta— y ha recibido llamadas de todo el país, incluyendo Nueva York, las Carolinas, Florida y “toneladas de Texas”. Pero que los pacientes estén dispuestos a viajar no significa que sea fácil ni que obtengan el resultado deseado.
“La ley es muy estricta sobre lo que hay que hacer”, afirmó Blanke.
Como en otros estados que permiten lo que algunos llaman muerte asistida por un médico o suicidio asistido, Oregon y Vermont exigen que los pacientes sean evaluados por dos médicos.
Los pacientes deben tener menos de seis meses de vida, estar mental y cognitivamente sanos, y ser físicamente capaces de tomar los fármacos para poner fin a sus vidas. Los historiales deben revisarse en el estado; no hacerlo constituye ejercer la medicina fuera del estado, lo que infringe los requisitos para obtener la licencia médica.
Por la misma razón, los pacientes deben estar en el estado para el examen inicial, cuando solicitan los fármacos y cuando los toman.
Las legislaturas estatales imponen esas restricciones como salvaguardias, para equilibrar los derechos de los pacientes que solicitan ayuda para morir con el imperativo legislativo de no aprobar leyes que puedan perjudicar a las personas, explicó Peg Sandeen, CEO del grupo (Muerte con Dignidad). Sin embargo, al igual que muchos defensores de la muerte asistida, Sandeen afirma que estas normas suponen una carga excesiva para las personas que ya están sufriendo.
Diana Barnard, médica de cuidados paliativos de Vermont, aseguró que algunos pacientes ni siquiera pueden ir a sus citas. “Terminan enfermándose más o no quieren viajar, por lo que hay que reprogramar las citas”, explicó. “Se les está pidiendo a los pacientes que utilicen una parte importante de su energía para venir aquí cuando realmente merecen tener la opción más cerca de casa”.
Entre quienes se oponen a la muerte asistida están que afirman que quitar una vida es inmoral, y que argumentan que su trabajo es hacer que los pacientes terminen sus vidas de manera más confortable, no acabar con la vida en sí.
La antropóloga , que entrevistó a docenas de enfermos terminales durante la investigación de su libro de 2022, (“El día que muera: la historia no contada de la muerte asistida en Estados Unidos”), afirmó que no espera que la legislación federal zanje pronto la cuestión. Al igual que hizo con el aborto en 2022, la Corte Suprema en 1997 dictaminó que la muerte asistida era una cuestión de derechos de los estados.
Durante las sesiones legislativas de 2023-24, (incluido Pennsylvania, el estado natal de Milano) consideraron la posibilidad de promulgar leyes de muerte asistida, según la organización . Delaware fue el único estado que , pero el gobernador aún no ha tomado medidas al respecto.

Sandeen señaló que muchos estados aprueban inicialmente leyes restrictivas —que exigen tiempos de espera de 21 días y evaluaciones psiquiátricas, por ejemplo— para acabar derogando las disposiciones que resultan muy complejas. Por eso es optimista y cree que más estados acabarán siguiendo el ejemplo de Vermont y Oregon.
Milano habría preferido viajar a la vecina Nueva Jersey, donde la eutanasia es legal desde 2019, pero su requisito de residencia lo hizo imposible. Y aunque Oregon tiene más proveedores que el estado mayoritariamente rural de Vermont, Milano optó por el viaje en coche de nueve horas a Burlington porque era menos agotador física y financieramente que un viaje a través del país.
La logística era clave porque Milano sabía que tendría que volver. Cuando viajó a Vermont en mayo de 2023 con su marido y su hermano, no estaba al borde de la muerte. Pensó que la próxima vez que fuera a Vermont sería para pedir la medicación. Entonces tendría que esperar 15 días para recibirla.
El período de espera es estándar para garantizar que una persona tenga lo que Barnard llama “un tiempo de reflexión antes de decidirse”, aunque dijo que la mayoría ya lo había hecho mucho antes. Algunos estados han acortado la espera o, como Oregon, pueden solicitar una exención.
Ese tiempo de espera puede ser duro para los pacientes, después de tener que alejarse de su apoyo médico, de su hogar y de su familia. Blanke contó que ha visto hasta 25 familiares asistir a la muerte de un residente de Oregon, pero los que viven fuera del estado suelen traer sólo a una persona.
Y aunque encontrar un lugar donde morir puede ser un problema para los residentes de Oregon que están en residencias o en hospitales que prohíben la muerte asistida, es especialmente difícil para los no residentes.
