Las partículas irritantes para los pulmones llegaban desde los bosques en llamas de California y se instalaban en el condado de Douglas (Nevada), donde viven casi 50,000 personas, lo que hizo que se advirtiera que la había alcanzado niveles peligrosos.
Esos niveles significaban que el aire era muy insalubre, lo suficientemente malo como para hacer saltar las alarmas sobre la salud inmediata de las personas y la cuestión sobre si el empeoramiento de la contaminación podría provocar problemas de salud a largo plazo. Estos riesgos aumentarán a medida que el cambio climático haga más frecuentes los incendios forestales, las sequías, las tormentas de polvo y las inundaciones en Estados Unidos y en el mundo.
Algunos se sienten impotentes.
“No hay mucho que podamos hacer al respecto”, dijo , presidente de la tribu Washoe de Nevada y California. Las tierras de la tribu se encuentran en la frontera entre California y Nevada, cerca del lago Tahoe, y se extienden hasta el condado de Douglas, a unas 60 millas al sur de Reno.
Los miembros de la tribu y otros residentes de la zona se encuentran entre los del país que este año experimentarán una mala calidad del aire debido a los incendios forestales. En septiembre, cuando el humo se asentó sobre Nevada, se emitieron relacionadas con los incendios en otros seis estados: California, Idaho, Montana, Oregon, Washington y Wyoming.
Quienes viven en el condado de Douglas están en mejor situación que en otras zonas afectadas. Los residentes del condado de Douglas deben conducir una media de 30 minutos para acudir al neumólogo, el especialista del pulmón. Sin embargo, en otras partes del Oeste y del Alto Medio Oeste, los pacientes deben conducir una hora o más, según los , un sitio web que rastrea los precios de los medicamentos recetados y realiza investigaciones.
En concreto, el análisis descubrió que unos 5,5 millones de estadounidenses viven en los 488 condados en los que el tiempo de conducción hasta los neumólogos es de una hora o más. Gran parte de Nevada y amplias zonas de Montana se encuentran a esa distancia de los especialistas; son lugares que han sufrido recientemente incendios forestales que llenan el aire de humo y ceniza, lo que puede provocar problemas pulmonares o agravar los ya existentes.

Las alergias, el asma y otros problemas similares suelen ser atendidos por los médicos de atención primaria, pero los pacientes son cuando los problemas se complican en forma de asma grave, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el enfisema.
Los muestran que el número de especialistas en enfermedades pulmonares en el país se redujo casi un 11% entre 2014 y 2019. La asociación, que tiene su sede en Washington, D.C., y representa a la comunidad académica de la medicina, señaló que la disminución podría no ser tan alta como parece porque algunos médicos están optando por practicar la atención crítica pulmonar en lugar de solo la neumología. Muchos de esos neumólogos trabajan en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales.
Según el informe de GoodRx, en Estados Unidos ejercen unos 15,000 neumólogos. Sin embargo, vastas franjas del país tienen .
“Nuevo México tiene un neumólogo para toda la parte sureste del estado, sin contar Las Cruces, que está más cerca de El Paso”, dijo el doctor , neumólogo de Texas Tech Physicians.
Test, uno de los 13 neumólogos de la región de Lubbock (Texas), explicó que sus pacientes de Texas a veces conducen cuatro horas para una cita y que otras personas viajan desde “Nuevo México, Oklahoma, incluso el lejano oeste de Kansas”.
Es probable que el aumento de los incendios forestales y su intensidad requiera de más neumólogos.
“El cambio climático va a afectar a las enfermedades pulmonares”, afirmó el doctor , profesor de medicina pulmonar, de cuidados críticos y del sueño en la Facultad de Medicina de la Universidad de California-Davis, donde él y otros investigadores están estudiando los efectos de los incendios forestales. En su consulta de Sacramento, Kenyon explica que atiende a pacientes de las zonas más septentrionales de California, incluida Eureka, a cinco horas en coche de la capital del estado.
Los efectos a corto plazo de respirar humo son bastante conocidos. Las personas acuden a las salas de urgencias con ataques de asma, exacerbación de la EPOC, bronquitis e incluso neumonía, indicó Kenyon. Algunos presentan dolor en el pecho y otros problemas cardíacos.
“Pero tenemos muy poco conocimiento de lo que ocurre a largo plazo”, añadió. “Si la gente se expone durante dos o tres semanas a los incendios forestales durante dos o tres años, ¿se produce un empeoramiento del asma o de la EPOC? No lo sabemos”.
Los incendios liberan múltiples contaminantes, como dióxido de carbono, monóxido de carbono y sustancias químicas como el benceno. Todos los incendios envían partículas al aire. Los investigadores de la salud y los expertos en calidad del aire están más preocupados por las denominadas partículas 2,5. Mucho más pequeñas que un cabello humano, estas partículas pueden alojarse y se han relacionado con afecciones cardíacas y pulmonares.
El aumento de esas diminutas partículas se asocia a un mayor riesgo de muerte por cualquier causa, excluyendo accidentes, homicidios y otras causas no accidentales, hasta cuatro días después de la exposición de la población, según una reseña del de 2020.
La concentración de partículas finas es uno de los cinco indicadores utilizados para calcular el Índice de Calidad del Aire (ICA), un índice numérico y codificado por colores que se utiliza para informar al público sobre los niveles locales de contaminación del aire. El color verde denota una buena calidad del aire y se da si el índice total es de 50 o menos. Cuando la medición supera 100, la calidad del aire recibe una etiqueta naranja y puede ser mala para determinados grupos. Los niveles superiores a 200 obtienen una etiqueta roja y se consideran insalubres para todos.
Los organismos gubernamentales hacen un seguimiento de esos niveles, al igual que las personas que utilizan aplicaciones o sitios web para determinar si es seguro salir a la calle.
Cuando el ICA se eleva por encima de 150, la doctora Farah Madhani-Lovely, neumóloga, dijo que el Renown Regional Medical Center de Reno cierra su clínica de rehabilitación pulmonar para pacientes externos porque no quiere que los pacientes conduzcan hasta el hospital. Algunos pacientes del condado de Douglas optan por la atención cerca de casa, a una hora de distancia. “No queremos que estos pacientes salgan al exterior porque solo un minuto de exposición al humo puede desencadenar una exacerbación de su enfermedad crónica”, señaló Madhani-Lovely.
Smokey explicó que acudir a un neumólogo puede ser difícil para los miembros de la tribu Washoe, en particular para los que viven en el lado de California de la reserva. “No podemos encontrar especialistas para ellos”, dijo. “Acabamos derivándoles fuera y enviándoles a cientos de millas de distancia para recibir una atención que deberíamos poder proporcionar aquí”.
La contratación de especialistas en zonas rurales o ciudades pequeñas ha sido difícil durante mucho tiempo. Por un lado, un especialista puede ser el único en millas a la redonda, “por lo que tienen una tremenda carga en términos de cobertura y días libres”, indicó Test.
Otra preocupación es que los médicos tienden a formarse en ciudades más grandes y a menudo quieren ejercer en lugares similares. Incluso la contratación de médicos del pulmón en Lubbock, una ciudad de 260,000 habitantes en el oeste de Texas, es un reto, añadió Test.
“Me encanta Lubbock”, aseguró. “Pero le digo a quienes nunca han estado aquí: ‘Es realmente llana’. No entienden lo que es llano hasta que llegan aquí”.
En Nevada, en los días en que la calidad del aire es mala, los miembros de la tribu Washoe tratan de protegerse con purificadores de aire improvisados creados con ventiladores, cinta adhesiva y filtros de aire, explicó Smokey.
A largo plazo, Smokey y otros líderes tribales están presionando al Servicio de Salud Indio para que establezca un hospital de atención especializada en el norte de Nevada. El hospital de atención especializada más cercano para los miembros de la tribu Washoe está a más de 700 millas de distancia, en Phoenix.
Es difícil porque “hay una necesidad que deberíamos atender”, añadió Smokey. “Pero tenemos que luchar por ello. Y a veces esa lucha lleva años, años y años para conseguirlo”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1590436&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>¿Un caso claro de COVID-19? No tan rápido. Esta es una región de incendios forestales.
A lo largo de la costa oeste, hospitales y centros de salud reportan pacientes con problemas relacionados con la inhalación de humo.
A medida que , por el calor seco y los fuertes vientos, el humo y las cenizas se expanden y se asientan en zonas costeras como , y en ciudades y pueblos a cientos de kilómetros tierra adentro, haciendo que el cielo se vuelva naranja o gris y dificultando incluso la respiración normal.
Pero eso, dijo Marshall, es sólo una parte del desafío. Los centros, que ya están al límite de suministros para hacer pruebas y de equipos de protección personal (EPP), deben descartar primero la presencia de COVID-19 en estos pacientes, porque muchos de los síntomas que presentan son los mismos que los que causa el virus.
“Obviamente, existe una coincidencia en los síntomas”, señaló Marshall, que es CEO de CommuniCare, una red de seis clínicas en el condado de Yolo, cerca de Sacramento, que trata principalmente a pacientes con poca cobertura o sin seguro médico. “Cada vez que alguien llega con algunos de esos síntomas, nos preguntamos, ‘¿Es COVID?’ Clínicamente hablando, debo descartar el virus”.
El protocolo es tratar los síntomas, cualquiera que sea su causa, y recomendar que el paciente se ponga en cuarentena hasta que lleguen los resultados de las pruebas del virus, afirmó Marshall.
Es una escena que se repite en numerosos hospitales. Administradores y médicos, atentos a la rápida propagación de COVID-19, no se arriesgan cuando observan síntomas que podrían revelar al virus.
“Hemos visto un aumento en el número de pacientes que llegan a la sala de emergencias con problemas respiratorios”, expresó la doctora Nanette Mickiewicz, presidenta y CEO del Dominican Hospital en Santa Cruz.
“Al llegar con síntomas que podrían ser de COVID-19, tratamos a estos pacientes como lo haríamos con cualquier persona sospechosa de coronavirus hasta que podamos descartarlos con nuestro proceso de detección”. Durante el proceso, los síntomas más específicos de COVID-19, como la fiebre, se harían evidentes.
Para los trabajadores de Dominican, el tema pronto se vivió con urgencia. Los condados de Santa Cruz y San Mateo han sido los más afectados por los incendios del CZU Lightning Complex, que hasta el 10 de septiembre más de 86,000 acres, destruyendo 1,100 edificios y amenazando a otros 7,600. Casi un mes después de que , los incendios fueron contenidos en un 84%, pero miles de personas permanecían evacuadas.
Dominican, un hospital de Dignity Health, permanece “abierto, es seguro y proporciona atención médica”, aseguró Mickiewicz. Múltiples tiendas de campaña, levantadas en el exterior del centro, sirven como una extensión de la sala de espera para el servicio de Urgencias. También se utilizan para llevar a cabo lo que se considera una función esencial: separar a los que tienen síntomas de COVID-19 de los que no.
En los dos hospitales del condado de Solano, operados por NorthBay Healthcare, la trayectoria de algunos de los incendios forestales llevó a los funcionarios a revisar sus procedimientos de evacuación, explicó el vocero Steve Huddleston. Al final, no hubo necesidad de evacuar a los pacientes, y los nuevos llegaron con síntomas parecidos a los de COVID que, en realidad, podían deberse a la inhalación de humo.
Huddleston dijo que el proceso de admisión de NorthBay “requiere que cualquier persona con síntomas de COVID se considere sospechosa para el coronavirus, lo que significa que son separados, examinados y manejados por personal con EPP”.
En los dos hospitales, que hasta ahora han tratado casi 200 casos de COVID, el protocolo está bien establecido.
Los hospitales de California, aunque en su mayoría no están saturados, se enfrentan a múltiples problemas que normalmente sólo se presentan de forma esporádica.
En el condado de Napa, el hospital Adventist Health St. Helena a 51 pacientes en una sola noche de agosto ante la cercanía del fuego, trasladándolos a otros 10 centros según sus necesidades y la disponibilidad de camas. Tras un cierre de 10 días, se permitió al finalizar las órdenes de evacuación, ya que el incendio se había contenido.
Los incendios forestales también afectan de manera personal a los trabajadores de salud. La doctora Marshall, de CommuniCare, perdió la casa de su familia en la zona rural de Winters, junto con 20 acres de olivos y otras plantaciones que la rodeaban, en los que arrasaron el condado de Solano.
“Lo llamaron un ‘fogonazo'”, contó Marshall. Una confluencia de tres incendios que se desató fuera de control, arrasando miles de acres. Con su familia a salvo y una vivienda temporal proporcionada por un amigo, volvió al trabajo. “Nuestras clínicas interactúan con una población muy vulnerable”, dijo, “y este es un momento crítico para ellos”.
Mientras pensaba en cómo reconstruiría su hogar, la doctora debió enfrentarse a otra crisis: la escasez de suministros de la clínica. El mes pasado, CommuniCare sólo contaba con 19 kits para pruebas de COVID, y la escasez de hisopos era tal “que literalmente nos dirigimos a nuestros amigos veterinarios en busca de refuerzos”, explicó.
Mientras tanto, los resultados de las pruebas de COVID de la clínica tardaban casi dos semanas en llegar, desde un abrumado laboratorio exterior, haciendo que el rastreo de contactos fuera casi inútil.
Esas situaciones ya están controladas, al menos temporalmente, aseguró Marshall. Y aunque la Costa Oeste se encuentra en la época más peligrosa del año para los incendios forestales, generalmente de , ahora surge otra complicación para los proveedores de salud: la temporada de gripe.
Las tendencias de la temporada de gripe en el hemisferio sur, que coincide con nuestros meses de verano, por lo general predicen lo que nos espera en los Estados Unidos. Pero este año, se ha visto muy poco de la enfermedad, presumiblemente debido a la restricción de los viajes, el distanciamiento social y el uso de máscaras. Y es demasiado pronto para saber lo que traerá la temporada de gripe a los Estados Unidos.
“Se pueden empezar a ver algunos casos de gripe a finales de octubre”, apuntó Marshall, “y la realidad es que van a llegar con una serie de características que también podrían ser sintomáticas de COVID. Y nada cambia: tienes que descartarlo, para eliminar el riesgo”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1176180&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“¡Quedarse en casa!”, responde otro usuario.
El grupo de Facebook llamado se ha visto inundado de comentarios mordaces que instan a los viajeros a mantenerse alejados. Es un cambio fuerte. Antes de la pandemia, los intercambios entre turistas y residentes de la isla significaban promesas de diversión. Ahora, los operadores turísticos del continente que administran la página de Facebook intentan eliminar rápido cualquier expresión de enojo.
En la cercana Puerto Rico, la fricción se ha extendido a la vida real. han detallado varios episodios en los que los turistas, escapando de las restricciones pandémicas en sus países de origen, se volvieron violentos y destruyeron mercadería cuando se les pidió que usaran máscara dentro de tiendas.
La pandemia de COVID-19 ha enfrentado los intereses económicos con las guías de salud pública en todo Estados Unidos. Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos sienten esta tensión de manera aguda, ya que ambos territorios estadounidenses dependen del turismo para generar ingresos y proporcionar empleos.
Cada vez más, los lugareños han comenzado a preguntarse si vale la pena arriesgarse a dar la bienvenida a los turistas.
El turismo representa más de la mitad del producto interno bruto de las Islas Vírgenes. En Puerto Rico, la industria representa 80,000 empleos y aproximadamente el 6.5% de la economía total de la isla.
Pero los isleños no sólo son vulnerables a los trastornos económicos de COVID-19. A los residentes tanto de Puerto Rico como de las Islas Vírgenes se les diagnostica condiciones de salud crónicas como diabetes y enfermedades cardiovasculares en tasas más altas que en la mayoría de los estados continentales, lo que los pone en mayor riesgo de desarrollar complicaciones si contraen el virus.
En resumen, la misma industria que representa un salvavidas económico para los isleños amenaza su capacidad de proteger su salud.
Un paso adelante
Cuando COVID-19 impactó a fines del invierno, Puerto Rico y las Islas Vírgenes adoptaron sólidas estrategias de prevención, incluso antes que la mayoría de los estados continentales.
En Puerto Rico, la gobernadora Wanda Vázquez emitió , que literalmente cerró la isla al imponer un toque de queda, una orden de quedarse en casa y cierres de negocios. Los primeros casos de coronavirus se reportaron allí el 13 de marzo.
De igual manera, el gobernador de las Islas Vírgenes, Albert Bryan Jr., emitió que prohibieron que hoteles, villas y otros alojamientos aceptaran huéspedes por placer entre el 25 de marzo y el 1 de junio.
El área permaneció abierta a viajeros de negocios, tripulaciones de vuelos, funcionarios de salud, personal de emergencia, residentes e invitados del gobierno. Según una del Departamento de Salud, el territorio tenía, en ese momento, seis casos confirmados de COVID y 43 resultados de pruebas pendientes.
Sin embargo, ninguno de los territorios pudo cerrar sus aeropuertos. Los funcionarios locales no tienen la autoridad para hacerlo porque el gobierno federal regula la aviación.
“Parte del desafío de ser una colonia de los Estados Unidos es que, ya sabes, no tenemos control sobre nuestras fronteras”, dijo Hadiya Sewer, presidenta y cofundadora de St. JanCo: The St John Heritage Collective , una organización de preservación del patrimonio cultural y derechos territoriales en la pequeña isla de St. John, parte de las Islas Vírgenes.
Aún así, las medidas agresivas, aunque efectivas, se cobraron un precio para residentes como Melina Aguilar.
Antes del cierre, la emprendedora de 31 años trabajaba como guía turística para Isla Caribe, una empresa que fundó y que ofrece recorridos históricos a pie por Ponce, Puerto Rico. La orden de quedarse en casa en marzo cerró el negocio de Aguilar durante tres meses.
Aguilar dijo que el sacrificio habría valido la pena si la isla hubiera podido mantener el control de la propagación al cerrar la frontera y hacer cumplir la cuarentena de 14 días para los viajeros. Pero no funcionó de esa manera. Según , el promedio de casos al 1 de mayo, mientras Puerto Rico todavía estaba cerrado, fue de 42 por día. El 1 de julio, 102 casos. Para el 15 de julio, 233.
Reabriendo las puertas
Para el verano, ambos territorios estaban ansiosos por reabrir negocios. Con muchos destinos de vacaciones en el extranjero prohibiendo la entrada de los viajeros estadounidenses, parecía que el continente cercano estaría lleno de bañistas que, después de vivir bajo órdenes de quedarse en casa durante meses, estarían listos para viajar, sin necesidad de pasaporte, a disfrutar del sol y la arena.
Las Islas Vírgenes de los Estados Unidos recibieron formalmente a los turistas de regreso a sus costas el 1 de junio, con salvedades. Los viajeros de los “zonas rojas” del coronavirus debían enviar la información de la prueba COVID-19 a través de para recibir un “código de certificación” de resultado negativo.
Aquéllos que no lo hicieron tuvieron que ponerse en cuarentena durante 14 días o hasta que tuvieran documentación de un resultado negativo de la prueba.
Pero tanto los lugareños como los turistas dijeron que las medidas de aplicación de COVID no han sido consistentes. El capitán Matthias Bitterwolf, propietario de Antillean Yacht Charters en St. Thomas, dijo que entregó un bote a Puerto Rico y no se le permitió salir del barco hasta que la policía local pudiera verificar su documentación de COVID. Su estatus para COVID no fue verificado al regresar a St. Thomas.
Los recuentos de casos de las Islas Vírgenes pronto comenzaron a aumentar. Entre junio y mediados de julio, aumentó en más de 3,500%, según .
El gobernador Bryan respondió emitiendo para recuperar el control del brote, incluida la prohibición de las visitas a la playa después de las 4 pm y no permitir que los clientes se paren o coman en los bares de los restaurantes. Al 24 de agosto, las Islas Vírgenes tenían un total de .
Puerto Rico dio la bienvenida formalmente a los turistas el 15 de julio sin dejar de imponer algunas restricciones relacionadas con COVID. Al igual que en las Islas Vírgenes, los funcionarios exigieron a los viajeros que presentaran documentación de un resultado negativo de la prueba para COVID a su llegada.
El doctor Víctor Ramos, presidente de la asociación médica de la isla que está involucrado con el , dijo que estas decisiones expusieron de alguna manera las diferencias “entre el grupo de trabajo médico que favorece el cierre y el grupo de trabajo económico que quiere dejar todo abierto”.
En julio, la economía local estaba en ruinas. El Departamento de Trabajo informó que más del 21% de la fuerza laboral de la isla estaba recibiendo asistencia por desempleo relacionada con la pandemia .
Pero el creciente número de casos atribuidos a los viajeros llevó a los funcionarios locales a alentar que sólo se permitieran los viajes esenciales. Hasta el 24 de agosto, la isla había registrado más de 30,700 casos de COVID y al menos 395 muertes, según la base de datos de The New York Times.
Sin embargo, los datos del gobierno indicaron que el aumento de casos en Puerto Rico no había sido causado por turistas. Ellos no son los culpables, insistió Leah Chandler, directora de marketing de Discover Puerto Rico, el sitio oficial de turismo de la isla en internet. Más bien, la propagación se relacionó con los residentes de la isla que regresaban a casa después de visitar puntos calientes de COVID como Texas y Florida.
A pesar de la pandemia mundial y las restricciones, ambos territorios no han experimentado escasez de veraneantes. “Habríamos esperado que éste fuera un momento lento en términos de turismo”, dijo Sewer. “Pero estamos muy ocupado”.
Aún así, los recuentos de casos de COVID no se movían en la dirección correcta en ninguno de los territorios, por lo que no fue una sorpresa cuando Puerto Rico cerró días después de la reapertura y las Islas Vírgenes hicieron lo mismo el 19 de agosto.
Los problemas socioeconómicos y de salud subyacentes ponen a los residentes en ambos lugares en alto riesgo. No se trata solo de la prevalencia de enfermedades crónicas como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. El elevado número de hogares multigeneracionales en ambas áreas complica la capacidad de una familia para distanciarse socialmente de sus miembros más vulnerables.
Aproximadamente de Puerto Rico y las Islas Vírgenes tiene 65 años o más, y la pobreza es generalizada.
Además, ambos territorios tienen una infraestructura de atención médica limitada, lo que dificulta imaginar que puedan cuidar a sus propias poblaciones en una emergencia, y mucho menos a los visitantes que podrían enfermarse e ir a la isla si el virus aumentara.
Actualmente, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos tiene dos hospitales principales, uno en St. Thomas y otro en St. Croix, y una clínica de salud en St. John. El territorio cuenta con 20 camas de unidades de cuidados intensivos y alrededor de 100 ventiladores individuales para sus , dijo Justa Encarnación, comisionada de salud de las Islas Vírgenes. Cada isla tiene alrededor de 30 ventiladores de capacidad total.
En Puerto Rico, alrededor del de la isla para adultos estaban disponibles el 24 de agosto. Sin embargo, las camas de terapias intensiva son más difíciles de conseguir, dijo Ramos. Están llenas de pacientes con COVID y de aquéllos cuyas condiciones empeoraron después de evitar la atención por temor a contraer el virus, dijo.
La serie de problemas que han asolado a estas islas magnifica los efectos de la pandemia. Eso incluye crisis de deuda y daños a la infraestructura por huracanes y terremotos. Los residentes también temen la posibilidad de luchar contra un huracán y un brote de coronavirus al mismo tiempo.
Los investigadores de huracanes de la Universidad Estatal de Colorado predicen una temporada de huracanes en el Atlántico 2020 .
“En este punto, literalmente tenemos desastres superpuestos”, expresó Sewer, de St. John’s Collective.
Aún así, Joseph Boschulte, comisionado de turismo de las Islas Vírgenes, es cautelosamente optimista sobre encontrar un equilibrio entre los intereses económicos y de salud.
“Apreciamos las preocupaciones de nuestros socios turísticos y partes interesadas”, dijo. Pero con el aumento en los casos, dijo, “debemos hacer un balance, salvaguardar la vida humana y prepararnos para reiniciar nuestra economía turística más adelante”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1166557&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero vas a tener que evaluar cuál es el mejor tipo de máscara.
Los incendios han esparcido sustancias tóxicas, haciendo llover cenizas por toda la región y cubriéndola de una neblina acre de color gris. La calidad del aire en gran parte del Área de la Bahía fue , durante unos días, la semana del 17 de agosto. Y la temporada de incendios apenas comienza.
El mayor riesgo para la salud: partículas diminutas, de menos de 2,5 micrones de diámetro, que constituyen el 80% del humo de los incendios forestales. Pueden penetrar en el flujo sanguíneo a través de los pulmones, dañando las vías respiratorias y el corazón. Los riesgos son mayores para los adultos mayores y los más pequeños, y para aquéllos con condiciones cardíacas y pulmonares preexistentes.
La mejor defensa contra el humo es simplemente quedarse en casa. “Si no tienes que salir, no salgas”, dijo la doctora Mary Prunicki, directora de investigación sobre contaminación del aire y salud del Centro Sean N. Parker sobre Asma y Alergias de la Universidad de Stanford. Prunicki aconseja mantener puertas y ventanas cerradas y usar un purificador de aire para filtrar las partículas de humo.
Además, hay que abstenerse de hacer ejercicios extenuantes. “Tienes permiso para quedarte en el sofá”, recomendó Anthony Wexler, director del Centro de Investigación de la Calidad del Aire de la Universidad de California-Davis.
Si tienes que salir por un período prolongado, , y es ahí donde la convergencia de COVID-19 y los incendios forestales plantea desafíos, aunque no insuperables.
Las cubiertas de tela relativamente sueltas y las mascarillas azules de tipo quirúrgico que muchos usamos en público para evitar la propagación del coronavirus no son particularmente útiles contra el humo, aunque pueden proporcionar cierta protección, según demuestran . Las máscaras de tela redujeron las partículas en el aire en un 57%, según un estudio. Otra investigación demostró que las máscaras quirúrgicas redujeron cuatro veces las concentraciones de partículas y las caseras tres veces.
En comparación, los respiradores con filtro N95, comúnmente conocidos como N95s, proporcionan una reducción del 95% de las partículas.
“Las N95 son geniales, si puedes conseguir una”, señaló Wexler.
Y ahí está el problema. La enorme demanda de máscaras N95 entre los trabajadores de la salud en primera línea contra COVID-19 llevó a restricciones de suministro, en primavera, que continúan este verano.
“Nos preocupa la disponibilidad de las máscaras N95”, expresó Gail Blanchard-Saiger, una de las vicepresidentes de la Asociación de Hospitales de California. Los administradores de un hospital le dijeron recientemente que no habían recibido ni un solo envío de N95 desde marzo. Otro reportó que su hospital tenía 350,000 N95s en pedido pendiente y que tenían suerte de recibir 200 al mes.
Realicé una encuesta (muy poco científica) por mi cuenta, llamando a cuatro ferreterías y cinco tiendas de suministros médicos en el sur de California, donde vivo, para preguntar si vendían N95s. Las ferreterías no las tenían y sólo dos de las tiendas de suministros médicos las vendían.
Si consigues algunas N95, ten en cuenta que funcionan correctamente sólo con un ajuste apretado contra tu piel, proporcionando un sello que minimiza las fugas. Es probable que sean demasiado grandes para los niños, y si tienes vello facial interferirá con el ajuste.
El ajuste apretado de una N95 que funciona correctamente significa que es incómodo, “así que no lo vas a usar por mucho tiempo, porque va a ser muy molesto”, advirtió Wexler.
Si sufres de una condición respiratoria como asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), consulta con tu médico antes de usar una mascarilla.
Gina Spadafori, residente de West Sacramento que ha padecido de asma toda su vida, compró una caja de N95 durante el incendio (Paradise) de finales de 2018 y le quedaba uno de los respiradores. En agosto, cuando su vecindario fue engullido por el humo de una multitud de incendios forestales en la región.
Se lo puso antes de salir a cuidar de sus cabras y pollos una mañana reciente. “Inmediatamente sentí una opresión en el pecho y algunos problemas para respirar”, contó Spadafori, de 62 años. “Así que creo que salir al granero sin él habría sido un grave error”.
Dada la importancia de la conservación de las máscaras durante la pandemia, es aceptable reutilizar las N95, apuntó el doctor Nicholas Kenyon, jefe de la división de medicina pulmonar, de cuidados críticos y del sueño de UC Davis Health. “Si no están sucias y húmedas, y todavía están intactas, puedes usarlas durante varios días, con la esperanza de llegar al fin de todo esto”.
Si no puedes conseguir los N95, no te preocupes. Tienes otras opciones. Una es un tipo de N95 alternativo, conocido como KN95, que es fácil de conseguir. Ocho de las nueve tiendas a las que llamé las tenían en stock.
Las KN95, producidos principalmente por fabricantes chinos, filtran el 95% de las partículas en el aire, como las N95. Pero cuidado: No siempre funcionan como se anuncia. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) rescindió su autorización de emergencia para algunas marcas de KN95 después de que un estudio encontrara que del 95%.
El sitio web de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) proporciona para un gran número de respiradores N95 y KN95.
También puedes insertar filtros PM2.5, diseñados para máscaras de tela o quirúrgicas. ; hay muchos y son baratos. La desventaja es que puede ser difícil conseguir un ajuste apretado, por lo que podría haber fugas.
“No son tan buenos como los de verdad, pero es mejor que nada”, apuntó Wexler.
Si quieres parecer Darth Vader, y ser más sofisticado, puedes gastar un poco más de dinero y echar un vistazo a los : máscaras de goma o silicona ajustadas que vienen con cartuchos de filtración y ofrecen una protección al menos equivalente a la de un N95 y, en algunos casos, mejor.
También tienen válvulas de exhalación, lo que facilita la respiración. Pero hay un problema con eso: Expulsas gotas respiratorias. Genial para lidiar con el humo, pero potencialmente riesgoso para aquellos que se encuentran en medio de una pandemia. Como el N95, su ajuste puede hacer que sea difícil de usar durante largos períodos de tiempo, especialmente en altas temperaturas.
Sea lo que sea que decidas, una cosa parece ineludible: Con una sociedad que se ha vuelto germofóbica por la pandemia y con los incendios forestales como una amenaza cada vez mayor, las máscaras se están convirtiendo rápidamente en una parte indispensable de nuestro vestuario.
“Creo que esta es la nueva normalidad del siglo XXI”, aseguró el doctor Richard Jackson, profesor emérito de la Escuela de Salud Pública Fielding de la UCLA y ex jefe del Departamento de Salud Pública de California bajo el gobierno de Arnold Schwarzenegger. “Guardas las baterías de las linternas en casa, y tienes máscaras de buena calidad”.
Esta historia de KHN se publicó primero en , un servicio de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1164795&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Sobre la colina, justo detrás, camiones de bomberos y socorristas se apresuraban de un lado a otro del área de preparación del Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California, trabajando para contener un incendio forestal que arrasaba las escarpadas colinas y cañones en el noreste del condado de Sonoma. Hasta el domingo 27 de octubre, más de 3,000 bomberos luchaban contra el incendio, y una amplia franja del condado, más de 180,000 residentes de la montaña a la costa, estaban bajo orden de evacuación mientras el norte de California soportaba una tormenta de viento histórica que alimentaba las llamas.
Para los trabajadores agrícolas en el legendario país vitivinícola del condado de Sonoma, el incendio de Kincade presenta una serie de riesgos desalentadores. Octubre marca no solo la temporada de incendios en California, sino también el pico de la cosecha de la uva. En áreas que no están bajo riesgo inminente, algunos trabajadores seguían recogiendo fruta en medio del calor y el humo peligrosos, para recuperar algunos de los cientos de miles de dólares en uvas que aún no se habían cosechado. A medida que el fuego continúa extendiéndose, muchos están descubriendo ahora que sus trabajos, y sus cheques, han sido suspendidos.
El condado de Sonoma está familiarizado con el fuego. En 2017, el incendio de Tubbs arrasó el área, matando a 22 personas y destruyendo más de 5,000 casas. El año pasado, el denso humo del Camp Fire, en el condado de Butte, el más mortífero en la historia del estado, se mantuvo en el valle durante días.

