Stephanie Daniel, KUNC, Author at Â鶹ŮÓÅ Health News Thu, 02 Apr 2026 19:48:59 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/2/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Stephanie Daniel, KUNC, Author at Â鶹ŮÓÅ Health News 32 32 161476233 Dentro de una de las pocas escuelas secundarias para adolescentes con adicciones /news/article/dentro-de-una-de-las-pocas-escuelas-secundarias-para-adolescentes-con-adicciones/ Wed, 05 Apr 2023 20:18:00 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1656103 Todos los días de la semana empiezan de la misma forma en la escuela secundaria 5280, en Denver.

Los estudiantes en recuperación por adicciones a drogas y alcohol se reúnen en las escalinatas del auditorio para discutir un tema específico.

Una mañana reciente, hablaron sobre salud mental y sobriedad. Un adolescente vestido con pantalones de corderoy marrón, una sudadera con capucha negra y zapatillas, fue el primero en participar.

“No quería tener… ninguna emoción”, dijo. “Así que pensé que la mejor manera de anularlas sería consumiendo más y más drogas”.

Una compañera dijo que empezó a consumir drogas por diversión y luego quedó atrapada. Otro estudiante dijo que su adicción afecta negativamente su salud mental.

Otra anunció un próximo hito. “En unos dos días cumpliré seis meses sobria”, dijo, mientras sus compañeros de clase la aplaudían.

Los estudiantes asisten a la única escuela secundaria de recuperación de Colorado, una de las 43 en todo el país.

Estas secundarias , y que también podrían estar lidiando con trastornos de salud mental relacionados. La escuela de Denver abrió sus puertas en 2018 como una escuela autónoma pública que hoy inscribe a más de 100 estudiantes al año.

Una de las que aplaudían y escuchaba apoyando en esa reunión matutina era la estudiante de segundo año Alexis Castillo, de 16 años. Está en recuperación por adicciones al alcohol y al fentanilo. Durante su primer año en la escuela, varios de sus amigos también se matricularon, y al principio les encantó.

Pero después de un tiempo, algunos se fueron y Castillo se desilusionó. Dejó de ir asistir a clase y no estaba motivada para seguir sus pasos de recuperación.

“Te dan mucha responsabilidad”, dijo. “Eso no era algo que yo quisiera”.

Castillo recayó, y la escuela la ayudó a entrar en rehabilitación. Tres meses después estaba de regreso, sobria y lista para hacer su trabajo.

La misión de la escuela es ayudar a los jóvenes a aprender a vivir una vida libre de drogas mientras reciben una educación.

“Pueden ir a la universidad o hacer una carrera y realmente lidiar con cualquier cosa que les depare la vida”, dijo la doctora Melissa Mouton, fundadora y directora ejecutiva de 5280.

En 2022, casi un tercio de los estudiantes de 12° grado, y uno de cada 5 de 10° grado, informaron haber usado una droga ilegal el año anterior, según del proyecto Monitoring the Future realizada por el Centro de Investigación de Encuestas de la Universidad de Michigan.

Esas cifras han disminuido constantemente en los últimos 25 años. Sin embargo, datos de la UCLA muestran que las muertes por sobredosis entre los adolescentes , lo que se atribuye principalmente al aumento de la prevalencia de drogas con fentanilo.

La primera escuela secundaria de recuperación se inauguró en Silver Spring, Maryland, en 1979, y en la actualidad, programas similares operan en 21 estados.

En comparación con sus compañeros en las escuelas regulares que han pasado por tratamiento, los estudiantes de secundaria en recuperación tienen una mejor asistencia y es más probable que , y su es al menos un 21% más alta, según un estudio.

“Para este grupo particular de jóvenes que tienen estos trastornos, esto puede ser un salvavidas”, dijo John Kelly, director del Instituto de Investigación de Recuperación del Hospital General de Massachusetts. “Puede ayudarlos a crear una norma social de recuperación”.

Para la doctora Sharon Levy, pediatra y especialista en medicina de adicciones del Hospital de Niños de Boston hay tres componentes para un tratamiento eficaz contra las adicciones. La primera parte es médica, que incluye ver a un doctor, pruebas de detección de drogas y el uso de medicamentos como la buprenorfina para tratar la adicción a los opioides.

El segundo es el apoyo emocional de la consejería para abordar los trastornos de salud mental concurrentes. Y hay un componente de salud conductual que, para los jóvenes, puede incluir escuelas de recuperación.