Cuando Oregon eliminó el requisito de residencia, Blanke publicó un anuncio en Craigslist y utilizó los resultados para recopilar una lista de alojamientos de corto plazo, incluidos Airbnbs, dispuestos a permitir que los pacientes murieran allí. Las organizaciones sin ánimo de lucro en los estados con leyes de muerte asistida también mantienen estas listas, dijo Sandeen.
Milano no ha llegado al punto en que necesite encontrar un lugar donde tomar la medicación y poner fin a su vida. De hecho, como tuvo un año relativamente saludable después de su primer viaje a Vermont, dejó que transcurriera su período de aprobación de seis meses.
En junio, sin embargo, volvió para abrir otro plazo de seis meses. Esta vez fue con una amiga que tiene una casa rodante. Condujeron seis horas para cruzar la frontera del estado, parando en antes de detenerse en un estacionamiento donde Milano tenía una cita de Zoom con sus médicos en lugar de conducir tres horas más hasta Burlington para reunirse en persona.
“No sé si rastrean el GPS o las direcciones de IP, pero me habría dado miedo no ser sincera”, afirmó.
Eso no es lo único que la asusta. Le preocupa estar demasiado enferma para volver a Vermont cuando esté lista para morir. Y, aunque pueda llegar allí, se pregunta si tendrá el valor de tomar la medicación. Alrededor de un tercio de las personas a las que se les aprueba la muerte asistida no lo hacen, explicó Blanke. Para ellos, a menudo es suficiente saber que tienen la medicación —el control— para poner fin a sus vidas cuando lo deseen.
Milano dijo que está agradecida de tener ese poder ahora que aún está lo bastante sana para viajar y disfrutar de la vida. “Ojalá más gente tuviera esa opción”, afirmó.

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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1901831&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>La ley original de California, que permite a los adultos con enfermedades terminales obtener recetas para medicamentos que pongan fin a su vida, se aprobó en 2016. Los defensores dicen que la que entró en vigencia el año pasado elimina salvaguardas cruciales y viola la Constitución de los Estados Unidos y el American with Disabilities Act.
Los demandantes en la demanda federal, presentada en el condado de Los Ángeles, argumentan que es más probable que las personas con discapacidades, y las minorías raciales y étnicas usen las drogas mortales porque es que esos grupos reciban la atención médica y de salud mental adecuada.
Los defensores temen que las personas vulnerables puedan ser presionadas para quitarse la vida por parte de familiares o cuidadores, o que ellos mismos se sientan presionados porque no quieran ser una carga.
La demanda sostiene que el enfoque de California, conocido como End of Life Option Act, se remonta a la práctica desacreditada de la eugenesia, que alguna vez buscó evitar que las personas con discapacidades y otros grupos minoritarios se reprodujeran.
El sistema “aleja a las personas con discapacidades terminales de la atención de salud mental, la atención médica y los apoyos necesarios para la discapacidad, y los acerca a la muerte por suicidio bajo el pretexto de la 鈥榤isericordia’ y la 鈥榙ignidad’ al morir”, argumenta la demanda. La enfermedad terminal requerida para la asistencia es, por definición, una discapacidad según el American with Disabilities Act, dice.
Los defensores de la ley rechazaron esas afirmaciones. “Haremos todo lo posible para garantizar que la ley siga vigente”, dijo Kevin Díaz, director de defensa legal de Compassion & Choices, un grupo que respaldó las leyes de California, en un comunicado. Díaz agregó que hubo a la “ayuda médica para morir de adultos con enfermedades terminales, que están destinados a morir y solo quieren la opción de morir en paz, en lugar de sufrir innecesariamente”.
Sean Crowley, vocero del grupo, señaló sobre la práctica en Oregon y los Países Bajos que no encontró “ninguna evidencia de mayor riesgo” para los grupos vulnerables.
Michael Bien, abogado de los demandantes, dijo que la ley viola las garantías constitucionales de igualdad de protección y debido proceso, diseñadas para proteger a las personas de la discriminación y la exclusión.
Bien es uno de los abogados que presentó la demanda en nombre de United Spinal Association, que tiene al menos 60,000 miembros con lesiones de la médula espinal o que usan sillas de ruedas, incluidos 5,000 en California; , que se opone a la muerte asistida por un médico; el Institute for Patient’s Rights, que aboga por las personas que están al final de la vida y que enfrentan disparidades en la atención médica; y Communities Actively Living Independent & Free, un centro de vida independiente en el condado de Los Ángeles.
Bien señaló las estadísticas que muestran las desigualdades en la mortalidad infantil y materna, y las muertes por covid-19.
“Así es como funciona nuestro sistema, y la atención al final de la vida tiene exactamente los mismos problemas”, dijo Bien.