A medida que los incendios forestales de esta fuerza e intensidad se vuelven más frecuentes, también aumentan las preocupaciones de los trabajadores agrícolas, que pueden enfrentar condiciones que ponen en peligro su salud, salarios y vivienda.
Por fuera del fuego en sí, el principal problema de salud durante los incendios forestales es el humo, que produce partículas, una mezcla de gases y piezas microscópicas de materia sólida. Las partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones, lo que aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias y asma, así como de problemas cardíacos.
Estos riesgos llevan a las autoridades sanitarias a advertir a las personas en áreas afectadas por incendios forestales que permanezcan en interiores y limiten las tareas de fuerza. Los trabajadores agrícolas, un componente esencial de la economía de esta zona vitivinícola, no siempre pueden tomar estas precauciones.

El sábado 26, Manuel Ortiz Sánchez, de 52 años, se sentó con su familia fuera del Santa Rosa’s Veterans Hall, que durante la noche se había transformado en un refugio. Había sido evacuado de su hogar en Healdsburg y estaba nervioso por lo que significaría para su familia. Nacido en México, Ortiz Sánchez ha trabajado en los viñedos de la región por más de 20 años. Ya había perdido un día y medio de trabajo por el humo. ¿Le pagarían la semana que viene si el viñedo donde trabaja permanece cerrado? “Depende del jefe”, dijo.
Dentro del lugar, voluntarios de Corazón Healdsburg, una organización sin fines de lucro que trabaja con la comunidad latina local, estaban ayudando a las familias que hablaban español a registrarse en el refugio. Una mujer se preguntó si el brazalete que le ponían al registrarse la identificaría como inmigrante, y si las autoridades irían al refugio.

