Nurses Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /es/tag/nurses/ Â鶹ŮÓÅ Health News produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of Â鶹ŮÓÅ. Thu, 16 Apr 2026 01:15:19 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Nurses Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /es/tag/nurses/ 32 32 161476233 La escasez de enfermeras en California se agrava, y las trabajadoras culpan a los directivos /es/health-industry/la-escasez-de-enfermeras-en-california-se-agrava-y-las-trabajadoras-culpan-a-los-directivos/ Fri, 10 Oct 2025 14:50:41 +0000 /?post_type=article&p=2101934 TURLOCK, California — California, al igual que gran parte del país, no está formando a suficientes enfermeras para de una población envejecida y diversa.

Esto genera una escasez de personal que podría poner en peligro la calidad de la atención a los pacientes.

Según , casi el 60% de los condados de California —que se extienden entre las fronteras con México y Oregon— enfrentan una falta importante de enfermeras.

El gobernador demócrata Gavin Newsom y los legisladores estatales han intentado reforzar el personal sanitario del estado. Lo hacen, en parte, implementando las recomendaciones de la California Future Health Workforce Commission, un panel de 24 miembros integrado por representantes del estado, de los sindicatos, del mundo académico y de la industria.

En los últimos años, el estado ha ampliado de las enfermeras profesionales, permitiéndoles realizar algunas prácticas médicas —como solicitar estudios y recetar medicamentos— sin la supervisión médica tradicional. También ha trabajado para ampliar las plazas académicas de enfermería y los programas de formación.

Aun así, se espera que la escasez de enfermeras registradas en California aumente del 3,7% en 2024 al 16,7% para 2033 —más de 61.000 enfermeras— debido a la falta de reclutamiento, capacitación y retención, según Kathryn Phillips, subdirectora del equipo Improving Access de la California Health Care Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación y educación en el ámbito de la salud.

Se prevé que aumente la escasez regional de estas profesionales, especialmente en el Valle Central y en la zona rural del norte. “Existen déficits importantes y podrían agravarse”, declaró Phillips.

Los investigadores afirman que la brecha entre la oferta y la demanda de enfermería se ve agravada por la falta de oportunidades de desarrollo profesional y la alta rotación del personal en un sector de alta exigencia.

Las enfermeras y , por el contrario, argumentan que el problema se debe principalmente a una provocada por la mala gestión y las pobres condiciones de trabajo.

Las enfermeras afirman que la suya sigue siendo una vocación noble, pero muchas dicen que se sienten presionadas para desocupar camas rápido y atender más pacientes. Este estrés puede disuadir a las jóvenes de ingresar a la profesión y llevar a las más experimentadas a temprano.

Los representantes del sector presentan estas preocupaciones como argumentos sindicales para aumentar los costos laborales, pero las enfermeras afirman que están perdiendo beneficios, además de trabajar en exceso, lo que debilita su moral y les dificulta brindar incluso atención médica básica en hospitales, clínicas y residencias de adultos mayores de todo el estado.

Lorena Burkett, enfermera del Emanuel Medical Center en Turlock, una ciudad agrícola en el corazón del Valle Central, contó que el año pasado estaba tan sobrecargada que no registró inmediatamente la historia clínica de un paciente psiquiátrico después de administrar la medicación, un paso fundamental para garantizar la dosis adecuada de los medicamentos.

“Me presionaron para que apurara el alta médica y olvidé escanear su medicación opioide; lo pasé por alto”, dijo Burkett, una veterana con 12 años de experiencia, que más tarde actualizó el historial del paciente. “Después de eso dije: no más. Debemos priorizar la atención al paciente, pero estamos bajo mucha exigencia para que los pacientes dejen las camas y así generar ganancias”.

Tenet Healthcare, el sistema hospitalario con fines de lucro con sede en Dallas que es propietario de Emanuel, se negó a responder a la afirmación de Burkett y a las preguntas sobre la dotación de personal. En un comunicado, el vocero de Tenet, Rob Dyer, afirmó que el hospital ofrece “atención de calidad y enfocada en el bienestar del paciente” y desestimó de manera general las preocupaciones de las enfermeras.

“Actualmente estamos negociando el contrato con el sindicato que representa a nuestro personal de enfermería y sospechamos que esto es lo que está detrás de estas afirmaciones falsas”, declaró.

Mejores condiciones para las enfermeras

Hace dos años, los legisladores estatales aprobaron para ayudar a los hospitales con a mantener sus operaciones, lo que puede incluir la retención del personal de enfermería.

Los legisladores también están intentando mejorar las condiciones laborales de las enfermeras de hospital y proteger la atención del paciente de personal en los centros de salud. Algunos también piden que se invierta en una plantilla de enfermería más sólida.

“El personal de enfermería trabaja en hospitales y otros lugares que están muy escasos de personal”, afirmó Michelle Mahon, directora de prácticas de enfermería de National Nurses United, un sindicato que representa a 225.000 enfermeras.

Phillips explicó que las razones varían. En el Área de la Bahía de San Francisco, este personal debe lidiar con la falta de vivienda accesible y el alto costo de la vida y del cuidado infantil. En el Valle Central, la educación, la capacitación y la orientación son insuficientes. Y en el norte rural es difícil atraer suficientes enfermeras para reemplazar a las jubiladas y satisfacer las necesidades de una población que envejece.

Investigadores de la University of California-San Francisco que han estudiado la afirman que, si bien las personas siguen buscando trabajo en esta profesión, han disminuido tanto la matriculación de estudiantes como la de graduados.

La California Board of Registered Nursing informa que había casi 552.000 enfermeras registradas con licencias activas en California al 1 de octubre.

Sin embargo, la California Nurses Association afirma que un número significativamente menor ha estado ejerciendo, señalando que datos de 2024 indicaban que solo 350.850 trabajaban en su profesión.

El mismo problema persiste a nivel nacional, según National Nurses United, que informó que, en mayo de 2024, de enfermeras registradas no trabajaban en el sector.

La vocera de la California Hospital Association, Jan Emerson-Shea, afirmó que los hospitales de todo el estado se enfrentan a “costos que están por las nubes” en mano de obra, productos farmacéuticos, equipos médicos y cumplimiento de las normativas gubernamentales.

Los costos de la atención a los pacientes se han disparado un 30% en los últimos cinco años y siguen aumentando, afirmó. Mientras tanto, el 53% de los hospitales del estado “pierden dinero cada día atendiendo a los pacientes”, añadió.

Y la situación podría empeorar.

Según la ley de impuestos y gastos del Partido Republicano, que el presidente Donald Trump denominó “One Big Beautiful Bill”, el estado estima que aproximadamente de californianos podrían perder su cobertura médica debido, en parte, a importantes recortes a Medicaid y a nuevas normas, como los requisitos laborales que limitan la elegibilidad de los residentes de bajos ingresos y con discapacidades.

California corre el riesgo de perder $30 mil millones en fondos anuales y los hospitales se verán especialmente afectados porque dependen de los reembolsos federales y necesitan un número determinado de pacientes asegurados para mantenerse solventes.

Emerson-Shea afirmó que los hospitales de California podrían perder hasta $128 mil millones en una década  a consecuencia de esa ley.

“Esta proyección no incluye los probables aumentos en la atención no compensada debido a los requisitos laborales de Medicaid, las pérdidas de cobertura por la eliminación de los subsidios que dispone la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, las revisiones más frecuentes de Medi-Cal y las pérdidas de cobertura para quienes tienen un estatus migratorio irregular”, declaró Emerson-Shea.

Si bien algunos hospitales de California pierden dinero en la atención al paciente, los datos financieros muestran que la industria está generando ganancias: en 2024 alcanzó aproximadamente $11,5 mil millones en ingresos netos o beneficios, afirmó Kristof Stremikis, director de Market Analysis and Insight en la California Health Care Foundation.

Stremkins señaló datos estatales preliminares que comparan 365 hospitales. “La industria en su conjunto ha recuperado los niveles de rentabilidad previos a la pandemia”, afirmó.

Sin embargo, reconoció que los recortes a Medicaid reducirán los ingresos de todos los centros de salud.

Los hospitales se verán sobrecargados a medida que aumente el número de pacientes sin seguro médico, quienes a menudo llegan con enfermedades crónicas o traumatismos que pueden encarecer el tratamiento. Esto agravará los desafíos de la atención médica en comunidades con altos índices de pobreza y con una gran población beneficiaria del Medi-Cal, ya que el programa de protección social suele pagar a los hospitales y proveedores menos que los seguros privados o Medicare.

Antes de que se sientan los impactos de los recortes federales a la atención médica, algunos hospitales ya están cerrando debido a dificultades financieras. Otros han limitado el acceso a la atención e incluso cerrado salas de maternidad y de emergencia.

Persiste el agotamiento que causó la pandemia

Las enfermeras de primera línea afirmaron que del personal de salud, ampliamente documentado durante la pandemia de covid-19, todavía se siente hoy y se suma a la creciente demanda hospitalaria, lo que hace que muchos trabajadores se desvinculen del sector. Esta situación está impulsando a algunos hospitales a contratar más enfermeras itinerantes de otros estados.

En el Hazel Hawkins Memorial Hospital, un con problemas financieros en el condado de San Benito, cerca de la Costa Central, la California Nurses Association informó que el hospital emplea a 22 enfermeras temporales, aunque el hospital dijo que son 16.

Las enfermeras locales señalaron que las trabajadoras temporales pueden aliviar la carga de trabajo, pero les preocupa que los hospitales las usen para evitar contratos laborales que requieren mejores salarios y beneficios. Ellas opinan que los hospitales deberían invertir en personal local bien capacitado y familiarizado con la comunidad.

La enfermera de urgencias Ariahnna Sánchez afirmó que los trabajadores de Hazel Hawkins, un centro de acceso crítico con , se ven presionados a dar de alta a los pacientes rápidamente para poder atender a más personas. Según los representantes sindicales, a medida que se acercaba la renegociación de los contratos, los hospitales han recortado drásticamente las prestaciones y no han ofrecido aumentos adecuados para adaptarse al costo de la vida.

Los salarios varían según la región, pero el salario anual promedio de las enfermeras tituladas de California fue de $148,330 en 2024, según la U.S. Bureau of Labor Statistics.

“La moral está muy baja en este momento”, declaró Sánchez. “Estamos intentando dar la batalla, pero constantemente retenemos en urgencias a personas que deberían ser ingresadas debido a que el hospital está al máximo de su capacidad”.

Los datos estatales muestran que el condado de San Benito tiene una de enfermeras y necesita unas 180 más para atender a la población local. Sin embargo, Hazel Hawkins niega que exista esa escasez.

La California Nurses Association sostiene que 40 enfermeras han abandonado el centro desde el año pasado, mientras que el hospital aseguró que reemplazó a 15 de las 21 profesionales que se marcharon.

El portavoz de Hawkins, Marcus Young, dijo que el personal de enfermería está confundiendo la dotación de personal con los protocolos para atender a los pacientes de urgencias cuando no hay suficientes camas.

“No hay escasez significativa de personal de enfermería y las operaciones hospitalarias no se están viendo afectadas en la actualidad”, afirmó Young. “Cumplimos plenamente en todo momento con la proporción de enfermeras por paciente exigida por el estado”, ratificó.

La establece un mínimo de personal en los hospitales, que va desde una enfermera por cada tres pacientes hasta una por cada cinco, según el nivel de atención que requiera cada uno.

Las investigaciones han demostrado que los errores clínicos pueden aumentar en hospitales y otros centros de atención médica cuando el personal de enfermería está estresado y trabaja en exceso.

Desde 2020, el estado ha emitido 32 multas a hospitales de California por incumplir los niveles mínimos de dotación de personal de enfermería, con sanciones económicas que ascienden a un total de $840,000, según el del estado. Ni Hazel Hawkins ni el hospital Emanuel de Turlock recibieron citaciones. El portavoz Mark Smith afirmó que la agencia no podía dar información relacionada con ninguna “investigación potencial, pendiente o en curso” sobre centros de salud que presuntamente incumplen las proporciones estatales de enfermeras.

Burkett, la enfermera de Turlock, afirmó que, aunque puede atender hasta cinco pacientes a la vez, superó esa proporción dos veces el año pasado. En su , Tenet reportó $288 millones en ingresos netos, un aumento con respecto a los $259 millones del mismo período del año anterior.

“Tome esa asignación en contra de mi voluntad”, declaró Burkett, señalando que el sindicato distribuye formularios que protegen a las enfermeras de las consecuencias si cometen errores cuando atienden a más pacientes que los que permite el Estado.

“El formulario dice que estoy aceptando a estos pacientes en contra de mi criterio y estoy protegida porque no estoy de acuerdo con esto, pero el hospital me obliga a hacerlo”, añadió. “Es difícil. Quiero decir que simplemente hay que hacer malabarismos, lo que se pueda, con la esperanza de no perderse nada importante. No es seguro”.

La senadora estatal Caroline Menjivar, demócrata que representa parte de la región de Los Ángeles, puso un para fortalecer la ley estatal de proporción de enfermeras por paciente en el escritorio del gobernador Newsom. En él exige que los hospitales se esfuercen más por encontrar enfermeras disponibles para cumplir con los requisitos de personal.

“Durante años, los hospitales han estado eludiendo la obligación de contar con una dotación mínima de personal de enfermería”, afirmó Menjivar, que fue técnica de emergencias médicas. “Si no proporcionamos más apoyo a nuestras enfermeras, no obtendremos la atención de calidad que se necesita”.

La sobrina de Menjivar, Megan Noguera-DeLeon, está entusiasmada con convertirse en enfermera, a pesar de los desafíos laborales. Estudiante de enfermería que espera graduarse el próximo año de la West Coast University in Southern California comentó que tiene familiares que trabajan como enfermeras y que le han advertido lo difícil que puede ser el trabajo. Le preocupa el agotamiento, pero mantiene su compromiso con su proyecto.

“Creo que cuidar a la gente es algo hermoso”, dijo Noguera-DeLeon. “Sé que este trabajo puede ser muy duro y que muchas enfermeras están sufriendo agotamiento, pero, sinceramente, he visto de primera mano cuánto pueden ayudar las enfermeras a los pacientes, incluso en los días más difíciles, y quiero ayudar a la gente”.

Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de la .

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Universidad favorece un costoso programa de doctorado para enfermeras parteras en plena crisis de la atención materna /es/noticias-en-espanol/universidad-favorece-un-costoso-programa-de-doctorado-para-enfermeras-parteras-en-plena-crisis-de-la-atencion-materna/ Tue, 03 Sep 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1907121 Uno de los dos programas de formación de enfermeras parteras de California ha dejado de admitir estudiantes mientras renueva su plan de estudios para ofrecer sólo doctorados, una medida que ha generado protestas de ex alumnos, expertos en políticas de salud y profesores que acusan a la Universidad de California (UC) de anteponer beneficios económicos a las necesidades de salud pública.

La prestigiosa escuela de enfermería de la UC-San Francisco graduará a su última promoción de enfermeras parteras la próxima primavera.

Luego, la universidad cancelará su programa de máster de dos años en , junto con otras disciplinas de enfermería, en favor de un doctorado en enfermería de tres años, o DNP.

El cambio pondrá entre paréntesis la formación de enfermeras parteras que la UCSF ha impartido durante casi cinco décadas, al menos hasta 2025, y duplicará con creces el costo para los estudiantes.

Mia Bonta, legisladora de la Asamblea Estatal que preside el comité de salud, dijo que estaba “descorazonada” al saber que la UCSF cancelaba su programa de maestría en enfermería obstétrica y temía que el tiempo y los costos adicionales para obtener un doctorado disuadieran a futuros postulantes.

“En lugar de agregar obstáculos, tenemos que construir y ampliar un canal de proveedores cultural y racialmente competentes para apoyar la mejora de los resultados del parto, especialmente para las parturientas afroamericanas y latinas”, expresó Bonta en un correo electrónico.

El cambio a la formación doctoral forma parte de un movimiento nacional que exige que todas las enfermeras registradas de práctica avanzada, incluidas las enfermeras parteras y las especializadas, obtengan títulos de doctorado, según declaró Kristen Bole, vocera de la UCSF. La formación doctoral incluirá clases adicionales sobre liderazgo y mejora de la calidad en la atención.

Sin embargo, este movimiento, que se remonta a 2004, no se desarrolló de la forma que imaginó la Asociación Estadounidense de Facultades de Enfermería cuando pidió que, para 2015, tener un doctorado fuera obligatorio para practicar la enfermería especializada. Ese plazo se cumplió.

Ahora, la acuciante necesidad de profesionales de salud materna hace que algunas universidades se muevan en otra dirección.

Este año, la Universidad Rutgers restableció la formación de máster en enfermería obstétrica que había eliminado en 2016. La también reinició su programa de máster en enfermería obstétrica en 2022, tras un paréntesis de 25 años. Además, la de Washington, DC, la de Nueva Orleans y la agregaron formación de máster en enfermería obstétrica.

La UCSF calcula que la matrícula y las tasas costarán $152,000 por un doctorado de tres años en obstetricia, frente a los $65,000 de un máster de dos años. Los que el 71% de los estudiantes de máster en enfermería y el 74% de los estudiantes de doctorado en enfermería dependen de préstamos estudiantiles, y las enfermeras con doctorado ganan igual o poco más que las que tienen un máster.

Kim Q. Dau, que dirigió el programa de enfermería obstétrica de la UCSF durante una década, dimitió en junio porque se sentía incómoda con la eliminación del máster en favor de un requisito de doctorado que, según dijo, contradice las necesidades de mano de obra del estado y es innecesario para la práctica clínica.

“Estarán igualmente preparadas clínicamente, pero a un costo mayor para el estudiante y con una mayor inversión de tiempo”, expresó Dau.

Las son enfermeras tituladas en enfermería obstétrica. Con licencia en los 50 estados, trabajan especialmente en hospitales y pueden practicar abortos y recetar medicamentos, aunque también están capacitadas para tratar el dolor del parto con duchas, masajes y otros medios naturales. En cambio, las parteras o comadronas tituladas estudian obstetricia a nivel de postgrado fuera de las escuelas de enfermería y sólo están autorizadas en algunos estados. Las parteras profesionales tituladas atienden partos fuera de los hospitales.

La Asociación de Enfermeras Obstetras de California también criticó el cambio de programa de la UCSF, que se produce en medio de una crisis nacional de mortalidad materna, una grave escasez de proveedores de obstetricia y una creciente dependencia de las parteras.

Según el informe (Plan de la Casa Blanca para abordar la crisis de salud materna) de 2022, Estados Unidos tiene la tasa de mortalidad materna más alta de todos los países desarrollados y necesita miles de parteras más y otros proveedores de salud para la mujer que reduzcan la creciente brecha.

, fundadora y CEO de Grow Midwives, una consultora nacional, comparó el cambio de la UCSF de la formación de máster a la de doctorado con “un terremoto”.

“¿Por qué estamos retrasando la entrada de proveedores de cuidados esenciales haciéndoles cursar un año más de estudios, que no agrega nada a su preparación clínica ni a su seguridad para servir a la comunidad?”, se preguntó Breedlove, ex presidenta del American College of Nurse-Midwives (ACNM, Colegio Profesional de Enfermeras Parteras). “Resulta incomprensible que hayan elegido hacer esto durante la peor escasez de mano de obra combinada con la peor crisis de salud materna que hemos tenido en 50 años”.

Un informe de 2020 publicado en no encontró que las enfermeras registradas de práctica avanzada con doctorados fueran más competentes clínicamente que las que tenían maestrías. “Por desgracia, hasta la fecha, los datos son escasos”, concluyó el informe.

El ACNM también denunció el , al igual que las , citando “la falta de pruebas científicas de que… la formación a nivel de doctorado sea beneficiosa para los pacientes, los profesionales o la sociedad”.

Según Breedlove, no hay pruebas de que las enfermeras obstétricas con doctorado proporcionen mejores cuidados.

“Se busca beneficio económico, no un mejor resultado”, agregó.

Bole rebatió la acusación de lucro hecha por Breedlove. Consultada por las razones del cambio, ofreció declaraciones generales: “La decisión de actualizar nuestro programa se tomó para garantizar que nuestros graduados estén preparados para los retos a los que se enfrentarán en el cambiante campo de la salud”.

Al igual que Breedlove, , vicepresidenta del comité de políticas de salud de la , teme que el cambio de la UCSF a un título de doctorado agrave la doble crisis de la mortalidad materna y la disminución del personal de obstetricia en California y en el país.

En promedio, de 10 a 12 enfermeras obstetras se han graduado del programa de maestría de la UCSF cada año durante la última década, según Bole. El programa de máster en enfermería obstétrica que queda en California está en la , (CSU-Fullerton), al sur de Los Angeles, en donde se graduaron ocho enfermeras obstétricas el año pasado, y 11 este año.

Más de la mitad de los condados rurales de Estados Unidos carecieron de atención obstétrica en 2018, según un informe de la

En algunas áreas de California, las futuras madres deben conducir dos horas para recibir atención, señaló , quien dirige Midtown Nurse Midwives, un centro de nacimientos en Sacramento que ha tenido que dejar de aceptar nuevas pacientes porque no encuentra comadronas.

Donnelly predijo que el cierre del programa de la UCSF reducirá significativamente el número de enfermeras parteras que se incorporen al mercado laboral, e impedirá que las personas con menos recursos asistan al programa. “En concreto, creo que se reducirá el número de personas de color, de comunidades rurales y de comunidades pobres”, afirmó.

El cambio de la UCSF también afectará con toda probabilidad los esfuerzos por formar a proveedores con una herencia diversa.

Natasha, afropuertorriqueña, de 37 años y madre de dos hijos, lleva una década preparándose para ser enfermera partera y poder ayudar a mujeres como ella durante el embarazo y el parto. Pidió que sólo se la identificara por su nombre de pila por miedo a reducir sus posibilidades de ser admitida en una escuela de posgrado.

La pausa del programa de la UCSF, más el tiempo y los gastos que se suman para obtener un doctorado, han enturbiado su trayectoria profesional.

“El máster era el programa perfecto”, afirmó Natasha, que vive en la zona de la Bahía de San Francisco y no puede viajar al otro extremo del estado para asistir a CSU-Fullerton. “Estoy frustrada y me siento desmoralizada. Ahora tengo que buscar otra carrera”.

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Olvídate del botón para llamar a la enfermera. Un dispositivo que usa IA adherido a tu pecho permite que controlen tus signos a distancia /es/noticias-en-espanol/olvidate-del-boton-para-llamar-a-la-enfermera-un-dispositivo-que-usa-ia-adherido-a-tu-pecho-permite-que-controlen-tus-signos-a-distancia/ Wed, 08 May 2024 09:01:00 +0000 /?post_type=article&p=1852361 Houston, Texas. – Los pacientes internados en el Hospital Metodista de Houston llevan adherido al pecho un dispositivo de monitoreo del tamaño de medio billete, desempeñando sin saberlo un papel en el uso cada vez más frecuente de la inteligencia artificial (IA) en la atención médica.