Es posible que las personas que eligen usar medicamentos suministrados por un médico para terminar con su vida no se den cuenta de que, en cambio, podrían recibir , lo que podría incluir sedación que puede dejarlos inconscientes, dijo Ingrid Tischer, una de las dos demandantes individuales en la demanda.
“Realmente crea dos clases de personas” en función de si se percibe que tienen una enfermedad terminal, dijo el residente de Berkeley de 57 años. “Un lado obtiene la prevención [del suicidio], el otro lado recibe una receta [para acabar con la vida]. Y eso es discriminatorio”.
Tischer nació con un tipo de distrofia muscular, una enfermedad progresiva que ahora le dificulta respirar: debe usar un andador o una silla de ruedas.
“Quiero que la atención que reciben las personas al final de la vida, incluida la mía, sea mucho mejor”, dijo. “Y no quiero que el suicidio asistido se convierta en la nueva forma de muerte estadounidense”.
California es uno de los 10 estados, junto con Washington, DC, que tienen las llamadas leyes de ayuda para morir. Los otros son Colorado, Hawaii, Maine, Montana, Nueva Jersey, Nuevo Mexico, Oregon, Vermont y Washington.
Bien dijo que sus clientes estaban buscando una manera de desafiar las leyes y se decidieron por el estatuto de California de 2022 porque eliminaba las salvaguardas de la ley original.
Estas redujeron el período de espera mínimo requerido entre el momento en que los pacientes deben realizar dos solicitudes orales de medicamentos de 15 días a 48 horas. La demanda señala que, por el contrario, California tiene un período de reflexión de 10 días entre la compra de un arma y su posesión. También eliminó el requisito de que los pacientes hicieran un certificado por escrito dentro de las 48 horas antes de tomar medicamentos para poner fin a sus vidas.
Los defensores de la ley revisada dijeron que esas salvaguardas se habían convertido en , y que otras protecciones se mantuvieron en el estatuto. Compassion & Choices, que aboga por las leyes de muerte asistida, citó que encontró que el 21% de las personas murieron o se enfermaron demasiado para seguir los pasos. Los partidarios de la ley dijeron que no estaban al tanto de ningún abuso o coerción.
La demanda argumenta que las personas que podrían vivir indefinidamente con la atención médica adecuada pueden ser consideradas enfermas terminales y, por lo tanto, elegibles para los medicamentos si es probable que mueran dentro de los seis meses sin esa atención. Dice que eso podría incluir pacientes con diabetes que rechazan la insulina o personas con trastornos renales que rechazan la diálisis.
Bien citó a que escribió en una revista médica que había aconsejado a dos pacientes con anorexia que tomaran medicamentos recetados para acabar con su vida. Compassion & Choices dijo que eso .
Según la ley de California, incluso los médicos que no están dispuestos a ayudar a los pacientes a terminar con sus vidas están obligados a documentar la solicitud del paciente, que aún cuenta como la primera de dos solicitudes orales requeridas. Christian Medical & Dental Association demandó por ese requisito y en septiembre. El estado está apelando el fallo.
La Oficina del Fiscal General de California no hizo comentarios inmediatos sobre la demanda, y la autora de la ley, la senadora estatal demócrata Susan Talamantes Eggman, no respondió de inmediatamente a las solicitudes de comentarios.
Esta historia fue producida por 麻豆女优 Health News, que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1682709&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero después de 18 meses sin cáncer, la enfermedad volvió con fuerza en junio de 2003. Le fracturó los huesos e invadió la cavidad espinal, bañando su cerebro de neoplasia maligna.
Durante los últimos seis meses, mientras yacía en su cama de cuidados paliativos en casa sufriendo un dolor constante, conectada a un goteo de morfina las 24 horas del día mientras perdía la vista y se marchitaba hasta convertirse en un esqueleto, la idea de poner fin a su sufrimiento acabando con su vida nunca formó parte de nuestras conversaciones.
He estado pensando mucho en esos tristes días mientras analizaba la (End of Life Option Act) de California, que permite a los pacientes con enfermedades terminales, y una esperanza de vida inferior a seis meses, poner fin a sus vidas tomando los medicamentos recetados por un médico. En octubre, el gobernador Gavin Newsom firmó una , extendiéndola hasta enero de 2031 y flexibilizando algunas restricciones de la versión de 2015 que, según sus promotores, se han convertido en barreras para los moribundos que desean acogerse a la ley.
La ley original, que sigue vigente hasta el 1 de enero, contiene numerosas medidas destinadas a garantizar que los pacientes no sean coaccionados por los familiares que los ven como una carga, o una potencial oportunidad económica.