En otra mesa, voluntarios ofrecían anotar la información de contacto de personas indocumentadas, que no son elegibles para la mayoría de la ayuda federal. Después del incendio de 2017, las organizaciones locales crearon un fondo para ayudar a las personas sin papeles afectadas por los incendios, y ese fondo está funcionando nuevamente. El 90% de las más de 2,000 personas que recibieron ayuda del fondo en 2017 no perdieron sus hogares, pero perdieron salarios y la comida en su refrigerador debido a cortes de electricidad, dijo Mara Ventura, directora ejecutiva de North Bay Jobs With Justice.
Defensores han estado presionando por normas laborales relacionadas con los incendios forestales y el humo. Aunque un proyecto de ley no fue aprobado por la legislatura de California este año, en julio, el estado adoptó regulaciones temporales de emergencia. Requieren que los empleadores verifiquen la calidad del aire antes y durante un turno. Cuando los contaminantes se elevan por encima de un cierto umbral, un índice de calidad del aire (AQI) de 150, los trabajadores deben ser trasladados a un lugar más seguro si es posible, y, si no, se les debe proporcionar máscaras protectoras. El AQI en el este del condado de Sonoma ha superado habitualmente los 150 en los últimos días.
Incluso las máscaras para trabajo pesado no son una gran solución para alguien que trabaja en exteriores, dijo Celeste Philip, oficial de salud del condado de Sonoma. Cuando se usan correctamente, son incómodas y dificultan la respiración, y es difícil trabajar por mucho tiempo. La mejor manera de que los trabajadores estén seguros es limitar su exposición al aire libre, dijo.
En los días posteriores a la erupción del incendio Kincade, el 23 de octubre, las autoridades del condado de Sonoma permitieron que algunos productores de uva y sus trabajadores ingresaran a los viñedos dentro de la zona de evacuación para tratar de salvar sus cultivos, dijo James Gore, supervisor del condado. Alrededor del 10% de las uvas en el condado, en su mayoría las que se utilizan para producir cabernet, todavía estaban en las vides cuando comenzó el fuego. “Primero la seguridad, pero luego la economía”, dijo.
Gore aclaró que, aunque no hay una supervisión particular del proceso, la Oficina Agrícola local y otros grupos de la industria se han asegurado que los productores conozcan los riesgos para la salud y los derechos de los trabajadores. Muchas personas, incluidos los trabajadores agrícolas a los que a menudo no se les paga por el tiempo libre, quieren trabajar, dijo. “La gente puede trabajar, pero nunca debe estar bajo presión”.
Aun así, agregó, “si alguien quiere una salud perfecta, debe irse de nuestra comunidad, porque aquí tenemos humo”.
La preocupación de que los trabajadores agrícolas, muchos de los cuales hablan principalmente español, no recibieran avisos de salud y otras advertencias durante los incendios de 2017 llevó a una revisión de las comunicaciones del condado, que ahora se proporcionan en español e inglés. Gore, quien habla español, dijo que había estado en el refugio para hablar con más de 100 trabajadores agrícolas sobre esos riesgos y para informarles que no están obligados a trabajar.
Fernando González estuvo en un refugio en Healdsburg el viernes 25, antes que también fuera evacuado. Oriundo de México, González llevaba cinco o seis meses en los Estados Unidos, trabajando bajo una visa temporal para trabajadores agrícolas, cuando compañeros de trabajo que habían notado el incendio lo despertaron. Su empleador lo trasladó a él y a otros 40 a 50 empleados al centro de evacuación después de decidir que la casa que compartían en la propiedad del viñedo no era segura.
González dijo que le quedaban un par de semanas de contrato, pero que los estaban enviando de regreso a México antes. Dijo que le pagaron por la semana de trabajo, incluidos dos días perdidos, y se alegró de no estar trabajando en medio de la densa humareda.
Muchos otros trabajadores agrícolas son residentes locales. Otra familia que llegó al refugio la primera noche del incendio había perdido su casa rodante y todas sus pertenencias a causa del fuego, dijo Leticia Romero, directora de participación comunitaria en Corazón Healdsburg.
En una sala en la que normalmente se imparten clases, en donde un mural brillante abarca una pared, voluntarios llenaron contenedores con ropa, productos de higiene y otros artículos esenciales para esa familia y para otras. Corazón también ha iniciado un fondo para proporcionar asistencia monetaria de emergencia.
“Este es nuestro segundo año de incendios”, dijo Romero. “Son repentinos. Te acuestas y te despiertas en medio de este desastre natural”. De alguna manera, el trauma emocional persistente que puede afectar a la comunidad es lo que más le preocupa.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1014507&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Estudios han vinculado durante mucho tiempo la exposición de los bomberos a productos químicos y toxinas en los incendios urbanos con un mayor riesgo de cáncer. Más recientemente, a medida que el desarrollo urbano llega a sectores remotos de las montañas y los bosques de California, los incendios forestales están diezmando no solo vastas extensiones de bosque sino también comunidades enteras de hogares y negocios.
Eso significa que los bomberos se enfrentan a una peligrosa combinación: la exposición al intenso calor producido por la quema de vegetación, y a los combustibles y carcinógenos más comunes en los incendios urbanos. Y las brigadas que enfrentan los incendios forestales generalmente no están equipadas con los voluminosos uniformes de protección que usan los bomberos urbanos.
publicado en julio señala los riesgos potenciales: encontró niveles elevados de mercurio y otras toxinas en la sangre de los bomberos que habían luchado contra el mortal incendio de Tubbs, que en 2017 destruyó miles de hogares en los condados de Napa y Sonoma.
En 2006, Tony Stefani, capitán retirado del Departamento de Bomberos de San Francisco, fundó la San Francisco Firefighters Cancer Prevention Foundation, para educar a sus colegas sobre los cánceres relacionados con el trabajo y promover la detección temprana. Después de 27 años en funciones, Stefani fue diagnosticado con carcinoma de células de transición, un cáncer raro del sistema urinario, y fue tratado con éxito.
Stefani, de 68 años, habló con California Healthline sobre los riesgos de cáncer que enfrentan los bomberos y las opciones de prevención. La entrevista ha sido editada.

¿Qué sabemos sobre el vínculo entre la lucha contra incendios y el cáncer?
Sabemos que existe un vínculo definitivo entre el cáncer y la lucha contra incendios. Un estudio importante es el realizado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional que analizó las causas de muerte de más de 30,000 bomberos desde 1950. Se nos considera un grupo más saludable de personas en la fuerza laboral: los bomberos nos mantenemos en forma y tenemos buena cobertura médica. Pero el estudio encontró que teníamos tasas más altas de cánceres múltiples, incluidos los cánceres orales, digestivos, de próstata y de seno. La investigación también relacionó la cantidad de incendios en las que había trabajado un bombero con un mayor riesgo de diagnóstico de cáncer.
El estudio de UC-Berkeley encontró que los bomberos que combatieron el fuego en Tubbs tuvieron niveles más altos de mercurio en sangre que los que no trabajaron en este incendio. (El mercurio es una neurotoxina que puede dañar los pulmones, los riñones y otros órganos; no se ha relacionado definitivamente con el cáncer). ¿Qué espera de este tipo de investigación?
Lo que queremos es que este estudio genere un cambio para proteger mejor a las mujeres y los hombres que luchan contra estos incendios forestales. Los bomberos de San Francisco y otras jurisdicciones tuvieron exposiciones químicas tóxicas severas. No estaban preparados para incendios residenciales. Tenían puestos los equipos más ligeros que se usan para combatir incendios forestales. No usaron aparatos de respiración autónomos, que pueden pesar de 30 a 40 libras.
¿Cómo trabaja su fundación con los bomberos?
La fundación proporciona exámenes de detección de cáncer y pruebas genómicas gratuitas si el seguro no lo cubre. Pagamos, por ejemplo, por las segundas opiniones y los costos de transporte médico, si se envía a los bomberos a otro estado para ensayos clínicos. También hemos participado en estudios que muestran una correlación directa entre el cáncer y la profesión de bombero. No tenemos empleados remunerados. Nuestro dinero proviene de los bomberos.
¿Qué cambios recomendaría para proteger a los bomberos? ¿Qué tan bien están respondiendo los líderes gubernamentales?
La administración actual del Departamento de Bomberos de San Francisco es excelente y está haciendo muchos cambios, incluido un cambio cultural para que los bomberos se cuiden mejor ellos mismos antes y después de los incendios.
Todos los bomberos deben hacerse un análisis de sangre completo y un análisis de orina cada año [para buscar] indicadores de cáncer. No es fácil llevar a las personas al consultorio, pero si los departamentos de bomberos los alientan y el seguro lo cubre, sería genial.
El equipo está cambiando, pero no todos los departamentos pueden permitirse nuevos equipos. Gran parte del equipo de protección personal que usan los bomberos tiene incrustado productos químicos retardantes (para prevenir quemarse), que a la vez son un problema. Aunque protege a los bomberos, algunos de estos químicos tóxicos pueden penetrar en la piel.
Los departamentos también deben analizar cómo proteger mejor a sus bomberos [que viajan para ayudar] durante los incendios forestales, incluido limitar el tiempo que pasan en medio del fuego. Estos equipos de ataque pueden trabajar de 12 a 24 horas corridas, con un período de descanso de 24 horas. Eso es mucho tiempo de exposición. Sé que los departamentos se matarán por ayudar a otro departamento. Esa es la naturaleza de la hermandad en la que vivimos.
Hubo un momento en que los bomberos veían el equipo de protección como pesado o innecesario. ¿Observa que esa cultura está cambiando?
Cuando ingresé al Departamento de Bomberos de San Francisco en 1974, no era obligatorio usar un aparato de respiración autónomo. Luchaba contra incendios sin ningún aparato de respiración. Pensaba que estaba en buena forma y que no tenía que usarlo. Lo cual era falso, aunque estaba en excelentes condiciones, a los 49 años me diagnosticaron este cáncer.
Después que se extinguía el incendio y durante el proceso de revisión, buscando áreas calientes, limpiando cada estructura hasta los postes, todo eso estaba liberando gases tóxicos que respiraban los bomberos.
Ahora hay una nueva generación de bomberos, que son muy conscientes de los riesgos de cáncer y las desventajas de la lucha contra incendios. Los bomberos ahora usan ese aparato de respiración. También realizan una descontaminación después de cada incendio. Ahora limpian al bombero y lo enjuagan con una manguera. Ahora cambian de ropa y uniforme.
Antes, usábamos los mismos abrigos y pantalones hasta que eran casi trapos. Se trataba del estatus; mostraba que estabas trabajando duro. Esa cultura se está erosionando lentamente. Siempre habrá unos pocos que todavía piensen que son indestructibles, pero cuando ellos o un amigo se enferman, es una historia completamente diferente.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=983578&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El estudio en JAMA Network Open encontró que el 7.2% de los estudiantes informaron síntomas “clínicamente significativos” de trastorno de estrés postraumático. Más niñas tendieron a mostrar signos de TEPT que los niños.
Los investigadores encuestaron a 96,108 estudiantes de escuelas públicas, cinco a nueve meses después del huracán que azotó la isla en 2017. Incluyó a jóvenes de tercero a doceavo grado en diferentes regiones.
Según el estudio, realizado por el Departamento de Educación de Puerto Rico junto con la Universidad Médica de Carolina del Sur, se están utilizando los datos para llegar a las áreas con mayor necesidad de servicios de salud mental.
María, que golpeó la isla como un huracán de categoría 4 en septiembre de 2017, en el territorio estadounidense. Los residentes tuvieron mucha dificultad para acceder a agua potable y algunos se quedaron sin electricidad por casi un año después de la tormenta.
La tragedia tuvo efectos dramáticos en los estudiantes. Casi el 46% dijo que su casa estaba dañada. Más del 32% experimentó escasez de alimentos y agua. Y aproximadamente el 58% informó que un amigo o miembro de su familia se había ido de la isla. Los efectos no variaron según el lugar donde vivían los estudiantes o el ingreso de sus familias.
Rosaura Orengo-Aguayo, psicóloga clínica de la Universidad Médica de Carolina del Sur y autora principal del estudio, dijo que los hallazgos muestran la amplitud y la naturaleza indiscriminada de la devastación.
“Eso solo explica lo grande que fue María, lo destructivo que fue en toda la isla”, dijo. “Sin importar tu ingreso o en dónde vivías, fuiste afectado”.
Se han reportado que también sufrieron los efectos de los huracanes de 2017.
El Congreso se encuentra en un punto muerto sobre la aprobación de un proyecto de ley de ayuda que enviaría más recursos a Puerto Rico y a otras áreas afectadas por desastres naturales. El presidente Donald Trump ha expresado su renuencia a proporcionar más dinero a la isla.
El trauma que causa un desastre natural puede manifestarse de varias maneras, explicó Frank Zenere, coordinador de distrito del programa de manejo de crisis en las Escuelas Públicas del condado de Miami-Dade, quien no está relacionado con el estudio. Las unidades familiares pueden romperse a través del divorcio o la violencia doméstica, dijo. Los niños pequeños pueden volver a chuparse el dedo o mojar la cama. Los adolescentes a veces intentan ejercer el control y pueden comenzar a usar drogas.
Zenere dijo que, sin embargo, la mayoría de las personas que sobreviven a un desastre natural no desarrollan afecciones de salud mental a largo plazo.
“Están angustiados. Tiene un impacto en su vida, sí “, dijo Zenere, quien ayudó a coordinar los esfuerzos de salud mental en Puerto Rico luego de María. “Pero la gran mayoría no va a desarrollar una enfermedad psiquiátrica”.
Agregó que las diferencias por género encontradas entre los estudiantes que informan síntomas de trastorno de estrés postraumático se alinean con la literatura médica: los niños tienen más probabilidades de exteriorizar lo que sienten, mientras que las niñas son más propensas a mostrar depresión y ansiedad.
Los autores del estudio dijeron que la pérdida y la disfuncionalidad causadas por María contribuyeron aproximadamente en un 20% a los síntomas del trastorno de estrés postraumático de los jóvenes. Si bien los investigadores no midieron qué otras circunstancias desempeñaron un papel, otros “factores de protección”, como el hecho de asegurar las necesidades básicas y el apoyo de la comunidad, influyen en la capacidad de recuperación, aseguró Orengo-Aguayo,
En particular, dijo, el nivel de síntomas de trastorno de estrés postraumático informado en el estudio es inferior al esperado. Algunos estudios muestran que hasta un tercio de los niños desarrollarían síntomas crónicos después de sobrevivir a un desastre natural, escribieron los autores.
Los lazos familiares o el hecho de que el estudio se realizó varios meses después de la tormenta podría haber tenido un papel en la capacidad de recuperación de los niños, dijo.
“Lo que podríamos estar viendo es que los niños en esa etapa aún estaban enfocados en obtener acceso a las necesidades básicas”, dijo.
Regan Stewart, psicólogo clínico de la Universidad Médica de Carolina del Sur y coautor del estudio, dijo que el equipo ha obtenido dos subvenciones de la Administración Federal de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias para continuar trabajando en la isla durante al menos tres años más. Planean utilizar la telemedicina para ampliar el acceso a los servicios de salud mental y capacitar al personal escolar y profesionales de la salud mental en las intervenciones centradas en el trauma.
Sin embargo, las escuelas públicas en Puerto Rico están agobiadas por restricciones económicas. La isla, que ya enfrentaba una crisis presupuestaria, cerró 300 escuelas en los últimos dos años debido a .
Zenere dijo que el personal de las escuelas se encuentra entre aquellos que necesitan ser atendidos primero, “porque van a ser el lazo que los mantiene unidos para ese salón de clases de 20 niños o menos”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=949833&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Las ferreterías locales a las que fue ese día no tenían la máscara más sustancial, que los funcionarios de salud pública recomiendan para protegerse contra el humo nocivo del incendio forestal que está cubriendo a las comunidades en todo el estado. Una de las farmacias a las que contactó vendía mascarillas quirúrgicas holgadas por solo $.25.
“Están agotadas”, dijo Lewsadder, de 41 años, quien había llegado a la capital del estado desde Los Ángeles para una conferencia sobre tecnología. Entonces, por ahora, usa la máscara anti polvo de Ace: “Es mejor que nada”, comentó.
Desafortunadamente, Lewsadder está equivocado.
El tipo de mascarilla que usas es muy importante si no quieres inhalar contaminantes dañinos, dicen expertos.
Y a medida que avanzan en el norte y el sur de California, destruyendo comunidades y vidas, millones de personas que viven fuera de las zonas quemadas están expuestas al humo peligroso que se está acumulando en sus comunidades y se asienta como mortajas oscuras.
El humo de los incendios forestales es peligroso porque contiene partículas finas que pueden alojarse profundamente en los pulmones, lo que puede causar o empeorar los problemas respiratorios, como el asma. Algunos grupos son especialmente vulnerables, como los niños y las personas mayores.
El registro de partículas tóxicas que permanecen suspendidas en el aire en gran parte del norte de California ha sido más de 18 veces los niveles recomendados por la . Estos niveles pueden desencadenar síntomas agudos como dificultad para respirar y dolores de cabeza, incluso en personas sanas.
Los expertos en salud están de acuerdo en que la mejor defensa es permanecer adentro.
Pero muchos también sugieren que, si tienes que salir por un período prolongado, es mejor usar la máscara correcta, especialmente si tienes una condición de salud como asma, problemas cardíacos o enfisema.
Los profesionales de salud y los bomberos están equipados con la máscara adecuada, pero los residentes, en general, no.
Entonces, ¿qué tipo de máscara es la mejor?
No lo es la máscara anti polvo que usaba Lewsadder. O las mascarillas quirúrgicas que se sostienen alrededor de tus orejas. Olvídate de usar un pañuelo o un pañuelo sobre la boca, no protegerá tus pulmones.
La Oficina de Servicios de Emergencia del gobernador de California y el Departamento de Salud Pública estatal recomiendan los respiradores o las máscaras “P100”, ambas aprobadas por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional para los trabajadores de atención médica y los bomberos.
Estas máscaras simples pero sofisticadas a la vez están diseñadas para bloquear al menos el 95% de las partículas peligrosas y pequeñas, conocidas como PM2.5, que se desprenden del humo de los incendios forestales. Con 2,5 micrones o menos de diámetro, las partículas de PM2.5 ni siquiera pueden verse a simple vista, explicó el doctor John Balmes, profesor de ciencias de la salud ambiental en la Universidad de California-Berkeley. (A modo de comparación, un cabello humano puede medir hasta 16 micrones de diámetro).
Una vez que encuentres la máscara adecuada, también es importante usarla correctamente:
La máscara debe tener dos correas. Una correa debe colocarse debajo de las orejas y otra arriba. Y la máscara debe sellarse herméticamente sobre tu cara.
“La eficiencia de la máscara se basa en lo bien que se adapta a los contornos del rostro”, dijo Keith Bein, investigador profesional asociado del Centro de Investigación de Calidad del Aire en la Universidad de California-Davis. “Si hay una brecha, el aire entrará”.
Pero si tienes dificultad para respirar o te mareas, quítate la máscara.
Cuando una máscara desechable se ensucia por dentro o si tienes problemas para respirar, tírala.