Este delgado dispositivo, que funciona con baterías, se llama BioButton y registra los signos vitales de los pacientes, incluidas la temperatura, y las frecuencias cardíaca y respiratoria. Esos informes se envían —de manera inalámbrica— al personal de enfermería, que puede estar tanto en la sala de control del hospital, que funciona las 24 horas, como en sus propias casas.

El software del dispositivo utiliza la IA para analizar la abrumadora cantidad de datos que registra, y también para detectar señales que indiquen que la salud del paciente está empeorando.

Autoridades del hospital afirman que desde comenzaron a usarlo el año pasado, el BioButton ha mejorado la calidad de la atención y reducido la carga de trabajo de las enfermeras.

“Como detectamos las cosas antes, a los pacientes les va mejor, ya que no tenemos que esperar a que el equipo de cabecera se dé cuenta si algo anda mal”, dijo Sarah Pletcher, vicepresidenta del sistema en Houston.

“Sin embargo, algunas enfermeras temen que esta tecnología termine sustituyéndolas en lugar de respaldar su trabajo, lo que podría perjudicar a los enfermos. El Hospital Metodista de Houston, uno de los muchos hospitales estadounidenses que emplean el BioButton, es el primero en utilizar este dispositivo para monitorear a todos sus pacientes excepto los que están en cuidados intensivos”, explicó Pletcher.

“Existe una publicidad engañosa y exagerada que afirma que estos dispositivos proporcionan cuidados a gran escala con menores costos laborales”, afirmó Michelle Mahon, enfermera titulada y directora adjunta de National Nurses United, el mayor sindicato del personal de enfermería del país. “Esta tendencia nos parece preocupante”, añadió.

La implementación del BioButton es uno de los ejemplos más recientes del modo en que los hospitales utilizan la tecnología con el fin, por un lado, de optimizar la eficiencia y, por el otro, de hacer frente a la escasez de enfermeras, un problema que se ha agudizado con el tiempo.

Sin embargo, esa transición ha generado otras preocupaciones, entre ellas el uso de IA para operar el dispositivo. Las encuestas muestran que de que los proveedores de salud dependan de la IA para atender a los pacientes.

En diciembre de 2022, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizó el uso del BioButton en pacientes adultos siempre que no estuvieran en terapia intensiva. Es una de las muchas herramientas de IA que ahora se usan en los hospitales para resolver un gran número de tareas, como por ejemplo interpretar los resultados de diagnósticos por imagen.

El BioButton, un dispositivo de seguimiento, se utiliza en decenas de hospitales que emplean inteligencia artificial para analizar los signos vitales de los pacientes. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)
El Hospital Metodista de Houston, a sólo unas millas al sur del centro de la ciudad, está ubicado en medio de un complejo médico gigante que incluye varios hospitales. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)

En 2023, el presidente Joe Biden le encargó al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) la formulación de un plan para regular el uso hospitalario de la IA que incluyera la recopilación de informes de pacientes perjudicados por su uso.

James Mault es el director general de BioIntelliSense, la empresa que desarrolló el BioButton. Desde su sede en Golden, Colorado, Mault afirma que este dispositivo supone un enorme avance si se lo compara con el trabajo tradicional de las enfermeras, que iban varias veces al día a las habitaciones para monitorear los signos vitales de los pacientes.

“Con la IA hemos pasado de preguntarnos ‘¿por qué este paciente empeoró repentinamente?’ a decir ‘podemos prevenir la crisis antes de que se produzca e intervenir adecuadamente’”, afirma Mault.

El BioButton se pega a la piel mediante un adhesivo, es resistente al agua y su batería tiene una vida útil de hasta 30 días. La empresa asegura que el pequeño dispositivo, que permite que los profesionales detecten rápidamente el deterioro de la salud a partir del registro de más de un millar de mediciones diarias por persona, se ha utilizado en más de 80,000 pacientes hospitalizados en todo el país durante el último año.

Los hospitales le pagan a BioIntelliSense una cuota anual por los dispositivos y el software.

Las autoridades del Hospital Metodista de Houston no quisieron revelar cuánto paga la institución por esta tecnología, aunque Pletcher dijo que la suma equivale a menos de una taza de café al día por paciente.

Para un sistema hospitalario que atiende a miles de personas simultáneamente —el Metodista, en sus ocho hospitales del área de Houston, tiene 2,653 camas fuera de la UCI—, esa inversión podría traducirse en millones de dólares al año. Sin embargo, los directivos del hospital aseguraron que no hubo ningún cambio en la dotación del personal de enfermería por la implementación del BioButton ni tienen previsto que lo vaya a haber.

Una mañana reciente unas, 15 enfermeras y técnicos en uniforme estaban sentados en el centro de control de monitoreo virtual del hospital frente a grandes monitores. Allí veían el estado de salud de cientos de pacientes.

Una marca roja junto al nombre de uno de esos pacientes indicaba que el software de IA había detectado una tendencia fuera de lo normal. Los profesionales pudieron, entonces, hacer clic en el historial médico de ese paciente y comprobar cómo habían sido sus signos vitales a lo largo del tiempo así como otros antecedentes médicos.

Un enfermero en la unidad de cuidados intensivos virtual del Hospital Metodista de Houston monitorea a los pacientes desde lejos. Las enfermeras pueden realizar un seguimiento de decenas de pacientes utilizando tecnología que les ayuda a complementar la atención en el cuarto. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)
Sarah Pletcher, vicepresidenta de sistemas de Hospital Metodista de Houston, en la unidad de cuidados intensivos virtual del hospital, que opera las 24 horas, en donde las enfermeras y técnicos monitorean los signos de los pacientes. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)

Estas “enfermeras virtuales”, por así decirlo, pudieron ponerse en contacto con las enfermeras de planta por teléfono o por correo electrónico, e incluso hacer una videollamada directamente a la habitación del paciente.

Nutanben Gandhi, una técnica que esa mañana vigilaba a 446 pacientes en su monitor, dijo que cuando recibe una alerta consulta el historial médico de esa persona para ver si la anomalía puede explicarse fácilmente por su situación de salud o si es preciso que se ponga en contacto con las enfermeras de planta que la atienden en la sala.

En muchas ocasiones, el llamado de atención puede ignorarse. Pero identificar signos de deterioro de la salud puede ser difícil, afirma Steve Klahn, director clínico de Medicina Virtual del Metodista de Houston. “Estamos buscando una aguja en un pajar”, explica.

Donald Eustes, de 65 años, ingresó al hospital en marzo para someterse a un tratamiento contra el cáncer de próstata pero allí le detectaron un accidente cerebrovascular. Está contento de llevar el BioButton.

“Nunca se sabe lo que nos puede pasar, y tener un conjunto de ojos extra observándonos es algo bueno”, reflexionó desde la cama del hospital. Después que le explicaron que el dispositivo utiliza IA, este hombre de Montgomery, Texas, dijo que no tiene ningún problema en que esta tecnología ayude a su equipo médico. “Parece un buen uso de la inteligencia artificial”, opinó.

Tanto los pacientes como el personal de enfermería se benefician de un monitoreo a distancia como el que realiza el BioButton, aseguró Pletcher.

También contó que el hospital ha colocado pequeñas cámaras y micrófonos en el interior de todas las habitaciones, lo que habilita a las enfermeras del centro de monitoreo a comunicarse con los pacientes y colaborar en ciertas tareas como las admisiones y las instrucciones de alta. “Los pacientes pueden incluir a sus familiares en las llamadas a distancia con el personal de enfermería o el equipo médico”, agregó.

La tecnología virtual libera a los enfermeros de guardia de modo que puedan prestar una ayuda más directa, como colocar una vía intravenosa, explicó Pletcher. Con el BioButton, las enfermeras pueden espaciar el control de los signos vitales y realizarlo cada ocho horas en lugar de cada cuatro, como lo hacían habitualmente, explicó.

Pletcher sostiene que el dispositivo reduce el estrés que genera en las enfermeras el monitoreo de los pacientes y permite que algunas trabajen con horarios más flexibles porque la atención virtual también puede hacerse desde sus propias casas. En última instancia, esto ayuda a retener al personal de enfermería, no lo ahuyenta, dijo.

Sheeba Roy, jefa de enfermería del Metodista de Houston, dijo que, sin embargo, a algunos miembros del personal de enfermería los ponía nerviosos depender del dispositivo y no comprobar ellos mismos los signos vitales de los pacientes con tanta frecuencia. Pero las pruebas han demostrado que el dispositivo proporciona información precisa.

“Cuando lo pusimos en marcha, al personal le encantó”, afirma Roy.

Serena Bumpus, directora ejecutiva de la Asociación de Enfermeras de Texas, dijo que su preocupación ante cualquier innovación tecnológica es que pueda ser más gravosa para las enfermeras y quitarles tiempo con los pacientes.

“Tenemos que estar muy atentos para asegurarnos de que no nos estamos apoyando en esta tecnología para sustituir la capacidad de las enfermeras de pensar críticamente, de evaluar a los pacientes y para que puedan corroborar que lo que este dispositivo está informando es lo correcto”, advirtió Bumpus.

Este año, el Hospital Metodista de Houston tiene previsto enviar a los pacientes a su casa con el BioButton para que el hospital pueda efectuar un mejor seguimiento de su evolución en las semanas posteriores al alta, medir su calidad de sueño y comprobar la estabilidad con la que se mueven y caminan.

“No vamos a necesitar menos enfermeras en la atención sanitaria, pero nuestros recursos son limitados y debemos utilizarlos de la forma más inteligente posible”, dijo Pletcher.

“Si tenemos en cuenta la demanda proyectada y los recursos con los que realmente contamos, ya sabemos que no serán suficientes para satisfacerla, así que todo lo que podamos hacer para devolverles tiempo a las enfermeras es beneficioso”, concluyó.

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Abrumados por los costos, hospitales crean sus propias agencias de enfermería /es/health-industry/abrumados-por-los-costos-hospitales-crean-sus-propias-agencias-de-enfermeria/ Thu, 15 Dec 2022 14:23:22 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1596921 Como muchas enfermeras en estos días, Alex Scala recibió un gran aumento de sueldo cuando cambió de trabajo hace poco.

Scala también recibió una bienvenida combinación de turnos cuando se unió a Allegheny Health Network, con sede en Pittsburgh, un nuevo equipo que trabaja en varias unidades dentro de los 14 hospitales del sistema.

Después de trabajar como personal de planta en otra instalación, Scala, de 31 años, ahora viaja a diario desde su casa en Butler, Pennsylvania, a los hospitales del sistema en el oeste del estado. “Puedo conocer gente nueva, aprender nuevos procedimientos, cómo los hospitales hacen cosas diferentes”, dijo Scala.

Cada vez más sistemas hospitalarios, como Allegheny Health Network, están creando equipos internos de personal para hacer frente a la escasez de enfermeras provocada por la pandemia, y para tratar de vencer a las agencias privadas de personal temporal con sus propias armas.

Dependiendo del sistema, las enfermeras pueden trabajar una o varias semanas en un hospital y luego hacer un turno similar en otra instalación. Algunos incluso trabajan en turnos autoprogramados en varios lugares, a diferencia de las enfermeras regulares, que normalmente trabajan en una sola unidad médica dentro de un solo hospital.

Estos trabajadores difieren de las enfermeras “itinerantes” tradicionales, que rotan de unidad a unidad según sea necesario dentro de un solo hospital.

El objetivo de los equipos internos es ofrecer suficiente salario y flexibilidad para atraer enfermeras, y reducir la gran dependencia de los sistemas de enfermeras registradas más costosos de agencias externas.

A nivel nacional, estos gastos de mano de obra por contrato son casi un 500% más altos que antes de la pandemia, según encargado a una consultora por la Asociación Estadounidense de Hospitales.

La misma consultora, , estimó recientemente que ese gasto está empujando a muchos hospitales a números rojos para 2022, aunque algunos sistemas han obtenido durante la pandemia.

Los miembros de las nuevas unidades de personal suelen ser solo una pequeña fracción de la fuerza laboral de un sistema hospitalario. Y este tipo de equipos probablemente no serían factibles en instalaciones pequeñas o rurales.

Pero los funcionarios del hospital dijeron que las agencias internas de personal crecerán a medida que enfermeras y otros trabajadores, como terapeutas respiratorios y técnicos quirúrgicos, busquen acuerdos de trabajo más flexibles.

“Hay un gran cambio en la evolución de la atención médica al crear más personal que pueda moverse”, dijo Daniel Hudson, vicepresidente de administración y operaciones de enfermería de Jefferson Health, con sede en Philadelphia, que creó una nueva unidad de personal que ahora tiene 35 trabajadores a tiempo completo.

Aunque ha habido escasez de enfermeras por años, la demanda por covid y el agotamiento de las enfermeras agravó el problema. Algunas renunciaron, se jubilaron o buscaron trabajo en agencias de atención domiciliaria, centros de cirugía ambulatoria y consultorios.

Muchas enfermeras abandonaron la fuerza laboral, incluidas las recién capacitadas, dijo Beth Ann Swan, decana asociada de la Escuela de Enfermería Nell Hodgson Woodruff de la Universidad de Emory en Atlanta.

La rotación de personal de enfermería del hospital aumentó a 27,1% el año pasado, frente a 18,7% en 2020, según un informe de NSI Nursing Solutions.

Por eso, las enfermeras de las agencias temporales llenaron más turnos. Su salario, y el costo posterior para los hospitales, se disparó a medida que aumentaba covid-19. Las enfermeras itinerantes ganaban hasta $10,000 a la semana a fines de 2020, aunque el precio promedio bajó a alrededor de $3,000 este año.

Antes de la pandemia, Piedmont Healthcare, con sede en Atlanta, gastaba $20 millones anuales en enfermeras de agencias. “Durante el último año fiscal, gastamos $400 millones”, dijo Kevin Brown,  director ejecutivo de Piedmont. Alrededor de un tercio de ese total fue directamente a las agencias, no a las enfermeras, agregó.

Para eliminar a los intermediarios, Piedmont formó una unidad de personal hospitalario para brindar lo que los funcionarios llamaron lo mejor de ambos mundos: la flexibilidad de una agencia de personal, y la estabilidad y el apoyo de un sistema de salud local.

Tal flexibilidad laboral es un atractivo clave para las enfermeras, dijo Akin Demehin, director sénior de política de calidad y seguridad del paciente en la Asociación Estadounidense de Hospitales.

El concepto de agencias internas de personal hospitalario no es nuevo. El Henry Ford Health System de cinco hospitales, con sede en Detroit, comenzó su unidad de personal interno en 2013. Además de enfermeras, el grupo incluye asistentes médicos, técnicos quirúrgicos y de sala de emergencias. Los miembros del equipo obtienen un pago por hora más alto que el personal regular, y pueden elegir sus turnos.

El costo total es significativamente menor que si se usa el personal de una agencia externa, dijo Kim Sauro, directora de lo que el sistema Henry Ford llama el .

Pero para muchas enfermeras, los programas hospitalarios internos no superarán el atractivo del pago de la agencia temporal y las oportunidades de viaje, al menos durante algunos períodos de sus vidas.

Ryan Bannan y su esposa, Bharvi Desai Bannan, ambos enfermeros de Atlanta, viajaron durante casi dos años, trabajando en Florida, Arizona y Utah, entre otros lugares. “La ventaja ante todo fue la compensación”, dijo Bannan.

Ahora que la pareja está esperando un bebé, están de vuelta en Atlanta. Ryan trabaja como personal de enfermería en una unidad de cuidados intensivos, mientras que Bharvi es una “enfermera itinerante interna”, con períodos de 13 semanas, para un segundo sistema hospitalario local.

Scala, de Allegheny Health Network, dijo que también había considerado ser enfermera itinerante. “Pero tengo un niño pequeño”, dijo.

La industria de las agencias de trabajo temporal médico sigue siendo un negocio rentable a pesar de que los ingresos han disminuido desde el clímax de la pandemia.

Chris Eales, presidente de la agencia , con sede en Cumming, Georgia, dijo que las nuevas unidades de personal hospitalario no representan una amenaza inmediata para las agencias temporales. “Su éxito dependerá en gran medida de su capacidad para atraer, reclutar y retener enfermeras”, dijo Eales.

Su empresa, dijo, todavía está colocando enfermeras temporales en hospitales que han establecido unidades móviles de personal.

De hecho, Allegheny Health Network continúa utilizando la ayuda de algunas agencias temporales. Pero el éxodo de enfermeras durante la pandemia, muchas a trabajos de agencias mejor pagos, ayudó a impulsar la creación de su equipo interno, dijo Claire Zangerle, directora ejecutiva de enfermería del sistema.

El sistema aumentó salarios y beneficios para las enfermeras de planta que se quedaron. Y la unidad móvil ofreció un pago por hora aún más alto. Esos empleados móviles se trasladan entre hospitales pero tienen acceso a todos los beneficios y “pueden dormir en su propia cama”, dijo Zangerle.

“No creo que alguna vez estemos libres de agencias temporales”, dijo Zangerle. Pero los equipos de trabajo hospitalarios flexibles, agregó, “van a cambiar el mercado laboral”.

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Hospitales enfrentan más casos de covid en personas ya hospitalizadas, con menos personal /es/health-industry/hospitales-enfrentan-mas-casos-de-covid-en-personas-ya-hospitalizadas-con-menos-personal/ Thu, 13 Jan 2022 17:24:48 +0000 El 11 de enero, la Clínica Cleveland de Weston, en el sur de la Florida, estaba tratando a 80 pacientes con covid-19, 10 veces más que a fines diciembre. Casi la mitad fueron hospitalizados ​​por otras razones médicas.

El aumento impulsado por la extremadamente infecciosa variante omicron abrumó al hospital de 206 camas: ahora tiene 250. El aumento de casos se produjo cuando el hospital ya enfrentaba una grave escasez de personal, con enfermeras y otros cuidadores ausentes por covid.

El desafío es encontrar espacio para tratar de manera segura a todos los pacientes con covid mientras se mantiene a salvo al personal y al resto de los pacientes, explicó el doctor Scott Ross, director médico.

“No es un problema de PPE”, dijo, refiriéndose a los equipos de protección personal como máscaras, “ni un problema de oxígeno, o de ventiladores. Es un problema de volumen y de asegurarnos de tener suficientes camas y cuidadores para los pacientes”.

A nivel nacional, los casos de covid y las hospitalizaciones están en sus desde que comenzó la pandemia. Sin embargo, a diferencia de los aumentos repentinos anteriores por covid, una gran parte de los pacientes con covid llegan al hospital por otras razones.

Las infecciones están exacerbando algunas condiciones médicas y dificultando la reducción de la propagación de covid dentro de las paredes del hospital, especialmente porque los pacientes se presentan en etapas más tempranas y más infecciosas de la enfermedad.

Aunque la variante omicron generalmente produce casos más leves, agregar la gran cantidad de estas hospitalizaciones “incidentales” a las causadas directamente por covid podría ser un punto de inflexión para un sistema de atención médica que tambalea a medida que continúa la batalla contra la pandemia.

El aumento de las tasas de covid en la comunidad también se traduce en un aumento de las infecciones entre los trabajadores de salud, lo que desequlibra más al ya abrumado sistema.

Los funcionarios y el personal de 13 sistemas hospitalarios de todo el país dijeron que la atención de pacientes infectados que necesitan otros servicios médicos es un desafío y, a veces, requiere protocolos diferentes.

El doctor Robert Jansen, director médico de Grady Health System, en Atlanta, Georgia, dijo que la tasa de infección en su comunidad no tenía precedentes. Grady Memorial Hospital pasó de 18 pacientes con covid el 1 de diciembre a 259 la semana del 3 de enero.

Aproximadamente del 80% al 90% de esos pacientes tienen covid como su diagnóstico principal o tienen una condición de salud, como enfermedad de células falciformes o insuficiencia cardíaca, que ha empeorado por covid, dijo Jansen.

Aunque menos de sus pacientes han desarrollado neumonía causada por covid que durante los picos más importantes a principios del año pasado, los líderes de Grady están lidiando con un gran número de trabajadores de salud con covid. En un momento, dijo Jansen, 100 enfermeras y otros 50 miembros del personal estaban ausentes por enfermedad.

En uno de los sistemas hospitalarios más grandes de Nueva Jersey, Atlantic Health System, donde aproximadamente la mitad de los pacientes con covid ingresaron por otras razones, no todos aquellos con covid incidental pueden trasladarse a las salas de covid, dijo el director ejecutivo . Necesitan servicios especializados para sus otras afecciones, por lo que el personal del hospital toma precauciones especiales, como usar PPE de mayor nivel cuando trata a pacientes con covid en lugares como un ala cardíaca.

En el Hospital Jackson Memorial de Miami, donde aproximadamente la mitad de los pacientes con covid están allí principalmente por otros motivos de salud, a todos los pacientes internados​​ por covid, ya sea que tengan síntomas o no, se los trata en una parte del hospital reservada para pacientes con la infección, dijo el doctor Hany Atallah, director médico.

Independientemente de si los pacientes son admitidos por covid, o con covid, aún ponen a prueba la capacidad del hospital para operar, dijo el , jefe de incidentes de la Fuerza de Tareas Metropolitana contra la Pandemia de St. Louis, una colaboración de los sistemas de atención médica más grandes del área. Estimó que del 80% al 90% de los pacientes en los hospitales de la región están ahí por covid.

En Weston, Florida, la Clínica Cleveland también está teniendo dificultades para dar de alta a los pacientes con covid en hogares de adultos mayores o centros de rehabilitación porque muchos lugares no pueden atender a más pacientes con covid, dijo Ross.

El hospital también está teniendo dificultades para enviar a los pacientes a casa, por temor a que pongan en riesgo a las personas con las que viven.

Todo esto significa que hay una razón por la que los hospitales les dicen a las personas que se mantengan alejadas de la sala de emergencias a menos que sea realmente una emergencia, dijo el , médico de emergencias en el Brigham and Women’s Hospital de Boston.

La gran cantidad de pacientes que se presentan y no saben que tienen covid durante este aumento aterrador, dijo Faust. A medida que llegan más casos incidentales a los hospitales, representan un mayor riesgo para el personal y otros pacientes del hospital porque generalmente se encuentran en una etapa más contagiosa de la enfermedad, antes de que comiencen los síntomas, dijo Faust.

En las anteriores oleadas de covid, las personas estaban siendo hospitalizadas en las fases media y posterior de la enfermedad.

En el análisis de de Faust, el 7 de enero mostró el segundo número más alto de casos de covid de “inicio en el hospital” desde que comenzó la pandemia. Pero estos datos representan solo a las personas que estuvieron en el hospital durante 14 días antes de dar positivo por covid, dijo Faust, por lo que es probable que se haya subestimado.

Una serie de investigación de KHN reveló múltiples lagunas en la supervisión del gobierno al responsabilizar a los hospitales por las altas tasas de pacientes con covid que fueron diagnosticados al ser admitidos, incluido que los sistemas de informes federales no registran públicamente los casos de covid contraídos en hospitales.

