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Confianza, miedo y solidaridad marcar谩n el 茅xito de una vacuna contra COVID

Miles de cartas llenas de dinero inundaron el buz贸n de correo de Jonas Salk la semana despu茅s que su vacuna contra la polio fuera declarada segura y eficaz en 1955.

Todo el mundo la quer铆a. Los padres desesperados saturaban las l铆neas telef贸nicas de sus m茅dicos en busca del preciado elixir; las compa帽铆as farmac茅uticas y los m茅dicos desviaban dosis para los ricos y famosos.

Algunos de los primeros lotes de la vacuna se estropearon, provocando 200 casos de par谩lisis permanente. Pero no destruy贸 el deseo de prevenir. Marlon Brando incluso pidi贸 interpretar a Salk en una pel铆cula.

Ocho a帽os despu茅s, con la polio como una amenaza cada vez menor, las primeras vacunas contra el sarampi贸n salieron a la venta. El sarampi贸n hab铆a matado a m谩s de 400 ni帽os el a帽o anterior y causado da帽o cerebral permanente en miles m谩s. El inter茅s por la vacuna fue modesto. Su creador, , como Salk.

鈥淟a gente pensaba, 鈥樎縞u谩l es el problema? Tuve sarampi贸n; 驴Por qu茅 mi hijo necesita una vacuna? 鈥楩ue muy dif铆cil de vender鈥, dijo Walter Orenstein, profesor de la Universidad Emory que dirigi贸 el programa nacional de inmunizaci贸n en los Centros para el Control y Prevenci贸n de Enfermedades (CDC) de 1988 a 2004.

Cuando una vacuna contra el coronavirus est茅 disponible, 驴la recibir谩n con una gran ovaci贸n, como la vacuna contra la polio, o con cierto letargo, como la vacuna contra el sarampi贸n? 驴O alg煤n extra帽o h铆brido de los dos?

La confianza de los estadounidenses en la autoridad, en una vacuna sequible y el sentido de solidaridad determinar谩n los resultados, dijeron Orenstein y otros veteranos e historiadores de la salud p煤blica.

Las percepciones de enfermedades particulares, y de las vacunas, reflejan la gravedad de las enfermedades en s铆 mismas, pero tambi茅n los valores populares, la cultura, la evaluaci贸n de riesgos y la pol铆tica juegan un papel importante.

La aceptaci贸n de las medidas de salud p煤blica, ya sean m谩scaras faciales o vacunas, nunca se determina por completo por un balance racional riesgo-beneficio.

Podemos ver eso en la historia de las campa帽as nacionales de nuevas vacunas destinadas a vencer un flagelo. Ninguna enfermedad era m谩s temida a mediados del siglo XX que la polio. Con la posible excepci贸n del SIDA, ninguna desde entonces ha sido tan temida hasta la llegada de COVID-19.

La vacuna contra la polio fue una de las pocas que el p煤blico recibi贸 con entusiasmo. Enfermedades como el sarampi贸n y la tos ferina eran aflicciones familiares en la infancia. En la mayor铆a de los a帽os mataban a m谩s ni帽os que la poliomyelitis.

Pero la polio, que puso a las personas en pulmotores y aparatos ortop茅dicos para las piernas, era visible de una manera que nunca podr铆a serlo el certificado de defunci贸n de un beb茅, guardado en un caj贸n.

Las vacunas son a menudo dif铆ciles de vender, ya que previenen m谩s que curan enfermedades y parecen aterradoras, aunque en general son bastante seguras. Dado que deben usarse ampliamente para prevenir brotes, las campa帽as de vacunaci贸n exitosas dependen en gran medida de la confianza en quienes venden, recomiendan y administran los medicamentos. Y la confianza en la ciencia, el gobierno y las empresas no siempre ha sido constante.

A fines del siglo XIX y principios del XX, cuando las leyes de salud p煤blica cambiaban, las autoridades que luchaban contra las epidemias de viruela sol铆an enviar a los vacunadores acompa帽ados de polic铆as.

Entraban en las f谩bricas donde se hab铆an reportado casos, cerraban las puertas con llave y pon铆an a los trabajadores en fila, para vacunarlos. La resistencia de los trabajadores no era infundada: la vacuna a veces causaba hinchaz贸n de los brazos, fiebre e infecciones bacterianas. La vacunaci贸n podr铆a costar el salario perdido de una semana.

Las autoridades hab铆an aprendido la lecci贸n en la d茅cada de 1920, cuando apareci贸 la vacuna contra la difteria, como se帽ala James Colgrove en su libro . La difteria era un asesina de ni帽os muy temida, y las campa帽as publicitarias dirigidas por funcionarios de salud p煤blica, compa帽铆as de seguros y organizaciones ben茅ficas buscaban educar y persuadir en lugar de coaccionar.