Para preocupación de algunos padres, las máscaras N95 no son lo suficientemente pequeñas para la mayoría de los niños. Balmes, quien es médico, dijo que les dice a sus colegas que pueden ponerles máscaras para adultos a sus hijos, pero no puede prometer que funcionarán.
En Sacramento, desde que el Camp Fire arrasó el pueblo de Paradise, en las laderas de Sierra Nevada, unas 90 millas al norte, los cielos típicamente azules parecen nublados. En realidad, es una neblina que se ha asentado sobre los árboles y edificios, dejando un sabor agrio en la boca de la gente e irritando sus ojos.
Los niveles de calidad del aire en la región han estado en los rangos “poco saludables”, “muy poco saludables” o durante gran parte de los últimos días.
Los residentes del área han recibido mensajes contradictorios sobre si usar máscaras. La División de Salud Pública del condado de Sacramento emitió diciendo que solo las personas que viven cerca del fuego deben usar máscaras, porque restringen el flujo de aire y pueden dificultar la respiración. Mientras tanto, la ciudad está distribuyendo máscaras gratuitas al público en las estaciones de bomberos.
“Hay confusión, y creo que uno de los problemas es que no hay suficiente medicina basada en la evidencia sobre si las personas sanas deberían ponerse estas máscaras y cuándo son efectivas”, dijo Mary Prunicki, investigadora médica e instructora en el Sean N. Parker Center for Allergy & Asthma Research de la Universidad de Stanford. “Eso es algo que en realidad estamos tratando de investigar”.
A pesar de los mensajes confusos y la mala calidad del aire, muchas personas en la capital del estado parecen estar siguiendo sus rutinas diarias como de costumbre. Leland Gilmore, de 77 años, quien paseaba a su perro, Ruff, en McKinley Park, cerca del centro de la ciudad, no cree que el humo “sea lo suficientemente malo” como para quedarse dentro. La gente tampoco estaba jugando baloncesto, tenis, o corría por el parque.
“Estoy preocupado, sí, pero no estoy tomando ninguna medida especial”, dijo Gail Peoples, de 61 años, en su paseo matutino con sus dos perros. “Esta hora del día parece estar bien”.
Sin embargo, Peoples dijo que está preocupada por los familiares mayores, como su suegra que tiene problemas pulmonares y no ha salido de la casa en una semana.
Peoples sabe que hay una máscara especial, pero no sabe bien qué debería buscar.
Cuando Sisco Martínez, quien no sufre de asma o problemas respiratorios, sintió algo de dolor en el pecho, visitó una estación de bomberos de Sacramento en busca de una máscara.
“Trabajo adentro, pero, aun así, no me sentía muy bien, así que pensé que sería mejor busca una”, dijo Martínez, de 19 años.
Los expertos reconocen que las máscaras no bloquean todas las toxinas en el aire; por ejemplo, los gases químicos liberados a la atmósfera cuando el fuego envuelve los vecindarios, y los materiales de construcción, automóviles, pintura y otros bienes de consumo que las personas usan todos los días.
“Las máscaras solo están eliminando partículas”, dijo Bein. “No eliminan los gases tóxicos”.
Aun así, concluyó Bein, las máscaras adecuadas “funcionan mejor que nada”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=894368&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero este verano, la estudiante de primer año de secundaria ha tenido que recurrir al inhalador casi todos los días para mantener su asma bajo control.
En su humilde vecindario, ha tenido que respirar aire lleno de humo durante semanas obligándola a quedarse en casa la mayor parte del tiempo. Viviana dijo que no sabía si el humo provenía de las usuales quemas controladas en los campos de los agricultores que rodean su casa, o de que arden sin parar al norte y al sur de su hogar.
“Claro que veo el humo”, contó Viviana, “pero veo humo casi siempre”.
Familias como la de Viviana sufren de manera especial y desproporcionada con los incendios forestales, porque el humo agrega otra capa de sustancias tóxicas al aire ya contaminado de sus vecindarios, dicen expertos.
“Sin duda, estas comunidades corren un mayor riesgo” cuando se desatan los incendios, señaló Emanuel Alcala, becario de postgrado del Ìýen la California State University-Fresno. “Sobre todo porque ya conviven con otros peligros ambientales: sitios de desechos tóxicos, mala calidad del agua y, a veces, sin tener aire acondicionado”.
Más de una docena de incendios todavía azotan California, incluidos los dos del Mendocino Complex en la región norte del estado que ya han carbonizado casi 460,000 acres. Uno de esos incendios, el de Ranch Fire, es .
Los incendios forestales afectan también a Colorado, Oregon, Idaho y Washington. El humo de estas ha llegado . Partes del registraron una de las peores contaminaciones por ozono el mes pasado debido a los incendios y las del país emitieron advertencias sanitarias para alertar sobre los en grupos vulnerables, como niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
En vecindarios como el de Viviana, que se encuentra a pocas millas de granjas lecheras, almacenes de embalaje y campos petrolíferos, la contaminación por partículas y ozono ya representa una amenaza para la salud. El aire se ensucia con las emisiones de los vehículos pesados que funcionan con combustible diésel, así como con los pesticidas y el polvo de las operaciones agrícolas.
El olor del petróleo y de las vacas satura el vecindario, dijo Gustavo Aguirre, el padre de Viviana, y crea una mezcla tóxica con el humo de los incendios forestales.
“Cuando salgo tan solo para pasar el rato con mis amigos, empiezo a toser y tengo que volver a entrar a la casa”, comentó Viviana.
Un 26% de los niños en edad escolar del Valle de San Joaquín tienen , la tasa más alta en el estado, según .
Las ciudades en el Valle de San Joaquín, el corazón agrícola del estado, de las que tienen la peor contaminación del aire del país. El valle es también el lugar donde se concentran las comunidades más pobres del estado: allí están 7 de los 10 condados de California con las tasas más altas de pobreza infantil, según un del San Joaquin Valley Health Fund.
“La geografía y el clima del valle pueden atrapar aire insalubre durante días, incluso semanas”, señaló Will Barrett, director para la defensa del aire limpio de la American Lung Association en California.
Una combinación de ozono industrial y de partículas por el humo de los incendios forestales queda atrapada entre las montañas que rodean el valle y eleva la calidad del aire a niveles peligrosos. “Estás combinando dos de los contaminantes más extendidos y arraigados”, apuntó Barrett. “Realmente es un doble agravante”.
ÌýAgregar humo a la contaminación existente no solo puede exacerbar los síntomas de asma de una persona, sino también desencadenar nuevos casos de enfermedades respiratorias, dijo la doctora , directora del Centro Sean N. Parker de Investigación sobre Alergia y Asma en la Universidad de Stanford.
En algunos casos, todo lo que se necesita son unos cinco días de exposición al humo de un incendio forestal para que las personas sin asma, especialmente los niños, desarrollen sibilancia, tos y otros síntomas, dijo.
En lugares ya contaminados como el Valle de San Joaquín, “los incendios forestales empeoran las tasas de asma por cuatro y aumentan la tasa de ataque cardíaco en “, indicó Nadeau. “Esto va a empeorarlo exponencialmente”.
En el suroeste de Fresno, una comunidad llena de viviendas públicas, María García, de 62 años, vive a menos de 2 millas de una planta procesadora de aves de corral, almacenes y de la Autopista 99.
García se considera saludable, pero una tos persistente este verano la dejó jadeando por aire.
Ella compara algunos de sus síntomas recientes, como presión en el pecho y dolores de cabeza, con los que experimenta su hijo adulto, que padece de asma.
“Creo que es el humo”, dijo García.
Otras regiones del estado también están sufriendo. El humo de los incendios de Mendocino Complex ha llegado al área de la Bahía de San Francisco, a unas tres horas en auto al sur de las llamas.
Una clínica móvil para el asma llamada Breathmobile proporciona consultas gratis y pruebas de función pulmonar para niños en las escuelas de East Bay con un alto número de estudiantes inscritos en Medi-Cal, el programa de Medicaid de California para residentes de bajos ingresos, dijo Mary Frazier, enfermera y directora del programa .
“Los niños con Medi-Cal tienen más asma”, explicó Frazier. “Tal vez porque están expuestos a más factores desencadenantes. Viven en viviendas para personas de bajos ingresos, con mala calidad del aire, y las casas están cerca de autopistas o fábricas”.
Cuando vuelva a visitar a los niños en septiembre después de que se reanuden las clases, Frazier sabe que se encontrará con muchos niños que han estado tosiendo y que han tenido dificultades para respirar a causa del humo.
En el suroeste de Fresno, Gary Hunt, de 54 años, se ha quedado confinado en casa este verano, saliendo solo para recados importantes y citas médicas. Y siempre usa una máscara.
La contaminación provocada por los incendios está “teniendo un impacto enorme”, empeorando el asma de Hunt, causándole más fatiga, dolor en el pecho y dolores de cabeza, dijo.
Pero extinguir los incendios forestales no garantiza alivio alguno. Hay una cerca de su casa, y la concurrida Ruta estatal 41 está a un cuarto de milla de distancia.
“Dada nuestra ubicación, no tenemos descanso”, comentó.
Hace tres años, Hunt sufrió un ataque de asma severo que lo llevó al hospital. Tuvo que dejar su trabajo en el servicio de mantenimiento de una escuela y perdió su seguro de salud. Se inscribió en Medi-Cal y pronto supo que no todos los médicos aceptan un seguro público, lo que significa que conseguir acceso rápido a la atención médica durante la temporada de incendios puede ser un problema.
Por ejemplo, dijo que necesita ver a un neumólogo, pero tiene que esperar tres meses para una cita.
Las personas con Medi-Cal o quienes no tienen seguro pueden, en algunos casos, esperar hasta un año para recibir tratamiento, dijo Kevin Hamilton, terapeuta respiratorio y CEO de Central California Asthma Collaborative.
Hunt dijo que los médicos le preguntan, con frecuencia, por qué él y su familia no se mudan a una comunidad más saludable. La respuesta es que simplemente no puede pagarlo.
“Si pudiera, no estaría aquí”, concluyó.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=870313&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Calderón, quien vive en San Juan, y trabaja para VarMed, una compañía que maneja casos médicos complejos en Puerto Rico, ha llevado a dos colegas, la enfermera Anamelia Velázquez, y la doctora de atención primaria Carla Rossotti, para ver cómo están Osvaldo Martínez y su hijo, Osvaldo Daniel Martínez.
Dentro de una habitación oscura, Martínez padre, un ex lanzador estrella de 67 años de la liga local de béisbol, alimenta a su hijo con cucharadas de arroz y salchicha. El joven Martínez yace en una cama de hospital, sufre de espasmos en los brazos y dedos, y sus ojos se mueven sin control. Ex guardia de seguridad, tiene 37 años y nació en Chicago.
Después que él y su padre regresaran a vivir a Puerto Rico hace tres años, el joven Martínez comenzó a mostrar signos tempranos de esclerosis múltiple. Durante el año pasado, esta habitación se convirtió en su mundo, luego el mundo se limitó a su cama.
Su padre señala el techo, que todavía tiene filtraciones por la lluvia de la mañana y está cubierto de moho.
“Todo esto se filtró y se puede ver que salió por el huracán”, dijo.
La luz volvió hace aproximadamente un mes, y la familia tiene agua corriente, por lo que puede mantener a su hijo limpio. El padre lleva un recipiente de plástico al baño y lo llena de agua. Luego, como lo hace varias veces al día, regresa al dormitorio para bañar a su hijo adulto y cambiar suavemente su pañal.
Pero Rossotti, cuya compañía, VarMed, recibió el pago del gobierno puertorriqueño para ayudar a cuidar al joven Martínez, dijo que aún no ha podido obtener una cita con un neurólogo para confirmar el diagnóstico de esclerosis múltiple y comenzar el tratamiento. Hay una escasez crónica de neurólogos en la isla, y aquellos que permanecieron después de la tormenta tienen poco espacio en sus agendas para pacientes de Medicaid.
Calderón, la trabajadora social, dijo que ha estado intentando durante un año obtener una cita para Martínez, pero una recepcionista tras otra le dice que los neurólogos para quienes trabajan no están recibiendo nuevos pacientes. “Tenemos un paciente que hace un año estaba estable y ahora está postrado en la cama”, dijo Rossotti. “Todavía no ha podido tener la evaluación de un neurólogo”.

La gente aquí en Puerto Rico habla sobre la vida “antes y después de María”. Acceder a la atención médica en la isla siempre ha sido un desafío, dada la escasez crónica de médicos y su sistema inusual de Medicaid, conocido como subsidio global. El gobierno proporciona una cierta cantidad de dinero para cada ciudadano en el programa, sin importar cuán grandes sean las necesidades de atención.
Y para muchos de los residentes más vulnerables de la isla, como la familia Martínez, la convirtió un desafío en una crisis médica que no puede revertirse fácilmente. Desde el cambio de siglo, se han lanzado al mercado varios medicamentos efectivos que tratan la esclerosis múltiple, transformando la vida de las personas con esta enfermedad progresiva, que puede dañar las trasmisiones nerviosas a cualquier parte del cuerpo: ojos, cerebro, vejiga, piernas. El tratamiento ayuda a retrasar la progresión y los síntomas. Pero es menos efectivo una vez que el sistema nervioso ya está dañado.
La de la isla ha generado un éxodo masivo de médicos a Estados Unidos continental durante la última década; y el huracán María agregó más combustible a esa migración. Todavía no hay un registro exacto de cuántos médicos se han ido, pero de 2006 a 2016, la cantidad disminuyó de 14,000 a 9,000, según el .
Casi la mitad de los puertorriqueños en la isla dependen de Medicaid, en comparación con alrededor del 20% de la población de Estados Unidos continental. El gobierno del territorio ha luchado durante mucho tiempo para cubrir los costos de la atención médica.
Actualmente, Molina Healthcare, una compañía con sede en California que brinda cobertura a personas de bajos ingresos con Medicaid en Puerto Rico y en otros lugares de los Estados Unidos, es responsable de garantizar el acceso a los médicos.
Laura Murray, vocera de Molina, dijo que la compañía no puede hacer ningún comentario sobre el caso Martínez debido a leyes de privacidad. Pero en una declaración escrita, el representante de la compañía informó que tiene a 41 neurólogos en las regiones del este y sudoeste de Puerto Rico, y cumple con “los requisitos de adecuación de la red en nuestro contrato”.
“Sin embargo”, indica la declaración, “reconocemos que hay una escasez de médicos en toda la isla, en particular especialistas, y estamos proponiendo sugerencias al gobierno puertorriqueño sobre cómo podríamos trabajar juntos para remediar esto”.
El gobierno de la isla anunció recientemente que revisará cómo se otorgan los contratos de Medicaid.

Por ahora, el joven Martínez languidece. Cada día y cada noche son iguales, ya que la enfermedad acorrala a su sistema nervioso central, interrumpiendo las conexiones vitales entre el cerebro y el cuerpo.
Sin un diagnóstico confirmado, no puede obtener ciertos beneficios públicos por discapacidad. Y no está recibiendo medicamentos para su condición o para el dolor; la agencia para la que trabaja Rossotti solo puede abogar por los pacientes, no tratarlos.
La perseverancia de padre e hijo contrarresta el terror de su confinamiento. Cuando Martínez padre describe la decadencia de su hijo, sus ojos se llenan de lágrimas; su hijo, que puede entender todo, rueda de costado y comienza a llorar.
“Tengo que hacer todo lo que se debe hacer por él”, dijo Martínez padre. Pero él mismo no goza de buena salud: padece de una artritis severa y tiene un bulto doloroso en el abdomen. Contó que, durante los meses que se quedaron sin luz, no podía subir o bajar la cama de hospital. Mostró una foto de su brazo, negro y azul, e hinchado, por la presión contra las barras de metal de la cama mientras se inclinaba para atender a su hijo.
Pero es el desgaste de su hijo lo que más le duele.
“Si algo me pasara a mí”, dijo el padre, juntando sus manos en señal de oración… “No sé”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=826061&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Las partículas irritantes para los pulmones llegaban desde los bosques en llamas de California y se instalaban en el condado de Douglas (Nevada), donde viven casi 50,000 personas, lo que hizo que se advirtiera que la había alcanzado niveles peligrosos.
Esos niveles significaban que el aire era muy insalubre, lo suficientemente malo como para hacer saltar las alarmas sobre la salud inmediata de las personas y la cuestión sobre si el empeoramiento de la contaminación podría provocar problemas de salud a largo plazo. Estos riesgos aumentarán a medida que el cambio climático haga más frecuentes los incendios forestales, las sequías, las tormentas de polvo y las inundaciones en Estados Unidos y en el mundo.
Algunos se sienten impotentes.
“No hay mucho que podamos hacer al respecto”, dijo , presidente de la tribu Washoe de Nevada y California. Las tierras de la tribu se encuentran en la frontera entre California y Nevada, cerca del lago Tahoe, y se extienden hasta el condado de Douglas, a unas 60 millas al sur de Reno.
Los miembros de la tribu y otros residentes de la zona se encuentran entre los del país que este año experimentarán una mala calidad del aire debido a los incendios forestales. En septiembre, cuando el humo se asentó sobre Nevada, se emitieron relacionadas con los incendios en otros seis estados: California, Idaho, Montana, Oregon, Washington y Wyoming.
Quienes viven en el condado de Douglas están en mejor situación que en otras zonas afectadas. Los residentes del condado de Douglas deben conducir una media de 30 minutos para acudir al neumólogo, el especialista del pulmón. Sin embargo, en otras partes del Oeste y del Alto Medio Oeste, los pacientes deben conducir una hora o más, según los , un sitio web que rastrea los precios de los medicamentos recetados y realiza investigaciones.
En concreto, el análisis descubrió que unos 5,5 millones de estadounidenses viven en los 488 condados en los que el tiempo de conducción hasta los neumólogos es de una hora o más. Gran parte de Nevada y amplias zonas de Montana se encuentran a esa distancia de los especialistas; son lugares que han sufrido recientemente incendios forestales que llenan el aire de humo y ceniza, lo que puede provocar problemas pulmonares o agravar los ya existentes.

