Los Angeles.- La primera semana de abril, en una soleada y hermosa tarde de Los Angeles, Alex Salvador Morales, de 23 a帽os, se instal贸 en una acera cerca del centro de la ciudad, para vender, por $5, pi帽a, mango y sand铆a reci茅n cortados en recipientes de pl谩stico de un cuarto de gal贸n.
Antes de la pandemia, puestos de fruta como el suyo proliferaban por las calles, en los tramos m谩s transitados. Sin embargo, con millones de personas recluidas en casa por la pandemia de COVID-19, el negocio cay贸 en picada y muchos vendedores de fruta como Morales dejaron de vender.
Pero Morales dijo que 茅l no pod铆a permitirse el lujo de dejar de trabajar porque su familia en Guatemala cuenta con el dinero que 茅l les env铆a. Tambi茅n tiene que pagar el alquiler. Deb铆a pagarlo el mi茅rcoles pasado (el 1 de abril), y no ten铆a suficiente para cubrir los $500 del apartamento que comparte con un compa帽ero.
Con las calles casi vac铆as, Salvador Morales se instal贸 frente a una sucursal del Bank of America, un negocio 鈥渆sencial鈥 que ten铆a un tr谩fico peatonal relativamente constante debido al cajero autom谩tico.
Dijo que, antes de la crisis del coronavirus, ganaba $700 a la semana trabajando todos los d铆as excepto el martes. Pero desde que los clientes disminuyeron, a mediados de marzo, trabaja solo tres d铆as, y gana entre $200 y $300 a la semana.
A diferencia de la mayor铆a de los estadounidenses, que pronto recibir谩n cheques de est铆mulo, y de los aproximadamente 10 millones de trabajadores que han solicitado beneficios de desempleo en las 煤ltimas semanas, Morales no espera ning煤n tipo de asistencia.
Alex Salvador Morales, 23, began noticing a decline in fruter铆a sales in February. By the time schools closed in mid-March, business was so bad that most of his colleagues gave up vending and are sitting at home, waiting for the pandemic to pass. But Salvador Morales, the only member of his family in the U.S., must keep working. Relatives in Guatemala rely on the money he sends home, although they understand that the economy has worsened for everyone.(Anna Almendrala/California Healthline)
Entiende que estos beneficios son para personas que est谩n en el pa铆s legalmente, pero sus circunstancias s贸lo intensifican su determinaci贸n de seguir vendiendo en la calle, a pesar de que teme por su salud y no tiene seguro m茅dico.
鈥淪eguir茅 trabajando hasta que la polic铆a diga que no puedo鈥, dijo Morales. 鈥淓n este momento, no dicen nada, y tal vez es porque entienden que la gente necesita trabajar鈥.
Se estima que en 2019, Los 脕ngeles ten铆a entre 15,000 y 20,000 vendedores ambulantes, seg煤n Paul G贸mez, un vocero del Departamento de Obras P煤blicas de la ciudad.
El cierre de la econom铆a debido al coronavirus ha hecho que la vida de esos vendedores sea a煤n m谩s dif铆cil, explic贸 Rudy Espinoza, director ejecutivo de Inclusive Action for the City, una organizaci贸n sin fines de lucro para el desarrollo comunitario, con sede en Los Angeles.
鈥淟es estamos quitando su trabajo, y no les estamos ofreciendo otra v铆a鈥, dijo.
La organizaci贸n de Espinoza ayud贸 a lanzar un fondo de emergencia para que trabajadores como Salvador Morales recibieran $400 en una tarjeta de efectivo. Hasta el 7 de abril, el fondo apoyado por grandes donaciones de fundaciones y una . Pero no es suficiente para atender al enorme n煤mero de personas que han solicitado ayuda.
Otras organizaciones de California y el resto del pa铆s tambi茅n recaudan dinero para los inmigrantes que no califican para recibir beneficios p煤blicos, incluyendo el con sede en San Francisco y la con sede en Pasadena, California.
El martes 7 de abril, el gobernador de California, Gavin Newsom, declar贸 que se est谩 鈥渃onsiderando鈥 ayuda estatal para los inmigrantes indocumentados, pero tambi茅n ha puesto en duda, en los 煤ltimos d铆as, que se pueda pagar algo m谩s all谩 de las funciones b谩sicas del gobierno en medio de una creciente crisis financiera.
Para los vendedores inmigrantes que son ciudadanos estadounidenses, la situaci贸n es dif铆cil pero no tan grave.
Jos茅 Rivera, de 70 a帽os, quien ha operado una florer铆a cerca del centro de Los 脕ngeles durante 37 a帽os, estaba vendiendo, con la ayuda de su sobrina, sus 煤ltimos ramos en una acera pr谩cticamente vac铆a, a fin de marzo. Dado que el mercado mayorista donde compra sus flores ya hab铆a cerrado, planeaba dejar de trabajar e irse a casa una vez que hubiera vendido lo que ya ten铆a en el negocio.
Rivera no puede pagar los $2,000 por el alquiler de su tienda porque sus ingresos se han evaporado en las 煤ltimas semanas. Pero tiene la esperanza de recibir un cheque de est铆mulo y uno de los pr茅stamos para peque帽as empresas que el gobierno federal ha autorizado.
鈥淭engo esperanzas鈥, dijo. 鈥淧ago impuestos鈥.
Jos茅 Rivera tiene la esperanza de que se beneficiar谩 de los cheques de est铆mulo y los pr茅stamos para peque帽as empresas que el gobierno federal ha ofrecido para ayudar a los estadounidenses durante la pandemia. Debido a que el mercado de flores al por mayor est谩 cerrado, estos ramos ser谩n los 煤ltimos que venda por un tiempo. (Anna Almendrala/California Healthline)
Al cerrar los negocios, algunos trabajadores despedidos se dedican a la venta ambulante por primera vez.
Marlon Castro, de 35 a帽os, ganaba $550 a la semana en una barber铆a de Huntington Park hasta que perdi贸 su trabajo en marzo. Dijo que pagar谩 su alquiler de abril pero no est谩 seguro de que pueda hacer lo mismo en mayo.
Intent贸 quedarse en casa despu茅s que la barber铆a lo despidiera, para ayudar a frenar la propagaci贸n del virus. Pero Castro, que es indocumentado, se dio cuenta r谩pidamente de que no pod铆a hacerlo porque mantiene a su hijo de 10 a帽os y a su familia en Guatemala. As铆 que empez贸 a vender m谩scaras de tela en una acera del barrio coreano por $3 cada una, mientras 茅l mismo usaba una.
Parado cerca de una parada de autob煤s el pasado 1 de abril, a Castro le iban bien las ventas, s贸lo unas horas antes que el alcalde de Los 脕ngeles, Eric Garcetti, recomendara a al aire libre para evitar la propagaci贸n del virus por personas que pueden no saber que lo tienen.
鈥淟as vendo a buen precio, para ayudar a mi comunidad tambi茅n鈥, coment贸 Castro. 鈥淪茅 que estoy arriesgando mi vida, pero no tengo miedo porque el Dios est谩 conmigo鈥.
Pero dijo que su familia se puso triste cuando supo que ten铆a que seguir en la calle, y le dicen constantemente que se cuide. Al preguntarle c贸mo ve铆a su futuro, Castro se puso a llorar.
鈥淗e estado aqu铆 durante 18 a帽os y nunca antes hab铆a pasado nada como esto鈥, explic贸. 鈥淧ero no vamos a perder la esperanza鈥.