“Las personas en el hospital son vulnerables por muchas razones”, dijo el , especialista en enfermedades infecciosas en Memphis, Tennessee. “Todas sus enfermedades subyacentes existentes con múltiples condiciones médicas, todo eso los pone en un riesgo mucho mayor”.

La sala de emergencias en particular es una zona de peligro potencial en medio de la actual avalancha de casos, agregó Garza. Recomendó que los pacientes usen máscaras de alta calidad, como una KN95 o un respirador N95. Según The Washington Post, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) están sopesando si recomendar que todos los estadounidenses utilicen estas máscaras durante la crisis de omicron.

“Es física y matemáticas”, explicó Garza. “Si tienes mucha gente concentrada en un área y una carga viral alta, la probabilidad de que te expongas a algo así si no llevas la protección adecuada es mucho mayor”.

Si los pacientes no pueden tolerar una N95 durante todo un día, Faust dice que deben usarlas cuando están en contacto con el personal del hospital, los visitantes u otros pacientes.

El , médico de medicina de emergencia del sistema de Servicios de Salud Samaritan de Oregon, dijo que debido a la escasez de enfermeras, más pacientes se agrupan en habitaciones de hospital. Esto aumenta su riesgo de infección.

El , becario de enfermedades infecciosas en Stanford, cree que todos los trabajadores de salud deberían tener el mandato de usar N95 para cada interacción con el paciente, no solo máscaras quirúrgicas, considerando el aumento en el riesgo de exposición a covid.

Pero en ausencia de mandatos de máscaras de mayor calidad para el personal, recomendó que los pacientes pidan a sus proveedores que usen un N95.

“¿Por qué deberíamos responsabilizar a los pacientes para que se protejan de los trabajadores de salud?”, se preguntó. “Es tan equivocado”.

Es posible que algunos trabajadores del hospital no sepan que se están enfermando e infectando. E incluso si lo saben, en algunos estados, incluidos Rhode Island y California, los que no presentan síntomas pueden ser llamados a trabajar nuevamente debido a la escasez de personal.

A Faust le gustaría ver una actualización de la capacidad de prueba para los trabajadores de salud y otros miembros del personal.

En Stanford, se recomiendan las pruebas periódicas, dijo Karan, y están disponibles para el personal. Pero esa es una excepción a la regla: Jain dijo que algunos hospitales se han resistido a las pruebas de rutina del personal, tanto por la fuga de recursos del laboratorio como por los posibles resultados.

“Los hospitales no quieren saber”, dijo. “Simplemente no tenemos el personal”.

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Laboratorios sin técnicos: por qué los expertos en salud pública están renunciando /es/health-industry/laboratorios-sin-tecnicos-por-que-los-expertos-en-salud-publica-estan-renunciando/ Tue, 02 Nov 2021 12:31:00 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1402042 Hubo días, noches y fines de semana en los primeros meses de la pandemia en los que Denise Von Bargen era la única persona que realizaba pruebas de covid en el laboratorio de salud pública del condado de Ventura, en California. Supo tener ocho o nueve empleados que la ayudaban. Pero, uno tras otro, todos se retiraron o cambiaron de empleo.

Al igual que otros laboratorios de salud pública en California encargados de las pruebas y la vigilancia de enfermedades a gran escala, el laboratorio de Ventura recibió dinero federal y estatal para nuevos equipos y contrataciones a corto plazo para reforzar su respuesta ante covid-19. Pero el financiamiento fue temporal y Von Bargen, la directora, no pudo usarlo para aumentar los salarios de sus empleados, quienes podían ganar más dinero en el sector privado, con menos trabajo.

Las operaciones se deterioraron aún más en octubre, después que el laboratorio perdiera su licencia para realizar pruebas de rutina que verifican el agua del océano del condado en busca de bacterias mortales. Parece haber sido un error administrativo: el papeleo de la licencia cambió y el personal normalmente responsable de presentar la solicitud había renunciado.

“La mayor amenaza para [los laboratorios de salud pública] en este momento no es el próximo patógeno emergente”, dijo Donna Ferguson, directora del laboratorio de salud pública en el condado de Monterey, “sino que los laboratorios cierren por la falta de personal”.

En todo California, los departamentos de salud pública están perdiendo personal experimentado debido a los retiros, el agotamiento, la política partidista y los trabajos mejor pagos. Incluso antes de que la pandemia de coronavirus drenara los departamentos, la cantidad de personal se había reducido con los presupuestos del condado.

Pero la disminución se ha acelerado durante el último año y medio, incluso cuando se han recibido millones de dólares en dinero federal.

Enfermeras de salud pública, microbiólogos, epidemiólogos, funcionarios de salud y otros miembros del personal que defienden a la población contra enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el VIH, inspeccionan los restaurantes y el trabajo para mantener la salud de las comunidades están abandonando el campo.

Es un problema que los aumentos temporales de financiación no pueden solucionar.

La fuga de cerebros está socavando la supervisión de la salud comunitaria a todo nivel, grande y pequeño. Las personas que trabajan en los laboratorios de salud pública, por ejemplo, realizan pruebas complejas para detectar enfermedades mortales que requieren capacitación especializada de la que carecen la mayoría de los laboratorios comerciales.

Si bien su trabajo es en gran parte invisible para el público, afectan a casi todos los aspectos de la sociedad. Los laboratorios de salud pública toman muestras de los mariscos para asegurarse de que sean seguros para comer. Supervisan el agua potable y desarrollan pruebas para detectar amenazas emergentes para la salud, como virus resistentes a los antibióticos. También realizan pruebas para detectar enfermedades graves, como el sarampión y covid. Y, por lo general, lo hacen a una fracción del costo de los laboratorios comerciales, y más rápido.

Los directores de laboratorios públicos generalmente deben tener un doctorado y deben tener las credenciales adecuadas para que sus laboratorios estén certificados.

Ferguson dijo que se siente como si hubiera una puerta giratoria en su laboratorio, ya que los recién graduados universitarios se unen durante unos meses para ganar experiencia, con un salario inicial de $19 la hora, y luego pasan a trabajos mejor pagados en hospitales. Es casi imposible contratar personal calificado para puestos de medio tiempo, como los creados con ráfagas temporales de fondos, debido a la capacitación requerida. En California, muchos puestos de laboratorio requieren un certificado de microbiólogo experto en salud pública del Departamento de Salud Pública.

California tiene 29 laboratorios de salud pública, en comparación con casi 40 antes de la recesión de 2008. Un laboratorio en Merced ha estado sin director durante meses y podría cerrar pronto.

Si bien no hay un recuento oficial de cuánto se ha reducido el campo, casi todos los laboratorios carecen de miembros clave entre su personal, dijo Godfred Masinde, presidente de la Asociación de Directores de Laboratorios de Salud Pública de California, director del laboratorio de San Francisco y director interino del laboratorio del condado de Fresno. Docenas de puestos de microbiólogos de salud pública están vacantes en todo el estado.

“Ahora tenemos financiación; tenemos equipo”, dijo Masinde. “Pero no tenemos el personal para operarlo”.

Su laboratorio de San Francisco generalmente realiza 100,000 pruebas para gonorrea y clamidia cada año, y entre 150 y 200 pruebas para sífilis todos los días, dijo Masinde. Si bien California también tiene laboratorios estatales, señaló, simplemente no tienen la capacidad para relevar a los laboratorios cerrados del condado.

Los condados también están luchando para contratar y retener personal para otros puestos. Una encuesta informal realizada por los directores de enfermería de salud pública de California encontró que al menos 84 enfermeras de salud pública han dejado sus trabajos desde marzo de 2020. Muchas se jubilaron, parte de una fuerza laboral canosa que enfrenta el desafío de reclutar enfermeras en un campo gris que requiere una acreditación especial.

Las enfermeras de salud pública están capacitadas en enfermería y salud comunitaria y, a menudo, trabajan con familias o grupos comunitarios, no solo con clientes individuales.

Realizan visitas domiciliarias después del parto, trabajan en el desarrollo de la primera infancia y ayudan a responder a los brotes de enfermedades infecciosas. “Por lo tanto, brindan un enfoque más holístico y también abordan los determinantes sociales de la salud”, dijo Michelle Curioso, directora de enfermería de salud pública del condado de Kern y presidenta de los directores de enfermería de salud pública de California. Al igual que el personal de laboratorio, las enfermeras de salud pública deben estar especialmente certificadas para trabajar en departamentos de salud pública.

En California, el salario anual promedio de una enfermera registrada es de más de $120,000, según la Oficina de Trabajo y Estadísticas, mientras que los puestos de trabajo de enfermera de salud pública en varios condados ofrecen salarios a partir de $65,000.

La escasez de enfermeras ha sido particularmente grave en las zonas rurales de California. En el condado de Butte, varias enfermeras de salud pública se jubilaron antes de lo esperado, dijo Monica Soderstrom, directora de enfermería de salud pública de Butte. Y dos enfermeras jóvenes que se tomaron una licencia por embarazo decidieron no regresar después de encontrar trabajos con salarios más altos. “Ha sido difícil cubrir nuestros puestos vacantes”, afirmó Soderstrom, “ya que competimos con hospitales y clínicas que pagan bonificaciones de inicio debido a las necesidades de personal por covid”.

La pérdida de los principales líderes de salud del condado (directores de departamentos y funcionarios de salud encargados de liderar la respuesta a la pandemia en las comunidades locales) ha sido particularmente grave, reflejando una tendencia nacional.

Diecisiete de los 58 condados de California han perdido a su oficial de salud desde marzo de 2020, y al menos 27 han perdido a un director o subdirector. El director y el subdirector del Departamento de Salud Pública estatal también renunciaron.

La experiencia colectiva perdida con esas salidas es difícil de exagerar.

Tomemos, por ejemplo, al doctor Robert Bernstein, quien se mudó a California en 2018 para convertirse en oficial de salud del condado rural de Tuolumne después de más de dos décadas trabajando en salud pública para los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Departamento de Salud de Florida.

En California, los funcionarios de salud deben ser médicos y están encargados de hacer cumplir los estatutos estatales y locales, y de proteger al público de los peligros para la salud.

En marzo de 2020, justo cuando la pandemia estaba haciendo su primer aumento en todo el estado, la junta de supervisores del condado le pidió a Bernstein que renunciara. Según Bernstein, los supervisores estaban molestos porque había ordenado vacunas contra la rabia para dos niños mordidos por murciélagos, incluido un murciélago que dio positivo por rabia, en contra de los deseos de sus padres. El condado se negó a comentar sobre el asunto, diciendo que está legalmente prohibido discutir asuntos de personal.

Bernstein se mudó al condado de Butte y se convirtió en funcionario de salud después de que su predecesor renunciara en mayo de 2020. Observó cómo sus colegas en los condados vecinos, comenzaban a renunciar uno tras otro, luego de enfrentar amenazas públicas por haber emitido órdenes relacionadas con covid.

En algunas comunidades, los funcionarios de salud pública también enfrentaron un rechazo humillante por parte de los funcionarios electos locales, incluso cuando los líderes policiales se negaban abiertamente a cumplir sus directivas de salud.

“Podrías, como funcionario de salud pública, tener la autoridad y la responsabilidad de recomendar o incluso ordenar ciertas acciones de salud pública”, dijo Bernstein, “pero necesitas una asociación con los que tienen la autoridad para llevarlas a cabo”.

En septiembre de este año, Bernstein estaba desilusionado con la dinámica y la idea de que su familia podría verse atrapada en el rencor de por covid. “Acabo de decidir que, como padre de trillizos de 16 años, no necesito que ni yo ni los niños sean amenazados de ninguna manera, y puedo hacer un buen trabajo de salud pública a nivel estatal, federal o incluso internacional”, dijo Bernstein.

Michelle Gibbons, directora ejecutiva de la Asociación de Ejecutivos de Salud de los Condados de California, dijo que los departamentos locales están viendo los efectos en cascada de esas deserciones de alto nivel, y los gerentes de nivel medio dudan en pasar a puestos de alto nivel, a pesar de que los altos funcionarios pueden obtener salarios de más de $200,000 .

El presupuesto estatal de este año incluyó $3 millones para una evaluación de la infraestructura de salud pública de California, y los líderes de salud pública creen que mostrará que la dotación de personal y la capacitación son problemas importantes.

Aún así, el presupuesto no incluyó fondos adicionales a largo plazo para los departamentos de salud. En medio de titulares negativos y un bombardeo de cabildeo, el gobernador Gavin Newsom finalmente acordó agregar $300 millones al año para la salud pública, un acuerdo de apretón de manos que no está programado para comenzar hasta julio.

Los defensores advierten que el momento es importante: muchos trabajadores de salud pública están esperando a que sus comunidades superen la pandemia y se irán una vez que mejore. “Veremos una gran ola de jubilaciones cuando esto termine”, dijo Kat DeBurgh, directora ejecutiva de la Asociación de Oficiales de Salud de California.

En el condado de Ventura, Von Bargen, agotado por la pandemia, ha estado tratando de jubilarse durante un año. No quería abandonar el laboratorio por el que luchó tanto por mantener abierto, y le tomó tanto tiempo encontrar un reemplazo. Su sucesor comenzará a principios del próximo año, momento en el que Von Bargen también se unirá a las filas de ex empleados de salud pública.

Esta historia fue producida por KHN, que publica , un servicio editorialmente independiente de la .

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Para este enfermero de cuidados paliativos, la vacuna de covid llegó demasiado tarde /es/health-industry/para-este-enfermero-de-cuidados-paliativos-la-vacuna-de-covid-llego-demasiado-tarde/ Tue, 06 Apr 2021 17:24:04 +0000 https://khn.org/?p=1287406 Antonio Espinoza amaba a los Dodgers de Los Angeles. Los quería tanto que para su velatorio lo vistieron con su camiseta del equipo. Su familia y amigos, incluido su hijo de 3 años, también usaron remeras, y gorras de béisbol azul y blancas, en su honor.

Espinoza murió de covid a los 36 años, apenas unos días después de recibir la primera dosis de una de las vacunas contra el virus. Era un enfermero de cuidados paliativos, que arriesgó la vida para ayudar a los pacientes de covid, y a muchas otras personas, a morir en paz.

Cuando estalló la pandemia, a su familia no le sorprendió que este “gigante gentil”, como le llamaban sus amigos y familiares, diera un paso al frente.

“Su actitud era: ‘No, no voy a tener miedo'”, contó Nancy Espinoza, su esposa desde hacía 10 años. “Este es nuestro momento”, le había dicho a su esposa. “Esta es la razón por la que me hice enfermero”.

Antonio Espinoza con su hijo Ezekiel. (Nancy Espinoza)

Como enfermero de cuidados paliativos y jefe de enfermería de Calstro Hospice en Montclair, California, Espinoza habitualmente hacía visitas a domicilio, iba a centros de vida asistida y realizaba citas de defunción, cuando un enfermero especializado declara la muerte de un paciente.

Los trabajadores de los hospicios no son sólo médicos y profesionales de enfermería: hay asistentes de salud en el hogar, trabajadores sociales, capellanes y consejeros. En el último año, han frecuentado algunos de los entornos de mayor riesgo sanitario, como residencias de adultos mayores, centros de vida asistida y las propias casas de los pacientes.

Los cuidados paliativos exigen una atención íntima del paciente, y los requisitos de seguridad adicionales y la necesidad de equipos de protección personal lo vuelven complicado, explicó Alicia Murray, presidenta de la junta directiva de la .

Pero dijo que los trabajadores de los hospicios asumieron el reto, sabiendo que podían ser las únicas personas que acompañarían a los pacientes terminales, cuando a los familiares no se les permitía visitar los centros médicos y de cuidados de largo plazo.

“Cuidan a personas que están muriendo y, en particular, a los moribundos de covid que pueden estar propagando el virus”, señaló el doctor Karl Steinberg, geriatra y especialista en cuidados paliativos que es director médico de Hospice by the Sea, en Solana Beach, California, y de varias residencias de mayores.

A los pocos meses de la pandemia, cuando Calstro Hospice empezó a atender a pacientes con covid, Espinoza ayudó a crear una unidad de covid. Parte de su trabajo consistía en asegurarse de que el personal tuviera suficiente equipo de protección, incluido él mismo.

Ezekiel Espinoza sostiene una fotografía de su primer partido de los Dodgers de Los Angeles junto a su padre. (Heidi de Marco/KHN)

“A algunos les costaba conseguir el equipo de protección personal, pero su oficina contaba con el equipo adecuado”, aseguró su esposa y añadió que, justo antes de enfermar, recibió con entusiasmo un gran cargamento de batas, mascarillas N95, escarpines y protectores faciales del condado de San Bernardino.

Espinoza cayó enfermo unos días después de su primera dosis de la vacuna de covid, el 5 de enero, pero fue a trabajar pensando que era una reacción a la vacuna. “Tenía dolor de garganta y se sentía un poco indispuesto, pero nada importante”, dijo Nancy Espinoza. Los síntomas se convirtieron en fiebre y escalofríos, y el 10 de enero dio positivo para covid.

Otros siete miembros del personal de Calstro Hospice también se contagiaron de covid durante la pandemia, apuntó Jennifer Arrington, directora de servicios de atención al paciente de Calstro Hospice.

Espinoza fue una víctima de las circunstancias, según la doctora Lucy Horton, especialista en enfermedades infecciosas y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de California-San Diego.

Nancy Espinoza junto a la fotografía que presidió el funeral de su marido, Antonio Espinoza, en marzo. Murió de complicaciones relacionadas con covid el 25 de enero de 2021. (Heidi de Marco/KHN)

El período de incubación del virus es de cinco a siete días promedio. “Si el resultado es positivo unos días después de la vacuna, lo más probable es que te hayas expuesto antes de recibir la primera dosis”, explicó Horton.

Horton dijo que las personas no están completamente vacunadas hasta al menos 14 días después de la segunda dosis de una vacuna de dos dosis, o la primera dosis de una versión de una dosis. Y agregó que, inmediatamente después de la primera dosis, los beneficios de la vacuna todavía no están funcionando a pleno.

“Incluso después de estar completamente vacunado, sigue habiendo un riesgo remanente”, advirtió Horton, coautora de una carta al sobre las tasas de infección post-vacunación entre los trabajadores de la salud en California. “Aunque sea mucho menor, sigue estando presente”.

Nancy Espinoza y su hijo, Ezekiel, visitan la tumba de Antonio Espinoza en Forest Lawn, Long Beach, California. (Heidi de Marco/KHN)

Espinoza sabía que quería cuidar de los demás y dedicarse a la atención de salud desde que estaba en la preparatoria, y se dio cuenta de que la comunidad hispana necesitaba enfermeros latinos de cuidados paliativos, dijo su mujer. “Se propuso ayudar a la comunidad hispana a entender el mundo de los cuidados paliativos y a no tenerle miedo”, señaló.

El 15 de enero, Nancy Espinoza y el hijo pequeño de la pareja, Ezekiel, hablaron por teléfono con Antonio por última vez. “Te quiero” fueron las últimas palabras que escuchó decir a su marido.

Le permitieron visitarlo justo antes de morir, el 25 de enero. Estaba intubado con un nivel de oxígeno del 25%.

Nancy Espinoza estuvo en la habitación a solas con su marido por última vez. “Sólo quería sostener su mano y rezar por él”, dijo. “Quería que supiera que no estaba solo”.

Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de la .

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Nueva York enfrenta la segunda ola de COVID con disparidades y controversia /es/health-industry/nueva-york-enfrenta-la-segunda-ola-de-covid-con-disparidades-y-controversia/ Thu, 03 Dec 2020 20:17:43 +0000 https://khn.org/?p=1228097 Ningún municipio del país sufrió más durante la primera ola de la pandemia que la ciudad de Nueva York, que registró más de 24,000 muertes, la mayoría en la primavera. El personal médico de Nueva York sabe exactamente lo difíciles y peligrosos que pueden ser los hospitales abrumados y se preparan con cautela cuando las infecciones están en aumento.

En el área metropolitana de Nueva York, líderes de salud pública y trabajadores de salud dicen que están observando la tendencia a medida que las unidades de cuidados intensivos se llenan en otras partes de los Estados Unidos y en todo el mundo. Dicen que les recuerda la primavera pasada, cuando las sirenas de las ambulancias eran omnipresentes y la región era el epicentro de la pandemia de COVID-19 del país.

Todos concuerdan en que los hospitales y los proveedores de atención están en mucho mejor estado ahora que entonces, porque hay mucho más conocimiento sobre la enfermedad y cómo manejarla; hay mayor reservas de equipo de protección personal; y pruebas mucho, mucho más extendidas.

Pero al mismo tiempo, muchos trabajadores de primera línea están nerviosos por la preparación del hospital, y muchos observadores son menos optimistas sobre la efectividad de la infraestructura de rastreo y pruebas para el coronavirus.

“Creo que hay mucha ansiedad”, dijo la doctora Laura Iavicoli, jefa de preparación para emergencias de NYC Health + Hospitals, el sistema hospitalario municipal más grande del país. Iavicoli también es médica en la sala de emergencias del Elmhurst Hospital, en Queens, que llegó a definirse como “el epicentro del epicentro” en abril. Aún así, tiene una enorme confianza en el personal del sistema hospitalario municipal.

“He trabajado con ellos durante 20 años y son las personas más increíbles de las que puedo hablar, pero hay ansiedad y fatiga por COVID”, expresó.

“Estamos haciendo un poco de redistribución alrededor del sistema para darles capacidad a los pacientes de COVID, pero es muy manejable dentro del sistema”, dijo Iavicoli. “El aumento es definitivamente típico en la temporada de gripe, pero sabiendo que acabamos de entrar en la segunda ola [de COVID-19] y prediciendo lo que vendrá, somos un poco más conscientes de lo normal para asegurarnos de tener capacidad en todas nuestras 11 instalaciones”.

Sin embargo, muchas enfermeras dicen que los administradores del hospital no han aprendido lo suficiente de la experiencia de marzo y abril.

“Estamos asustadas porque tememos que vamos a tener que pasar por todo de nuevo”, dijo Michelle González, enfermera de cuidados intensivos en Montefiore Medical Center, en el Bronx, y representante sindical de NYSNA, New York, la asociación de enfermeras del estado.

González dijo que en su unidad, las enfermeras generalmente atienden a uno o dos pacientes a la vez, pero ahora tienen que cuidar tres, con el número de pacientes con COVID aumentando una vez más. Atender a cuatro pacientes o más fue algo común durante el pico de la pandemia, lo cual es abrumador, dijo Gonzál;ez. Si un paciente colapsa, varias enfermeras deben converger a la vez, dejando a otros pacientes sin supervisión.

Un vocero del sindicato dijo que Montefiore, según sus propios cálculos, tiene 476 puestos de enfermería vacantes, un número que ha aumentado en casi 100 desde 2019.

“La gerencia no está cumpliendo su promesa de cubrir las vacantes y contratar enfermeras”, dijo Kristi Barnes, de NYSNA. “En la primera semana de diciembre, tenían 188 puestos de enfermería a tiempo completo que ni siquiera habían publicado, por lo que no hay forma de que se puedan cubrir”.