Las alergias, el asma y otros problemas similares suelen ser atendidos por los médicos de atención primaria, pero los pacientes son cuando los problemas se complican en forma de asma grave, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o el enfisema.
Los muestran que el número de especialistas en enfermedades pulmonares en el país se redujo casi un 11% entre 2014 y 2019. La asociación, que tiene su sede en Washington, D.C., y representa a la comunidad académica de la medicina, señaló que la disminución podría no ser tan alta como parece porque algunos médicos están optando por practicar la atención crítica pulmonar en lugar de solo la neumología. Muchos de esos neumólogos trabajan en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales.
Según el informe de GoodRx, en Estados Unidos ejercen unos 15,000 neumólogos. Sin embargo, vastas franjas del país tienen .
“Nuevo México tiene un neumólogo para toda la parte sureste del estado, sin contar Las Cruces, que está más cerca de El Paso”, dijo el doctor , neumólogo de Texas Tech Physicians.
Test, uno de los 13 neumólogos de la región de Lubbock (Texas), explicó que sus pacientes de Texas a veces conducen cuatro horas para una cita y que otras personas viajan desde “Nuevo México, Oklahoma, incluso el lejano oeste de Kansas”.
Es probable que el aumento de los incendios forestales y su intensidad requiera de más neumólogos.
“El cambio climático va a afectar a las enfermedades pulmonares”, afirmó el doctor , profesor de medicina pulmonar, de cuidados críticos y del sueño en la Facultad de Medicina de la Universidad de California-Davis, donde él y otros investigadores están estudiando los efectos de los incendios forestales. En su consulta de Sacramento, Kenyon explica que atiende a pacientes de las zonas más septentrionales de California, incluida Eureka, a cinco horas en coche de la capital del estado.
Los efectos a corto plazo de respirar humo son bastante conocidos. Las personas acuden a las salas de urgencias con ataques de asma, exacerbación de la EPOC, bronquitis e incluso neumonía, indicó Kenyon. Algunos presentan dolor en el pecho y otros problemas cardíacos.
“Pero tenemos muy poco conocimiento de lo que ocurre a largo plazo”, añadió. “Si la gente se expone durante dos o tres semanas a los incendios forestales durante dos o tres años, ¿se produce un empeoramiento del asma o de la EPOC? No lo sabemos”.
Los incendios liberan múltiples contaminantes, como dióxido de carbono, monóxido de carbono y sustancias químicas como el benceno. Todos los incendios envían partículas al aire. Los investigadores de la salud y los expertos en calidad del aire están más preocupados por las denominadas partículas 2,5. Mucho más pequeñas que un cabello humano, estas partículas pueden alojarse y se han relacionado con afecciones cardíacas y pulmonares.
El aumento de esas diminutas partículas se asocia a un mayor riesgo de muerte por cualquier causa, excluyendo accidentes, homicidios y otras causas no accidentales, hasta cuatro días después de la exposición de la población, según una reseña del de 2020.
La concentración de partículas finas es uno de los cinco indicadores utilizados para calcular el Índice de Calidad del Aire (ICA), un índice numérico y codificado por colores que se utiliza para informar al público sobre los niveles locales de contaminación del aire. El color verde denota una buena calidad del aire y se da si el índice total es de 50 o menos. Cuando la medición supera 100, la calidad del aire recibe una etiqueta naranja y puede ser mala para determinados grupos. Los niveles superiores a 200 obtienen una etiqueta roja y se consideran insalubres para todos.
Los organismos gubernamentales hacen un seguimiento de esos niveles, al igual que las personas que utilizan aplicaciones o sitios web para determinar si es seguro salir a la calle.
Cuando el ICA se eleva por encima de 150, la doctora Farah Madhani-Lovely, neumóloga, dijo que el Renown Regional Medical Center de Reno cierra su clínica de rehabilitación pulmonar para pacientes externos porque no quiere que los pacientes conduzcan hasta el hospital. Algunos pacientes del condado de Douglas optan por la atención cerca de casa, a una hora de distancia. “No queremos que estos pacientes salgan al exterior porque solo un minuto de exposición al humo puede desencadenar una exacerbación de su enfermedad crónica”, señaló Madhani-Lovely.
Smokey explicó que acudir a un neumólogo puede ser difícil para los miembros de la tribu Washoe, en particular para los que viven en el lado de California de la reserva. “No podemos encontrar especialistas para ellos”, dijo. “Acabamos derivándoles fuera y enviándoles a cientos de millas de distancia para recibir una atención que deberíamos poder proporcionar aquí”.
La contratación de especialistas en zonas rurales o ciudades pequeñas ha sido difícil durante mucho tiempo. Por un lado, un especialista puede ser el único en millas a la redonda, “por lo que tienen una tremenda carga en términos de cobertura y días libres”, indicó Test.
Otra preocupación es que los médicos tienden a formarse en ciudades más grandes y a menudo quieren ejercer en lugares similares. Incluso la contratación de médicos del pulmón en Lubbock, una ciudad de 260,000 habitantes en el oeste de Texas, es un reto, añadió Test.
“Me encanta Lubbock”, aseguró. “Pero le digo a quienes nunca han estado aquí: ‘Es realmente llana’. No entienden lo que es llano hasta que llegan aquí”.
En Nevada, en los días en que la calidad del aire es mala, los miembros de la tribu Washoe tratan de protegerse con purificadores de aire improvisados creados con ventiladores, cinta adhesiva y filtros de aire, explicó Smokey.
A largo plazo, Smokey y otros líderes tribales están presionando al Servicio de Salud Indio para que establezca un hospital de atención especializada en el norte de Nevada. El hospital de atención especializada más cercano para los miembros de la tribu Washoe está a más de 700 millas de distancia, en Phoenix.
Es difícil porque “hay una necesidad que deberíamos atender”, añadió Smokey. “Pero tenemos que luchar por ello. Y a veces esa lucha lleva años, años y años para conseguirlo”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1590436&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>¿Un caso claro de COVID-19? No tan rápido. Esta es una región de incendios forestales.
A lo largo de la costa oeste, hospitales y centros de salud reportan pacientes con problemas relacionados con la inhalación de humo.
A medida que , por el calor seco y los fuertes vientos, el humo y las cenizas se expanden y se asientan en zonas costeras como , y en ciudades y pueblos a cientos de kilómetros tierra adentro, haciendo que el cielo se vuelva naranja o gris y dificultando incluso la respiración normal.
Pero eso, dijo Marshall, es sólo una parte del desafío. Los centros, que ya están al límite de suministros para hacer pruebas y de equipos de protección personal (EPP), deben descartar primero la presencia de COVID-19 en estos pacientes, porque muchos de los síntomas que presentan son los mismos que los que causa el virus.
“Obviamente, existe una coincidencia en los síntomas”, señaló Marshall, que es CEO de CommuniCare, una red de seis clínicas en el condado de Yolo, cerca de Sacramento, que trata principalmente a pacientes con poca cobertura o sin seguro médico. “Cada vez que alguien llega con algunos de esos síntomas, nos preguntamos, ‘¿Es COVID?’ Clínicamente hablando, debo descartar el virus”.
El protocolo es tratar los síntomas, cualquiera que sea su causa, y recomendar que el paciente se ponga en cuarentena hasta que lleguen los resultados de las pruebas del virus, afirmó Marshall.
Es una escena que se repite en numerosos hospitales. Administradores y médicos, atentos a la rápida propagación de COVID-19, no se arriesgan cuando observan síntomas que podrían revelar al virus.
“Hemos visto un aumento en el número de pacientes que llegan a la sala de emergencias con problemas respiratorios”, expresó la doctora Nanette Mickiewicz, presidenta y CEO del Dominican Hospital en Santa Cruz.
“Al llegar con síntomas que podrían ser de COVID-19, tratamos a estos pacientes como lo haríamos con cualquier persona sospechosa de coronavirus hasta que podamos descartarlos con nuestro proceso de detección”. Durante el proceso, los síntomas más específicos de COVID-19, como la fiebre, se harían evidentes.
Para los trabajadores de Dominican, el tema pronto se vivió con urgencia. Los condados de Santa Cruz y San Mateo han sido los más afectados por los incendios del CZU Lightning Complex, que hasta el 10 de septiembre más de 86,000 acres, destruyendo 1,100 edificios y amenazando a otros 7,600. Casi un mes después de que , los incendios fueron contenidos en un 84%, pero miles de personas permanecían evacuadas.
Dominican, un hospital de Dignity Health, permanece “abierto, es seguro y proporciona atención médica”, aseguró Mickiewicz. Múltiples tiendas de campaña, levantadas en el exterior del centro, sirven como una extensión de la sala de espera para el servicio de Urgencias. También se utilizan para llevar a cabo lo que se considera una función esencial: separar a los que tienen síntomas de COVID-19 de los que no.
En los dos hospitales del condado de Solano, operados por NorthBay Healthcare, la trayectoria de algunos de los incendios forestales llevó a los funcionarios a revisar sus procedimientos de evacuación, explicó el vocero Steve Huddleston. Al final, no hubo necesidad de evacuar a los pacientes, y los nuevos llegaron con síntomas parecidos a los de COVID que, en realidad, podían deberse a la inhalación de humo.
Huddleston dijo que el proceso de admisión de NorthBay “requiere que cualquier persona con síntomas de COVID se considere sospechosa para el coronavirus, lo que significa que son separados, examinados y manejados por personal con EPP”.
En los dos hospitales, que hasta ahora han tratado casi 200 casos de COVID, el protocolo está bien establecido.
Los hospitales de California, aunque en su mayoría no están saturados, se enfrentan a múltiples problemas que normalmente sólo se presentan de forma esporádica.
En el condado de Napa, el hospital Adventist Health St. Helena a 51 pacientes en una sola noche de agosto ante la cercanía del fuego, trasladándolos a otros 10 centros según sus necesidades y la disponibilidad de camas. Tras un cierre de 10 días, se permitió al finalizar las órdenes de evacuación, ya que el incendio se había contenido.
Los incendios forestales también afectan de manera personal a los trabajadores de salud. La doctora Marshall, de CommuniCare, perdió la casa de su familia en la zona rural de Winters, junto con 20 acres de olivos y otras plantaciones que la rodeaban, en los que arrasaron el condado de Solano.
“Lo llamaron un ‘fogonazo'”, contó Marshall. Una confluencia de tres incendios que se desató fuera de control, arrasando miles de acres. Con su familia a salvo y una vivienda temporal proporcionada por un amigo, volvió al trabajo. “Nuestras clínicas interactúan con una población muy vulnerable”, dijo, “y este es un momento crítico para ellos”.
Mientras pensaba en cómo reconstruiría su hogar, la doctora debió enfrentarse a otra crisis: la escasez de suministros de la clínica. El mes pasado, CommuniCare sólo contaba con 19 kits para pruebas de COVID, y la escasez de hisopos era tal “que literalmente nos dirigimos a nuestros amigos veterinarios en busca de refuerzos”, explicó.
Mientras tanto, los resultados de las pruebas de COVID de la clínica tardaban casi dos semanas en llegar, desde un abrumado laboratorio exterior, haciendo que el rastreo de contactos fuera casi inútil.
Esas situaciones ya están controladas, al menos temporalmente, aseguró Marshall. Y aunque la Costa Oeste se encuentra en la época más peligrosa del año para los incendios forestales, generalmente de , ahora surge otra complicación para los proveedores de salud: la temporada de gripe.
Las tendencias de la temporada de gripe en el hemisferio sur, que coincide con nuestros meses de verano, por lo general predicen lo que nos espera en los Estados Unidos. Pero este año, se ha visto muy poco de la enfermedad, presumiblemente debido a la restricción de los viajes, el distanciamiento social y el uso de máscaras. Y es demasiado pronto para saber lo que traerá la temporada de gripe a los Estados Unidos.
“Se pueden empezar a ver algunos casos de gripe a finales de octubre”, apuntó Marshall, “y la realidad es que van a llegar con una serie de características que también podrían ser sintomáticas de COVID. Y nada cambia: tienes que descartarlo, para eliminar el riesgo”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1176180&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>“¡Quedarse en casa!”, responde otro usuario.
El grupo de Facebook llamado se ha visto inundado de comentarios mordaces que instan a los viajeros a mantenerse alejados. Es un cambio fuerte. Antes de la pandemia, los intercambios entre turistas y residentes de la isla significaban promesas de diversión. Ahora, los operadores turísticos del continente que administran la página de Facebook intentan eliminar rápido cualquier expresión de enojo.
En la cercana Puerto Rico, la fricción se ha extendido a la vida real. han detallado varios episodios en los que los turistas, escapando de las restricciones pandémicas en sus países de origen, se volvieron violentos y destruyeron mercadería cuando se les pidió que usaran máscara dentro de tiendas.
La pandemia de COVID-19 ha enfrentado los intereses económicos con las guías de salud pública en todo Estados Unidos. Puerto Rico y las Islas Vírgenes de los Estados Unidos sienten esta tensión de manera aguda, ya que ambos territorios estadounidenses dependen del turismo para generar ingresos y proporcionar empleos.
Cada vez más, los lugareños han comenzado a preguntarse si vale la pena arriesgarse a dar la bienvenida a los turistas.
El turismo representa más de la mitad del producto interno bruto de las Islas Vírgenes. En Puerto Rico, la industria representa 80,000 empleos y aproximadamente el 6.5% de la economía total de la isla.
Pero los isleños no sólo son vulnerables a los trastornos económicos de COVID-19. A los residentes tanto de Puerto Rico como de las Islas Vírgenes se les diagnostica condiciones de salud crónicas como diabetes y enfermedades cardiovasculares en tasas más altas que en la mayoría de los estados continentales, lo que los pone en mayor riesgo de desarrollar complicaciones si contraen el virus.
En resumen, la misma industria que representa un salvavidas económico para los isleños amenaza su capacidad de proteger su salud.
Un paso adelante
Cuando COVID-19 impactó a fines del invierno, Puerto Rico y las Islas Vírgenes adoptaron sólidas estrategias de prevención, incluso antes que la mayoría de los estados continentales.
En Puerto Rico, la gobernadora Wanda Vázquez emitió , que literalmente cerró la isla al imponer un toque de queda, una orden de quedarse en casa y cierres de negocios. Los primeros casos de coronavirus se reportaron allí el 13 de marzo.
De igual manera, el gobernador de las Islas Vírgenes, Albert Bryan Jr., emitió que prohibieron que hoteles, villas y otros alojamientos aceptaran huéspedes por placer entre el 25 de marzo y el 1 de junio.
El área permaneció abierta a viajeros de negocios, tripulaciones de vuelos, funcionarios de salud, personal de emergencia, residentes e invitados del gobierno. Según una del Departamento de Salud, el territorio tenía, en ese momento, seis casos confirmados de COVID y 43 resultados de pruebas pendientes.
Sin embargo, ninguno de los territorios pudo cerrar sus aeropuertos. Los funcionarios locales no tienen la autoridad para hacerlo porque el gobierno federal regula la aviación.
“Parte del desafío de ser una colonia de los Estados Unidos es que, ya sabes, no tenemos control sobre nuestras fronteras”, dijo Hadiya Sewer, presidenta y cofundadora de St. JanCo: The St John Heritage Collective , una organización de preservación del patrimonio cultural y derechos territoriales en la pequeña isla de St. John, parte de las Islas Vírgenes.
Aún así, las medidas agresivas, aunque efectivas, se cobraron un precio para residentes como Melina Aguilar.
Antes del cierre, la emprendedora de 31 años trabajaba como guía turística para Isla Caribe, una empresa que fundó y que ofrece recorridos históricos a pie por Ponce, Puerto Rico. La orden de quedarse en casa en marzo cerró el negocio de Aguilar durante tres meses.
Aguilar dijo que el sacrificio habría valido la pena si la isla hubiera podido mantener el control de la propagación al cerrar la frontera y hacer cumplir la cuarentena de 14 días para los viajeros. Pero no funcionó de esa manera. Según , el promedio de casos al 1 de mayo, mientras Puerto Rico todavía estaba cerrado, fue de 42 por día. El 1 de julio, 102 casos. Para el 15 de julio, 233.
Reabriendo las puertas
Para el verano, ambos territorios estaban ansiosos por reabrir negocios. Con muchos destinos de vacaciones en el extranjero prohibiendo la entrada de los viajeros estadounidenses, parecía que el continente cercano estaría lleno de bañistas que, después de vivir bajo órdenes de quedarse en casa durante meses, estarían listos para viajar, sin necesidad de pasaporte, a disfrutar del sol y la arena.
Las Islas Vírgenes de los Estados Unidos recibieron formalmente a los turistas de regreso a sus costas el 1 de junio, con salvedades. Los viajeros de los “zonas rojas” del coronavirus debían enviar la información de la prueba COVID-19 a través de para recibir un “código de certificación” de resultado negativo.
Aquéllos que no lo hicieron tuvieron que ponerse en cuarentena durante 14 días o hasta que tuvieran documentación de un resultado negativo de la prueba.
Pero tanto los lugareños como los turistas dijeron que las medidas de aplicación de COVID no han sido consistentes. El capitán Matthias Bitterwolf, propietario de Antillean Yacht Charters en St. Thomas, dijo que entregó un bote a Puerto Rico y no se le permitió salir del barco hasta que la policía local pudiera verificar su documentación de COVID. Su estatus para COVID no fue verificado al regresar a St. Thomas.
Los recuentos de casos de las Islas Vírgenes pronto comenzaron a aumentar. Entre junio y mediados de julio, aumentó en más de 3,500%, según .
El gobernador Bryan respondió emitiendo para recuperar el control del brote, incluida la prohibición de las visitas a la playa después de las 4 pm y no permitir que los clientes se paren o coman en los bares de los restaurantes. Al 24 de agosto, las Islas Vírgenes tenían un total de .
Puerto Rico dio la bienvenida formalmente a los turistas el 15 de julio sin dejar de imponer algunas restricciones relacionadas con COVID. Al igual que en las Islas Vírgenes, los funcionarios exigieron a los viajeros que presentaran documentación de un resultado negativo de la prueba para COVID a su llegada.
El doctor Víctor Ramos, presidente de la asociación médica de la isla que está involucrado con el , dijo que estas decisiones expusieron de alguna manera las diferencias “entre el grupo de trabajo médico que favorece el cierre y el grupo de trabajo económico que quiere dejar todo abierto”.
En julio, la economía local estaba en ruinas. El Departamento de Trabajo informó que más del 21% de la fuerza laboral de la isla estaba recibiendo asistencia por desempleo relacionada con la pandemia .
Pero el creciente número de casos atribuidos a los viajeros llevó a los funcionarios locales a alentar que sólo se permitieran los viajes esenciales. Hasta el 24 de agosto, la isla había registrado más de 30,700 casos de COVID y al menos 395 muertes, según la base de datos de The New York Times.
Sin embargo, los datos del gobierno indicaron que el aumento de casos en Puerto Rico no había sido causado por turistas. Ellos no son los culpables, insistió Leah Chandler, directora de marketing de Discover Puerto Rico, el sitio oficial de turismo de la isla en internet. Más bien, la propagación se relacionó con los residentes de la isla que regresaban a casa después de visitar puntos calientes de COVID como Texas y Florida.
A pesar de la pandemia mundial y las restricciones, ambos territorios no han experimentado escasez de veraneantes. “Habríamos esperado que éste fuera un momento lento en términos de turismo”, dijo Sewer. “Pero estamos muy ocupado”.
Aún así, los recuentos de casos de COVID no se movían en la dirección correcta en ninguno de los territorios, por lo que no fue una sorpresa cuando Puerto Rico cerró días después de la reapertura y las Islas Vírgenes hicieron lo mismo el 19 de agosto.
Los problemas socioeconómicos y de salud subyacentes ponen a los residentes en ambos lugares en alto riesgo. No se trata solo de la prevalencia de enfermedades crónicas como la diabetes y las enfermedades cardiovasculares. El elevado número de hogares multigeneracionales en ambas áreas complica la capacidad de una familia para distanciarse socialmente de sus miembros más vulnerables.
Aproximadamente de Puerto Rico y las Islas Vírgenes tiene 65 años o más, y la pobreza es generalizada.
Además, ambos territorios tienen una infraestructura de atención médica limitada, lo que dificulta imaginar que puedan cuidar a sus propias poblaciones en una emergencia, y mucho menos a los visitantes que podrían enfermarse e ir a la isla si el virus aumentara.
Actualmente, las Islas Vírgenes de los Estados Unidos tiene dos hospitales principales, uno en St. Thomas y otro en St. Croix, y una clínica de salud en St. John. El territorio cuenta con 20 camas de unidades de cuidados intensivos y alrededor de 100 ventiladores individuales para sus , dijo Justa Encarnación, comisionada de salud de las Islas Vírgenes. Cada isla tiene alrededor de 30 ventiladores de capacidad total.
En Puerto Rico, alrededor del de la isla para adultos estaban disponibles el 24 de agosto. Sin embargo, las camas de terapias intensiva son más difíciles de conseguir, dijo Ramos. Están llenas de pacientes con COVID y de aquéllos cuyas condiciones empeoraron después de evitar la atención por temor a contraer el virus, dijo.
La serie de problemas que han asolado a estas islas magnifica los efectos de la pandemia. Eso incluye crisis de deuda y daños a la infraestructura por huracanes y terremotos. Los residentes también temen la posibilidad de luchar contra un huracán y un brote de coronavirus al mismo tiempo.
Los investigadores de huracanes de la Universidad Estatal de Colorado predicen una temporada de huracanes en el Atlántico 2020 .
“En este punto, literalmente tenemos desastres superpuestos”, expresó Sewer, de St. John’s Collective.
Aún así, Joseph Boschulte, comisionado de turismo de las Islas Vírgenes, es cautelosamente optimista sobre encontrar un equilibrio entre los intereses económicos y de salud.
“Apreciamos las preocupaciones de nuestros socios turísticos y partes interesadas”, dijo. Pero con el aumento en los casos, dijo, “debemos hacer un balance, salvaguardar la vida humana y prepararnos para reiniciar nuestra economía turística más adelante”.
Â鶹ŮÓÅ Health News is a national newsroom that produces in-depth journalism about health issues and is one of the core operating programs at Â鶹ŮÓÅ—an independent source of health policy research, polling, and journalism. Learn more about .This <a target="_blank" href="/es/noticias-en-espanol/turistas-llevan-dolares-y-covid-a-las-islas-del-caribe-estadounidense/">article</a> first appeared on <a target="_blank" href="">Â鶹ŮÓÅ Health News</a> and is republished here under a <a target="_blank" href=" Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International License</a>.<img src="/wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=150" style="width:1em;height:1em;margin-left:10px;">
<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1166557&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero vas a tener que evaluar cuál es el mejor tipo de máscara.
Los incendios han esparcido sustancias tóxicas, haciendo llover cenizas por toda la región y cubriéndola de una neblina acre de color gris. La calidad del aire en gran parte del Área de la Bahía fue , durante unos días, la semana del 17 de agosto. Y la temporada de incendios apenas comienza.
El mayor riesgo para la salud: partículas diminutas, de menos de 2,5 micrones de diámetro, que constituyen el 80% del humo de los incendios forestales. Pueden penetrar en el flujo sanguíneo a través de los pulmones, dañando las vías respiratorias y el corazón. Los riesgos son mayores para los adultos mayores y los más pequeños, y para aquéllos con condiciones cardíacas y pulmonares preexistentes.
La mejor defensa contra el humo es simplemente quedarse en casa. “Si no tienes que salir, no salgas”, dijo la doctora Mary Prunicki, directora de investigación sobre contaminación del aire y salud del Centro Sean N. Parker sobre Asma y Alergias de la Universidad de Stanford. Prunicki aconseja mantener puertas y ventanas cerradas y usar un purificador de aire para filtrar las partículas de humo.
Además, hay que abstenerse de hacer ejercicios extenuantes. “Tienes permiso para quedarte en el sofá”, recomendó Anthony Wexler, director del Centro de Investigación de la Calidad del Aire de la Universidad de California-Davis.
Si tienes que salir por un período prolongado, , y es ahí donde la convergencia de COVID-19 y los incendios forestales plantea desafíos, aunque no insuperables.
Las cubiertas de tela relativamente sueltas y las mascarillas azules de tipo quirúrgico que muchos usamos en público para evitar la propagación del coronavirus no son particularmente útiles contra el humo, aunque pueden proporcionar cierta protección, según demuestran . Las máscaras de tela redujeron las partículas en el aire en un 57%, según un estudio. Otra investigación demostró que las máscaras quirúrgicas redujeron cuatro veces las concentraciones de partículas y las caseras tres veces.
En comparación, los respiradores con filtro N95, comúnmente conocidos como N95s, proporcionan una reducción del 95% de las partículas.
“Las N95 son geniales, si puedes conseguir una”, señaló Wexler.
Y ahí está el problema. La enorme demanda de máscaras N95 entre los trabajadores de la salud en primera línea contra COVID-19 llevó a restricciones de suministro, en primavera, que continúan este verano.
“Nos preocupa la disponibilidad de las máscaras N95”, expresó Gail Blanchard-Saiger, una de las vicepresidentes de la Asociación de Hospitales de California. Los administradores de un hospital le dijeron recientemente que no habían recibido ni un solo envío de N95 desde marzo. Otro reportó que su hospital tenía 350,000 N95s en pedido pendiente y que tenían suerte de recibir 200 al mes.
Realicé una encuesta (muy poco científica) por mi cuenta, llamando a cuatro ferreterías y cinco tiendas de suministros médicos en el sur de California, donde vivo, para preguntar si vendían N95s. Las ferreterías no las tenían y sólo dos de las tiendas de suministros médicos las vendían.
Si consigues algunas N95, ten en cuenta que funcionan correctamente sólo con un ajuste apretado contra tu piel, proporcionando un sello que minimiza las fugas. Es probable que sean demasiado grandes para los niños, y si tienes vello facial interferirá con el ajuste.
El ajuste apretado de una N95 que funciona correctamente significa que es incómodo, “así que no lo vas a usar por mucho tiempo, porque va a ser muy molesto”, advirtió Wexler.
Si sufres de una condición respiratoria como asma o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), consulta con tu médico antes de usar una mascarilla.
Gina Spadafori, residente de West Sacramento que ha padecido de asma toda su vida, compró una caja de N95 durante el incendio (Paradise) de finales de 2018 y le quedaba uno de los respiradores. En agosto, cuando su vecindario fue engullido por el humo de una multitud de incendios forestales en la región.
Se lo puso antes de salir a cuidar de sus cabras y pollos una mañana reciente. “Inmediatamente sentí una opresión en el pecho y algunos problemas para respirar”, contó Spadafori, de 62 años. “Así que creo que salir al granero sin él habría sido un grave error”.
Dada la importancia de la conservación de las máscaras durante la pandemia, es aceptable reutilizar las N95, apuntó el doctor Nicholas Kenyon, jefe de la división de medicina pulmonar, de cuidados críticos y del sueño de UC Davis Health. “Si no están sucias y húmedas, y todavía están intactas, puedes usarlas durante varios días, con la esperanza de llegar al fin de todo esto”.
Si no puedes conseguir los N95, no te preocupes. Tienes otras opciones. Una es un tipo de N95 alternativo, conocido como KN95, que es fácil de conseguir. Ocho de las nueve tiendas a las que llamé las tenían en stock.
Las KN95, producidos principalmente por fabricantes chinos, filtran el 95% de las partículas en el aire, como las N95. Pero cuidado: No siempre funcionan como se anuncia. La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) rescindió su autorización de emergencia para algunas marcas de KN95 después de que un estudio encontrara que del 95%.
El sitio web de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) proporciona para un gran número de respiradores N95 y KN95.
También puedes insertar filtros PM2.5, diseñados para máscaras de tela o quirúrgicas. ; hay muchos y son baratos. La desventaja es que puede ser difícil conseguir un ajuste apretado, por lo que podría haber fugas.
“No son tan buenos como los de verdad, pero es mejor que nada”, apuntó Wexler.
Si quieres parecer Darth Vader, y ser más sofisticado, puedes gastar un poco más de dinero y echar un vistazo a los : máscaras de goma o silicona ajustadas que vienen con cartuchos de filtración y ofrecen una protección al menos equivalente a la de un N95 y, en algunos casos, mejor.
También tienen válvulas de exhalación, lo que facilita la respiración. Pero hay un problema con eso: Expulsas gotas respiratorias. Genial para lidiar con el humo, pero potencialmente riesgoso para aquellos que se encuentran en medio de una pandemia. Como el N95, su ajuste puede hacer que sea difícil de usar durante largos períodos de tiempo, especialmente en altas temperaturas.
Sea lo que sea que decidas, una cosa parece ineludible: Con una sociedad que se ha vuelto germofóbica por la pandemia y con los incendios forestales como una amenaza cada vez mayor, las máscaras se están convirtiendo rápidamente en una parte indispensable de nuestro vestuario.
“Creo que esta es la nueva normalidad del siglo XXI”, aseguró el doctor Richard Jackson, profesor emérito de la Escuela de Salud Pública Fielding de la UCLA y ex jefe del Departamento de Salud Pública de California bajo el gobierno de Arnold Schwarzenegger. “Guardas las baterías de las linternas en casa, y tienes máscaras de buena calidad”.
Esta historia de KHN se publicó primero en , un servicio de la .
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1164795&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Sobre la colina, justo detrás, camiones de bomberos y socorristas se apresuraban de un lado a otro del área de preparación del Departamento de Silvicultura y Protección contra Incendios de California, trabajando para contener un incendio forestal que arrasaba las escarpadas colinas y cañones en el noreste del condado de Sonoma. Hasta el domingo 27 de octubre, más de 3,000 bomberos luchaban contra el incendio, y una amplia franja del condado, más de 180,000 residentes de la montaña a la costa, estaban bajo orden de evacuación mientras el norte de California soportaba una tormenta de viento histórica que alimentaba las llamas.
Para los trabajadores agrícolas en el legendario país vitivinícola del condado de Sonoma, el incendio de Kincade presenta una serie de riesgos desalentadores. Octubre marca no solo la temporada de incendios en California, sino también el pico de la cosecha de la uva. En áreas que no están bajo riesgo inminente, algunos trabajadores seguían recogiendo fruta en medio del calor y el humo peligrosos, para recuperar algunos de los cientos de miles de dólares en uvas que aún no se habían cosechado. A medida que el fuego continúa extendiéndose, muchos están descubriendo ahora que sus trabajos, y sus cheques, han sido suspendidos.
El condado de Sonoma está familiarizado con el fuego. En 2017, el incendio de Tubbs arrasó el área, matando a 22 personas y destruyendo más de 5,000 casas. El año pasado, el denso humo del Camp Fire, en el condado de Butte, el más mortífero en la historia del estado, se mantuvo en el valle durante días.