Según la ley actual, los pacientes que desean morir deben hacer dos peticiones, formuladas verbalmente, para obtener los medicamentos con un intervalo mínimo de 15 días. También deben solicitar los medicamentos por escrito, y dos médicos deben estar de acuerdo en que los pacientes son legalmente elegibles.
Tras recibir los medicamentos, los pacientes deben confirmar su intención de morir firmando un formulario 48 horas antes de tomarlos.
Los pacientes deben tomar los fármacos sin ayuda, ya sea por vía oral, rectal o a través de una sonda de alimentación. Y los médicos pueden negarse a recetar los fármacos que inducen la muerte.
Después de que la ley estuviera vigente durante un tiempo, sus promotores y los profesionales llegaron a la conclusión de que algunas salvaguardas impedían el acceso a esta opción para ciertos pacientes.
Algunos estaban tan enfermos que murieron durante los 15 días que debían esperar entre la primera y la segunda solicitud de los medicamentos. Otros estaban demasiado débiles o desorientados para firmar el certificado final.
La ley revisada reduce el período de espera de 15 días a sólo dos y elimina el certificado final.
También exige a las instalaciones de salud que publiquen en Internet sus políticas sobre la muerte asistida. Los médicos que se nieguen a recetar los fármacos 鈥攜a sea por principios o porque no se sienten capacitados鈥 están obligados a documentar la solicitud del paciente y a transferir el expediente a cualquier otro médico que el paciente designe.
La parte más importante de la nueva ley, según sus promotores, es la reducción del período de espera.
La , profesora clínica especializada en medicina paliativa en el National Medical Center de Duarte, California, dijo que ha visto a muchos pacientes que tuvieron miedo de abordar el tema de su propia muerte hasta que estuvieron muy cerca del final.
“Para cuando hacían esa primera petición y tenían que esperar esos 15 días, perdían su capacidad de decisión, o entraban en coma o fallecían”, señaló Banerjee.
Amanda Villegas, de 30 años, de Ontario, California, se convirtió en una defensora a ultranza de la actualización de la ley después de ver a su marido, Chris, morir de forma agónica por un cáncer de vejiga metastásico en 2019.
Cuando la pareja preguntó sobre la posibilidad de una muerte asistida por un médico, contó Villegas, el personal del hospital Seventh-day Adventist donde trataban a Chris, les comunicó, de manera inexacta, que era ilegal. Cuando su esposo finalmente solicitó los fármacos inductores de la muerte, ya era demasiado tarde: murió antes de que terminara el período de espera de 15 días.
La nueva ley “abrirá las puertas a personas que podrían… experimentar los mismos obstáculos”, expresó Villegas. “Cuando te estás muriendo, lo último que necesitas es tener que superar barreras burocráticas para acceder a la paz”.
La muerte asistida se encuentra en la misma línea de división política que el aborto, y desde hace tiempo se ha enfrentado a la oposición de muchas instituciones religiosas y grupos antiabortistas. También se ha encontrado con la resistencia de algunas que afirman que menosprecia la vida de quienes dependen físicamente de otros.
“Nos oponemos a la idea de que el estado proporcione un vehículo para que las personas se suiciden”, afirmó Alexandra Snyder, CEO de la Life Legal Defense Foundation, un bufete de abogados sin ánimo de lucro contrario al aborto. Snyder dijo que el período de espera de 15 días proporcionaba un importante tiempo de reflexión para que los pacientes pudieran pensar sobre una decisión que es irreversible. “Ahora, cualquier salvaguarda que hubiera en la ley ha desaparecido”.
Los defensores de la ley dicen que la decisión de un paciente de tomar los medicamentos para poner fin a su vida ha sido siempre voluntaria, y no han visto pruebas de lo contrario.
Aunque ninguna de las dos versiones de la ley exige que un profesional médico esté presente cuando el paciente toma los medicamentos, las normas médicas fomentan la participación de los profesionales en el proceso de la muerte, señaló el doctor Lonny Shavelson, presidente de la American Clinicians Academy on Medical Aid in Dying. Los fármacos deben conservarse en la farmacia hasta que el paciente esté preparado para tomarlos, dijo Shavelson, aunque eso no siempre ocurre.
Desde que la ley de ayuda para morir entró en vigor en junio de 2016 hasta el 31 de diciembre de 2020, algo menos de dos tercios de las 2,858 personas que recibieron recetas tomaron los medicamentos y murieron, según los del Departamento de Salud Pública de California. El resto murió antes de poder tomar los medicamentos o encontró otras formas de controlar su dolor y su angustia emocional.