“Las escuelas de recuperación ofrecen una oportunidad real para el apoyo entre pares y la ayuda mutua de una manera supervisada y estructurada”, dijo Levy.

Estas escuelas a menudo incorporan componentes de tratamiento en el día escolar, actividades como la reunión diaria del programa de recuperación de 5280. Por la tarde, se ofrecen actividades optativas de bienestar como baloncesto y cómo escribir un diario.

Las escuelas de recuperación enfrentan desafíos. La mayoría son escuelas charter o alternativas financiadas con fondos públicos que tienen un costo más alto para educar a los estudiantes que las escuelas tradicionales. Esto se debe a una inscripción más pequeña, la necesidad de personal de recuperación y salud mental, una mayor proporción de profesores por estudiante y otros factores.

La escuela de Denver inscribe a unos 100 estudiantes al año, lo que la convierte en una de las escuelas secundarias de recuperación más grandes del país. Este año, el costo es de aproximadamente $25,000 por estudiante, pero la escuela recibe solo alrededor de $15,000 de fondos federales, estatales y locales, según Mouton. El dinero restante proviene de donantes.

Dadas las complejas necesidades de los estudiantes, “las escuelas de recuperación siempre serán pequeñas”, dijo.

Reunir a esos estudiantes también puede generar la preocupación de que los estudiantes se estimulan  entre sí para seguir consumiendo y recaer, pero eso es un riesgo con cualquier interacción social, apuntó Levy.

“Entonces, si estás en un ambiente donde la recuperación es algo central y la gente está observando, monitoreando y supervisando, creo que eso es útil para muchos niños”, agregó.

La escuela en Denver mantiene la inscripción por debajo de su capacidad de manera deliberada, para que adolescentes adicionales puedan inscribirse en cualquier momento del año escolar. Un estudiante no será expulsado si tiene una recaída, pero hay dos requisitos: debe querer estar sobrio y asistir a un programa de recuperación externo.

“El primer paso es hacerles saber desde el principio, sin importar lo que esté pasando, que los amamos”, dijo Brittany Kitchens, entrenadora de recuperación de la escuela. “Estamos aquí para ellos”.

Kitchens les enseña a los estudiantes cómo navegar la recuperación y controlar sus emociones. Se compara a sí misma con un monitor de pasillo, constantemente revisando a los estudiantes y buscando cambios en el comportamiento.

“Tiendo a ser la primera línea a la que acuden los niños cuando experimentan algo que es demasiado grande para procesar”, dijo.

Algunas de estas dificultades surgen de los traumas que los estudiantes han experimentado, incluido el tráfico sexual y de drogas, y el abandono. También lidian con los traumas que han causado, dijo Kitchens, acciones que los llevaron a la cárcel o por las que están bajo libertad condicional.

Kitchens, quien también está en recuperación, comparte mecanismos de afrontamiento con los estudiantes. “Muchas veces simplemente comienza con, ‘Escucha, respira, inhala por la nariz y exhala por la boca’”, explicó.

Alexis ha estado sobria durante casi un año, dijo. Las reuniones matutinas donde ella y sus compañeros hablan sobre salud mental, sobriedad y otros temas son una oportunidad para construir una comunidad de amigos que se apoyan mutuamente, algo que no tenía cuando consumía drogas, contó.

“Es realmente difícil volverse sobrio joven”, dijo.

Esta historia es parte de una asociación que incluye a , y KHN.

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‘Hard to Get Sober Young’: Inside One of the Country’s Few Recovery High Schools /news/article/teen-substance-misuse-recovery-schools-5280-high-school-denver/ Wed, 05 Apr 2023 09:00:00 +0000 https://khn.org/?post_type=article&p=1645690 Every weekday at 5280 High School in Denver starts the same way.

Students in recovery from drug and alcohol addiction gather on the steps of the school’s indoor auditorium to discuss a topic chosen by staff members. One recent morning, they talked about mental health and sobriety. A teenage boy dressed in tan corduroys, a black hoodie, and sneakers went first.

“I didn’t want to have, like, any emotion,” he said. “So I thought, like, the best way to, like, put it down would be to do more and more and more drugs.”

A classmate said she started doing drugs for fun and then got hooked. Another student said his addiction negatively impacts his mental health. A third announced an upcoming milestone.

“In, like, two days, I’ll be six months sober,” she said, as her classmates cheered.

The students attend Colorado’s only recovery high school — one of 43 nationwide. These secondary schools from substance use disorder and might also be dealing with related mental health disorders. The Denver school opened in 2018 as a public charter school that today enrolls more than 100 students annually.