A medida que los incendios forestales de esta fuerza e intensidad se vuelven más frecuentes, también aumentan las preocupaciones de los trabajadores agrícolas, que pueden enfrentar condiciones que ponen en peligro su salud, salarios y vivienda.
Por fuera del fuego en sí, el principal problema de salud durante los incendios forestales es el humo, que produce partículas, una mezcla de gases y piezas microscópicas de materia sólida. Las partículas pueden penetrar profundamente en los pulmones, lo que aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias y asma, así como de problemas cardíacos.
Estos riesgos llevan a las autoridades sanitarias a advertir a las personas en áreas afectadas por incendios forestales que permanezcan en interiores y limiten las tareas de fuerza. Los trabajadores agrícolas, un componente esencial de la economía de esta zona vitivinícola, no siempre pueden tomar estas precauciones.

El sábado 26, Manuel Ortiz Sánchez, de 52 años, se sentó con su familia fuera del Santa Rosa’s Veterans Hall, que durante la noche se había transformado en un refugio. Había sido evacuado de su hogar en Healdsburg y estaba nervioso por lo que significaría para su familia. Nacido en México, Ortiz Sánchez ha trabajado en los viñedos de la región por más de 20 años. Ya había perdido un día y medio de trabajo por el humo. ¿Le pagarían la semana que viene si el viñedo donde trabaja permanece cerrado? “Depende del jefe”, dijo.
Dentro del lugar, voluntarios de Corazón Healdsburg, una organización sin fines de lucro que trabaja con la comunidad latina local, estaban ayudando a las familias que hablaban español a registrarse en el refugio. Una mujer se preguntó si el brazalete que le ponían al registrarse la identificaría como inmigrante, y si las autoridades irían al refugio.