La mayoría de los principales planes privados de salud 鈥攊ncluidos Kaiser Permanente, Anthem Blue Cross, Blue Shield of California y Health Net鈥 cubren los medicamentos que ayudan a morir, y las correspondientes visitas médicas, al igual que Medi-Cal, el programa de seguro de salud administrado por el gobierno para personas de bajos ingresos.
Sin embargo, más del 60% de las personas que toman estos fármacos son beneficiarios de Medicare, que no los cubre. Hay combinaciones eficaces de medicamentos que ponen fin a la vida por tan sólo $400.
Habla con tu médico lo antes posible si estás considerando la posibilidad de una muerte asistida, por si tienes que buscar la ayuda de otro médico. Si tu médico acepta ayudarte, la ley exige que discuta contigo otras opciones para el final de la vida, como los cuidados paliativos.
Sea cual sea la decisión que tome el paciente, es importante ser más abierto sobre nuestra mortalidad, declaró la senadora estatal Susan Eggman, demócrata de Stockton, autora de la ley revisada de ayuda a la muerte.
“Todos deberíamos tener más conversaciones sobre la vida y la muerte, y sobre lo que queremos y lo que no queremos y sobre lo que es una muerte pacífica”, afirmó. “Todos vamos a morir”.
Leslie y yo tuvimos muchas de esas conversaciones, hasta que el cáncer acabó por robarle la mente.
En sus últimos meses, a menudo se sumía en un estado de semiconsciencia, lejos de nuestro alcance durante días. Entonces, justo cuando pensábamos que no iba a volver, abría de repente los ojos y preguntaba por los niños. Se subía a su silla de ruedas y se reunía con nosotros a la mesa.
Esos períodos, que llamábamos “despertares”, eran una fuente de gran consuelo para todos los que querían a Leslie, pero especialmente para los niños, que se sentían aliviados y felices de tener a su mamá de vuelta.
Aunque nunca lo sabré con certeza, sospecho que Leslie no habría querido privarse de esos momentos.
FUENTES
Si has contemplado la posibilidad de recibir ayuda para morir, aquí tienes algunos recursos para aprender más sobre el tema:
– Compassion & Choices, 1-800-247-7421 o
– El Departamento de Salud Pública de California, (haz clic en “programas”)
– The American Clinicians Academy on Medical Aid in Dying,
– End of Life Choices California, o 1-760-636-8009
Esta historia fue producida por KHN, que publica , un servicio editorialmente independiente de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1417713&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El hombre de Seattle, de 50 años, un ex viajero del mundo, triatleta y ciclista, descubrió que tenía leucemia hace cinco años, a lo que siguió un diagnóstico aún más severo en 2016: una rara forma de esclerosis lateral amiotrófica (ELA).
Diseñador de interiores y urbanista, quien cambió legalmente su apellido, McQ había sufrido dolor y deterioro físico durante años. Hasta que la enfermedad amenazó con destruir su capacidad de tragar y respirar.
“Es como despertarse cada mañana en arenas movedizas”, dijo McQ. “Es aterrador”.
El otoño pasado, McQ decidió usar la ley de Muerte con Dignidad que el estado de Washington aprobó en 2009 para acabar con su sufrimiento. La práctica, aprobada en siete estados y el Distrito de Columbia, permite a las personas con una proyección de vida de seis meses o menos obtener medicamentos letales para terminar con sus vidas.

Aunque la opción era legal, para McQ en realidad fue difícil llevarla a cabo. McQ acordó discutir sus deliberaciones con Kaiser Health News, esperando arrojar luz sobre una práctica a menudo secreta e incomprendida.
“驴Cómo se puede comenzar a pensar en la muerte?”, reflexionó, sentado en una silla de ruedas en su apartamento de Seattle a fines de enero.
Más de 3.000 personas en los Estados Unidos han elegido esta forma de muerte desde que se promulgó la ley de Oregon en 1997, según informes del estado. A pesar que leyes similares se han expandido a más lugares, incluyendo a este año, sigue siendo controversial.
La Ley de Opción de Fin de la Vida de California, que entró en vigencia en 2016, fue suspendida durante tres semanas esta primavera después de un desafío judicial, dejando a cientos de pacientes moribundos brevemente en el limbo.
Los partidarios dicen que la práctica le da a los pacientes control sobre su propio destino frente a una enfermedad terminal. Los detractores, incluidos grupos religiosos, defensores de los derechos de las personas con discapacidad y algunos médicos, argumentan que esas leyes podrían presionar a las personas vulnerables, y que los cuidados paliativos adecuados pueden aliviar el sufrimiento al final de la vida.
