Study Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /news/tag/study/ Tue, 27 Jan 2026 21:41:44 +0000 en-US hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.5 /wp-content/uploads/sites/2/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Study Archives - Â鶹ŮÓÅ Health News /news/tag/study/ 32 32 161476233 Políticas del gobierno chocan con el conocimiento emergente sobre los daños a largo plazo de covid /news/article/politicas-del-gobierno-chocan-con-el-conocimiento-emergente-sobre-los-danos-a-largo-plazo-de-covid/ Tue, 27 Jan 2026 09:59:00 +0000 /?post_type=article&p=2148615 Posible riesgo de autismo en niños. Células cancerígenas latentes que se reactivan. Envejecimiento acelerado del cerebro.

En mayo de 2023, funcionarios federales declararon el fin de la . Pero más de dos años después, un número creciente de investigaciones sigue revelando información sobre el virus y su capacidad de causar daño mucho tiempo después de que se resuelve la infección inicial, incluso en algunos casos en los que los síntomas fueron leves.

Estos hallazgos generan nuevas preocupaciones sobre las políticas relacionadas con covid durante la administración Trump, según investigadores.

Aunque algunos estudios muestran que las vacunas contra covid ofrecen beneficios protectores frente a efectos a largo plazo en la salud, el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) ha limitado drásticamente las recomendaciones sobre quiénes deben vacunarse.

Además, la administración impulsados durante el gobierno de Joe Biden que buscaban desarrollar vacunas contra covid más protectoras.

El gobierno federal está reduciendo estos esfuerzos justo cuando investigadores piden más fondos y, en algunos casos, seguimiento a largo plazo de personas previamente infectadas.

“La gente lo olvida, pero el legado de covid será duradero, y estaremos aprendiendo sobre sus efectos crónicos por mucho tiempo”, dijo el epidemiólogo , director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota.

La administración Trump afirmó que la vacuna contra covid sigue estando disponible y que se alienta a las personas a hablar con sus proveedores de salud sobre lo que es mejor para ellas.

La vacuna contra covid y otras del calendario de vacunación de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC,por sus siglas en inglés) siguen estando cubiertas por los seguros, de modo que no es necesario pagar del propio bolsillo, indicaron funcionarios.

“Actualizar la guía de los CDC y ampliar la toma de decisiones clínicas compartidas restaura el consentimiento informado, da protagonismo a padres y proveedores de salud, y desalienta políticas ‘iguales para todos’”, dijo Emily Hilliard, vocera del HHS.

Aunque covid se ha vuelto menos letal, debido a la inmunización de la población y a mutaciones que han debilitado al virus, investigadores señalan que la politización en torno a la infección está oscureciendo lo que la ciencia confirma cada vez más: el potencial de covid de causar problemas de salud inesperados y posiblemente crónicos.

Esto, a su vez, según los científicos, impulsa la necesidad de más investigación, no menos, ya que a largo plazo covid podría tener importantes consecuencias económicas y sociales, como mayores costos en el sistema de salud y más demandas sobre programas sociales y personas cuidadoras.

El impacto económico promedio anual de los efectos prolongados de covid se estima en $1.000 millones a nivel global y $9.000 por paciente en Estados Unidos, según publicado en noviembre en la revista NPJ Primary Care Respiratory Medicine. En este país, las pérdidas anuales por ingresos no percibidos se calculan en unos $170.000 millones.

Un estudio estima que la gripe generó $16.000 millones en costos directos de salud y $13.000 millones en pérdidas de productividad durante la temporada 2023-2024, según publicado en medRxiv, una plataforma en línea que difunde trabajos aún no revisados por colegas.

El alcance creciente de covid

Desde que surgió en 2019, desatando una pandemia que, según la Organización Mundial de la Salud, ha causado la muerte de , se ha aprendido mucho sobre covid. Para la primavera de 2020, ya se usaba el término “covid prolongado” para describir problemas de salud crónicos que pueden persistir tras la infección.

Estudios más recientes muestran que la infección por el virus que causa el covid, el SARS-CoV-2, puede generar riesgos elevados para la salud desde varios meses hasta más de un año después.