En otra mesa, voluntarios ofrecían anotar la información de contacto de personas indocumentadas, que no son elegibles para la mayoría de la ayuda federal. Después del incendio de 2017, las organizaciones locales crearon un fondo para ayudar a las personas sin papeles afectadas por los incendios, y ese fondo está funcionando nuevamente. El 90% de las más de 2,000 personas que recibieron ayuda del fondo en 2017 no perdieron sus hogares, pero perdieron salarios y la comida en su refrigerador debido a cortes de electricidad, dijo Mara Ventura, directora ejecutiva de North Bay Jobs With Justice.
Defensores han estado presionando por normas laborales relacionadas con los incendios forestales y el humo. Aunque un proyecto de ley no fue aprobado por la legislatura de California este año, en julio, el estado adoptó regulaciones temporales de emergencia. Requieren que los empleadores verifiquen la calidad del aire antes y durante un turno. Cuando los contaminantes se elevan por encima de un cierto umbral, un índice de calidad del aire (AQI) de 150, los trabajadores deben ser trasladados a un lugar más seguro si es posible, y, si no, se les debe proporcionar máscaras protectoras. El AQI en el este del condado de Sonoma ha superado habitualmente los 150 en los últimos días.
Incluso las máscaras para trabajo pesado no son una gran solución para alguien que trabaja en exteriores, dijo Celeste Philip, oficial de salud del condado de Sonoma. Cuando se usan correctamente, son incómodas y dificultan la respiración, y es difícil trabajar por mucho tiempo. La mejor manera de que los trabajadores estén seguros es limitar su exposición al aire libre, dijo.
En los días posteriores a la erupción del incendio Kincade, el 23 de octubre, las autoridades del condado de Sonoma permitieron que algunos productores de uva y sus trabajadores ingresaran a los viñedos dentro de la zona de evacuación para tratar de salvar sus cultivos, dijo James Gore, supervisor del condado. Alrededor del 10% de las uvas en el condado, en su mayoría las que se utilizan para producir cabernet, todavía estaban en las vides cuando comenzó el fuego. “Primero la seguridad, pero luego la economía”, dijo.
Gore aclaró que, aunque no hay una supervisión particular del proceso, la Oficina Agrícola local y otros grupos de la industria se han asegurado que los productores conozcan los riesgos para la salud y los derechos de los trabajadores. Muchas personas, incluidos los trabajadores agrícolas a los que a menudo no se les paga por el tiempo libre, quieren trabajar, dijo. “La gente puede trabajar, pero nunca debe estar bajo presión”.
Aun así, agregó, “si alguien quiere una salud perfecta, debe irse de nuestra comunidad, porque aquí tenemos humo”.
La preocupación de que los trabajadores agrícolas, muchos de los cuales hablan principalmente español, no recibieran avisos de salud y otras advertencias durante los incendios de 2017 llevó a una revisión de las comunicaciones del condado, que ahora se proporcionan en español e inglés. Gore, quien habla español, dijo que había estado en el refugio para hablar con más de 100 trabajadores agrícolas sobre esos riesgos y para informarles que no están obligados a trabajar.
Fernando González estuvo en un refugio en Healdsburg el viernes 25, antes que también fuera evacuado. Oriundo de México, González llevaba cinco o seis meses en los Estados Unidos, trabajando bajo una visa temporal para trabajadores agrícolas, cuando compañeros de trabajo que habían notado el incendio lo despertaron. Su empleador lo trasladó a él y a otros 40 a 50 empleados al centro de evacuación después de decidir que la casa que compartían en la propiedad del viñedo no era segura.
González dijo que le quedaban un par de semanas de contrato, pero que los estaban enviando de regreso a México antes. Dijo que le pagaron por la semana de trabajo, incluidos dos días perdidos, y se alegró de no estar trabajando en medio de la densa humareda.
Muchos otros trabajadores agrícolas son residentes locales. Otra familia que llegó al refugio la primera noche del incendio había perdido su casa rodante y todas sus pertenencias a causa del fuego, dijo Leticia Romero, directora de participación comunitaria en Corazón Healdsburg.
En una sala en la que normalmente se imparten clases, en donde un mural brillante abarca una pared, voluntarios llenaron contenedores con ropa, productos de higiene y otros artículos esenciales para esa familia y para otras. Corazón también ha iniciado un fondo para proporcionar asistencia monetaria de emergencia.
“Este es nuestro segundo año de incendios”, dijo Romero. “Son repentinos. Te acuestas y te despiertas en medio de este desastre natural”. De alguna manera, el trauma emocional persistente que puede afectar a la comunidad es lo que más le preocupa.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=1014507&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Estudios han vinculado durante mucho tiempo la exposición de los bomberos a productos químicos y toxinas en los incendios urbanos con un mayor riesgo de cáncer. Más recientemente, a medida que el desarrollo urbano llega a sectores remotos de las montañas y los bosques de California, los incendios forestales están diezmando no solo vastas extensiones de bosque sino también comunidades enteras de hogares y negocios.
Eso significa que los bomberos se enfrentan a una peligrosa combinación: la exposición al intenso calor producido por la quema de vegetación, y a los combustibles y carcinógenos más comunes en los incendios urbanos. Y las brigadas que enfrentan los incendios forestales generalmente no están equipadas con los voluminosos uniformes de protección que usan los bomberos urbanos.
publicado en julio señala los riesgos potenciales: encontró niveles elevados de mercurio y otras toxinas en la sangre de los bomberos que habían luchado contra el mortal incendio de Tubbs, que en 2017 destruyó miles de hogares en los condados de Napa y Sonoma.
En 2006, Tony Stefani, capitán retirado del Departamento de Bomberos de San Francisco, fundó la San Francisco Firefighters Cancer Prevention Foundation, para educar a sus colegas sobre los cánceres relacionados con el trabajo y promover la detección temprana. Después de 27 años en funciones, Stefani fue diagnosticado con carcinoma de células de transición, un cáncer raro del sistema urinario, y fue tratado con éxito.
Stefani, de 68 años, habló con California Healthline sobre los riesgos de cáncer que enfrentan los bomberos y las opciones de prevención. La entrevista ha sido editada.

¿Qué sabemos sobre el vínculo entre la lucha contra incendios y el cáncer?
Sabemos que existe un vínculo definitivo entre el cáncer y la lucha contra incendios. Un estudio importante es el realizado por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional que analizó las causas de muerte de más de 30,000 bomberos desde 1950. Se nos considera un grupo más saludable de personas en la fuerza laboral: los bomberos nos mantenemos en forma y tenemos buena cobertura médica. Pero el estudio encontró que teníamos tasas más altas de cánceres múltiples, incluidos los cánceres orales, digestivos, de próstata y de seno. La investigación también relacionó la cantidad de incendios en las que había trabajado un bombero con un mayor riesgo de diagnóstico de cáncer.
El estudio de UC-Berkeley encontró que los bomberos que combatieron el fuego en Tubbs tuvieron niveles más altos de mercurio en sangre que los que no trabajaron en este incendio. (El mercurio es una neurotoxina que puede dañar los pulmones, los riñones y otros órganos; no se ha relacionado definitivamente con el cáncer). ¿Qué espera de este tipo de investigación?
Lo que queremos es que este estudio genere un cambio para proteger mejor a las mujeres y los hombres que luchan contra estos incendios forestales. Los bomberos de San Francisco y otras jurisdicciones tuvieron exposiciones químicas tóxicas severas. No estaban preparados para incendios residenciales. Tenían puestos los equipos más ligeros que se usan para combatir incendios forestales. No usaron aparatos de respiración autónomos, que pueden pesar de 30 a 40 libras.
¿Cómo trabaja su fundación con los bomberos?
La fundación proporciona exámenes de detección de cáncer y pruebas genómicas gratuitas si el seguro no lo cubre. Pagamos, por ejemplo, por las segundas opiniones y los costos de transporte médico, si se envía a los bomberos a otro estado para ensayos clínicos. También hemos participado en estudios que muestran una correlación directa entre el cáncer y la profesión de bombero. No tenemos empleados remunerados. Nuestro dinero proviene de los bomberos.
¿Qué cambios recomendaría para proteger a los bomberos? ¿Qué tan bien están respondiendo los líderes gubernamentales?
La administración actual del Departamento de Bomberos de San Francisco es excelente y está haciendo muchos cambios, incluido un cambio cultural para que los bomberos se cuiden mejor ellos mismos antes y después de los incendios.
Todos los bomberos deben hacerse un análisis de sangre completo y un análisis de orina cada año [para buscar] indicadores de cáncer. No es fácil llevar a las personas al consultorio, pero si los departamentos de bomberos los alientan y el seguro lo cubre, sería genial.
El equipo está cambiando, pero no todos los departamentos pueden permitirse nuevos equipos. Gran parte del equipo de protección personal que usan los bomberos tiene incrustado productos químicos retardantes (para prevenir quemarse), que a la vez son un problema. Aunque protege a los bomberos, algunos de estos químicos tóxicos pueden penetrar en la piel.
Los departamentos también deben analizar cómo proteger mejor a sus bomberos [que viajan para ayudar] durante los incendios forestales, incluido limitar el tiempo que pasan en medio del fuego. Estos equipos de ataque pueden trabajar de 12 a 24 horas corridas, con un período de descanso de 24 horas. Eso es mucho tiempo de exposición. Sé que los departamentos se matarán por ayudar a otro departamento. Esa es la naturaleza de la hermandad en la que vivimos.
Hubo un momento en que los bomberos veían el equipo de protección como pesado o innecesario. ¿Observa que esa cultura está cambiando?
Cuando ingresé al Departamento de Bomberos de San Francisco en 1974, no era obligatorio usar un aparato de respiración autónomo. Luchaba contra incendios sin ningún aparato de respiración. Pensaba que estaba en buena forma y que no tenía que usarlo. Lo cual era falso, aunque estaba en excelentes condiciones, a los 49 años me diagnosticaron este cáncer.
Después que se extinguía el incendio y durante el proceso de revisión, buscando áreas calientes, limpiando cada estructura hasta los postes, todo eso estaba liberando gases tóxicos que respiraban los bomberos.
Ahora hay una nueva generación de bomberos, que son muy conscientes de los riesgos de cáncer y las desventajas de la lucha contra incendios. Los bomberos ahora usan ese aparato de respiración. También realizan una descontaminación después de cada incendio. Ahora limpian al bombero y lo enjuagan con una manguera. Ahora cambian de ropa y uniforme.
Antes, usábamos los mismos abrigos y pantalones hasta que eran casi trapos. Se trataba del estatus; mostraba que estabas trabajando duro. Esa cultura se está erosionando lentamente. Siempre habrá unos pocos que todavía piensen que son indestructibles, pero cuando ellos o un amigo se enferman, es una historia completamente diferente.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=983578&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>El estudio en JAMA Network Open encontró que el 7.2% de los estudiantes informaron síntomas “clínicamente significativos” de trastorno de estrés postraumático. Más niñas tendieron a mostrar signos de TEPT que los niños.
Los investigadores encuestaron a 96,108 estudiantes de escuelas públicas, cinco a nueve meses después del huracán que azotó la isla en 2017. Incluyó a jóvenes de tercero a doceavo grado en diferentes regiones.
Según el estudio, realizado por el Departamento de Educación de Puerto Rico junto con la Universidad Médica de Carolina del Sur, se están utilizando los datos para llegar a las áreas con mayor necesidad de servicios de salud mental.
María, que golpeó la isla como un huracán de categoría 4 en septiembre de 2017, en el territorio estadounidense. Los residentes tuvieron mucha dificultad para acceder a agua potable y algunos se quedaron sin electricidad por casi un año después de la tormenta.
La tragedia tuvo efectos dramáticos en los estudiantes. Casi el 46% dijo que su casa estaba dañada. Más del 32% experimentó escasez de alimentos y agua. Y aproximadamente el 58% informó que un amigo o miembro de su familia se había ido de la isla. Los efectos no variaron según el lugar donde vivían los estudiantes o el ingreso de sus familias.
Rosaura Orengo-Aguayo, psicóloga clínica de la Universidad Médica de Carolina del Sur y autora principal del estudio, dijo que los hallazgos muestran la amplitud y la naturaleza indiscriminada de la devastación.
“Eso solo explica lo grande que fue María, lo destructivo que fue en toda la isla”, dijo. “Sin importar tu ingreso o en dónde vivías, fuiste afectado”.
Se han reportado que también sufrieron los efectos de los huracanes de 2017.
El Congreso se encuentra en un punto muerto sobre la aprobación de un proyecto de ley de ayuda que enviaría más recursos a Puerto Rico y a otras áreas afectadas por desastres naturales. El presidente Donald Trump ha expresado su renuencia a proporcionar más dinero a la isla.
El trauma que causa un desastre natural puede manifestarse de varias maneras, explicó Frank Zenere, coordinador de distrito del programa de manejo de crisis en las Escuelas Públicas del condado de Miami-Dade, quien no está relacionado con el estudio. Las unidades familiares pueden romperse a través del divorcio o la violencia doméstica, dijo. Los niños pequeños pueden volver a chuparse el dedo o mojar la cama. Los adolescentes a veces intentan ejercer el control y pueden comenzar a usar drogas.
Zenere dijo que, sin embargo, la mayoría de las personas que sobreviven a un desastre natural no desarrollan afecciones de salud mental a largo plazo.
“Están angustiados. Tiene un impacto en su vida, sí “, dijo Zenere, quien ayudó a coordinar los esfuerzos de salud mental en Puerto Rico luego de María. “Pero la gran mayoría no va a desarrollar una enfermedad psiquiátrica”.
Agregó que las diferencias por género encontradas entre los estudiantes que informan síntomas de trastorno de estrés postraumático se alinean con la literatura médica: los niños tienen más probabilidades de exteriorizar lo que sienten, mientras que las niñas son más propensas a mostrar depresión y ansiedad.
Los autores del estudio dijeron que la pérdida y la disfuncionalidad causadas por María contribuyeron aproximadamente en un 20% a los síntomas del trastorno de estrés postraumático de los jóvenes. Si bien los investigadores no midieron qué otras circunstancias desempeñaron un papel, otros “factores de protección”, como el hecho de asegurar las necesidades básicas y el apoyo de la comunidad, influyen en la capacidad de recuperación, aseguró Orengo-Aguayo,
En particular, dijo, el nivel de síntomas de trastorno de estrés postraumático informado en el estudio es inferior al esperado. Algunos estudios muestran que hasta un tercio de los niños desarrollarían síntomas crónicos después de sobrevivir a un desastre natural, escribieron los autores.
Los lazos familiares o el hecho de que el estudio se realizó varios meses después de la tormenta podría haber tenido un papel en la capacidad de recuperación de los niños, dijo.
“Lo que podríamos estar viendo es que los niños en esa etapa aún estaban enfocados en obtener acceso a las necesidades básicas”, dijo.
Regan Stewart, psicólogo clínico de la Universidad Médica de Carolina del Sur y coautor del estudio, dijo que el equipo ha obtenido dos subvenciones de la Administración Federal de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias para continuar trabajando en la isla durante al menos tres años más. Planean utilizar la telemedicina para ampliar el acceso a los servicios de salud mental y capacitar al personal escolar y profesionales de la salud mental en las intervenciones centradas en el trauma.
Sin embargo, las escuelas públicas en Puerto Rico están agobiadas por restricciones económicas. La isla, que ya enfrentaba una crisis presupuestaria, cerró 300 escuelas en los últimos dos años debido a .
Zenere dijo que el personal de las escuelas se encuentra entre aquellos que necesitan ser atendidos primero, “porque van a ser el lazo que los mantiene unidos para ese salón de clases de 20 niños o menos”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=949833&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Las ferreterías locales a las que fue ese día no tenían la máscara más sustancial, que los funcionarios de salud pública recomiendan para protegerse contra el humo nocivo del incendio forestal que está cubriendo a las comunidades en todo el estado. Una de las farmacias a las que contactó vendía mascarillas quirúrgicas holgadas por solo $.25.
“Están agotadas”, dijo Lewsadder, de 41 años, quien había llegado a la capital del estado desde Los Ángeles para una conferencia sobre tecnología. Entonces, por ahora, usa la máscara anti polvo de Ace: “Es mejor que nada”, comentó.
Desafortunadamente, Lewsadder está equivocado.
El tipo de mascarilla que usas es muy importante si no quieres inhalar contaminantes dañinos, dicen expertos.
Y a medida que avanzan en el norte y el sur de California, destruyendo comunidades y vidas, millones de personas que viven fuera de las zonas quemadas están expuestas al humo peligroso que se está acumulando en sus comunidades y se asienta como mortajas oscuras.
El humo de los incendios forestales es peligroso porque contiene partículas finas que pueden alojarse profundamente en los pulmones, lo que puede causar o empeorar los problemas respiratorios, como el asma. Algunos grupos son especialmente vulnerables, como los niños y las personas mayores.
El registro de partículas tóxicas que permanecen suspendidas en el aire en gran parte del norte de California ha sido más de 18 veces los niveles recomendados por la . Estos niveles pueden desencadenar síntomas agudos como dificultad para respirar y dolores de cabeza, incluso en personas sanas.
Los expertos en salud están de acuerdo en que la mejor defensa es permanecer adentro.
Pero muchos también sugieren que, si tienes que salir por un período prolongado, es mejor usar la máscara correcta, especialmente si tienes una condición de salud como asma, problemas cardíacos o enfisema.
Los profesionales de salud y los bomberos están equipados con la máscara adecuada, pero los residentes, en general, no.
Entonces, ¿qué tipo de máscara es la mejor?
No lo es la máscara anti polvo que usaba Lewsadder. O las mascarillas quirúrgicas que se sostienen alrededor de tus orejas. Olvídate de usar un pañuelo o un pañuelo sobre la boca, no protegerá tus pulmones.
La Oficina de Servicios de Emergencia del gobernador de California y el Departamento de Salud Pública estatal recomiendan los respiradores o las máscaras “P100”, ambas aprobadas por el Instituto Nacional de Seguridad y Salud Ocupacional para los trabajadores de atención médica y los bomberos.
Estas máscaras simples pero sofisticadas a la vez están diseñadas para bloquear al menos el 95% de las partículas peligrosas y pequeñas, conocidas como PM2.5, que se desprenden del humo de los incendios forestales. Con 2,5 micrones o menos de diámetro, las partículas de PM2.5 ni siquiera pueden verse a simple vista, explicó el doctor John Balmes, profesor de ciencias de la salud ambiental en la Universidad de California-Berkeley. (A modo de comparación, un cabello humano puede medir hasta 16 micrones de diámetro).
Una vez que encuentres la máscara adecuada, también es importante usarla correctamente:
La máscara debe tener dos correas. Una correa debe colocarse debajo de las orejas y otra arriba. Y la máscara debe sellarse herméticamente sobre tu cara.
“La eficiencia de la máscara se basa en lo bien que se adapta a los contornos del rostro”, dijo Keith Bein, investigador profesional asociado del Centro de Investigación de Calidad del Aire en la Universidad de California-Davis. “Si hay una brecha, el aire entrará”.
Pero si tienes dificultad para respirar o te mareas, quítate la máscara.
Cuando una máscara desechable se ensucia por dentro o si tienes problemas para respirar, tírala.