Delgado y consumido, con cabello plateado y penetrantes ojos azules, McQ aún podría haber pasado por el modelo de fotógrafos que alguna vez fue. Pero ahora sus piernas temblaban involuntariamente dentro de sus jeans oscuros y su voz estaba ronca de dolor por el esfuerzo de tres horas para contar su historia.
En noviembre pasado, los médicos le dijeron a McQ que tenía seis meses o menos de vida. La elección, dijo, no fue la muerte por sobre una vida sana, sino un “resultado certero” frente a la opción de un final prolongado, doloroso y “desconocido”.
“No quiero morir”, dijo. “Estoy muy vivo, pero estoy sufriendo. Y prefiero que no sea una sorpresa”.

A fines de diciembre, un amigo recogió una receta de 100 tabletas del poderoso sedante secobarbital. Durante semanas, la botella que contenía la dosis letal estuvo en un estante de su cocina.
“No estaba relajado ni confiado hasta que lo tuve en mi armario”, dijo McQ.
En ese momento, tenía la intención de tomar la droga a fines de febrero. O tal vez a mediados de marzo. Quiso pasar la Navidad, así que no arruinó las vacaciones de nadie. Luego su hermana y su familia vinieron de visita. Luego fue el cumpleaños de un amigo y la boda de otro.
“Nadie está realmente listo para morir”, dijo McQ. “Siempre habrá una razón para no hacerlo”.
Muchas personas que optan por la asistencia médica para morir están tan enfermas que toman las drogas lo antes posible, soportando con impaciencia los períodos de espera exigidos por el estado para obtener las recetas.
Los datos de Oregon muestran que el tiempo medio desde la primera solicitud hasta el momento de la muerte es de 48 días, o aproximadamente siete semanas. Pero ha oscilado entre dos semanas y más de 2,7 años, según registros.
Las enfermedades neurodegenerativas como ELA son particularmente difíciles, dijo el doctor Lonny Shavelson, médico de Berkeley, California, quien ha supervisado casi 90 muertes asistidas en ese estado y ha asesorado a más de 600 pacientes desde 2016.
“Es una decisión muy complicada semana a semana”, dijo. “驴Cómo decides? 驴Cuándo decides? No les dejamos tomar esa decisión solos”.
Filosóficamente, McQ había sido partidario de la muerte digna por años. Fue el último cuidador de su abuela, Milly, quien le suplicaba por la muerte para terminar con el dolor al final de su vida.
A finales de la primavera, la propia lucha de McQ empeoró, contó Karen Robinson, representante de atención médica de McQ y amiga de dos décadas. Fue admitido en el hogar de cuidados paliativos, pero siguió empeorando. Cuando una enfermera le recomendó que se trasladara a un centro de cuidados paliativos para controlar su creciente dolor, decidió que prefería morir en su casa.

“Había una parte de él que esperaba que hubiera alguna otra alternativa”, dijo Robinson.
McQ consideró varias fechas, y luego cambió de opinión, en parte debido a la presión por tomar esa decisión.
Junto con el dolor, el riesgo de perder la capacidad física de administrar el medicamento él mismo, un requisito legal, estaba creciendo.
“Hablé con él sobre perder su oportunidad”, dijo Gretchen DeRoche, voluntaria del grupo End of Life Washington, quien dijo que ha supervisado cientos de muertes asistidas.
Finalmente, McQ eligió el día: 10 de abril. Robinson llegó temprano en la tarde, como lo había hecho a menudo, para tomar café y charlar, pero no sobre su inminente muerte.
DeRoche llegó exactamente a las 5:30pm, según las instrucciones de McQ. A las 6pm, McQ tomó medicamentos contra las náuseas. Debido a que las drogas letales son tan amargas, existe la posibilidad que los pacientes no las contengan.
Cuatro amigos cercanos se reunieron, junto con Robinson. Repasaron los CD de McQ, tratando de encontrar la música adecuada.
DeRoche abrió las 100 cápsulas de secobarbital de 100 miligramos, una a la vez, un proceso tedioso que hizo sola en otro cuarto. Luego mezcló la droga con agua de coco y un poco de vodka.
Justo en ese momento, McQ comenzó a llorar, dijo DeRoche. “Creo que estaba llorando la pérdida de la vida que esperaba vivir”.
Después de eso, dijo que estaba listo. McQ les pidió a todos menos a DeRoche que salieran de la habitación. Ella le dijo que aún podía cambiar de opinión.
“Dije, como les digo a todos: ‘Si tomas este medicamento, te vas a dormir y no te vas a despertar'”, recordó.
McQ bebió la mitad de la mezcla de drogas, hizo una pausa y bebió agua. Luego se tragó el resto.