Por ejemplo, investigadores que han seguido a niños nacidos de madres que contrajeron el virus durante el embarazo han descubierto que podrían tener , retrasos en el habla y el desarrollo motor, u otros desafíos del neurodesarrollo.

halló que los bebés expuestos a covid en el útero experimentaron un aumento de peso acelerado durante su primer año de vida, lo cual podría ser un indicador temprano de problemas metabólicos y un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en el futuro.

Estos estudios sugieren que evitar una infección grave por covid durante el embarazo puede reducir riesgos no solo durante la gestación, sino también para futuras generaciones. Eso podría ser otra buena razón para vacunarse durante el embarazo.

“Hay otros sistemas del cuerpo, además del cerebro fetal en desarrollo, que también pueden verse afectados”, dijo Andrea Edlow, profesora asociada de obstetricia, ginecología y biología reproductiva en la Facultad de Medicina de Harvard, quien participó en ambos estudios. “Definitivamente necesitamos más investigación”.

Los epidemiólogos señalan algunos desafíos emergentes específicos.

Un publicado en la revista New England Journal of Medicine encontró que personas que de infecciones leves de covid presentaban un déficit cognitivo equivalente a una disminución de tres puntos en el coeficiente intelectual. Entre los más de 100.000 participantes, estos problemas fueron mayores en quienes tenían síntomas persistentes, llegando a una caída de nueve puntos en quienes fueron hospitalizados en cuidados intensivos.

, epidemiólogo clínico que ha estudiado los efectos a largo plazo de covid, hizo cálculos y estimó que el virus pudo haber aumentado el número de adultos con un coeficiente intelectual menor a 70 en Estados Unidos de 4,7 millones a 7,5 millones, es decir, con un nivel de deterioro cognitivo que requiere apoyo social significativo, escribió.

“La gente se contagia y desarrolla covid-19, algunas personas se recuperan bien, pero otras empiezan a tener problemas de memoria, concentración o confusión mental”, dijo. “Incluso personas con síntomas leves. Puede que ni siquiera se den cuenta”.

Diane Yormark, de 67 años, residente de Boca Raton, Florida, lo entiende bien. Tuvo covid en 2022 y en 2023. La segunda vez, le quedaron secuelas como fatiga y una mente nublada.

“Me sentía como cuando tomas un poco más de vino de la cuenta la noche anterior y no estás del todo bien”, dijo Yormark, redactora publicitaria retirada, quien afirmó que los peores síntomas duraron unos tres meses tras la infección. “Algo de la mente nublada ha desaparecido. ¿Pero me siento como antes? No como era yo”.

Datos de más de sugieren que las vacunas contra covid pueden ayudar a reducir el riesgo de infecciones graves, así como efectos de salud a largo plazo, aunque los investigadores indican que se necesitan más estudios.

Pero las tasas de vacunación siguen siendo bajas en Estados Unidos: solo alrededor del 17% de la población adulta reportó haberse aplicado la dosis actualizada para 2025-2026, al 16 de enero.

Funcionarios de la administración Trump, encabezados por el secretario de Salud y Servicios Humanos Robert F. Kennedy Jr., han reducido el acceso a las vacunas contra covid a pesar de la falta de evidencia nueva que respalde posibles daños. Aunque las vacunas fueron uno de los logros clave de la primera administración Trump, que lideró su desarrollo, Kennedy ha afirmado sin pruebas que son .

En mayo, escribió en X (antes Twitter) que los CDC la vacuna contra covid para , citando la . Desde entonces, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) emitió nuevas directrices que limitan la vacuna a personas de 65 años o más y a individuos de 6 meses o más con al menos un factor de riesgo, aunque muchos estados siguen ofreciéndola de manera más amplia.

La administración Trump también detuvo casi destinados a vacunas basadas en ARNm. Funcionarios y algunos legisladores republicanos han cuestionado la seguridad de esta tecnología, que ha sido reconocida con el Premio Nobel por su potencial para tratar diversas enfermedades más allá de covid, aunque se realizaron ensayos clínicos con decenas de miles de voluntarios antes de que las vacunas de ARNm estuvieran disponibles para el público.