La administración de Montefiore dice que eso no es correcto.

“Tenemos un acuerdo contractual con el sindicato y cumplimos con las obligaciones contractuales de ese acuerdo”, dijo Peter Semczuk, vicepresidente senior de operaciones. “Adaptamos nuestro personal de una manera flexible para satisfacer las necesidades del paciente”.

Como muchos sistemas hospitalarios, Montefiore dependió en gran medida, , de las agencias de personal temporal que ofrecen “enfermeras viajeras”. Los hospitales se están preparando para hacerlo nuevamente, pero hay demanda en todo el país.

NYSNA encabezó una a principios de diciembre, luego de que las negociaciones para tener contratos por dos años que estaban en marcha se estancaran.

Iavicoli dijo que cada una de las instalaciones de su red ha presentado solicitudes para que NYC Health + Hospitals pueda realizar un pedido preliminar ahora.

Esta vez, los planificadores de salud esperan que los neoyorquinos no lleguen a las salas de emergencia. Señalan el por COVID en los últimos dos meses en comparación con otras áreas, incluidas y .

Esperan que las pruebas mantengan la curva relativamente, que se administran de manera más generalizada en Nueva York que en casi . Aproximadamente 200,000 personas en todo el estado se hacen la prueba cada día, aproximadamente un tercio de ellas en la ciudad de Nueva York.

“Es el primer paso para interrumpir una mayor propagación”, dijo el doctor Dave Chokshi, comisionado de salud de la ciudad.

Agregó que las pruebas masivas funcionan en dos niveles: al resaltar qué áreas son zonas calientes, para que los trabajadores de salud puedan dirigirse a los residentes con mensajes “hiperlocales” sobre la propagación de COVID-19, para hacer que cambien su comportamiento y también al permitir los rastreadores de contacto comunicarse individualmente con personas recién infectadas.

“Una vez que alguien da positivo, rápidamente lo ayudamos a aislarse”, dijo Chokshi. “Tenemos una entrevista con ellos para saber quiénes son sus contactos cercanos, y luego llamamos a esos contactos y nos aseguramos de que también estén en cuarentena”.

Sin embargo, el programa de rastreo de contactos de la ciudad ha tenido un historial mixto.

Las personas a las que contactan cumplen con la cuarentena, pero comparte los nombres de las personas a las que podrían haber expuesto. Denis Nash, epidemiólogo que trabajó anteriormente para el Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), dijo que la ciudad no ha profundizado con éxito en cómo se propaga realmente el coronavirus, porque los rastreadores de contactos no preguntan lo suficiente sobre los comportamientos de las personas y sus posibles exposiciones.

Este conocimiento, aunque imperfecto, podría conducir a decisiones de política pública mejor informadas, dijo Nash, sobre si cerrar el interior de  los restaurantes, salones de belleza o gimnasios. Sin esos datos, los líderes solo están haciendo conjeturas.

Otros culpan al programa de pruebas y rastreo de la ciudad por no llegar lo suficiente a las comunidades pobres de color, que sufrieron desproporcionadamente durante la primera ola de COVID. Chokshi, el comisionado de salud, dijo que llevar los sitios de prueba a estos vecindarios ha sido una prioridad, pero un sugirió que no está funcionando tan bien como pretendía la ciudad.

“Es evidente que existe una disparidad en la realización de pruebas generalizadas en la ciudad de Nueva York”, dijo Wil Lieberman-Cribbin, estudiante graduado e investigador de salud ambiental en la Universidad de Columbia.

Lieberman-Cribbin observó cuántas personas se están haciendo la prueba, por vecindario, y correlacionó esas cifras con la raza, el nivel de ingresos y la tasa de resultados positivos para COVID. En las áreas más ricas, las personas se hacen muchas más pruebas y tienen mucha menos enfermedad. En los más pobres, las personas reciben muchas menos pruebas y están mucho más enfermas.

Más pruebas en esas áreas detectarían los casos antes de que las personas desarrollen síntomas.

“Las pruebas son realmente necesarias, no solo para proteger a los más vulnerables, sino para tratar colectivamente de controlar a COVID y reabrir la ciudad de Nueva York”, dijo Lieberman-Cribbin.

El equipo de protección personal, o EPP, también es mucho más amplio que la primavera pasada, pero todavía sigue siendo motivo de controversia.

Las autoridades de salud del estado de Nueva York exigen que los hospitales acumulen un suministro de EPP para 90 días; para los hogares de adultos mayores, para 60 días. Muchas instalaciones han cumplido con los plazos de septiembre y octubre, pero otras no.

Montefiore, NYC Health + Hospitals y otras grandes redes de hospitales dicen que tienen al menos ese stock, si no más.

Las enfermeras, sin embargo, dicen que deben poder obtener máscaras N95 nuevas cada vez que ven a un nuevo paciente, para limitar el riesgo de contaminación. Muchos administradores responden que eso no es factible, dada la precariedad de la cadena de suministro. Remarcan que las permiten el “uso extendido” de algunos PPE.

“[Las enfermeras y otros cuidadores] se cambian los guantes entre pacientes y paciente, pero pueden usar la misma mascarilla N95 durante un turno y colocar una mascarilla quirúrgica sobre ella solo para preservarla y cambiarla si se rompe o contamina”, dijo Iavicoli, del sistema hospitalario de la ciudad. “Pero definitivamente en el próximo turno, recibirán una nueva”.

Esta historia es parte de una alianza que incluye a WNYC, NPR y KHN.

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Enfermeros itinerantes en alto riesgo frente a condiciones de atención de COVID-19 /es/health-industry/enfermeros-itinerantes-en-alto-riesgo-frente-a-condiciones-de-atencion-de-covid-19/ Wed, 04 Nov 2020 18:28:29 +0000 David Joel Perea llamó desde Maine, Vermont, Minnesota y, la última vez, desde Nevada, siempre con el mismo pedido: “Mamá, ¿puedes enviarme tamales?”. Dominga Perea los enviaba por correo nocturno.

Así es como se enteraba dónde estaba su hijo de 35 años.

El enfermero itinerante tenía “una tremenda ética de trabajo”, le dedicaba 80 horas por semana, contó Daniel, su hermano.

El enfermero David Perea aparece en esta foto del 6 de abril, el primer día que fue hospitalizado con COVID-19. Murió el 19 de ese mes. (Daniel Perea)

Pero Dominga se asustó “muchísimo”, cuando Perea aceptó un trabajo en Lakeside Health & Wellness Suites, una residencia para adultos mayores de Reno que, desde 2017, ha recibido por temas de seguridad de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS).

Durante el tiempo que Perea trabajó allí, casi una quinta parte de los residentes de Lakeside se infectó , según registros de salud del estado. La “máxima prioridad de Lakeside es la seguridad de quienes viven y trabajan en nuestras instalaciones”, declaró un vocero.

Cuando su hijo no respondió a su mensaje el 6 de abril, Dominga supo que algo andaba mal. Perea tenía COVID-19. Murió días después.

A medida que COVID-19 se expande por todo el país, los sistemas de salud continúan sufriendo una escasez crítica de personal no médico, como enfermeras, técnicos de rayos X y terapeutas expertos en enfermedades respiratorias.

Para enfrentar el problema, muchas instituciones dependen de profesionales “itinerantes” como Perea. Las agencias de personal decenas de miles, a nivel nacional, desde los brotes de marzo.

Ahora el virus se está propagando por las zonas rurales, especialmente en los estados de las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas, afectando a su limitada infraestructura médica.

Los hospitales rurales ya dependían de enfermeros itinerantes para cubrir la escasez de personal que existía desde antes de la pandemia, dijo Tim Blasl, presidente de la Asociación de Hospitales de North Dakota. “Te proporcionan personal, pero son profesionales muy caros”, señaló. “Nuestros hospitales están dispuestos a invertir para cuidar a los habitantes de North Dakota”.

Esta situación presenta riesgos para los profesionales y sus pacientes. El ping-pong de este tipo de personal entre ciudades agobiadas y pueblos desatendidos podría introducir infecciones.

Como contratistas, los profesionales itinerantes a veces sufren tensiones que sus colegas de tiempo completo no padecen. Al ser empleados por agencias de personal con sede a miles de kilómetros de distancia, pueden encontrarse en medio de una crisis sin apoyo ni equipos de protección adecuados.

En 2020, el lado positivo de sus trabajos —la libertad y la flexibilidad— sufrió ante unas condiciones traicioneras. Y se redujo el número de los profesionales itinerantes: el trabajo es agotador, complicado y peligroso. Miles de trabajadores de salud de primera línea han contraído el virus y cientos han muerto, según informes de KHN y The Guardian.

El 17 de abril, Lois Twum, una enfermera itinerante de 23 años, de Nueva Orleans, era una de las cuatro pasajeras en un vuelo al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York.

Cuando esta joven, que se define “adicta a la adrenalina y en busca de aventuras”, acudió a su primer turno en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, dijo que le asignaron cuatro pacientes en una unidad COVID-19 (las enfermeras de cuidados intensivos suelen atender a dos o tres pacientes). Como estos pacientes “en constante colapso” requerían resucitaciones e intubaciones, “prácticamente no había nadie que ayudara”, contó Twum, porque “todos los pacientes eran críticos”.

El hospital no respondió a las solicitudes de comentarios sobre las condiciones de trabajo y el tratamiento que reciben los itinerantes.

Mientras tanto, a medida que los empleados del hospital se enfermaban, renunciaban o eran despedidos por recortes de presupuesto, los itinerantes tomaban el relevo. Se les asignaron más pacientes y también los más enfermos, dijo Twum.

“Fue como si nos hubiesen lanzado desde el aire en Irak”, relató Twum. “Los profesionales itinerantes nos llevamos la peor parte”.

En redes sociales y en grupos de correo electrónico, los reclutadores de itinerantes hacen circular fotos de paisajes bañados por el sol o de costas con el símbolo del dólar, publicitando salarios que son el doble o el triple de lo que cobra el personal de enfermería. Prometen bonos por contrato, reubicación o referencias. Mantienen conversaciones triviales, se interesan por las familias de los itinerantes y les sugieren restaurantes en las nuevas ciudades.

Pero cuando se trata de resolver problemas del trabajo, “estas personas simplemente desaparecen”, señaló Anna Skinner, una terapeuta respiratoria que ha viajado durante más de una década. “No son tus amigos”.

Atrapados entre los hospitales donde se reportan para el servicio y las lejanas agencias de personal, sus protecciones laborales no son claras.

Por ejemplo, según la Ley de Seguridad y Salud Ocupacional, proporcionar equipo de protección es responsabilidad de la agencia, pero los itinerantes que hablaron con KHN dijeron que las agencias rara vez lo entregan.

David Perea habló con su madre por Facetime el domingo de Pascua (12 de abril) desde una cama de hospital en Reno, Nevada. “Se moría de hambre, pero le costaba incluso comer puré de papas”, dijo Dominga, “porque no podía respirar”. A la mañana siguiente, lo pusieron bjo un respirador y nunca se despertó. (Dominga Perea)

La familia de Perea dijo que creía que David no tenía el equipo de protección personal (EPP) adecuado. Su empleador aseguró que eso era responsabilidad de la residencia de mayores. “Depende de cada uno de nuestros clientes proporcionar el EPP a nuestro personal mientras trabajen en asignaciones del MAS”, indicó Sara Moore, vocera de la agencia de Perea, MAS Medical Staffing.

A veces, a los itinerantes se les asignan salas de emergencia o unidades de cuidados intensivos (UCI) con las que tienen poca experiencia. Skinner, especialista en pediatría, contó que aterrizó en las UCI para adultos cuando llegó al Sistema de Salud de la Universidad de Miami en abril. Recibió una hora de orientación, dijo, pero “nada podría haberme preparado para lo que tuve que enfrentar”.

Contó que, durante cinco semanas, intubó a un paciente tras otro; succionó la sangre que entraba en los pulmones de los pacientes y salía por la nariz y la boca; y atendió a las familias que estaban horrorizadas, enfadadas y asustadas. Skinner dijo que el estrés no la dejaba dormir y perdió peso. El hospital no respondió a las solicitudes de comentarios.

Los profesionales itinerantes a menudo enfrentan obstáculos “increíblemente onerosos” en lo que respecta a las horas extra, las licencias por enfermedad o la compensación laboral a la que tienen derecho en virtud de la Ley de Normas Laborales Justas, explicó Nathan Piller, abogado de Schneider Wallace Cottrell Konecky, una empresa de litigios comerciales y de empleo.

Incluso el número de horas trabajadas está fuera de su control, dijo Skinner. Los contratos revisados por KHN autorizan a los itinerantes a trabajar un número determinado de horas, pero sólo se garantiza una fracción de esas horas, y deben ser aprobadas por los administradores en el lugar de trabajo. Las horas garantizadas pueden ser compensadas con cantidades que rondan el salario mínimo, y pueden requerir trabajar en días festivos, que no son reconocidas de manera uniforme.

Los términos pueden ser “modificados de vez en cuando durante el empleo”, según los contratos.

En 2018, AMN Healthcare, una de las mayores agencias de enfermería itinerante del país, llegó a por violaciones salariales que afectaban a casi 9,000 itinerantes. Estas infracciones “parecen bastante comunes en la industria”, dijo Piller, quien trabajó en el acuerdo.

Los itinerantes, apuntó Skinner, tienen que defender sus derechos ante gerentes que acaban de conocer, y “quejarse simplemente no es una opción”.

KHN revisó los contratos de enfermería itinerante emitidos por Aya Healthcare, una gran agencia de personal, y encontró que cualquier disputa —reclamos por despido injustificado; reclamos por discriminación, acoso o represalias; reclamos salariales; y reclamos por violación de leyes o regulaciones federales, estatales o de otro tipo— debe ser resuelta fuera de la corte, en arbitraje.

David Perea —en la foto con su padre, Desiderio— tenía “una tremenda ética de trabajo”, dedicándole 80 horas a la semana a su profesión, contó su hermano, Daniel. (Daniel Perea)
Cuando COVID-19 se expandió por todo el país, los sistemas de salud comenzaron a sufrir una escasez crítica de personal, especialmente entre el personal no médico como enfermeras, técnicos de rayos X y terapeutas. Para enfrentar la crisis, ha aumentado el número de profesionales “viajeros” como David Perea. (Dominga Perea)

Los funcionarios del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, la Asociación Americana de Enfermeras y la Asociación Nacional de Enfermeras Unidas dijeron que sus miembros han sido suspendidos, o despedidos, de las agencias de trabajadores itinerantes por hablar con los medios de comunicación, publicar en redes sociales o expresar de alguna manera su preocupación ante prácticas injustas.

Matthew Wall, un experimentado enfermero itinerante, lo ha sufrido en primera persona. En julio, a los dos días de su asignación en el Hospital Piedmont Henry de Stockbridge, Georgia, Wall dijo que informó a los administradores del hospital de condiciones “flagrantemente inseguras” para él y para los pacientes, entre las que se incluía un EPP inadecuado, largas horas de trabajo y una alta proporción de pacientes por personal.

Wall dijo que, en lugar de atender sus preocupaciones, el hospital canceló su contrato. El hospital por el gobierno federal por cuestiones de seguridad después que a causa de COVID-19 a mediados de marzo. “A los itinerantes se les trata como comida para perros”, comentó Wall. “En el momento en que molestas, se deshacen de ti”.

“Seguimos las directrices de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, junto con nuestras mejores prácticas en el cuidado de los pacientes y la seguridad para todos”, señaló John Manasso, un portavoz del hospital, que se negó a comentar el caso de Wall.

Algunos se sienten entre la espada y la pared. “Sabemos que, si no fuera por nosotros, estos pacientes no tendrían a nadie”, dijo Twum, “pero ver cómo se enferman unos a otros, a diestra y siniestra, te hace preguntarte, ¿vale la pena arriesgar mi vida?”

Skinner, por su parte, aceptó un trabajo como enfermera en Aspen, Colorado. Cuando termine su contrato actual en Nueva Orleans, Wall piensa dejar la enfermería por un tiempo.

Dominga Perea finalmente recibió un mensaje la noche del 6 de abril: “No te asustes, mamá, tengo COVID”. “Reza por mí”.

Vio a David en FaceTime en Pascua. “Le costaba hasta comer el puré de papas”, contó, “porque no podía respirar”. A la mañana siguiente le pusieron un respirador y nunca se despertó.

Meses después, Lakeside no había ocupado el puesto de Perea. “El candidato ideal debe ser un individuo dedicado a proveer cuidados de alta calidad”, decía la lista de empleos, y “capaz de reaccionar a situaciones de emergencia apropiadamente cuando sea necesario”.

El editor de KHN Mountain States, Matt Volz, colaboró con este informe.

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Más de 900 trabajadores de salud han muerto por COVID-19 en los Estados Unidos. Y la cifra aumenta /es/health-industry/mas-de-900-trabajadores-de-salud-han-muerto-por-covid-19-en-los-estados-unidos-y-la-cifra-aumenta/ Tue, 11 Aug 2020 18:44:12 +0000 https://khn.org/?p=1152499 Más de 900 trabajadores de atención médica esenciales han muerto por COVID-19, según una base de datos interactiva creada por y KHN.

Lost on the Frontline es una asociación entre las dos redacciones que tiene como objetivo contar, verificar y honrar a cada trabajador de salud de los Estados Unidos que ha muerto durante la pandemia.

Es el recuento más completo de las muertes de trabajadores de salud del país.

A medida que aumentan los casos de coronavirus, y persiste la grave escasez de equipos de protección que salvan vidas, como máscaras N95, delantales y guantes, los trabajadores de salud del país se enfrentan de nuevo a condiciones potencialmente mortales, en especial en los estados del sur y el oeste.

A través de análisis y comparación de registros y fuentes, informes de colegas, redes sociales, obituarios en línea, sindicatos de trabajadores y medios locales, los reporteros de Lost on the Frontline han identificado a 922 trabajadores de salud que murieron por COVID-19 y sus complicaciones.

Un equipo de más de 50 periodistas de The Guardian, KHN y de escuelas de periodismo han pasado meses investigando muertes individuales para comprobar que fueran a causa de COVID-19 y de que los fallecidos efectivamente estuvieran trabajando en la primera línea de batalla, en contacto directo con pacientes con COVID o trabajando en lugares donde reciben tratamiento.

Los reporteros también han estado investigando las circunstancias de sus muertes, incluido su acceso a equipo de protección personal (EPP), y han estado contactando a familiares, compañeros de trabajo, representantes sindicales y empleadores para que comentaran sobre estas muertes.

Hasta el momento, se han publicado167 con nombres, datos, e historias de vida con colegas o seres queridos opinando y recordando sus vidas. Cada semana se publican los nombres de nuevas víctimas. Y Cada muerte se confirma de manera individual antes de publicarla.

El recuento incluye médicos, enfermeras y paramédicos, así como personal de apoyo crucial, como conserjes de hospitales, administradores y trabajadores de hogares de adultos mayores, que arriesgaron sus propias vidas durante la pandemia para cuidar a otros.

Los primeros datos indican que han muerto decenas de personas que no pudieron acceder a equipo de protección personal adecuado y al menos 35 sucumbieron después que funcionarios federales de seguridad laboral recibieran quejas sobre la seguridad en sus lugares de trabajo.

Los primeros recuentos también sugieren que la mayoría de las muertes se produjeron entre personas de color, muchas de ellas inmigrantes. Pero debido a que esta base de datos es un trabajo en curso, con nuevos casos confirmados y sumados semanalmente, los primeros hallazgos representan una fracción del total de informes y no son representativos de todas las muertes de trabajadores de salud.

De los 167 trabajadores agregados a la base de datos de Lost on the Frontline hasta ahora:

  • La mayoría, 103 (62%), fueron identificadas como personas de color.
  • Se informó que al menos 52 (31%) tenían un equipo de protección inadecuado.
  • La edad promedio fue de 57 años, y oscilaba entre los 20 y los 80 años, con 21 personas (13%) menores de 40.
  • Aproximadamente un tercio, al menos 53, nacieron fuera de los Estados Unidos y 25 eran de Filipinas.
  • La mayoría de las muertes, 103, ocurrieron en abril, después del aumento inicial de casos en la costa este.
  • Aproximadamente el 38% (64) fueron enfermeras, pero el total también incluía médicos, farmacéuticos, socorristas y técnicos hospitalarios, entre otros.
  • Al menos 68 vivían en Nueva York y Nueva Jersey, dos estados muy afectados al comienzo de la pandemia, seguidos por Illinois y California.

Algunas de estas muertes se pudieron prevenir. La mala preparación, los errores del gobierno y un sistema de salud sobrecargado aumentaron ese riesgo. El acceso inadecuado a las pruebas, la escasez de equipos de protección en todo el país y la resistencia al distanciamiento social y al uso de máscaras han obligado a más internaciones en hospitales ya sobrecargados, y han elevado el número de muertos.

Los vacíos en los datos gubernamentales han aumentado la necesidad de un seguimiento independiente. El gobierno federal no ha registrado con precisión las muertes de trabajadores de salud. Hasta el domingo 9 de agosto, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) informaron 587 muertes entre este grupo, pero la agencia no enumera nombres específicos y ha admitido que se trata de un recuento insuficiente.

Las medidas recientes de la Casa Blanca subrayan la necesidad de datos públicos y responsabilidad. En julio, la administración Trump ordenó a los centros de salud que enviaran datos sobre hospitalizaciones y muertes por COVID-19 directamente al Departamento de Salud y Servicios Humanos, sin pasar por los CDC.

En los días siguientes, la información vital sobre la pandemia desapareció del ojo público. (Los datos se restauraron más tarde después de una protesta pública, pero la agencia indicó que es posible que ya no actualice las cifras debido a un cambio en los requisitos de informes federales).

Historias exclusivas de los reporteros de Lost on the Frontline han revelado que muchos trabajadores de salud están usando máscaras quirúrgicas que son mucho menos efectivas que las máscaras N95, lo que los expone a mayor peligro. Los correos electrónicos obtenidos a través de una solicitud de registros públicos mostraron que los funcionarios federales y estatales estaban al tanto a fines de febrero de la grave escasez de equipos de protección.

Investigaciones posteriores encontraron que los trabajadores de salud que contrajeron el coronavirus y sus familias ahora luchan por acceder a las pensiones y otros beneficios del sistema de compensación para trabajadores. El informe también ha examinado las muertes de 19 trabajadores de salud menores de 30 años que murieron por COVID-19.

Seguimos recopilando los nombres de los trabajadores de salud que han fallecido y analizando por qué tantos se han enfermado. Agradecemos sugerencias y comentarios en frontline@theguardian.com y covidtips@kff.org.

La corresponsal senior de KHN Christina Jewett y Melissa Bailey colaboraron con este informe.