Sus amigos regresaron, pero permanecieron en silencio.
“Todos se reunieron a su alrededor, cada uno tocándolo”, dijo DeRoche.
Muy rápido, justo antes de las 7:30 p.m., todo había terminado.
“Bebió la medicación, se fue a dormir y murió en seis minutos. Creo que todos estábamos un poco sorprendidos de que se hubiera ido tan rápido “, contó DeRoche.
Los amigos se quedaron hasta que llegó un empleado de la funeraria.
Cuando fue colocado en un vehículo, escucharon jazz.
Los amigos de McQ se reunieron el 30 de junio en Seattle para una “celebración de recuerdos felices” de su vida, dijo Robinson. El grupo fue en kayak al lago Washington y dejaron las cenizas de McQ en el agua, junto con pétalos de rosa.
En los meses posteriores a la muerte de su amigo, Robinson ha reflexionado sobre la decisión de McQ de morir. Probablemente era lo que esperaba, dijo ella, pero no lo que deseaba.
“Es realmente difícil estar vivo y luego dejar de estarlo por propia elección”, dijo.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=864360&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El matrimonio de Portland, Oregon, casados por 66 años y ambos enfermos terminales, murieron juntos en su cama el 20 de abril de 2017, después de tomar dosis letales de medicamentos obtenidos bajo la .
Francie, de 88 años, fue la primera, murió 15 minutos después de tomar la píldora, una prueba del estado de su débil corazón. Charlie, de 87, un respetado médico de oídos, nariz y garganta, falleció una hora más tarde, poniendo fin a una larga lucha contra el cáncer de próstata y la enfermedad de Parkinson, diagnosticada en 2012.
“No tenían remordimientos, ni asuntos pendientes”, dijo Sher Safran, de 62 años, una de las tres hijas de la pareja. “Sentí que era su hora, y significó mucho saber que estuvieron juntos”.
En las dos décadas desde que Oregon se convirtió en el primer estado en legalizar la asistencia médica para morir con dignidad, han decidido morir en sus propios términos, tomando píldoras letales recetadas. Los Emerick fueron dos de las 143 personas que lo hicieron en 2017, y al parecer, hasta ahora, la única pareja en decidir morir juntos, al mismo tiempo, dijeron autoridades.
La pareja, miembro de la en los 80, apoyó el derecho a elegir morir durante años y, cuando sus enfermedades empeoraron, agradecieron poder decidir por sí mismos, dijeron miembros de la familia.
“Siempre había sido su intención”, dijo su hija Jerilyn Marler, de 66 años, quien fue la principal encargada de cuidar a la pareja en los últimos años.
Los Emerick permitieron que Safran y su esposo, Rob Safran, de 62 años, fundadores de , de Kirkland, Washington, registraran sus últimos días y horas. Al principio, el video fue pensado solo para la familia, pero Safran les pidió permiso a sus padres para compartirlo públicamente.

“Creo que puede ayudar a cambiar la forma en que las personas piensan sobre la muerte”, dijo.
El resultado es , un documental de 45 minutos que detalla el trasfondo de la decisión final de los Emerick y su determinación para llevarlo a cabo.
Grabado en su mayoría con celulares, el video captura los momentos íntimos de los preparativos de la pareja en su última semana de vida.
Charlie Emerick fue misionero médico en India y jefe de ENT en un hospital de Kaiser Permanente en el área de Portland. (Kaiser Health News no está afiliado a Kaiser Permanente). Fue diagnosticado con la enfermedad de Parkinson en 2012, después de lidiar con los síntomas de la enfermedad durante años. Sufría de cáncer de próstata y problemas cardíacos y supo, a principios de 2017, que le quedaban seis meses o menos de vida. En el documental, describió sus pensamientos mientras reflexionaba sobre ejercer el derecho a una muerte digna.

“Voy a seguir empeorando, lo otro no puede ser peor que ésto”, le explicó a su hija Sher, con voz temblorosa.
Francie Emerick, quien manejó el marketing y las relaciones públicas para el hospital que dirigió su esposo en India, aparece vital en el video. Sin embargo, sus hijas dicen que su energía fue fugaz y que enmascaró años de deterioro después de múltiples ataques cardíacos y cáncer.
En el video, Francie reconoció que podría haber sobrevivido un poco más que su esposo. Pero dijo que no quería.
“Charlie y yo tenemos una relación única, y hemos significado mucho el uno para el otro durante 70 años”, dijo.