One of those cheering classmates was sophomore Alexis Castillo, 16, who listened supportively during that recent morning meeting. She is in recovery for alcohol and fentanyl addictions. Several of her friends attended the school when she enrolled during her freshman year and initially loved it. But after a while some of Castillo’s friends left and she grew disillusioned. She stopped going to class and wasn’t motivated to work her recovery steps.

“They give you a lot of accountability,” she said. “That was not something I wanted.”

Castillo relapsed and school staffers helped her get into rehab. Three months later she was back at the school, sober and ready to do the work.

The school’s mission is to help kids learn to live a substance-free life while receiving an education.

“They can go on to college or a career and really handle anything that life throws at them,” said 5280’s founder and executive director, Dr. Melissa Mouton.

In 2022, nearly a third of 12th graders and 1 in 5 10th graders reported using an illicit drug in the previous year, according to a from the Monitoring the Future project conducted by the University of Michigan Survey Research Center. Those numbers have steadily decreased over the past 25 years. However, data from UCLA shows in the first year of the pandemic, mainly attributed to the increased prevalence of fentanyl-laced drugs.

The first recovery high school opened in Silver Spring, Maryland, in 1979 and similar programs now operate in 21 states. Compared with their peers at regular schools who have gone through treatment, recovery high school students have better attendance and are more likely to , and their is at least 21% higher, according to one study.

“For this particular group of young people who have these disorders, this can be a lifesaver,” said John Kelly, director of the Recovery Research Institute at Massachusetts General Hospital. “It can help them create a social norm of recovery.”

There are three components to effective drug and alcohol treatment, according to Dr. Sharon Levy, a pediatrician and addiction medicine specialist at Boston Children’s Hospital. The first part is medical, which includes seeing a doctor, drug testing, and using medications like buprenorphine to treat opioid addiction. The second is emotional support from counseling to address co-occurring mental health disorders. And there is a behavioral health component that, for kids, can include recovery schools.

“Recovery schools offer an opportunity really for peer support and mutual aid in a kind of a supervised and structured way,” Levy said.

Recovery high schools often weave components of treatment into the school day — activities like 5280’s daily recovery program meeting. In the afternoon, the school offers wellness electives such as basketball and journaling.

Recovery schools do face challenges. Most are publicly funded charter or alternative schools that carry a higher cost of educating students than traditional schools do. This is due to a smaller enrollment, the need for mental health and recovery personnel, higher faculty-to-student ratios, and other factors.

The Denver school enrolls about 100 students annually, making it one of the biggest recovery high schools in the nation. This year, the per-pupil cost is about $25,000 per student but the school receives only about $15,000 from federal, state, and local funding, according to Mouton. The remaining money comes from donors.

Given the complex needs of the students, “recovery schools will always be small,” she said.

Pooling such students together may also raise a concern that students will trigger one another to use drugs and alcohol and relapse, but, Levy said, that’s a risk with any social interaction.

“So, if you’re in an environment where the recovery is kind of front and center and people are watching and monitoring and supervising,” she said, “I think that’s helpful for a lot of kids.”

The school in Denver purposely keeps enrollment under capacity so additional teens can enroll anytime during the school year. A student won’t get kicked out if they relapse, but there are two requirements: They must want to be sober and attend an outside recovery program.

“The No. 1 step is just letting them know out of the gate, no matter what’s going on, that we love them,” said Brittany Kitchens, the school’s recovery coach. “We are here for them.”

Kitchens teaches students how to navigate recovery and regulate their emotions. She likens herself to a hall monitor, constantly checking in with students and looking for changes in behavior.

“I tend to be the first kind of line that the kids will come to when they’re experiencing something that is just a little bit too big for them to process,” she said.

Some of these difficulties stem from traumas students have experienced, including sex and drug trafficking, and abandonment. Students also deal with traumas they have caused, Kitchens said, actions that landed them in jail or on probation. Kitchens, who is in recovery herself, shares coping mechanisms with the students.

“A lot of times it just starts with, ‘Hey, take a breath, breathe in through the nose and out through the mouth,’” she said.

Alexis has been sober for nearly a year, she said. The morning meetings where she and her classmates talk about mental health, sobriety, and other topics are an opportunity to build a community of friends who support one another, something she said she didn’t have when she was using drugs.

“It’s really hard to get sober young,” she said.

This story is part of a partnership that includes ,Ìý and KHN.

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