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Nurses Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /es/tag/nurses/ Â鶹ŮÓÅ Health News produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of Â鶹ŮÓÅ. Thu, 16 Apr 2026 01:15:19 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Nurses Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /es/tag/nurses/ 32 32 161476233 La escasez de enfermeras en California se agrava, y las trabajadoras culpan a los directivos /es/health-industry/la-escasez-de-enfermeras-en-california-se-agrava-y-las-trabajadoras-culpan-a-los-directivos/ Fri, 10 Oct 2025 14:50:41 +0000 /?post_type=article&p=2101934 TURLOCK, California — California, al igual que gran parte del país, no está formando a suficientes enfermeras para de una población envejecida y diversa.

Esto genera una escasez de personal que podría poner en peligro la calidad de la atención a los pacientes.

Según , casi el 60% de los condados de California —que se extienden entre las fronteras con México y Oregon— enfrentan una falta importante de enfermeras.

El gobernador demócrata Gavin Newsom y los legisladores estatales han intentado reforzar el personal sanitario del estado. Lo hacen, en parte, implementando las recomendaciones de la California Future Health Workforce Commission, un panel de 24 miembros integrado por representantes del estado, de los sindicatos, del mundo académico y de la industria.

En los últimos años, el estado ha ampliado de las enfermeras profesionales, permitiéndoles realizar algunas prácticas médicas —como solicitar estudios y recetar medicamentos— sin la supervisión médica tradicional. También ha trabajado para ampliar las plazas académicas de enfermería y los programas de formación.

Aun así, se espera que la escasez de enfermeras registradas en California aumente del 3,7% en 2024 al 16,7% para 2033 —más de 61.000 enfermeras— debido a la falta de reclutamiento, capacitación y retención, según Kathryn Phillips, subdirectora del equipo Improving Access de la California Health Care Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la investigación y educación en el ámbito de la salud.

Se prevé que aumente la escasez regional de estas profesionales, especialmente en el Valle Central y en la zona rural del norte. “Existen déficits importantes y podrían agravarse”, declaró Phillips.

Los investigadores afirman que la brecha entre la oferta y la demanda de enfermería se ve agravada por la falta de oportunidades de desarrollo profesional y la alta rotación del personal en un sector de alta exigencia.

Las enfermeras y , por el contrario, argumentan que el problema se debe principalmente a una provocada por la mala gestión y las pobres condiciones de trabajo.

Las enfermeras afirman que la suya sigue siendo una vocación noble, pero muchas dicen que se sienten presionadas para desocupar camas rápido y atender más pacientes. Este estrés puede disuadir a las jóvenes de ingresar a la profesión y llevar a las más experimentadas a temprano.

Los representantes del sector presentan estas preocupaciones como argumentos sindicales para aumentar los costos laborales, pero las enfermeras afirman que están perdiendo beneficios, además de trabajar en exceso, lo que debilita su moral y les dificulta brindar incluso atención médica básica en hospitales, clínicas y residencias de adultos mayores de todo el estado.

Lorena Burkett, enfermera del Emanuel Medical Center en Turlock, una ciudad agrícola en el corazón del Valle Central, contó que el año pasado estaba tan sobrecargada que no registró inmediatamente la historia clínica de un paciente psiquiátrico después de administrar la medicación, un paso fundamental para garantizar la dosis adecuada de los medicamentos.

“Me presionaron para que apurara el alta médica y olvidé escanear su medicación opioide; lo pasé por alto”, dijo Burkett, una veterana con 12 años de experiencia, que más tarde actualizó el historial del paciente. “Después de eso dije: no más. Debemos priorizar la atención al paciente, pero estamos bajo mucha exigencia para que los pacientes dejen las camas y así generar ganancias”.

Tenet Healthcare, el sistema hospitalario con fines de lucro con sede en Dallas que es propietario de Emanuel, se negó a responder a la afirmación de Burkett y a las preguntas sobre la dotación de personal. En un comunicado, el vocero de Tenet, Rob Dyer, afirmó que el hospital ofrece “atención de calidad y enfocada en el bienestar del paciente” y desestimó de manera general las preocupaciones de las enfermeras.

“Actualmente estamos negociando el contrato con el sindicato que representa a nuestro personal de enfermería y sospechamos que esto es lo que está detrás de estas afirmaciones falsas”, declaró.

Mejores condiciones para las enfermeras

Hace dos años, los legisladores estatales aprobaron para ayudar a los hospitales con a mantener sus operaciones, lo que puede incluir la retención del personal de enfermería.

Los legisladores también están intentando mejorar las condiciones laborales de las enfermeras de hospital y proteger la atención del paciente de personal en los centros de salud. Algunos también piden que se invierta en una plantilla de enfermería más sólida.

“El personal de enfermería trabaja en hospitales y otros lugares que están muy escasos de personal”, afirmó Michelle Mahon, directora de prácticas de enfermería de National Nurses United, un sindicato que representa a 225.000 enfermeras.

Phillips explicó que las razones varían. En el Área de la Bahía de San Francisco, este personal debe lidiar con la falta de vivienda accesible y el alto costo de la vida y del cuidado infantil. En el Valle Central, la educación, la capacitación y la orientación son insuficientes. Y en el norte rural es difícil atraer suficientes enfermeras para reemplazar a las jubiladas y satisfacer las necesidades de una población que envejece.

Investigadores de la University of California-San Francisco que han estudiado la afirman que, si bien las personas siguen buscando trabajo en esta profesión, han disminuido tanto la matriculación de estudiantes como la de graduados.

La California Board of Registered Nursing informa que había casi 552.000 enfermeras registradas con licencias activas en California al 1 de octubre.

Sin embargo, la California Nurses Association afirma que un número significativamente menor ha estado ejerciendo, señalando que datos de 2024 indicaban que solo 350.850 trabajaban en su profesión.

El mismo problema persiste a nivel nacional, según National Nurses United, que informó que, en mayo de 2024, de enfermeras registradas no trabajaban en el sector.

La vocera de la California Hospital Association, Jan Emerson-Shea, afirmó que los hospitales de todo el estado se enfrentan a “costos que están por las nubes” en mano de obra, productos farmacéuticos, equipos médicos y cumplimiento de las normativas gubernamentales.

Los costos de la atención a los pacientes se han disparado un 30% en los últimos cinco años y siguen aumentando, afirmó. Mientras tanto, el 53% de los hospitales del estado “pierden dinero cada día atendiendo a los pacientes”, añadió.

Y la situación podría empeorar.

Según la ley de impuestos y gastos del Partido Republicano, que el presidente Donald Trump denominó “One Big Beautiful Bill”, el estado estima que aproximadamente de californianos podrían perder su cobertura médica debido, en parte, a importantes recortes a Medicaid y a nuevas normas, como los requisitos laborales que limitan la elegibilidad de los residentes de bajos ingresos y con discapacidades.

California corre el riesgo de perder $30 mil millones en fondos anuales y los hospitales se verán especialmente afectados porque dependen de los reembolsos federales y necesitan un número determinado de pacientes asegurados para mantenerse solventes.

Emerson-Shea afirmó que los hospitales de California podrían perder hasta $128 mil millones en una década  a consecuencia de esa ley.

“Esta proyección no incluye los probables aumentos en la atención no compensada debido a los requisitos laborales de Medicaid, las pérdidas de cobertura por la eliminación de los subsidios que dispone la Ley de Cuidado de Salud a Bajo Precio, las revisiones más frecuentes de Medi-Cal y las pérdidas de cobertura para quienes tienen un estatus migratorio irregular”, declaró Emerson-Shea.

Si bien algunos hospitales de California pierden dinero en la atención al paciente, los datos financieros muestran que la industria está generando ganancias: en 2024 alcanzó aproximadamente $11,5 mil millones en ingresos netos o beneficios, afirmó Kristof Stremikis, director de Market Analysis and Insight en la California Health Care Foundation.

Stremkins señaló datos estatales preliminares que comparan 365 hospitales. “La industria en su conjunto ha recuperado los niveles de rentabilidad previos a la pandemia”, afirmó.

Sin embargo, reconoció que los recortes a Medicaid reducirán los ingresos de todos los centros de salud.

Los hospitales se verán sobrecargados a medida que aumente el número de pacientes sin seguro médico, quienes a menudo llegan con enfermedades crónicas o traumatismos que pueden encarecer el tratamiento. Esto agravará los desafíos de la atención médica en comunidades con altos índices de pobreza y con una gran población beneficiaria del Medi-Cal, ya que el programa de protección social suele pagar a los hospitales y proveedores menos que los seguros privados o Medicare.

Antes de que se sientan los impactos de los recortes federales a la atención médica, algunos hospitales ya están cerrando debido a dificultades financieras. Otros han limitado el acceso a la atención e incluso cerrado salas de maternidad y de emergencia.

Persiste el agotamiento que causó la pandemia

Las enfermeras de primera línea afirmaron que del personal de salud, ampliamente documentado durante la pandemia de covid-19, todavía se siente hoy y se suma a la creciente demanda hospitalaria, lo que hace que muchos trabajadores se desvinculen del sector. Esta situación está impulsando a algunos hospitales a contratar más enfermeras itinerantes de otros estados.

En el Hazel Hawkins Memorial Hospital, un con problemas financieros en el condado de San Benito, cerca de la Costa Central, la California Nurses Association informó que el hospital emplea a 22 enfermeras temporales, aunque el hospital dijo que son 16.

Las enfermeras locales señalaron que las trabajadoras temporales pueden aliviar la carga de trabajo, pero les preocupa que los hospitales las usen para evitar contratos laborales que requieren mejores salarios y beneficios. Ellas opinan que los hospitales deberían invertir en personal local bien capacitado y familiarizado con la comunidad.

La enfermera de urgencias Ariahnna Sánchez afirmó que los trabajadores de Hazel Hawkins, un centro de acceso crítico con , se ven presionados a dar de alta a los pacientes rápidamente para poder atender a más personas. Según los representantes sindicales, a medida que se acercaba la renegociación de los contratos, los hospitales han recortado drásticamente las prestaciones y no han ofrecido aumentos adecuados para adaptarse al costo de la vida.

Los salarios varían según la región, pero el salario anual promedio de las enfermeras tituladas de California fue de $148,330 en 2024, según la U.S. Bureau of Labor Statistics.

“La moral está muy baja en este momento”, declaró Sánchez. “Estamos intentando dar la batalla, pero constantemente retenemos en urgencias a personas que deberían ser ingresadas debido a que el hospital está al máximo de su capacidad”.

Los datos estatales muestran que el condado de San Benito tiene una de enfermeras y necesita unas 180 más para atender a la población local. Sin embargo, Hazel Hawkins niega que exista esa escasez.

La California Nurses Association sostiene que 40 enfermeras han abandonado el centro desde el año pasado, mientras que el hospital aseguró que reemplazó a 15 de las 21 profesionales que se marcharon.

El portavoz de Hawkins, Marcus Young, dijo que el personal de enfermería está confundiendo la dotación de personal con los protocolos para atender a los pacientes de urgencias cuando no hay suficientes camas.

“No hay escasez significativa de personal de enfermería y las operaciones hospitalarias no se están viendo afectadas en la actualidad”, afirmó Young. “Cumplimos plenamente en todo momento con la proporción de enfermeras por paciente exigida por el estado”, ratificó.

La establece un mínimo de personal en los hospitales, que va desde una enfermera por cada tres pacientes hasta una por cada cinco, según el nivel de atención que requiera cada uno.

Las investigaciones han demostrado que los errores clínicos pueden aumentar en hospitales y otros centros de atención médica cuando el personal de enfermería está estresado y trabaja en exceso.

Desde 2020, el estado ha emitido 32 multas a hospitales de California por incumplir los niveles mínimos de dotación de personal de enfermería, con sanciones económicas que ascienden a un total de $840,000, según el del estado. Ni Hazel Hawkins ni el hospital Emanuel de Turlock recibieron citaciones. El portavoz Mark Smith afirmó que la agencia no podía dar información relacionada con ninguna “investigación potencial, pendiente o en curso” sobre centros de salud que presuntamente incumplen las proporciones estatales de enfermeras.

Burkett, la enfermera de Turlock, afirmó que, aunque puede atender hasta cinco pacientes a la vez, superó esa proporción dos veces el año pasado. En su , Tenet reportó $288 millones en ingresos netos, un aumento con respecto a los $259 millones del mismo período del año anterior.

“Tome esa asignación en contra de mi voluntad”, declaró Burkett, señalando que el sindicato distribuye formularios que protegen a las enfermeras de las consecuencias si cometen errores cuando atienden a más pacientes que los que permite el Estado.

“El formulario dice que estoy aceptando a estos pacientes en contra de mi criterio y estoy protegida porque no estoy de acuerdo con esto, pero el hospital me obliga a hacerlo”, añadió. “Es difícil. Quiero decir que simplemente hay que hacer malabarismos, lo que se pueda, con la esperanza de no perderse nada importante. No es seguro”.

La senadora estatal Caroline Menjivar, demócrata que representa parte de la región de Los Ángeles, puso un para fortalecer la ley estatal de proporción de enfermeras por paciente en el escritorio del gobernador Newsom. En él exige que los hospitales se esfuercen más por encontrar enfermeras disponibles para cumplir con los requisitos de personal.

“Durante años, los hospitales han estado eludiendo la obligación de contar con una dotación mínima de personal de enfermería”, afirmó Menjivar, que fue técnica de emergencias médicas. “Si no proporcionamos más apoyo a nuestras enfermeras, no obtendremos la atención de calidad que se necesita”.

La sobrina de Menjivar, Megan Noguera-DeLeon, está entusiasmada con convertirse en enfermera, a pesar de los desafíos laborales. Estudiante de enfermería que espera graduarse el próximo año de la West Coast University in Southern California comentó que tiene familiares que trabajan como enfermeras y que le han advertido lo difícil que puede ser el trabajo. Le preocupa el agotamiento, pero mantiene su compromiso con su proyecto.

“Creo que cuidar a la gente es algo hermoso”, dijo Noguera-DeLeon. “Sé que este trabajo puede ser muy duro y que muchas enfermeras están sufriendo agotamiento, pero, sinceramente, he visto de primera mano cuánto pueden ayudar las enfermeras a los pacientes, incluso en los días más difíciles, y quiero ayudar a la gente”.

Esta historia fue producida por , que publica , un servicio editorialmente independiente de la .

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Universidad favorece un costoso programa de doctorado para enfermeras parteras en plena crisis de la atención materna /es/noticias-en-espanol/universidad-favorece-un-costoso-programa-de-doctorado-para-enfermeras-parteras-en-plena-crisis-de-la-atencion-materna/ Tue, 03 Sep 2024 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=1907121 Uno de los dos programas de formación de enfermeras parteras de California ha dejado de admitir estudiantes mientras renueva su plan de estudios para ofrecer sólo doctorados, una medida que ha generado protestas de ex alumnos, expertos en políticas de salud y profesores que acusan a la Universidad de California (UC) de anteponer beneficios económicos a las necesidades de salud pública.

La prestigiosa escuela de enfermería de la UC-San Francisco graduará a su última promoción de enfermeras parteras la próxima primavera.

Luego, la universidad cancelará su programa de máster de dos años en , junto con otras disciplinas de enfermería, en favor de un doctorado en enfermería de tres años, o DNP.

El cambio pondrá entre paréntesis la formación de enfermeras parteras que la UCSF ha impartido durante casi cinco décadas, al menos hasta 2025, y duplicará con creces el costo para los estudiantes.

Mia Bonta, legisladora de la Asamblea Estatal que preside el comité de salud, dijo que estaba “descorazonada” al saber que la UCSF cancelaba su programa de maestría en enfermería obstétrica y temía que el tiempo y los costos adicionales para obtener un doctorado disuadieran a futuros postulantes.

“En lugar de agregar obstáculos, tenemos que construir y ampliar un canal de proveedores cultural y racialmente competentes para apoyar la mejora de los resultados del parto, especialmente para las parturientas afroamericanas y latinas”, expresó Bonta en un correo electrónico.

El cambio a la formación doctoral forma parte de un movimiento nacional que exige que todas las enfermeras registradas de práctica avanzada, incluidas las enfermeras parteras y las especializadas, obtengan títulos de doctorado, según declaró Kristen Bole, vocera de la UCSF. La formación doctoral incluirá clases adicionales sobre liderazgo y mejora de la calidad en la atención.

Sin embargo, este movimiento, que se remonta a 2004, no se desarrolló de la forma que imaginó la Asociación Estadounidense de Facultades de Enfermería cuando pidió que, para 2015, tener un doctorado fuera obligatorio para practicar la enfermería especializada. Ese plazo se cumplió.

Ahora, la acuciante necesidad de profesionales de salud materna hace que algunas universidades se muevan en otra dirección.

Este año, la Universidad Rutgers restableció la formación de máster en enfermería obstétrica que había eliminado en 2016. La también reinició su programa de máster en enfermería obstétrica en 2022, tras un paréntesis de 25 años. Además, la de Washington, DC, la de Nueva Orleans y la agregaron formación de máster en enfermería obstétrica.

La UCSF calcula que la matrícula y las tasas costarán $152,000 por un doctorado de tres años en obstetricia, frente a los $65,000 de un máster de dos años. Los que el 71% de los estudiantes de máster en enfermería y el 74% de los estudiantes de doctorado en enfermería dependen de préstamos estudiantiles, y las enfermeras con doctorado ganan igual o poco más que las que tienen un máster.

Kim Q. Dau, que dirigió el programa de enfermería obstétrica de la UCSF durante una década, dimitió en junio porque se sentía incómoda con la eliminación del máster en favor de un requisito de doctorado que, según dijo, contradice las necesidades de mano de obra del estado y es innecesario para la práctica clínica.

“Estarán igualmente preparadas clínicamente, pero a un costo mayor para el estudiante y con una mayor inversión de tiempo”, expresó Dau.

Las son enfermeras tituladas en enfermería obstétrica. Con licencia en los 50 estados, trabajan especialmente en hospitales y pueden practicar abortos y recetar medicamentos, aunque también están capacitadas para tratar el dolor del parto con duchas, masajes y otros medios naturales. En cambio, las parteras o comadronas tituladas estudian obstetricia a nivel de postgrado fuera de las escuelas de enfermería y sólo están autorizadas en algunos estados. Las parteras profesionales tituladas atienden partos fuera de los hospitales.

La Asociación de Enfermeras Obstetras de California también criticó el cambio de programa de la UCSF, que se produce en medio de una crisis nacional de mortalidad materna, una grave escasez de proveedores de obstetricia y una creciente dependencia de las parteras.

Según el informe (Plan de la Casa Blanca para abordar la crisis de salud materna) de 2022, Estados Unidos tiene la tasa de mortalidad materna más alta de todos los países desarrollados y necesita miles de parteras más y otros proveedores de salud para la mujer que reduzcan la creciente brecha.

, fundadora y CEO de Grow Midwives, una consultora nacional, comparó el cambio de la UCSF de la formación de máster a la de doctorado con “un terremoto”.

“¿Por qué estamos retrasando la entrada de proveedores de cuidados esenciales haciéndoles cursar un año más de estudios, que no agrega nada a su preparación clínica ni a su seguridad para servir a la comunidad?”, se preguntó Breedlove, ex presidenta del American College of Nurse-Midwives (ACNM, Colegio Profesional de Enfermeras Parteras). “Resulta incomprensible que hayan elegido hacer esto durante la peor escasez de mano de obra combinada con la peor crisis de salud materna que hemos tenido en 50 años”.

Un informe de 2020 publicado en no encontró que las enfermeras registradas de práctica avanzada con doctorados fueran más competentes clínicamente que las que tenían maestrías. “Por desgracia, hasta la fecha, los datos son escasos”, concluyó el informe.

El ACNM también denunció el , al igual que las , citando “la falta de pruebas científicas de que… la formación a nivel de doctorado sea beneficiosa para los pacientes, los profesionales o la sociedad”.

Según Breedlove, no hay pruebas de que las enfermeras obstétricas con doctorado proporcionen mejores cuidados.

“Se busca beneficio económico, no un mejor resultado”, agregó.

Bole rebatió la acusación de lucro hecha por Breedlove. Consultada por las razones del cambio, ofreció declaraciones generales: “La decisión de actualizar nuestro programa se tomó para garantizar que nuestros graduados estén preparados para los retos a los que se enfrentarán en el cambiante campo de la salud”.

Al igual que Breedlove, , vicepresidenta del comité de políticas de salud de la , teme que el cambio de la UCSF a un título de doctorado agrave la doble crisis de la mortalidad materna y la disminución del personal de obstetricia en California y en el país.

En promedio, de 10 a 12 enfermeras obstetras se han graduado del programa de maestría de la UCSF cada año durante la última década, según Bole. El programa de máster en enfermería obstétrica que queda en California está en la , (CSU-Fullerton), al sur de Los Angeles, en donde se graduaron ocho enfermeras obstétricas el año pasado, y 11 este año.

Más de la mitad de los condados rurales de Estados Unidos carecieron de atención obstétrica en 2018, según un informe de la

En algunas áreas de California, las futuras madres deben conducir dos horas para recibir atención, señaló , quien dirige Midtown Nurse Midwives, un centro de nacimientos en Sacramento que ha tenido que dejar de aceptar nuevas pacientes porque no encuentra comadronas.

Donnelly predijo que el cierre del programa de la UCSF reducirá significativamente el número de enfermeras parteras que se incorporen al mercado laboral, e impedirá que las personas con menos recursos asistan al programa. “En concreto, creo que se reducirá el número de personas de color, de comunidades rurales y de comunidades pobres”, afirmó.

El cambio de la UCSF también afectará con toda probabilidad los esfuerzos por formar a proveedores con una herencia diversa.

Natasha, afropuertorriqueña, de 37 años y madre de dos hijos, lleva una década preparándose para ser enfermera partera y poder ayudar a mujeres como ella durante el embarazo y el parto. Pidió que sólo se la identificara por su nombre de pila por miedo a reducir sus posibilidades de ser admitida en una escuela de posgrado.

La pausa del programa de la UCSF, más el tiempo y los gastos que se suman para obtener un doctorado, han enturbiado su trayectoria profesional.

“El máster era el programa perfecto”, afirmó Natasha, que vive en la zona de la Bahía de San Francisco y no puede viajar al otro extremo del estado para asistir a CSU-Fullerton. “Estoy frustrada y me siento desmoralizada. Ahora tengo que buscar otra carrera”.

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Olvídate del botón para llamar a la enfermera. Un dispositivo que usa IA adherido a tu pecho permite que controlen tus signos a distancia /es/noticias-en-espanol/olvidate-del-boton-para-llamar-a-la-enfermera-un-dispositivo-que-usa-ia-adherido-a-tu-pecho-permite-que-controlen-tus-signos-a-distancia/ Wed, 08 May 2024 09:01:00 +0000 /?post_type=article&p=1852361 Houston, Texas. – Los pacientes internados en el Hospital Metodista de Houston llevan adherido al pecho un dispositivo de monitoreo del tamaño de medio billete, desempeñando sin saberlo un papel en el uso cada vez más frecuente de la inteligencia artificial (IA) en la atención médica.