La pareja siguió cuidadosamente los detalles de la ley, que requiere exámenes de dos médicos diferentes para determinar un pronóstico de seis meses de vida o menos, múltiples confirmaciones de intención y la capacidad de los pacientes para tomar los medicamentos letales por sí mismos. El proceso toma un mínimo de 15 días.
“Queremos que sea legal”, dijo Francie.
El video traza el arco de vida de la pareja. Los Emerick se conocieron cuando eran estudiantes universitarios en Nebraska, se casaron el 4 de abril de 1951 y pasaron años en los 60 como misioneros médicos en Miraj, India. La carrera del doctor Emerick los llevó al sur de California y luego al estado de Washington, a la India y finalmente a Oregon, mientras criaban a tres niñas. En 2004, se mudaron a un apartamento en una comunidad de retirados de Portland.

Allí es donde los Emerick murieron un jueves nublado la primavera pasada, seis días después de una celebración familiar que incluyó a sus hijos y nietos, y, a pedido de Francie, helado de vainilla con cerveza. La reunión fue feliz, dulce, pero a la vez amarga, dijeron miembros de la familia.
“Hubo momentos en que expresaron una gran tristeza por la despedida que se avecinaba”, recordó Marler.
Los Emerick buscaron la ayuda de Linda Jensen, una líder veterana del equipo de End of Life Choices Oregon, una agencia sin fines de lucro que apoya a las personas que buscan utilizar la ley estatal de muerte digna.
“Estaban bastante bien informados”, dijo Jensen, quien ha ayudado en docenas de muertes en 13 años. “Lo que querían entender era cómo se ve realmente una muerte planificada”.
El video incluye una reunión entre Jensen y los Emerick dos días antes de su muerte. No tiene nada que ver con cómo mueren en la televisión, les dijo.
“No pierdes el control intestinal o de vejiga. No te quedas sin aliento”, explicó. Dijo que simplemente sería como si se fueran a dormir.
Los Emerick revisaron el plan: no desayunaron, solo píldoras para calmar el estómago a las 9 am, seguidas por las drogas letales una hora más tarde.
En el video, Safran y Marler parecen tranquilos y decididos mientras ayudan a finalizar los arreglos de sus padres.
“Hubo mucha aflicción antes de tiempo porque sabíamos lo que venía”, dijo Marler.
Algunos miembros de la familia no estuvieron de acuerdo con la decisión de la pareja, pero los Emerick estaban decididos.
“驴Ustedes dos nunca han dudado?”, le preguntó Safran a su madre.
“No”, respondió Francie.
El video capturó los detalles de la mañana final: Charlie saludando a la cámara mientras caminaba por el pasillo, el último abrazo de Safran a su madre, Charlie y Francie tomándose de las manos después de tomar las drogas.
“Solo se necesita una gran cantidad de fortaleza interior y autoconocimiento para enfrentar esa elección, y lograr que todas las personas que te quieren y te van a extrañar, te acompañen”, reflexionó Jensen.
No hubo funeral después de las muertes. Los Emerick habían donado sus cuerpos para investigación a través de un programa en la , y los restos no se devuelven hasta después de dos o tres años, dijo una vocera.
Mientras tanto, el video se ha vuelto reconfortante y valioso para la familia, dijo Safran.
“Es amoroso, solo escuchar sus voces”, dijo.

El documental también tiene un propósito más amplio: ayudar a otros a comprender cómo funciona la ayuda para morir, dijo.
Carol Knowles, de 70 años, era miembro del club de lectura de Francie Emerick. Los Emerick no les dijeron a otros residentes sobre sus planes. Knowles dijo que se sorprendió cuando murieron el mismo día, hasta que vio el documental.
“Pensé que fue valiente y hermoso”, dijo. “Se podía ver el cuidado con el que Charlie y Francie habían tomado esa decisión”.
Sin embargo, otro miembro del grupo expresó su preocupación, diciendo que su religión prohibía cualquier esfuerzo para acelerar la muerte. Knowles dijo que planea llevar el documental al trabajador social del centro de retiro antes de mostrarlo más ampliamente.
“Queremos hacerlo de una manera que no los asuste ni los haga sentir incómodos”, dijo.
Stephen Drake, analista de investigación para el grupo de derechos de discapacidad , tuvo serias reservas acerca de hacer público el video. Le preocupaba que la presentación de la muerte digna bajo una luz positiva “cambie las expectativas; esto romantiza la idea de no solo suicidio, sino un doble suicidio”, dijo Drake.
Safran dijo que espera fuertes reacciones, incluidas críticas, sobre la crónica de los últimos días de sus padres. Pero apuntó que el documental honra la creencia de los Emerick: todos deberían opinar sobre cuándo y cómo morir.
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