Numerosos estudios, incluidos algunos nuevos de 2025, muestran que los beneficios de la vacuna contra covid incluyen la , aunque su protección disminuye con el tiempo.

Seguir los hallazgos

Investigadores afirman que se necesita más apoyo —y de mayor alcance— porque todavía hay mucho que no se sabe sobre covid y su impacto en el cuerpo.

La creciente conciencia de que, incluso en casos leves, existe la posibilidad de a largo plazo y muchas veces no detectado, también justifica una mayor investigación, según especialistas.

Un en eBioMedicine halló que personas con problemas neurocognitivos —como cambios en el olfato o dolores de cabeza después de la infección— tenían niveles significativos de una proteína vinculada al Alzheimer en el plasma sanguíneo. eBioMedicine es una revista de acceso abierto, revisada por colegas, publicada por .

En el cerebro, el virus provoca una respuesta inmunitaria que genera inflamación, puede dañar células cerebrales e incluso reducir el volumen cerebral, según una investigación con estudios por imágenes publicada en marzo de 2022 en la revista Nature.

Un con imágenes cerebrales avanzadas encontró alteraciones significativas incluso en personas que ya se habían recuperado de infecciones leves, lo cual podría explicar que persisten durante años. El autor principal del estudio, Kiran Thapaliya, señaló que la investigación sugiere que el virus “podría dejar un efecto silencioso y duradero en la salud cerebral”.

Al-Aly estuvo de acuerdo.

“No sabemos qué pasará con estas personas dentro de 10 años”, dijo. “La inflamación del cerebro no es algo bueno. Definitivamente no lo es”.

Esa respuesta inflamatoria también se ha vinculado con coágulos sanguíneos, arritmias y mayor riesgo de problemas cardiovasculares, incluso después de una infección leve.

Un estudio de la Universidad del Sur de California, publicado en octubre de 2024 en la revista Arteriosclerosis, Thrombosis, and Vascular Biology, encontró que el riesgo de sufrir un sigue siendo elevado casi tres años después de una infección por covid. Estos resultados se observaron incluso en personas que no fueron hospitalizadas.

“Nos sorprendió ver efectos tanto tiempo después”, dijo James R. Hilser, autor principal del estudio y becario postdoctoral en la Facultad de Medicina David Geffen de la UCLA. “Independientemente del historial individual de enfermedades cardíacas”.

El covid también puede y provocar una recaída, según una investigación publicada en julio en la revista Nature.

Los investigadores encontraron que el riesgo de morir de cáncer entre sobrevivientes de esta enfermedad era mayor en personas que habían tenido covid, especialmente durante el año posterior a la infección. La mortalidad por cáncer casi se duplicó en quienes dieron positivo, en comparación con quienes dieron negativo.

También se están descubriendo nuevos hallazgos sobre el potencial del virus para afectar a generaciones futuras. Investigadores australianos estudiaron ratones machos y descubrieron que aquellos que de covid presentaban cambios en su esperma que alteraron el comportamiento de su descendencia, haciéndola más propensa a la ansiedad.

Mientras tanto, muchas personas viven —y luchan— contra las secuelas del virus.

Dee Farrand, de 57 años, residente de Marana, Arizona, solía correr cinco millas y le iba muy bien en su trabajo en ventas. Se recuperó de una infección por covid en mayo de 2021.

Dos meses después, su corazón comenzó a latir de forma irregular. Farrand se sometió a una batería de pruebas en un hospital. Finalmente, su condición empeoró tanto que necesitó oxígeno suplementario durante dos años.

Su capacidad cognitiva disminuyó tanto que no podía leer, porque olvidaba la primera oración después de leer la segunda. También debía dejarse recordatorios de que es alérgica a los camarones o que le gustan los aguacates. Dijo que perdió su empleo y regresó a su ocupación anterior como trabajadora social.

“Yo era como el conejito de las baterías y, de repente, me cansaba tanto al vestirme que tenía que volver a la cama”, dijo Farrand.