Para preocupación de algunos padres, las máscaras N95 no son lo suficientemente pequeñas para la mayoría de los niños. Balmes, quien es médico, dijo que les dice a sus colegas que pueden ponerles máscaras para adultos a sus hijos, pero no puede prometer que funcionarán.
En Sacramento, desde que el Camp Fire arrasó el pueblo de Paradise, en las laderas de Sierra Nevada, unas 90 millas al norte, los cielos típicamente azules parecen nublados. En realidad, es una neblina que se ha asentado sobre los árboles y edificios, dejando un sabor agrio en la boca de la gente e irritando sus ojos.
Los niveles de calidad del aire en la región han estado en los rangos “poco saludables”, “muy poco saludables” o durante gran parte de los últimos días.
Los residentes del área han recibido mensajes contradictorios sobre si usar máscaras. La División de Salud Pública del condado de Sacramento emitió diciendo que solo las personas que viven cerca del fuego deben usar máscaras, porque restringen el flujo de aire y pueden dificultar la respiración. Mientras tanto, la ciudad está distribuyendo máscaras gratuitas al público en las estaciones de bomberos.
“Hay confusión, y creo que uno de los problemas es que no hay suficiente medicina basada en la evidencia sobre si las personas sanas deberían ponerse estas máscaras y cuándo son efectivas”, dijo Mary Prunicki, investigadora médica e instructora en el Sean N. Parker Center for Allergy & Asthma Research de la Universidad de Stanford. “Eso es algo que en realidad estamos tratando de investigar”.
A pesar de los mensajes confusos y la mala calidad del aire, muchas personas en la capital del estado parecen estar siguiendo sus rutinas diarias como de costumbre. Leland Gilmore, de 77 años, quien paseaba a su perro, Ruff, en McKinley Park, cerca del centro de la ciudad, no cree que el humo “sea lo suficientemente malo” como para quedarse dentro. La gente tampoco estaba jugando baloncesto, tenis, o corría por el parque.
“Estoy preocupado, sí, pero no estoy tomando ninguna medida especial”, dijo Gail Peoples, de 61 años, en su paseo matutino con sus dos perros. “Esta hora del día parece estar bien”.
Sin embargo, Peoples dijo que está preocupada por los familiares mayores, como su suegra que tiene problemas pulmonares y no ha salido de la casa en una semana.
Peoples sabe que hay una máscara especial, pero no sabe bien qué debería buscar.
Cuando Sisco Martínez, quien no sufre de asma o problemas respiratorios, sintió algo de dolor en el pecho, visitó una estación de bomberos de Sacramento en busca de una máscara.
“Trabajo adentro, pero, aun así, no me sentía muy bien, así que pensé que sería mejor busca una”, dijo Martínez, de 19 años.
Los expertos reconocen que las máscaras no bloquean todas las toxinas en el aire; por ejemplo, los gases químicos liberados a la atmósfera cuando el fuego envuelve los vecindarios, y los materiales de construcción, automóviles, pintura y otros bienes de consumo que las personas usan todos los días.
“Las máscaras solo están eliminando partículas”, dijo Bein. “No eliminan los gases tóxicos”.
Aun así, concluyó Bein, las máscaras adecuadas “funcionan mejor que nada”.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=894368&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Pero este verano, la estudiante de primer año de secundaria ha tenido que recurrir al inhalador casi todos los días para mantener su asma bajo control.
En su humilde vecindario, ha tenido que respirar aire lleno de humo durante semanas obligándola a quedarse en casa la mayor parte del tiempo. Viviana dijo que no sabía si el humo provenía de las usuales quemas controladas en los campos de los agricultores que rodean su casa, o de que arden sin parar al norte y al sur de su hogar.
“Claro que veo el humo”, contó Viviana, “pero veo humo casi siempre”.
Familias como la de Viviana sufren de manera especial y desproporcionada con los incendios forestales, porque el humo agrega otra capa de sustancias tóxicas al aire ya contaminado de sus vecindarios, dicen expertos.
“Sin duda, estas comunidades corren un mayor riesgo” cuando se desatan los incendios, señaló Emanuel Alcala, becario de postgrado del Ìýen la California State University-Fresno. “Sobre todo porque ya conviven con otros peligros ambientales: sitios de desechos tóxicos, mala calidad del agua y, a veces, sin tener aire acondicionado”.
Más de una docena de incendios todavía azotan California, incluidos los dos del Mendocino Complex en la región norte del estado que ya han carbonizado casi 460,000 acres. Uno de esos incendios, el de Ranch Fire, es .
Los incendios forestales afectan también a Colorado, Oregon, Idaho y Washington. El humo de estas ha llegado . Partes del registraron una de las peores contaminaciones por ozono el mes pasado debido a los incendios y las del país emitieron advertencias sanitarias para alertar sobre los en grupos vulnerables, como niños pequeños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias.
En vecindarios como el de Viviana, que se encuentra a pocas millas de granjas lecheras, almacenes de embalaje y campos petrolíferos, la contaminación por partículas y ozono ya representa una amenaza para la salud. El aire se ensucia con las emisiones de los vehículos pesados que funcionan con combustible diésel, así como con los pesticidas y el polvo de las operaciones agrícolas.
El olor del petróleo y de las vacas satura el vecindario, dijo Gustavo Aguirre, el padre de Viviana, y crea una mezcla tóxica con el humo de los incendios forestales.
“Cuando salgo tan solo para pasar el rato con mis amigos, empiezo a toser y tengo que volver a entrar a la casa”, comentó Viviana.
Un 26% de los niños en edad escolar del Valle de San Joaquín tienen , la tasa más alta en el estado, según .
Las ciudades en el Valle de San Joaquín, el corazón agrícola del estado, de las que tienen la peor contaminación del aire del país. El valle es también el lugar donde se concentran las comunidades más pobres del estado: allí están 7 de los 10 condados de California con las tasas más altas de pobreza infantil, según un del San Joaquin Valley Health Fund.
“La geografía y el clima del valle pueden atrapar aire insalubre durante días, incluso semanas”, señaló Will Barrett, director para la defensa del aire limpio de la American Lung Association en California.
Una combinación de ozono industrial y de partículas por el humo de los incendios forestales queda atrapada entre las montañas que rodean el valle y eleva la calidad del aire a niveles peligrosos. “Estás combinando dos de los contaminantes más extendidos y arraigados”, apuntó Barrett. “Realmente es un doble agravante”.
ÌýAgregar humo a la contaminación existente no solo puede exacerbar los síntomas de asma de una persona, sino también desencadenar nuevos casos de enfermedades respiratorias, dijo la doctora , directora del Centro Sean N. Parker de Investigación sobre Alergia y Asma en la Universidad de Stanford.
En algunos casos, todo lo que se necesita son unos cinco días de exposición al humo de un incendio forestal para que las personas sin asma, especialmente los niños, desarrollen sibilancia, tos y otros síntomas, dijo.
En lugares ya contaminados como el Valle de San Joaquín, “los incendios forestales empeoran las tasas de asma por cuatro y aumentan la tasa de ataque cardíaco en “, indicó Nadeau. “Esto va a empeorarlo exponencialmente”.
En el suroeste de Fresno, una comunidad llena de viviendas públicas, María García, de 62 años, vive a menos de 2 millas de una planta procesadora de aves de corral, almacenes y de la Autopista 99.
García se considera saludable, pero una tos persistente este verano la dejó jadeando por aire.
Ella compara algunos de sus síntomas recientes, como presión en el pecho y dolores de cabeza, con los que experimenta su hijo adulto, que padece de asma.
“Creo que es el humo”, dijo García.
Otras regiones del estado también están sufriendo. El humo de los incendios de Mendocino Complex ha llegado al área de la Bahía de San Francisco, a unas tres horas en auto al sur de las llamas.
Una clínica móvil para el asma llamada Breathmobile proporciona consultas gratis y pruebas de función pulmonar para niños en las escuelas de East Bay con un alto número de estudiantes inscritos en Medi-Cal, el programa de Medicaid de California para residentes de bajos ingresos, dijo Mary Frazier, enfermera y directora del programa .
“Los niños con Medi-Cal tienen más asma”, explicó Frazier. “Tal vez porque están expuestos a más factores desencadenantes. Viven en viviendas para personas de bajos ingresos, con mala calidad del aire, y las casas están cerca de autopistas o fábricas”.
Cuando vuelva a visitar a los niños en septiembre después de que se reanuden las clases, Frazier sabe que se encontrará con muchos niños que han estado tosiendo y que han tenido dificultades para respirar a causa del humo.
En el suroeste de Fresno, Gary Hunt, de 54 años, se ha quedado confinado en casa este verano, saliendo solo para recados importantes y citas médicas. Y siempre usa una máscara.
La contaminación provocada por los incendios está “teniendo un impacto enorme”, empeorando el asma de Hunt, causándole más fatiga, dolor en el pecho y dolores de cabeza, dijo.
Pero extinguir los incendios forestales no garantiza alivio alguno. Hay una cerca de su casa, y la concurrida Ruta estatal 41 está a un cuarto de milla de distancia.
“Dada nuestra ubicación, no tenemos descanso”, comentó.
Hace tres años, Hunt sufrió un ataque de asma severo que lo llevó al hospital. Tuvo que dejar su trabajo en el servicio de mantenimiento de una escuela y perdió su seguro de salud. Se inscribió en Medi-Cal y pronto supo que no todos los médicos aceptan un seguro público, lo que significa que conseguir acceso rápido a la atención médica durante la temporada de incendios puede ser un problema.
Por ejemplo, dijo que necesita ver a un neumólogo, pero tiene que esperar tres meses para una cita.
Las personas con Medi-Cal o quienes no tienen seguro pueden, en algunos casos, esperar hasta un año para recibir tratamiento, dijo Kevin Hamilton, terapeuta respiratorio y CEO de Central California Asthma Collaborative.
Hunt dijo que los médicos le preguntan, con frecuencia, por qué él y su familia no se mudan a una comunidad más saludable. La respuesta es que simplemente no puede pagarlo.
“Si pudiera, no estaría aquí”, concluyó.
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<img id="republication-tracker-tool-source" src="/?republication-pixel=true&post=870313&ga4=G-J74WWTKFM0" style="width:1px;height:1px;">]]>Calderón, quien vive en San Juan, y trabaja para VarMed, una compañía que maneja casos médicos complejos en Puerto Rico, ha llevado a dos colegas, la enfermera Anamelia Velázquez, y la doctora de atención primaria Carla Rossotti, para ver cómo están Osvaldo Martínez y su hijo, Osvaldo Daniel Martínez.
Dentro de una habitación oscura, Martínez padre, un ex lanzador estrella de 67 años de la liga local de béisbol, alimenta a su hijo con cucharadas de arroz y salchicha. El joven Martínez yace en una cama de hospital, sufre de espasmos en los brazos y dedos, y sus ojos se mueven sin control. Ex guardia de seguridad, tiene 37 años y nació en Chicago.
Después que él y su padre regresaran a vivir a Puerto Rico hace tres años, el joven Martínez comenzó a mostrar signos tempranos de esclerosis múltiple. Durante el año pasado, esta habitación se convirtió en su mundo, luego el mundo se limitó a su cama.
Su padre señala el techo, que todavía tiene filtraciones por la lluvia de la mañana y está cubierto de moho.
“Todo esto se filtró y se puede ver que salió por el huracán”, dijo.
La luz volvió hace aproximadamente un mes, y la familia tiene agua corriente, por lo que puede mantener a su hijo limpio. El padre lleva un recipiente de plástico al baño y lo llena de agua. Luego, como lo hace varias veces al día, regresa al dormitorio para bañar a su hijo adulto y cambiar suavemente su pañal.
Pero Rossotti, cuya compañía, VarMed, recibió el pago del gobierno puertorriqueño para ayudar a cuidar al joven Martínez, dijo que aún no ha podido obtener una cita con un neurólogo para confirmar el diagnóstico de esclerosis múltiple y comenzar el tratamiento. Hay una escasez crónica de neurólogos en la isla, y aquellos que permanecieron después de la tormenta tienen poco espacio en sus agendas para pacientes de Medicaid.
Calderón, la trabajadora social, dijo que ha estado intentando durante un año obtener una cita para Martínez, pero una recepcionista tras otra le dice que los neurólogos para quienes trabajan no están recibiendo nuevos pacientes. “Tenemos un paciente que hace un año estaba estable y ahora está postrado en la cama”, dijo Rossotti. “Todavía no ha podido tener la evaluación de un neurólogo”.

La gente aquí en Puerto Rico habla sobre la vida “antes y después de María”. Acceder a la atención médica en la isla siempre ha sido un desafío, dada la escasez crónica de médicos y su sistema inusual de Medicaid, conocido como subsidio global. El gobierno proporciona una cierta cantidad de dinero para cada ciudadano en el programa, sin importar cuán grandes sean las necesidades de atención.
Y para muchos de los residentes más vulnerables de la isla, como la familia Martínez, la convirtió un desafío en una crisis médica que no puede revertirse fácilmente. Desde el cambio de siglo, se han lanzado al mercado varios medicamentos efectivos que tratan la esclerosis múltiple, transformando la vida de las personas con esta enfermedad progresiva, que puede dañar las trasmisiones nerviosas a cualquier parte del cuerpo: ojos, cerebro, vejiga, piernas. El tratamiento ayuda a retrasar la progresión y los síntomas. Pero es menos efectivo una vez que el sistema nervioso ya está dañado.
La de la isla ha generado un éxodo masivo de médicos a Estados Unidos continental durante la última década; y el huracán María agregó más combustible a esa migración. Todavía no hay un registro exacto de cuántos médicos se han ido, pero de 2006 a 2016, la cantidad disminuyó de 14,000 a 9,000, según el .
Casi la mitad de los puertorriqueños en la isla dependen de Medicaid, en comparación con alrededor del 20% de la población de Estados Unidos continental. El gobierno del territorio ha luchado durante mucho tiempo para cubrir los costos de la atención médica.
Actualmente, Molina Healthcare, una compañía con sede en California que brinda cobertura a personas de bajos ingresos con Medicaid en Puerto Rico y en otros lugares de los Estados Unidos, es responsable de garantizar el acceso a los médicos.
Laura Murray, vocera de Molina, dijo que la compañía no puede hacer ningún comentario sobre el caso Martínez debido a leyes de privacidad. Pero en una declaración escrita, el representante de la compañía informó que tiene a 41 neurólogos en las regiones del este y sudoeste de Puerto Rico, y cumple con “los requisitos de adecuación de la red en nuestro contrato”.
“Sin embargo”, indica la declaración, “reconocemos que hay una escasez de médicos en toda la isla, en particular especialistas, y estamos proponiendo sugerencias al gobierno puertorriqueño sobre cómo podríamos trabajar juntos para remediar esto”.
El gobierno de la isla anunció recientemente que revisará cómo se otorgan los contratos de Medicaid.

Por ahora, el joven Martínez languidece. Cada día y cada noche son iguales, ya que la enfermedad acorrala a su sistema nervioso central, interrumpiendo las conexiones vitales entre el cerebro y el cuerpo.
Sin un diagnóstico confirmado, no puede obtener ciertos beneficios públicos por discapacidad. Y no está recibiendo medicamentos para su condición o para el dolor; la agencia para la que trabaja Rossotti solo puede abogar por los pacientes, no tratarlos.
La perseverancia de padre e hijo contrarresta el terror de su confinamiento. Cuando Martínez padre describe la decadencia de su hijo, sus ojos se llenan de lágrimas; su hijo, que puede entender todo, rueda de costado y comienza a llorar.
“Tengo que hacer todo lo que se debe hacer por él”, dijo Martínez padre. Pero él mismo no goza de buena salud: padece de una artritis severa y tiene un bulto doloroso en el abdomen. Contó que, durante los meses que se quedaron sin luz, no podía subir o bajar la cama de hospital. Mostró una foto de su brazo, negro y azul, e hinchado, por la presión contra las barras de metal de la cama mientras se inclinaba para atender a su hijo.
Pero es el desgaste de su hijo lo que más le duele.
“Si algo me pasara a mí”, dijo el padre, juntando sus manos en señal de oración… “No sé”.
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