Este delgado dispositivo, que funciona con baterías, se llama BioButton y registra los signos vitales de los pacientes, incluidas la temperatura, y las frecuencias cardíaca y respiratoria. Esos informes se envían —de manera inalámbrica— al personal de enfermería, que puede estar tanto en la sala de control del hospital, que funciona las 24 horas, como en sus propias casas.

El software del dispositivo utiliza la IA para analizar la abrumadora cantidad de datos que registra, y también para detectar señales que indiquen que la salud del paciente está empeorando.

Autoridades del hospital afirman que desde comenzaron a usarlo el año pasado, el BioButton ha mejorado la calidad de la atención y reducido la carga de trabajo de las enfermeras.

“Como detectamos las cosas antes, a los pacientes les va mejor, ya que no tenemos que esperar a que el equipo de cabecera se dé cuenta si algo anda mal”, dijo Sarah Pletcher, vicepresidenta del sistema en Houston.

“Sin embargo, algunas enfermeras temen que esta tecnología termine sustituyéndolas en lugar de respaldar su trabajo, lo que podría perjudicar a los enfermos. El Hospital Metodista de Houston, uno de los muchos hospitales estadounidenses que emplean el BioButton, es el primero en utilizar este dispositivo para monitorear a todos sus pacientes excepto los que están en cuidados intensivos”, explicó Pletcher.

“Existe una publicidad engañosa y exagerada que afirma que estos dispositivos proporcionan cuidados a gran escala con menores costos laborales”, afirmó Michelle Mahon, enfermera titulada y directora adjunta de National Nurses United, el mayor sindicato del personal de enfermería del país. “Esta tendencia nos parece preocupante”, añadió.

La implementación del BioButton es uno de los ejemplos más recientes del modo en que los hospitales utilizan la tecnología con el fin, por un lado, de optimizar la eficiencia y, por el otro, de hacer frente a la escasez de enfermeras, un problema que se ha agudizado con el tiempo.

Sin embargo, esa transición ha generado otras preocupaciones, entre ellas el uso de IA para operar el dispositivo. Las encuestas muestran que de que los proveedores de salud dependan de la IA para atender a los pacientes.

En diciembre de 2022, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) autorizó el uso del BioButton en pacientes adultos siempre que no estuvieran en terapia intensiva. Es una de las muchas herramientas de IA que ahora se usan en los hospitales para resolver un gran número de tareas, como por ejemplo interpretar los resultados de diagnósticos por imagen.

El BioButton, un dispositivo de seguimiento, se utiliza en decenas de hospitales que emplean inteligencia artificial para analizar los signos vitales de los pacientes. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)
El Hospital Metodista de Houston, a sólo unas millas al sur del centro de la ciudad, está ubicado en medio de un complejo médico gigante que incluye varios hospitales. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)

En 2023, el presidente Joe Biden le encargó al Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) la formulación de un plan para regular el uso hospitalario de la IA que incluyera la recopilación de informes de pacientes perjudicados por su uso.

James Mault es el director general de BioIntelliSense, la empresa que desarrolló el BioButton. Desde su sede en Golden, Colorado, Mault afirma que este dispositivo supone un enorme avance si se lo compara con el trabajo tradicional de las enfermeras, que iban varias veces al día a las habitaciones para monitorear los signos vitales de los pacientes.

“Con la IA hemos pasado de preguntarnos ‘¿por qué este paciente empeoró repentinamente?’ a decir ‘podemos prevenir la crisis antes de que se produzca e intervenir adecuadamente’”, afirma Mault.

El BioButton se pega a la piel mediante un adhesivo, es resistente al agua y su batería tiene una vida útil de hasta 30 días. La empresa asegura que el pequeño dispositivo, que permite que los profesionales detecten rápidamente el deterioro de la salud a partir del registro de más de un millar de mediciones diarias por persona, se ha utilizado en más de 80,000 pacientes hospitalizados en todo el país durante el último año.

Los hospitales le pagan a BioIntelliSense una cuota anual por los dispositivos y el software.

Las autoridades del Hospital Metodista de Houston no quisieron revelar cuánto paga la institución por esta tecnología, aunque Pletcher dijo que la suma equivale a menos de una taza de café al día por paciente.

Para un sistema hospitalario que atiende a miles de personas simultáneamente —el Metodista, en sus ocho hospitales del área de Houston, tiene 2,653 camas fuera de la UCI—, esa inversión podría traducirse en millones de dólares al año. Sin embargo, los directivos del hospital aseguraron que no hubo ningún cambio en la dotación del personal de enfermería por la implementación del BioButton ni tienen previsto que lo vaya a haber.

Una mañana reciente unas, 15 enfermeras y técnicos en uniforme estaban sentados en el centro de control de monitoreo virtual del hospital frente a grandes monitores. Allí veían el estado de salud de cientos de pacientes.

Una marca roja junto al nombre de uno de esos pacientes indicaba que el software de IA había detectado una tendencia fuera de lo normal. Los profesionales pudieron, entonces, hacer clic en el historial médico de ese paciente y comprobar cómo habían sido sus signos vitales a lo largo del tiempo así como otros antecedentes médicos.

Un enfermero en la unidad de cuidados intensivos virtual del Hospital Metodista de Houston monitorea a los pacientes desde lejos. Las enfermeras pueden realizar un seguimiento de decenas de pacientes utilizando tecnología que les ayuda a complementar la atención en el cuarto. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)
Sarah Pletcher, vicepresidenta de sistemas de Hospital Metodista de Houston, en la unidad de cuidados intensivos virtual del hospital, que opera las 24 horas, en donde las enfermeras y técnicos monitorean los signos de los pacientes. (Phil Galewitz/Â鶹ŮÓÅ Health News)

Estas “enfermeras virtuales”, por así decirlo, pudieron ponerse en contacto con las enfermeras de planta por teléfono o por correo electrónico, e incluso hacer una videollamada directamente a la habitación del paciente.

Nutanben Gandhi, una técnica que esa mañana vigilaba a 446 pacientes en su monitor, dijo que cuando recibe una alerta consulta el historial médico de esa persona para ver si la anomalía puede explicarse fácilmente por su situación de salud o si es preciso que se ponga en contacto con las enfermeras de planta que la atienden en la sala.

En muchas ocasiones, el llamado de atención puede ignorarse. Pero identificar signos de deterioro de la salud puede ser difícil, afirma Steve Klahn, director clínico de Medicina Virtual del Metodista de Houston. “Estamos buscando una aguja en un pajar”, explica.

Donald Eustes, de 65 años, ingresó al hospital en marzo para someterse a un tratamiento contra el cáncer de próstata pero allí le detectaron un accidente cerebrovascular. Está contento de llevar el BioButton.

“Nunca se sabe lo que nos puede pasar, y tener un conjunto de ojos extra observándonos es algo bueno”, reflexionó desde la cama del hospital. Después que le explicaron que el dispositivo utiliza IA, este hombre de Montgomery, Texas, dijo que no tiene ningún problema en que esta tecnología ayude a su equipo médico. “Parece un buen uso de la inteligencia artificial”, opinó.

Tanto los pacientes como el personal de enfermería se benefician de un monitoreo a distancia como el que realiza el BioButton, aseguró Pletcher.

También contó que el hospital ha colocado pequeñas cámaras y micrófonos en el interior de todas las habitaciones, lo que habilita a las enfermeras del centro de monitoreo a comunicarse con los pacientes y colaborar en ciertas tareas como las admisiones y las instrucciones de alta. “Los pacientes pueden incluir a sus familiares en las llamadas a distancia con el personal de enfermería o el equipo médico”, agregó.

La tecnología virtual libera a los enfermeros de guardia de modo que puedan prestar una ayuda más directa, como colocar una vía intravenosa, explicó Pletcher. Con el BioButton, las enfermeras pueden espaciar el control de los signos vitales y realizarlo cada ocho horas en lugar de cada cuatro, como lo hacían habitualmente, explicó.

Pletcher sostiene que el dispositivo reduce el estrés que genera en las enfermeras el monitoreo de los pacientes y permite que algunas trabajen con horarios más flexibles porque la atención virtual también puede hacerse desde sus propias casas. En última instancia, esto ayuda a retener al personal de enfermería, no lo ahuyenta, dijo.

Sheeba Roy, jefa de enfermería del Metodista de Houston, dijo que, sin embargo, a algunos miembros del personal de enfermería los ponía nerviosos depender del dispositivo y no comprobar ellos mismos los signos vitales de los pacientes con tanta frecuencia. Pero las pruebas han demostrado que el dispositivo proporciona información precisa.

“Cuando lo pusimos en marcha, al personal le encantó”, afirma Roy.

Serena Bumpus, directora ejecutiva de la Asociación de Enfermeras de Texas, dijo que su preocupación ante cualquier innovación tecnológica es que pueda ser más gravosa para las enfermeras y quitarles tiempo con los pacientes.

“Tenemos que estar muy atentos para asegurarnos de que no nos estamos apoyando en esta tecnología para sustituir la capacidad de las enfermeras de pensar críticamente, de evaluar a los pacientes y para que puedan corroborar que lo que este dispositivo está informando es lo correcto”, advirtió Bumpus.

Este año, el Hospital Metodista de Houston tiene previsto enviar a los pacientes a su casa con el BioButton para que el hospital pueda efectuar un mejor seguimiento de su evolución en las semanas posteriores al alta, medir su calidad de sueño y comprobar la estabilidad con la que se mueven y caminan.

“No vamos a necesitar menos enfermeras en la atención sanitaria, pero nuestros recursos son limitados y debemos utilizarlos de la forma más inteligente posible”, dijo Pletcher.

“Si tenemos en cuenta la demanda proyectada y los recursos con los que realmente contamos, ya sabemos que no serán suficientes para satisfacerla, así que todo lo que podamos hacer para devolverles tiempo a las enfermeras es beneficioso”, concluyó.

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Abrumados por los costos, hospitales crean sus propias agencias de enfermería /es/health-industry/abrumados-por-los-costos-hospitales-crean-sus-propias-agencias-de-enfermeria/ Thu, 15 Dec 2022 14:23:22 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1596921 Como muchas enfermeras en estos días, Alex Scala recibió un gran aumento de sueldo cuando cambió de trabajo hace poco.

Scala también recibió una bienvenida combinación de turnos cuando se unió a Allegheny Health Network, con sede en Pittsburgh, un nuevo equipo que trabaja en varias unidades dentro de los 14 hospitales del sistema.

Después de trabajar como personal de planta en otra instalación, Scala, de 31 años, ahora viaja a diario desde su casa en Butler, Pennsylvania, a los hospitales del sistema en el oeste del estado. “Puedo conocer gente nueva, aprender nuevos procedimientos, cómo los hospitales hacen cosas diferentes”, dijo Scala.

Cada vez más sistemas hospitalarios, como Allegheny Health Network, están creando equipos internos de personal para hacer frente a la escasez de enfermeras provocada por la pandemia, y para tratar de vencer a las agencias privadas de personal temporal con sus propias armas.

Dependiendo del sistema, las enfermeras pueden trabajar una o varias semanas en un hospital y luego hacer un turno similar en otra instalación. Algunos incluso trabajan en turnos autoprogramados en varios lugares, a diferencia de las enfermeras regulares, que normalmente trabajan en una sola unidad médica dentro de un solo hospital.

Estos trabajadores difieren de las enfermeras “itinerantes” tradicionales, que rotan de unidad a unidad según sea necesario dentro de un solo hospital.

El objetivo de los equipos internos es ofrecer suficiente salario y flexibilidad para atraer enfermeras, y reducir la gran dependencia de los sistemas de enfermeras registradas más costosos de agencias externas.

A nivel nacional, estos gastos de mano de obra por contrato son casi un 500% más altos que antes de la pandemia, según encargado a una consultora por la Asociación Estadounidense de Hospitales.

La misma consultora, , estimó recientemente que ese gasto está empujando a muchos hospitales a números rojos para 2022, aunque algunos sistemas han obtenido durante la pandemia.

Los miembros de las nuevas unidades de personal suelen ser solo una pequeña fracción de la fuerza laboral de un sistema hospitalario. Y este tipo de equipos probablemente no serían factibles en instalaciones pequeñas o rurales.

Pero los funcionarios del hospital dijeron que las agencias internas de personal crecerán a medida que enfermeras y otros trabajadores, como terapeutas respiratorios y técnicos quirúrgicos, busquen acuerdos de trabajo más flexibles.

“Hay un gran cambio en la evolución de la atención médica al crear más personal que pueda moverse”, dijo Daniel Hudson, vicepresidente de administración y operaciones de enfermería de Jefferson Health, con sede en Philadelphia, que creó una nueva unidad de personal que ahora tiene 35 trabajadores a tiempo completo.

Aunque ha habido escasez de enfermeras por años, la demanda por covid y el agotamiento de las enfermeras agravó el problema. Algunas renunciaron, se jubilaron o buscaron trabajo en agencias de atención domiciliaria, centros de cirugía ambulatoria y consultorios.

Muchas enfermeras abandonaron la fuerza laboral, incluidas las recién capacitadas, dijo Beth Ann Swan, decana asociada de la Escuela de Enfermería Nell Hodgson Woodruff de la Universidad de Emory en Atlanta.

La rotación de personal de enfermería del hospital aumentó a 27,1% el año pasado, frente a 18,7% en 2020, según un informe de NSI Nursing Solutions.

Por eso, las enfermeras de las agencias temporales llenaron más turnos. Su salario, y el costo posterior para los hospitales, se disparó a medida que aumentaba covid-19. Las enfermeras itinerantes ganaban hasta $10,000 a la semana a fines de 2020, aunque el precio promedio bajó a alrededor de $3,000 este año.

Antes de la pandemia, Piedmont Healthcare, con sede en Atlanta, gastaba $20 millones anuales en enfermeras de agencias. “Durante el último año fiscal, gastamos $400 millones”, dijo Kevin Brown,  director ejecutivo de Piedmont. Alrededor de un tercio de ese total fue directamente a las agencias, no a las enfermeras, agregó.

Para eliminar a los intermediarios, Piedmont formó una unidad de personal hospitalario para brindar lo que los funcionarios llamaron lo mejor de ambos mundos: la flexibilidad de una agencia de personal, y la estabilidad y el apoyo de un sistema de salud local.

Tal flexibilidad laboral es un atractivo clave para las enfermeras, dijo Akin Demehin, director sénior de política de calidad y seguridad del paciente en la Asociación Estadounidense de Hospitales.

El concepto de agencias internas de personal hospitalario no es nuevo. El Henry Ford Health System de cinco hospitales, con sede en Detroit, comenzó su unidad de personal interno en 2013. Además de enfermeras, el grupo incluye asistentes médicos, técnicos quirúrgicos y de sala de emergencias. Los miembros del equipo obtienen un pago por hora más alto que el personal regular, y pueden elegir sus turnos.

El costo total es significativamente menor que si se usa el personal de una agencia externa, dijo Kim Sauro, directora de lo que el sistema Henry Ford llama el .

Pero para muchas enfermeras, los programas hospitalarios internos no superarán el atractivo del pago de la agencia temporal y las oportunidades de viaje, al menos durante algunos períodos de sus vidas.

Ryan Bannan y su esposa, Bharvi Desai Bannan, ambos enfermeros de Atlanta, viajaron durante casi dos años, trabajando en Florida, Arizona y Utah, entre otros lugares. “La ventaja ante todo fue la compensación”, dijo Bannan.

Ahora que la pareja está esperando un bebé, están de vuelta en Atlanta. Ryan trabaja como personal de enfermería en una unidad de cuidados intensivos, mientras que Bharvi es una “enfermera itinerante interna”, con períodos de 13 semanas, para un segundo sistema hospitalario local.

Scala, de Allegheny Health Network, dijo que también había considerado ser enfermera itinerante. “Pero tengo un niño pequeño”, dijo.

La industria de las agencias de trabajo temporal médico sigue siendo un negocio rentable a pesar de que los ingresos han disminuido desde el clímax de la pandemia.

Chris Eales, presidente de la agencia , con sede en Cumming, Georgia, dijo que las nuevas unidades de personal hospitalario no representan una amenaza inmediata para las agencias temporales. “Su éxito dependerá en gran medida de su capacidad para atraer, reclutar y retener enfermeras”, dijo Eales.

Su empresa, dijo, todavía está colocando enfermeras temporales en hospitales que han establecido unidades móviles de personal.

De hecho, Allegheny Health Network continúa utilizando la ayuda de algunas agencias temporales. Pero el éxodo de enfermeras durante la pandemia, muchas a trabajos de agencias mejor pagos, ayudó a impulsar la creación de su equipo interno, dijo Claire Zangerle, directora ejecutiva de enfermería del sistema.

El sistema aumentó salarios y beneficios para las enfermeras de planta que se quedaron. Y la unidad móvil ofreció un pago por hora aún más alto. Esos empleados móviles se trasladan entre hospitales pero tienen acceso a todos los beneficios y “pueden dormir en su propia cama”, dijo Zangerle.

“No creo que alguna vez estemos libres de agencias temporales”, dijo Zangerle. Pero los equipos de trabajo hospitalarios flexibles, agregó, “van a cambiar el mercado laboral”.

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Hospitales enfrentan más casos de covid en personas ya hospitalizadas, con menos personal /es/health-industry/hospitales-enfrentan-mas-casos-de-covid-en-personas-ya-hospitalizadas-con-menos-personal/ Thu, 13 Jan 2022 17:24:48 +0000 El 11 de enero, la Clínica Cleveland de Weston, en el sur de la Florida, estaba tratando a 80 pacientes con covid-19, 10 veces más que a fines diciembre. Casi la mitad fueron hospitalizados ​​por otras razones médicas.

El aumento impulsado por la extremadamente infecciosa variante omicron abrumó al hospital de 206 camas: ahora tiene 250. El aumento de casos se produjo cuando el hospital ya enfrentaba una grave escasez de personal, con enfermeras y otros cuidadores ausentes por covid.

El desafío es encontrar espacio para tratar de manera segura a todos los pacientes con covid mientras se mantiene a salvo al personal y al resto de los pacientes, explicó el doctor Scott Ross, director médico.

“No es un problema de PPE”, dijo, refiriéndose a los equipos de protección personal como máscaras, “ni un problema de oxígeno, o de ventiladores. Es un problema de volumen y de asegurarnos de tener suficientes camas y cuidadores para los pacientes”.

A nivel nacional, los casos de covid y las hospitalizaciones están en sus desde que comenzó la pandemia. Sin embargo, a diferencia de los aumentos repentinos anteriores por covid, una gran parte de los pacientes con covid llegan al hospital por otras razones.

Las infecciones están exacerbando algunas condiciones médicas y dificultando la reducción de la propagación de covid dentro de las paredes del hospital, especialmente porque los pacientes se presentan en etapas más tempranas y más infecciosas de la enfermedad.

Aunque la variante omicron generalmente produce casos más leves, agregar la gran cantidad de estas hospitalizaciones “incidentales” a las causadas directamente por covid podría ser un punto de inflexión para un sistema de atención médica que tambalea a medida que continúa la batalla contra la pandemia.

El aumento de las tasas de covid en la comunidad también se traduce en un aumento de las infecciones entre los trabajadores de salud, lo que desequlibra más al ya abrumado sistema.

Los funcionarios y el personal de 13 sistemas hospitalarios de todo el país dijeron que la atención de pacientes infectados que necesitan otros servicios médicos es un desafío y, a veces, requiere protocolos diferentes.

El doctor Robert Jansen, director médico de Grady Health System, en Atlanta, Georgia, dijo que la tasa de infección en su comunidad no tenía precedentes. Grady Memorial Hospital pasó de 18 pacientes con covid el 1 de diciembre a 259 la semana del 3 de enero.

Aproximadamente del 80% al 90% de esos pacientes tienen covid como su diagnóstico principal o tienen una condición de salud, como enfermedad de células falciformes o insuficiencia cardíaca, que ha empeorado por covid, dijo Jansen.

Aunque menos de sus pacientes han desarrollado neumonía causada por covid que durante los picos más importantes a principios del año pasado, los líderes de Grady están lidiando con un gran número de trabajadores de salud con covid. En un momento, dijo Jansen, 100 enfermeras y otros 50 miembros del personal estaban ausentes por enfermedad.

En uno de los sistemas hospitalarios más grandes de Nueva Jersey, Atlantic Health System, donde aproximadamente la mitad de los pacientes con covid ingresaron por otras razones, no todos aquellos con covid incidental pueden trasladarse a las salas de covid, dijo el director ejecutivo . Necesitan servicios especializados para sus otras afecciones, por lo que el personal del hospital toma precauciones especiales, como usar PPE de mayor nivel cuando trata a pacientes con covid en lugares como un ala cardíaca.

En el Hospital Jackson Memorial de Miami, donde aproximadamente la mitad de los pacientes con covid están allí principalmente por otros motivos de salud, a todos los pacientes internados​​ por covid, ya sea que tengan síntomas o no, se los trata en una parte del hospital reservada para pacientes con la infección, dijo el doctor Hany Atallah, director médico.

Independientemente de si los pacientes son admitidos por covid, o con covid, aún ponen a prueba la capacidad del hospital para operar, dijo el , jefe de incidentes de la Fuerza de Tareas Metropolitana contra la Pandemia de St. Louis, una colaboración de los sistemas de atención médica más grandes del área. Estimó que del 80% al 90% de los pacientes en los hospitales de la región están ahí por covid.

En Weston, Florida, la Clínica Cleveland también está teniendo dificultades para dar de alta a los pacientes con covid en hogares de adultos mayores o centros de rehabilitación porque muchos lugares no pueden atender a más pacientes con covid, dijo Ross.

El hospital también está teniendo dificultades para enviar a los pacientes a casa, por temor a que pongan en riesgo a las personas con las que viven.

Todo esto significa que hay una razón por la que los hospitales les dicen a las personas que se mantengan alejadas de la sala de emergencias a menos que sea realmente una emergencia, dijo el , médico de emergencias en el Brigham and Women’s Hospital de Boston.

La gran cantidad de pacientes que se presentan y no saben que tienen covid durante este aumento aterrador, dijo Faust. A medida que llegan más casos incidentales a los hospitales, representan un mayor riesgo para el personal y otros pacientes del hospital porque generalmente se encuentran en una etapa más contagiosa de la enfermedad, antes de que comiencen los síntomas, dijo Faust.

En las anteriores oleadas de covid, las personas estaban siendo hospitalizadas en las fases media y posterior de la enfermedad.

En el análisis de de Faust, el 7 de enero mostró el segundo número más alto de casos de covid de “inicio en el hospital” desde que comenzó la pandemia. Pero estos datos representan solo a las personas que estuvieron en el hospital durante 14 días antes de dar positivo por covid, dijo Faust, por lo que es probable que se haya subestimado.

Una serie de investigación de KHN reveló múltiples lagunas en la supervisión del gobierno al responsabilizar a los hospitales por las altas tasas de pacientes con covid que fueron diagnosticados al ser admitidos, incluido que los sistemas de informes federales no registran públicamente los casos de covid contraídos en hospitales.