La poliomielitis aterroriz贸 a los estadounidenses y alcanz贸 su punto m谩ximo en 1952 con m谩s de 57.000 casos. En 1938, el presidente Franklin D. Roosevelt, 茅l mismo v铆ctima de la polio, hab铆a iniciado un programa cient铆fico nacional para combatir la enfermedad, respaldado por las contribuciones de millones de estadounidenses a trav茅s de March of Dimes.

El resultado de unir al gobierno y al pueblo fue la vacuna antipoliomiel铆tica inactivada de Jonas Salk. Ciment贸 una poderosa confianza posterior a la Segunda Guerra Mundial en la instituci贸n cient铆fica y m茅dica del pa铆s, que perdurar铆a durante muchos a帽os.

La solidaridad social tambi茅n fue importante.

Las vacunas previenen la circulaci贸n de una enfermedad entre los no vacunados a trav茅s de lo que los cient铆ficos llaman inmunidad colectiva, si se vacuna a suficientes personas.

Cuando una vacuna confiable contra la rub茅ola estuvo disponible en 1969, los estados r谩pidamente requirieron la vacunaci贸n infantil, a pesar que la rub茅ola era pr谩cticamente inofensiva en ni帽os. Quer铆an proteger a una poblaci贸n vulnerable, las mujeres embarazadas, para evitar que se repitiera la epidemia de rub茅ola cong茅nita de 1963-64, que provoc贸 30.000 muertes fetales y el nacimiento de m谩s de 20.000 beb茅s con discapacidades graves.

La adopci贸n de la vacuna contra la rub茅ola, como se帽ala la historiadora Elena Conis de la Universidad de California-Berkeley en su libro, , marc贸 la primera vez que se implement贸 una vacuna que no ofrec铆a ning煤n beneficio directo a las personas inmunizadas.

Aun as铆, fue necesaria una combinaci贸n de miedo, solidaridad y coerci贸n para que Orenstein y sus colegas de los CDC y las agencias estatales de salud p煤blica impulsaran las tasas de vacunaci贸n infantil contra el sarampi贸n, la tos ferina, la rub茅ola y la difteria al 90% o m谩s en la d茅cada de 1990 para asegurar la inmunidad colectiva.

La verg眉enza tambi茅n era una herramienta. Orenstein record贸 haber testificado ante la Legislatura de Florida cuando estaba considerando un mandato de vacunaci贸n m谩s estricto. Les mostr贸 que las tasas de enfermedad eran m谩s bajas en los estados vecinos que ten铆an mandatos m谩s estrictos. Funcion贸.

驴Qu茅 es diferente ahora?

En una naci贸n pol铆ticamente dividida, la confianza en la ciencia es baja y se desconf铆a de los expertos, y m谩s de los pol铆ticos. Los esfuerzos de vacunaci贸n infantil ya est谩n en peligro 鈥嬧媝or un gran n煤mero de padres indecisos. Y los esfuerzos para combatir la epidemia de COVID en los Estados Unidos han sido torpes y ca贸ticos en el mejor de los casos, dejando a los estadounidenses dudando de la competencia de sus gobiernos e instituciones.

Todav铆a hay miedo. 鈥淭al vez soy un tonto pasado de moda, pero creo que la mayor铆a de la gente agradecer谩 una vacuna, si se lanza bien鈥, dijo David Oshinsky, profesor de Historia en la Universidad de Nueva York y autor de , un libro ganador del Premio Pulitzer.

鈥淟a mayor铆a de la gente le tiene un miedo desesperado a COVID. Una minor铆a se burla, en muchos casos por motivos pol铆ticos. 驴C贸mo cambiar谩 esto cuando haya una vacuna que [con suerte] cambie la hasta cierto punto la ecuaci贸n de riesgo para la salud?鈥.

Encuestas recientes muestran que . Esos n煤meros podr铆an cambiar dependiendo de una serie de factores dif铆ciles de predecir, dijo Conis, de Berkeley.

鈥淢ucha gente estar谩 realmente ansiosa por conseguir la vacuna鈥, agreg贸. 鈥淢uchos dudar谩n, no solo por la desinformaci贸n sino por la falta de confianza en la administraci贸n actual鈥.

Cuando se introduzca una vacuna contra el coronavirus, puede venderse como protecci贸n personal, incluso para personas j贸venes y sanas. Pero quienes m谩s padecen el virus suelen ser mayores o estar m谩s enfermos. Una campa帽a de vacunaci贸n eficaz puede tratar de inculcar un sentido de solidaridad, as铆 como un sentido m谩s general de que, sin la vacunaci贸n, la econom铆a no puede recuperarse.

鈥淣o tengo claro si las personas aceptar谩n esa solidaridad鈥, dijo Orenstein. 鈥淟a gente busca m谩s lo que es bueno para ellos mismos que lo que es bueno para la sociedad鈥. Dicho esto, el riesgo de COVID-19 para los j贸venes 鈥渘o es cero. Esa es una de las principales formas de vender esto, en cierto sentido鈥.

Esta historia de KHN fue publicada primero en , un servicio de la .

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