“Las personas en el hospital son vulnerables por muchas razones”, dijo el , especialista en enfermedades infecciosas en Memphis, Tennessee. “Todas sus enfermedades subyacentes existentes con múltiples condiciones médicas, todo eso los pone en un riesgo mucho mayor”.

La sala de emergencias en particular es una zona de peligro potencial en medio de la actual avalancha de casos, agregó Garza. Recomendó que los pacientes usen máscaras de alta calidad, como una KN95 o un respirador N95. Según The Washington Post, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) están sopesando si recomendar que todos los estadounidenses utilicen estas máscaras durante la crisis de omicron.

“Es física y matemáticas”, explicó Garza. “Si tienes mucha gente concentrada en un área y una carga viral alta, la probabilidad de que te expongas a algo así si no llevas la protección adecuada es mucho mayor”.

Si los pacientes no pueden tolerar una N95 durante todo un día, Faust dice que deben usarlas cuando están en contacto con el personal del hospital, los visitantes u otros pacientes.

El , médico de medicina de emergencia del sistema de Servicios de Salud Samaritan de Oregon, dijo que debido a la escasez de enfermeras, más pacientes se agrupan en habitaciones de hospital. Esto aumenta su riesgo de infección.

El , becario de enfermedades infecciosas en Stanford, cree que todos los trabajadores de salud deberían tener el mandato de usar N95 para cada interacción con el paciente, no solo máscaras quirúrgicas, considerando el aumento en el riesgo de exposición a covid.

Pero en ausencia de mandatos de máscaras de mayor calidad para el personal, recomendó que los pacientes pidan a sus proveedores que usen un N95.

“¿Por qué deberíamos responsabilizar a los pacientes para que se protejan de los trabajadores de salud?”, se preguntó. “Es tan equivocado”.

Es posible que algunos trabajadores del hospital no sepan que se están enfermando e infectando. E incluso si lo saben, en algunos estados, incluidos Rhode Island y California, los que no presentan síntomas pueden ser llamados a trabajar nuevamente debido a la escasez de personal.

A Faust le gustaría ver una actualización de la capacidad de prueba para los trabajadores de salud y otros miembros del personal.

En Stanford, se recomiendan las pruebas periódicas, dijo Karan, y están disponibles para el personal. Pero esa es una excepción a la regla: Jain dijo que algunos hospitales se han resistido a las pruebas de rutina del personal, tanto por la fuga de recursos del laboratorio como por los posibles resultados.

“Los hospitales no quieren saber”, dijo. “Simplemente no tenemos el personal”.

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Laboratorios sin técnicos: por qué los expertos en salud pública están renunciando /es/health-industry/laboratorios-sin-tecnicos-por-que-los-expertos-en-salud-publica-estan-renunciando/ Tue, 02 Nov 2021 12:31:00 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1402042 Hubo días, noches y fines de semana en los primeros meses de la pandemia en los que Denise Von Bargen era la única persona que realizaba pruebas de covid en el laboratorio de salud pública del condado de Ventura, en California. Supo tener ocho o nueve empleados que la ayudaban. Pero, uno tras otro, todos se retiraron o cambiaron de empleo.

Al igual que otros laboratorios de salud pública en California encargados de las pruebas y la vigilancia de enfermedades a gran escala, el laboratorio de Ventura recibió dinero federal y estatal para nuevos equipos y contrataciones a corto plazo para reforzar su respuesta ante covid-19. Pero el financiamiento fue temporal y Von Bargen, la directora, no pudo usarlo para aumentar los salarios de sus empleados, quienes podían ganar más dinero en el sector privado, con menos trabajo.

Las operaciones se deterioraron aún más en octubre, después que el laboratorio perdiera su licencia para realizar pruebas de rutina que verifican el agua del océano del condado en busca de bacterias mortales. Parece haber sido un error administrativo: el papeleo de la licencia cambió y el personal normalmente responsable de presentar la solicitud había renunciado.

“La mayor amenaza para [los laboratorios de salud pública] en este momento no es el próximo patógeno emergente”, dijo Donna Ferguson, directora del laboratorio de salud pública en el condado de Monterey, “sino que los laboratorios cierren por la falta de personal”.

En todo California, los departamentos de salud pública están perdiendo personal experimentado debido a los retiros, el agotamiento, la política partidista y los trabajos mejor pagos. Incluso antes de que la pandemia de coronavirus drenara los departamentos, la cantidad de personal se había reducido con los presupuestos del condado.

Pero la disminución se ha acelerado durante el último año y medio, incluso cuando se han recibido millones de dólares en dinero federal.

Enfermeras de salud pública, microbiólogos, epidemiólogos, funcionarios de salud y otros miembros del personal que defienden a la población contra enfermedades infecciosas como la tuberculosis y el VIH, inspeccionan los restaurantes y el trabajo para mantener la salud de las comunidades están abandonando el campo.

Es un problema que los aumentos temporales de financiación no pueden solucionar.

La fuga de cerebros está socavando la supervisión de la salud comunitaria a todo nivel, grande y pequeño. Las personas que trabajan en los laboratorios de salud pública, por ejemplo, realizan pruebas complejas para detectar enfermedades mortales que requieren capacitación especializada de la que carecen la mayoría de los laboratorios comerciales.

Si bien su trabajo es en gran parte invisible para el público, afectan a casi todos los aspectos de la sociedad. Los laboratorios de salud pública toman muestras de los mariscos para asegurarse de que sean seguros para comer. Supervisan el agua potable y desarrollan pruebas para detectar amenazas emergentes para la salud, como virus resistentes a los antibióticos. También realizan pruebas para detectar enfermedades graves, como el sarampión y covid. Y, por lo general, lo hacen a una fracción del costo de los laboratorios comerciales, y más rápido.

Los directores de laboratorios públicos generalmente deben tener un doctorado y deben tener las credenciales adecuadas para que sus laboratorios estén certificados.

Ferguson dijo que se siente como si hubiera una puerta giratoria en su laboratorio, ya que los recién graduados universitarios se unen durante unos meses para ganar experiencia, con un salario inicial de $19 la hora, y luego pasan a trabajos mejor pagados en hospitales. Es casi imposible contratar personal calificado para puestos de medio tiempo, como los creados con ráfagas temporales de fondos, debido a la capacitación requerida. En California, muchos puestos de laboratorio requieren un certificado de microbiólogo experto en salud pública del Departamento de Salud Pública.

California tiene 29 laboratorios de salud pública, en comparación con casi 40 antes de la recesión de 2008. Un laboratorio en Merced ha estado sin director durante meses y podría cerrar pronto.

Si bien no hay un recuento oficial de cuánto se ha reducido el campo, casi todos los laboratorios carecen de miembros clave entre su personal, dijo Godfred Masinde, presidente de la Asociación de Directores de Laboratorios de Salud Pública de California, director del laboratorio de San Francisco y director interino del laboratorio del condado de Fresno. Docenas de puestos de microbiólogos de salud pública están vacantes en todo el estado.

“Ahora tenemos financiación; tenemos equipo”, dijo Masinde. “Pero no tenemos el personal para operarlo”.

Su laboratorio de San Francisco generalmente realiza 100,000 pruebas para gonorrea y clamidia cada año, y entre 150 y 200 pruebas para sífilis todos los días, dijo Masinde. Si bien California también tiene laboratorios estatales, señaló, simplemente no tienen la capacidad para relevar a los laboratorios cerrados del condado.

Los condados también están luchando para contratar y retener personal para otros puestos. Una encuesta informal realizada por los directores de enfermería de salud pública de California encontró que al menos 84 enfermeras de salud pública han dejado sus trabajos desde marzo de 2020. Muchas se jubilaron, parte de una fuerza laboral canosa que enfrenta el desafío de reclutar enfermeras en un campo gris que requiere una acreditación especial.

Las enfermeras de salud pública están capacitadas en enfermería y salud comunitaria y, a menudo, trabajan con familias o grupos comunitarios, no solo con clientes individuales.

Realizan visitas domiciliarias después del parto, trabajan en el desarrollo de la primera infancia y ayudan a responder a los brotes de enfermedades infecciosas. “Por lo tanto, brindan un enfoque más holístico y también abordan los determinantes sociales de la salud”, dijo Michelle Curioso, directora de enfermería de salud pública del condado de Kern y presidenta de los directores de enfermería de salud pública de California. Al igual que el personal de laboratorio, las enfermeras de salud pública deben estar especialmente certificadas para trabajar en departamentos de salud pública.

En California, el salario anual promedio de una enfermera registrada es de más de $120,000, según la Oficina de Trabajo y Estadísticas, mientras que los puestos de trabajo de enfermera de salud pública en varios condados ofrecen salarios a partir de $65,000.

La escasez de enfermeras ha sido particularmente grave en las zonas rurales de California. En el condado de Butte, varias enfermeras de salud pública se jubilaron antes de lo esperado, dijo Monica Soderstrom, directora de enfermería de salud pública de Butte. Y dos enfermeras jóvenes que se tomaron una licencia por embarazo decidieron no regresar después de encontrar trabajos con salarios más altos. “Ha sido difícil cubrir nuestros puestos vacantes”, afirmó Soderstrom, “ya que competimos con hospitales y clínicas que pagan bonificaciones de inicio debido a las necesidades de personal por covid”.

La pérdida de los principales líderes de salud del condado (directores de departamentos y funcionarios de salud encargados de liderar la respuesta a la pandemia en las comunidades locales) ha sido particularmente grave, reflejando una tendencia nacional.

Diecisiete de los 58 condados de California han perdido a su oficial de salud desde marzo de 2020, y al menos 27 han perdido a un director o subdirector. El director y el subdirector del Departamento de Salud Pública estatal también renunciaron.

La experiencia colectiva perdida con esas salidas es difícil de exagerar.

Tomemos, por ejemplo, al doctor Robert Bernstein, quien se mudó a California en 2018 para convertirse en oficial de salud del condado rural de Tuolumne después de más de dos décadas trabajando en salud pública para los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Departamento de Salud de Florida.

En California, los funcionarios de salud deben ser médicos y están encargados de hacer cumplir los estatutos estatales y locales, y de proteger al público de los peligros para la salud.

En marzo de 2020, justo cuando la pandemia estaba haciendo su primer aumento en todo el estado, la junta de supervisores del condado le pidió a Bernstein que renunciara. Según Bernstein, los supervisores estaban molestos porque había ordenado vacunas contra la rabia para dos niños mordidos por murciélagos, incluido un murciélago que dio positivo por rabia, en contra de los deseos de sus padres. El condado se negó a comentar sobre el asunto, diciendo que está legalmente prohibido discutir asuntos de personal.

Bernstein se mudó al condado de Butte y se convirtió en funcionario de salud después de que su predecesor renunciara en mayo de 2020. Observó cómo sus colegas en los condados vecinos, comenzaban a renunciar uno tras otro, luego de enfrentar amenazas públicas por haber emitido órdenes relacionadas con covid.

En algunas comunidades, los funcionarios de salud pública también enfrentaron un rechazo humillante por parte de los funcionarios electos locales, incluso cuando los líderes policiales se negaban abiertamente a cumplir sus directivas de salud.

“Podrías, como funcionario de salud pública, tener la autoridad y la responsabilidad de recomendar o incluso ordenar ciertas acciones de salud pública”, dijo Bernstein, “pero necesitas una asociación con los que tienen la autoridad para llevarlas a cabo”.

En septiembre de este año, Bernstein estaba desilusionado con la dinámica y la idea de que su familia podría verse atrapada en el rencor de por covid. “Acabo de decidir que, como padre de trillizos de 16 años, no necesito que ni yo ni los niños sean amenazados de ninguna manera, y puedo hacer un buen trabajo de salud pública a nivel estatal, federal o incluso internacional”, dijo Bernstein.

Michelle Gibbons, directora ejecutiva de la Asociación de Ejecutivos de Salud de los Condados de California, dijo que los departamentos locales están viendo los efectos en cascada de esas deserciones de alto nivel, y los gerentes de nivel medio dudan en pasar a puestos de alto nivel, a pesar de que los altos funcionarios pueden obtener salarios de más de $200,000 .

El presupuesto estatal de este año incluyó $3 millones para una evaluación de la infraestructura de salud pública de California, y los líderes de salud pública creen que mostrará que la dotación de personal y la capacitación son problemas importantes.

Aún así, el presupuesto no incluyó fondos adicionales a largo plazo para los departamentos de salud. En medio de titulares negativos y un bombardeo de cabildeo, el gobernador Gavin Newsom finalmente acordó agregar $300 millones al año para la salud pública, un acuerdo de apretón de manos que no está programado para comenzar hasta julio.

Los defensores advierten que el momento es importante: muchos trabajadores de salud pública están esperando a que sus comunidades superen la pandemia y se irán una vez que mejore. “Veremos una gran ola de jubilaciones cuando esto termine”, dijo Kat DeBurgh, directora ejecutiva de la Asociación de Oficiales de Salud de California.

En el condado de Ventura, Von Bargen, agotado por la pandemia, ha estado tratando de jubilarse durante un año. No quería abandonar el laboratorio por el que luchó tanto por mantener abierto, y le tomó tanto tiempo encontrar un reemplazo. Su sucesor comenzará a principios del próximo año, momento en el que Von Bargen también se unirá a las filas de ex empleados de salud pública.

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Para este enfermero de cuidados paliativos, la vacuna de covid llegó demasiado tarde /es/health-industry/para-este-enfermero-de-cuidados-paliativos-la-vacuna-de-covid-llego-demasiado-tarde/ Tue, 06 Apr 2021 17:24:04 +0000 https://khn.org/?p=1287406 Antonio Espinoza amaba a los Dodgers de Los Angeles. Los quería tanto que para su velatorio lo vistieron con su camiseta del equipo. Su familia y amigos, incluido su hijo de 3 años, también usaron remeras, y gorras de béisbol azul y blancas, en su honor.

Espinoza murió de covid a los 36 años, apenas unos días después de recibir la primera dosis de una de las vacunas contra el virus. Era un enfermero de cuidados paliativos, que arriesgó la vida para ayudar a los pacientes de covid, y a muchas otras personas, a morir en paz.

Cuando estalló la pandemia, a su familia no le sorprendió que este “gigante gentil”, como le llamaban sus amigos y familiares, diera un paso al frente.

“Su actitud era: ‘No, no voy a tener miedo'”, contó Nancy Espinoza, su esposa desde hacía 10 años. “Este es nuestro momento”, le había dicho a su esposa. “Esta es la razón por la que me hice enfermero”.

Antonio Espinoza con su hijo Ezekiel. (Nancy Espinoza)

Como enfermero de cuidados paliativos y jefe de enfermería de Calstro Hospice en Montclair, California, Espinoza habitualmente hacía visitas a domicilio, iba a centros de vida asistida y realizaba citas de defunción, cuando un enfermero especializado declara la muerte de un paciente.

Los trabajadores de los hospicios no son sólo médicos y profesionales de enfermería: hay asistentes de salud en el hogar, trabajadores sociales, capellanes y consejeros. En el último año, han frecuentado algunos de los entornos de mayor riesgo sanitario, como residencias de adultos mayores, centros de vida asistida y las propias casas de los pacientes.

Los cuidados paliativos exigen una atención íntima del paciente, y los requisitos de seguridad adicionales y la necesidad de equipos de protección personal lo vuelven complicado, explicó Alicia Murray, presidenta de la junta directiva de la .

Pero dijo que los trabajadores de los hospicios asumieron el reto, sabiendo que podían ser las únicas personas que acompañarían a los pacientes terminales, cuando a los familiares no se les permitía visitar los centros médicos y de cuidados de largo plazo.

“Cuidan a personas que están muriendo y, en particular, a los moribundos de covid que pueden estar propagando el virus”, señaló el doctor Karl Steinberg, geriatra y especialista en cuidados paliativos que es director médico de Hospice by the Sea, en Solana Beach, California, y de varias residencias de mayores.

A los pocos meses de la pandemia, cuando Calstro Hospice empezó a atender a pacientes con covid, Espinoza ayudó a crear una unidad de covid. Parte de su trabajo consistía en asegurarse de que el personal tuviera suficiente equipo de protección, incluido él mismo.

Ezekiel Espinoza sostiene una fotografía de su primer partido de los Dodgers de Los Angeles junto a su padre. (Heidi de Marco/KHN)

“A algunos les costaba conseguir el equipo de protección personal, pero su oficina contaba con el equipo adecuado”, aseguró su esposa y añadió que, justo antes de enfermar, recibió con entusiasmo un gran cargamento de batas, mascarillas N95, escarpines y protectores faciales del condado de San Bernardino.

Espinoza cayó enfermo unos días después de su primera dosis de la vacuna de covid, el 5 de enero, pero fue a trabajar pensando que era una reacción a la vacuna. “Tenía dolor de garganta y se sentía un poco indispuesto, pero nada importante”, dijo Nancy Espinoza. Los síntomas se convirtieron en fiebre y escalofríos, y el 10 de enero dio positivo para covid.

Otros siete miembros del personal de Calstro Hospice también se contagiaron de covid durante la pandemia, apuntó Jennifer Arrington, directora de servicios de atención al paciente de Calstro Hospice.

Espinoza fue una víctima de las circunstancias, según la doctora Lucy Horton, especialista en enfermedades infecciosas y profesora de la Escuela de Medicina de la Universidad de California-San Diego.

Nancy Espinoza junto a la fotografía que presidió el funeral de su marido, Antonio Espinoza, en marzo. Murió de complicaciones relacionadas con covid el 25 de enero de 2021. (Heidi de Marco/KHN)

El período de incubación del virus es de cinco a siete días promedio. “Si el resultado es positivo unos días después de la vacuna, lo más probable es que te hayas expuesto antes de recibir la primera dosis”, explicó Horton.

Horton dijo que las personas no están completamente vacunadas hasta al menos 14 días después de la segunda dosis de una vacuna de dos dosis, o la primera dosis de una versión de una dosis. Y agregó que, inmediatamente después de la primera dosis, los beneficios de la vacuna todavía no están funcionando a pleno.

“Incluso después de estar completamente vacunado, sigue habiendo un riesgo remanente”, advirtió Horton, coautora de una carta al sobre las tasas de infección post-vacunación entre los trabajadores de la salud en California. “Aunque sea mucho menor, sigue estando presente”.

Nancy Espinoza y su hijo, Ezekiel, visitan la tumba de Antonio Espinoza en Forest Lawn, Long Beach, California. (Heidi de Marco/KHN)

Espinoza sabía que quería cuidar de los demás y dedicarse a la atención de salud desde que estaba en la preparatoria, y se dio cuenta de que la comunidad hispana necesitaba enfermeros latinos de cuidados paliativos, dijo su mujer. “Se propuso ayudar a la comunidad hispana a entender el mundo de los cuidados paliativos y a no tenerle miedo”, señaló.

El 15 de enero, Nancy Espinoza y el hijo pequeño de la pareja, Ezekiel, hablaron por teléfono con Antonio por última vez. “Te quiero” fueron las últimas palabras que escuchó decir a su marido.

Le permitieron visitarlo justo antes de morir, el 25 de enero. Estaba intubado con un nivel de oxígeno del 25%.

Nancy Espinoza estuvo en la habitación a solas con su marido por última vez. “Sólo quería sostener su mano y rezar por él”, dijo. “Quería que supiera que no estaba solo”.

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Nueva York enfrenta la segunda ola de COVID con disparidades y controversia /es/health-industry/nueva-york-enfrenta-la-segunda-ola-de-covid-con-disparidades-y-controversia/ Thu, 03 Dec 2020 20:17:43 +0000 https://khn.org/?p=1228097 Ningún municipio del país sufrió más durante la primera ola de la pandemia que la ciudad de Nueva York, que registró más de 24,000 muertes, la mayoría en la primavera. El personal médico de Nueva York sabe exactamente lo difíciles y peligrosos que pueden ser los hospitales abrumados y se preparan con cautela cuando las infecciones están en aumento.

En el área metropolitana de Nueva York, líderes de salud pública y trabajadores de salud dicen que están observando la tendencia a medida que las unidades de cuidados intensivos se llenan en otras partes de los Estados Unidos y en todo el mundo. Dicen que les recuerda la primavera pasada, cuando las sirenas de las ambulancias eran omnipresentes y la región era el epicentro de la pandemia de COVID-19 del país.

Todos concuerdan en que los hospitales y los proveedores de atención están en mucho mejor estado ahora que entonces, porque hay mucho más conocimiento sobre la enfermedad y cómo manejarla; hay mayor reservas de equipo de protección personal; y pruebas mucho, mucho más extendidas.

Pero al mismo tiempo, muchos trabajadores de primera línea están nerviosos por la preparación del hospital, y muchos observadores son menos optimistas sobre la efectividad de la infraestructura de rastreo y pruebas para el coronavirus.

“Creo que hay mucha ansiedad”, dijo la doctora Laura Iavicoli, jefa de preparación para emergencias de NYC Health + Hospitals, el sistema hospitalario municipal más grande del país. Iavicoli también es médica en la sala de emergencias del Elmhurst Hospital, en Queens, que llegó a definirse como “el epicentro del epicentro” en abril. Aún así, tiene una enorme confianza en el personal del sistema hospitalario municipal.

“He trabajado con ellos durante 20 años y son las personas más increíbles de las que puedo hablar, pero hay ansiedad y fatiga por COVID”, expresó.

“Estamos haciendo un poco de redistribución alrededor del sistema para darles capacidad a los pacientes de COVID, pero es muy manejable dentro del sistema”, dijo Iavicoli. “El aumento es definitivamente típico en la temporada de gripe, pero sabiendo que acabamos de entrar en la segunda ola [de COVID-19] y prediciendo lo que vendrá, somos un poco más conscientes de lo normal para asegurarnos de tener capacidad en todas nuestras 11 instalaciones”.

Sin embargo, muchas enfermeras dicen que los administradores del hospital no han aprendido lo suficiente de la experiencia de marzo y abril.

“Estamos asustadas porque tememos que vamos a tener que pasar por todo de nuevo”, dijo Michelle González, enfermera de cuidados intensivos en Montefiore Medical Center, en el Bronx, y representante sindical de NYSNA, New York, la asociación de enfermeras del estado.

González dijo que en su unidad, las enfermeras generalmente atienden a uno o dos pacientes a la vez, pero ahora tienen que cuidar tres, con el número de pacientes con COVID aumentando una vez más. Atender a cuatro pacientes o más fue algo común durante el pico de la pandemia, lo cual es abrumador, dijo Gonzál;ez. Si un paciente colapsa, varias enfermeras deben converger a la vez, dejando a otros pacientes sin supervisión.

Un vocero del sindicato dijo que Montefiore, según sus propios cálculos, tiene 476 puestos de enfermería vacantes, un número que ha aumentado en casi 100 desde 2019.

“La gerencia no está cumpliendo su promesa de cubrir las vacantes y contratar enfermeras”, dijo Kristi Barnes, de NYSNA. “En la primera semana de diciembre, tenían 188 puestos de enfermería a tiempo completo que ni siquiera habían publicado, por lo que no hay forma de que se puedan cubrir”.

La administración de Montefiore dice que eso no es correcto.

“Tenemos un acuerdo contractual con el sindicato y cumplimos con las obligaciones contractuales de ese acuerdo”, dijo Peter Semczuk, vicepresidente senior de operaciones. “Adaptamos nuestro personal de una manera flexible para satisfacer las necesidades del paciente”.

Como muchos sistemas hospitalarios, Montefiore dependió en gran medida, , de las agencias de personal temporal que ofrecen “enfermeras viajeras”. Los hospitales se están preparando para hacerlo nuevamente, pero hay demanda en todo el país.

NYSNA encabezó una a principios de diciembre, luego de que las negociaciones para tener contratos por dos años que estaban en marcha se estancaran.

Iavicoli dijo que cada una de las instalaciones de su red ha presentado solicitudes para que NYC Health + Hospitals pueda realizar un pedido preliminar ahora.

Esta vez, los planificadores de salud esperan que los neoyorquinos no lleguen a las salas de emergencia. Señalan el por COVID en los últimos dos meses en comparación con otras áreas, incluidas y .

Esperan que las pruebas mantengan la curva relativamente, que se administran de manera más generalizada en Nueva York que en casi . Aproximadamente 200,000 personas en todo el estado se hacen la prueba cada día, aproximadamente un tercio de ellas en la ciudad de Nueva York.

“Es el primer paso para interrumpir una mayor propagación”, dijo el doctor Dave Chokshi, comisionado de salud de la ciudad.

Agregó que las pruebas masivas funcionan en dos niveles: al resaltar qué áreas son zonas calientes, para que los trabajadores de salud puedan dirigirse a los residentes con mensajes “hiperlocales” sobre la propagación de COVID-19, para hacer que cambien su comportamiento y también al permitir los rastreadores de contacto comunicarse individualmente con personas recién infectadas.

“Una vez que alguien da positivo, rápidamente lo ayudamos a aislarse”, dijo Chokshi. “Tenemos una entrevista con ellos para saber quiénes son sus contactos cercanos, y luego llamamos a esos contactos y nos aseguramos de que también estén en cuarentena”.

Sin embargo, el programa de rastreo de contactos de la ciudad ha tenido un historial mixto.

Las personas a las que contactan cumplen con la cuarentena, pero comparte los nombres de las personas a las que podrían haber expuesto. Denis Nash, epidemiólogo que trabajó anteriormente para el Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC), dijo que la ciudad no ha profundizado con éxito en cómo se propaga realmente el coronavirus, porque los rastreadores de contactos no preguntan lo suficiente sobre los comportamientos de las personas y sus posibles exposiciones.

Este conocimiento, aunque imperfecto, podría conducir a decisiones de política pública mejor informadas, dijo Nash, sobre si cerrar el interior de  los restaurantes, salones de belleza o gimnasios. Sin esos datos, los líderes solo están haciendo conjeturas.

Otros culpan al programa de pruebas y rastreo de la ciudad por no llegar lo suficiente a las comunidades pobres de color, que sufrieron desproporcionadamente durante la primera ola de COVID. Chokshi, el comisionado de salud, dijo que llevar los sitios de prueba a estos vecindarios ha sido una prioridad, pero un sugirió que no está funcionando tan bien como pretendía la ciudad.

“Es evidente que existe una disparidad en la realización de pruebas generalizadas en la ciudad de Nueva York”, dijo Wil Lieberman-Cribbin, estudiante graduado e investigador de salud ambiental en la Universidad de Columbia.

Lieberman-Cribbin observó cuántas personas se están haciendo la prueba, por vecindario, y correlacionó esas cifras con la raza, el nivel de ingresos y la tasa de resultados positivos para COVID. En las áreas más ricas, las personas se hacen muchas más pruebas y tienen mucha menos enfermedad. En los más pobres, las personas reciben muchas menos pruebas y están mucho más enfermas.

Más pruebas en esas áreas detectarían los casos antes de que las personas desarrollen síntomas.

“Las pruebas son realmente necesarias, no solo para proteger a los más vulnerables, sino para tratar colectivamente de controlar a COVID y reabrir la ciudad de Nueva York”, dijo Lieberman-Cribbin.

El equipo de protección personal, o EPP, también es mucho más amplio que la primavera pasada, pero todavía sigue siendo motivo de controversia.

Las autoridades de salud del estado de Nueva York exigen que los hospitales acumulen un suministro de EPP para 90 días; para los hogares de adultos mayores, para 60 días. Muchas instalaciones han cumplido con los plazos de septiembre y octubre, pero otras no.

Montefiore, NYC Health + Hospitals y otras grandes redes de hospitales dicen que tienen al menos ese stock, si no más.

Las enfermeras, sin embargo, dicen que deben poder obtener máscaras N95 nuevas cada vez que ven a un nuevo paciente, para limitar el riesgo de contaminación. Muchos administradores responden que eso no es factible, dada la precariedad de la cadena de suministro. Remarcan que las permiten el “uso extendido” de algunos PPE.

“[Las enfermeras y otros cuidadores] se cambian los guantes entre pacientes y paciente, pero pueden usar la misma mascarilla N95 durante un turno y colocar una mascarilla quirúrgica sobre ella solo para preservarla y cambiarla si se rompe o contamina”, dijo Iavicoli, del sistema hospitalario de la ciudad. “Pero definitivamente en el próximo turno, recibirán una nueva”.

Esta historia es parte de una alianza que incluye a WNYC, NPR y KHN.

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Enfermeros itinerantes en alto riesgo frente a condiciones de atención de COVID-19 /es/health-industry/enfermeros-itinerantes-en-alto-riesgo-frente-a-condiciones-de-atencion-de-covid-19/ Wed, 04 Nov 2020 18:28:29 +0000 David Joel Perea llamó desde Maine, Vermont, Minnesota y, la última vez, desde Nevada, siempre con el mismo pedido: “Mamá, ¿puedes enviarme tamales?”. Dominga Perea los enviaba por correo nocturno.

Así es como se enteraba dónde estaba su hijo de 35 años.

El enfermero itinerante tenía “una tremenda ética de trabajo”, le dedicaba 80 horas por semana, contó Daniel, su hermano.

El enfermero David Perea aparece en esta foto del 6 de abril, el primer día que fue hospitalizado con COVID-19. Murió el 19 de ese mes. (Daniel Perea)

Pero Dominga se asustó “muchísimo”, cuando Perea aceptó un trabajo en Lakeside Health & Wellness Suites, una residencia para adultos mayores de Reno que, desde 2017, ha recibido por temas de seguridad de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid (CMS).

Durante el tiempo que Perea trabajó allí, casi una quinta parte de los residentes de Lakeside se infectó , según registros de salud del estado. La “máxima prioridad de Lakeside es la seguridad de quienes viven y trabajan en nuestras instalaciones”, declaró un vocero.

Cuando su hijo no respondió a su mensaje el 6 de abril, Dominga supo que algo andaba mal. Perea tenía COVID-19. Murió días después.

A medida que COVID-19 se expande por todo el país, los sistemas de salud continúan sufriendo una escasez crítica de personal no médico, como enfermeras, técnicos de rayos X y terapeutas expertos en enfermedades respiratorias.

Para enfrentar el problema, muchas instituciones dependen de profesionales “itinerantes” como Perea. Las agencias de personal decenas de miles, a nivel nacional, desde los brotes de marzo.

Ahora el virus se está propagando por las zonas rurales, especialmente en los estados de las Grandes Llanuras y las Montañas Rocosas, afectando a su limitada infraestructura médica.

Los hospitales rurales ya dependían de enfermeros itinerantes para cubrir la escasez de personal que existía desde antes de la pandemia, dijo Tim Blasl, presidente de la Asociación de Hospitales de North Dakota. “Te proporcionan personal, pero son profesionales muy caros”, señaló. “Nuestros hospitales están dispuestos a invertir para cuidar a los habitantes de North Dakota”.

Esta situación presenta riesgos para los profesionales y sus pacientes. El ping-pong de este tipo de personal entre ciudades agobiadas y pueblos desatendidos podría introducir infecciones.

Como contratistas, los profesionales itinerantes a veces sufren tensiones que sus colegas de tiempo completo no padecen. Al ser empleados por agencias de personal con sede a miles de kilómetros de distancia, pueden encontrarse en medio de una crisis sin apoyo ni equipos de protección adecuados.

En 2020, el lado positivo de sus trabajos —la libertad y la flexibilidad— sufrió ante unas condiciones traicioneras. Y se redujo el número de los profesionales itinerantes: el trabajo es agotador, complicado y peligroso. Miles de trabajadores de salud de primera línea han contraído el virus y cientos han muerto, según informes de KHN y The Guardian.

El 17 de abril, Lois Twum, una enfermera itinerante de 23 años, de Nueva Orleans, era una de las cuatro pasajeras en un vuelo al aeropuerto John F. Kennedy de Nueva York.

Cuando esta joven, que se define “adicta a la adrenalina y en busca de aventuras”, acudió a su primer turno en el Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, dijo que le asignaron cuatro pacientes en una unidad COVID-19 (las enfermeras de cuidados intensivos suelen atender a dos o tres pacientes). Como estos pacientes “en constante colapso” requerían resucitaciones e intubaciones, “prácticamente no había nadie que ayudara”, contó Twum, porque “todos los pacientes eran críticos”.

El hospital no respondió a las solicitudes de comentarios sobre las condiciones de trabajo y el tratamiento que reciben los itinerantes.

Mientras tanto, a medida que los empleados del hospital se enfermaban, renunciaban o eran despedidos por recortes de presupuesto, los itinerantes tomaban el relevo. Se les asignaron más pacientes y también los más enfermos, dijo Twum.

“Fue como si nos hubiesen lanzado desde el aire en Irak”, relató Twum. “Los profesionales itinerantes nos llevamos la peor parte”.

En redes sociales y en grupos de correo electrónico, los reclutadores de itinerantes hacen circular fotos de paisajes bañados por el sol o de costas con el símbolo del dólar, publicitando salarios que son el doble o el triple de lo que cobra el personal de enfermería. Prometen bonos por contrato, reubicación o referencias. Mantienen conversaciones triviales, se interesan por las familias de los itinerantes y les sugieren restaurantes en las nuevas ciudades.

Pero cuando se trata de resolver problemas del trabajo, “estas personas simplemente desaparecen”, señaló Anna Skinner, una terapeuta respiratoria que ha viajado durante más de una década. “No son tus amigos”.

Atrapados entre los hospitales donde se reportan para el servicio y las lejanas agencias de personal, sus protecciones laborales no son claras.

Por ejemplo, según la Ley de Seguridad y Salud Ocupacional, proporcionar equipo de protección es responsabilidad de la agencia, pero los itinerantes que hablaron con KHN dijeron que las agencias rara vez lo entregan.

David Perea habló con su madre por Facetime el domingo de Pascua (12 de abril) desde una cama de hospital en Reno, Nevada. “Se moría de hambre, pero le costaba incluso comer puré de papas”, dijo Dominga, “porque no podía respirar”. A la mañana siguiente, lo pusieron bjo un respirador y nunca se despertó. (Dominga Perea)

La familia de Perea dijo que creía que David no tenía el equipo de protección personal (EPP) adecuado. Su empleador aseguró que eso era responsabilidad de la residencia de mayores. “Depende de cada uno de nuestros clientes proporcionar el EPP a nuestro personal mientras trabajen en asignaciones del MAS”, indicó Sara Moore, vocera de la agencia de Perea, MAS Medical Staffing.

A veces, a los itinerantes se les asignan salas de emergencia o unidades de cuidados intensivos (UCI) con las que tienen poca experiencia. Skinner, especialista en pediatría, contó que aterrizó en las UCI para adultos cuando llegó al Sistema de Salud de la Universidad de Miami en abril. Recibió una hora de orientación, dijo, pero “nada podría haberme preparado para lo que tuve que enfrentar”.

Contó que, durante cinco semanas, intubó a un paciente tras otro; succionó la sangre que entraba en los pulmones de los pacientes y salía por la nariz y la boca; y atendió a las familias que estaban horrorizadas, enfadadas y asustadas. Skinner dijo que el estrés no la dejaba dormir y perdió peso. El hospital no respondió a las solicitudes de comentarios.

Los profesionales itinerantes a menudo enfrentan obstáculos “increíblemente onerosos” en lo que respecta a las horas extra, las licencias por enfermedad o la compensación laboral a la que tienen derecho en virtud de la Ley de Normas Laborales Justas, explicó Nathan Piller, abogado de Schneider Wallace Cottrell Konecky, una empresa de litigios comerciales y de empleo.

Incluso el número de horas trabajadas está fuera de su control, dijo Skinner. Los contratos revisados por KHN autorizan a los itinerantes a trabajar un número determinado de horas, pero sólo se garantiza una fracción de esas horas, y deben ser aprobadas por los administradores en el lugar de trabajo. Las horas garantizadas pueden ser compensadas con cantidades que rondan el salario mínimo, y pueden requerir trabajar en días festivos, que no son reconocidas de manera uniforme.

Los términos pueden ser “modificados de vez en cuando durante el empleo”, según los contratos.

En 2018, AMN Healthcare, una de las mayores agencias de enfermería itinerante del país, llegó a por violaciones salariales que afectaban a casi 9,000 itinerantes. Estas infracciones “parecen bastante comunes en la industria”, dijo Piller, quien trabajó en el acuerdo.

Los itinerantes, apuntó Skinner, tienen que defender sus derechos ante gerentes que acaban de conocer, y “quejarse simplemente no es una opción”.

KHN revisó los contratos de enfermería itinerante emitidos por Aya Healthcare, una gran agencia de personal, y encontró que cualquier disputa —reclamos por despido injustificado; reclamos por discriminación, acoso o represalias; reclamos salariales; y reclamos por violación de leyes o regulaciones federales, estatales o de otro tipo— debe ser resuelta fuera de la corte, en arbitraje.

David Perea —en la foto con su padre, Desiderio— tenía “una tremenda ética de trabajo”, dedicándole 80 horas a la semana a su profesión, contó su hermano, Daniel. (Daniel Perea)
Cuando COVID-19 se expandió por todo el país, los sistemas de salud comenzaron a sufrir una escasez crítica de personal, especialmente entre el personal no médico como enfermeras, técnicos de rayos X y terapeutas. Para enfrentar la crisis, ha aumentado el número de profesionales “viajeros” como David Perea. (Dominga Perea)

Los funcionarios del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, la Asociación Americana de Enfermeras y la Asociación Nacional de Enfermeras Unidas dijeron que sus miembros han sido suspendidos, o despedidos, de las agencias de trabajadores itinerantes por hablar con los medios de comunicación, publicar en redes sociales o expresar de alguna manera su preocupación ante prácticas injustas.

Matthew Wall, un experimentado enfermero itinerante, lo ha sufrido en primera persona. En julio, a los dos días de su asignación en el Hospital Piedmont Henry de Stockbridge, Georgia, Wall dijo que informó a los administradores del hospital de condiciones “flagrantemente inseguras” para él y para los pacientes, entre las que se incluía un EPP inadecuado, largas horas de trabajo y una alta proporción de pacientes por personal.

Wall dijo que, en lugar de atender sus preocupaciones, el hospital canceló su contrato. El hospital por el gobierno federal por cuestiones de seguridad después que a causa de COVID-19 a mediados de marzo. “A los itinerantes se les trata como comida para perros”, comentó Wall. “En el momento en que molestas, se deshacen de ti”.

“Seguimos las directrices de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades, junto con nuestras mejores prácticas en el cuidado de los pacientes y la seguridad para todos”, señaló John Manasso, un portavoz del hospital, que se negó a comentar el caso de Wall.

Algunos se sienten entre la espada y la pared. “Sabemos que, si no fuera por nosotros, estos pacientes no tendrían a nadie”, dijo Twum, “pero ver cómo se enferman unos a otros, a diestra y siniestra, te hace preguntarte, ¿vale la pena arriesgar mi vida?”

Skinner, por su parte, aceptó un trabajo como enfermera en Aspen, Colorado. Cuando termine su contrato actual en Nueva Orleans, Wall piensa dejar la enfermería por un tiempo.

Dominga Perea finalmente recibió un mensaje la noche del 6 de abril: “No te asustes, mamá, tengo COVID”. “Reza por mí”.

Vio a David en FaceTime en Pascua. “Le costaba hasta comer el puré de papas”, contó, “porque no podía respirar”. A la mañana siguiente le pusieron un respirador y nunca se despertó.

Meses después, Lakeside no había ocupado el puesto de Perea. “El candidato ideal debe ser un individuo dedicado a proveer cuidados de alta calidad”, decía la lista de empleos, y “capaz de reaccionar a situaciones de emergencia apropiadamente cuando sea necesario”.

El editor de KHN Mountain States, Matt Volz, colaboró con este informe.

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Más de 900 trabajadores de salud han muerto por COVID-19 en los Estados Unidos. Y la cifra aumenta /es/health-industry/mas-de-900-trabajadores-de-salud-han-muerto-por-covid-19-en-los-estados-unidos-y-la-cifra-aumenta/ Tue, 11 Aug 2020 18:44:12 +0000 https://khn.org/?p=1152499 Más de 900 trabajadores de atención médica esenciales han muerto por COVID-19, según una base de datos interactiva creada por y KHN.

Lost on the Frontline es una asociación entre las dos redacciones que tiene como objetivo contar, verificar y honrar a cada trabajador de salud de los Estados Unidos que ha muerto durante la pandemia.

Es el recuento más completo de las muertes de trabajadores de salud del país.

A medida que aumentan los casos de coronavirus, y persiste la grave escasez de equipos de protección que salvan vidas, como máscaras N95, delantales y guantes, los trabajadores de salud del país se enfrentan de nuevo a condiciones potencialmente mortales, en especial en los estados del sur y el oeste.

A través de análisis y comparación de registros y fuentes, informes de colegas, redes sociales, obituarios en línea, sindicatos de trabajadores y medios locales, los reporteros de Lost on the Frontline han identificado a 922 trabajadores de salud que murieron por COVID-19 y sus complicaciones.

Un equipo de más de 50 periodistas de The Guardian, KHN y de escuelas de periodismo han pasado meses investigando muertes individuales para comprobar que fueran a causa de COVID-19 y de que los fallecidos efectivamente estuvieran trabajando en la primera línea de batalla, en contacto directo con pacientes con COVID o trabajando en lugares donde reciben tratamiento.

Los reporteros también han estado investigando las circunstancias de sus muertes, incluido su acceso a equipo de protección personal (EPP), y han estado contactando a familiares, compañeros de trabajo, representantes sindicales y empleadores para que comentaran sobre estas muertes.

Hasta el momento, se han publicado167 con nombres, datos, e historias de vida con colegas o seres queridos opinando y recordando sus vidas. Cada semana se publican los nombres de nuevas víctimas. Y Cada muerte se confirma de manera individual antes de publicarla.

El recuento incluye médicos, enfermeras y paramédicos, así como personal de apoyo crucial, como conserjes de hospitales, administradores y trabajadores de hogares de adultos mayores, que arriesgaron sus propias vidas durante la pandemia para cuidar a otros.

Los primeros datos indican que han muerto decenas de personas que no pudieron acceder a equipo de protección personal adecuado y al menos 35 sucumbieron después que funcionarios federales de seguridad laboral recibieran quejas sobre la seguridad en sus lugares de trabajo.

Los primeros recuentos también sugieren que la mayoría de las muertes se produjeron entre personas de color, muchas de ellas inmigrantes. Pero debido a que esta base de datos es un trabajo en curso, con nuevos casos confirmados y sumados semanalmente, los primeros hallazgos representan una fracción del total de informes y no son representativos de todas las muertes de trabajadores de salud.

De los 167 trabajadores agregados a la base de datos de Lost on the Frontline hasta ahora:

  • La mayoría, 103 (62%), fueron identificadas como personas de color.
  • Se informó que al menos 52 (31%) tenían un equipo de protección inadecuado.
  • La edad promedio fue de 57 años, y oscilaba entre los 20 y los 80 años, con 21 personas (13%) menores de 40.
  • Aproximadamente un tercio, al menos 53, nacieron fuera de los Estados Unidos y 25 eran de Filipinas.
  • La mayoría de las muertes, 103, ocurrieron en abril, después del aumento inicial de casos en la costa este.
  • Aproximadamente el 38% (64) fueron enfermeras, pero el total también incluía médicos, farmacéuticos, socorristas y técnicos hospitalarios, entre otros.
  • Al menos 68 vivían en Nueva York y Nueva Jersey, dos estados muy afectados al comienzo de la pandemia, seguidos por Illinois y California.

Algunas de estas muertes se pudieron prevenir. La mala preparación, los errores del gobierno y un sistema de salud sobrecargado aumentaron ese riesgo. El acceso inadecuado a las pruebas, la escasez de equipos de protección en todo el país y la resistencia al distanciamiento social y al uso de máscaras han obligado a más internaciones en hospitales ya sobrecargados, y han elevado el número de muertos.

Los vacíos en los datos gubernamentales han aumentado la necesidad de un seguimiento independiente. El gobierno federal no ha registrado con precisión las muertes de trabajadores de salud. Hasta el domingo 9 de agosto, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) informaron 587 muertes entre este grupo, pero la agencia no enumera nombres específicos y ha admitido que se trata de un recuento insuficiente.

Las medidas recientes de la Casa Blanca subrayan la necesidad de datos públicos y responsabilidad. En julio, la administración Trump ordenó a los centros de salud que enviaran datos sobre hospitalizaciones y muertes por COVID-19 directamente al Departamento de Salud y Servicios Humanos, sin pasar por los CDC.

En los días siguientes, la información vital sobre la pandemia desapareció del ojo público. (Los datos se restauraron más tarde después de una protesta pública, pero la agencia indicó que es posible que ya no actualice las cifras debido a un cambio en los requisitos de informes federales).

Historias exclusivas de los reporteros de Lost on the Frontline han revelado que muchos trabajadores de salud están usando máscaras quirúrgicas que son mucho menos efectivas que las máscaras N95, lo que los expone a mayor peligro. Los correos electrónicos obtenidos a través de una solicitud de registros públicos mostraron que los funcionarios federales y estatales estaban al tanto a fines de febrero de la grave escasez de equipos de protección.

Investigaciones posteriores encontraron que los trabajadores de salud que contrajeron el coronavirus y sus familias ahora luchan por acceder a las pensiones y otros beneficios del sistema de compensación para trabajadores. El informe también ha examinado las muertes de 19 trabajadores de salud menores de 30 años que murieron por COVID-19.

Seguimos recopilando los nombres de los trabajadores de salud que han fallecido y analizando por qué tantos se han enfermado. Agradecemos sugerencias y comentarios en frontline@theguardian.com y covidtips@kff.org.

La corresponsal senior de KHN Christina Jewett y Melissa Bailey colaboraron con este informe.

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