Aunque ha mejorado, covid dejó una huella. Dijo que todavía no puede volver a correr las cinco millas que antes hacía sin dificultad.

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Researchers Shift Tactics To Tackle Extremism as Public Health Threat /news/article/extremism-radicalization-polarization-terrorism-violence-public-health-peril-michigan/ Mon, 08 Sep 2025 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=2077336 Rebecca Kasen has seen and heard things in recent years in and around Michigan’s capital city that she never would have expected.

“It’s a very weird time in our lives,” said Kasen, executive director of the .

Last November, a group of people were captured on surveillance video early one morning mocking a “Black Lives Matter” sign in the front window of the center, with one of them vandalizing its free pantry. That same fall, Women’s Center staff reported being harassed.

A couple of blocks down East Michigan Avenue, Strange Matter Coffee, which supports progressive causes in the community, has been confronted by “” outside its storefront. Some toted guns or cameras, sometimes chanting slogans supporting President Donald Trump, generally unnerving customers and staff, Kasen said.

In many cases, throughout the U.S. over the past few years have been driven by the deepening and disinformation-driven rebellion against responses to the covid-19 pandemic. More recently, backlash against immigration and diversity, equity, and inclusion initiatives has heightened tensions.

Last year, the documented nationwide sowing unrest through a wide range of tactics, sometimes violent. Over the last several years, the group writes, the political right has increasingly shifted toward “an authoritarian, patriarchal dedicated to eroding the value of inclusive democracy and public institutions.”

Researchers at American University’s , or PERIL, say that in online spaces, “hate is intersectional.” (For example, Pasha Dashtgard, PERIL’s director of research, explains, platforms dedicated to male supremacy are often also decidedly antisemitic.) Seemingly innocuous discussions erupt into vitriol: The release of “A Minecraft Movie” prompted tirades against an alleged trend toward casting Black women and nonbinary people.

The continued escalations drove staffers at PERIL and the Southern Poverty Law Center to approach the problem from a different angle: Treat extremism as a public health problem. are now operating in Lansing, Michigan, and Athens, Georgia, offering training, support, referrals, and resources to communities affected by hate, discrimination, and supremacist ideologies and to people susceptible to radicalization, with a focus on young people.

The team defines extremism as the belief that one’s group is in direct and bitter conflict with another of a different identity — ideology, race, gender identity or expression — fomenting an us-versus-them mentality mired in the conviction that resolution can come only through separation, domination, or extermination.

Researchers who study extremism say that, as the federal government terminates grants for violence prevention, state governments and local communities are recognizing they’re on their own. (CARE receives no federal funding.)

Aaron Flanagan, the Southern Poverty Law Center’s deputy director of prevention and partnerships, said his organization and PERIL came together about five years ago to examine a shared research question: What would it take to create a nationally scalable model to prevent youth radicalization, one that’s rooted in communities and provides solutions residents trust?

They looked to a decades-old German counterextremism model called mobile advisory centers. The objective is to equip “all levels of civil society with the skills and knowledge to recognize extremism” and to engage in conversations about addressing it, Dashtgard said.

“We’re not about, ‘How do you respond to a group of Patriot Front people marching through your town?’” Pete Kurtz-Glovas, who until June served as PERIL’s deputy director of regional partnerships, explained during a training in January. “Rather, ‘How do you respond when your son or a member of your congregation expresses some of these extremist ideas?’”

Michigan has long been considered . Timothy McVeigh and Terry Nichols, convicted of the bombing of a federal building in Oklahoma City in 1995, were associated with a militia group in the state. Some of the men charged in 2020 in the plot to had ties to a militia group calling itself the Wolverine Watchmen.

The state’s capital city and adjacent East Lansing, where Michigan State University is, are relatively progressive but have seen conflict.

Will Verchereau has a vivid recollection from the early days of the pandemic: a pickup truck speeding down the street in their Lansing neighborhood, a Confederate flag flying from it, music blasting, later joining a rolling protest that clogged streets around the Capitol to protest Whitmer’s covid lockdown directives.

Incrementally, the community has responded to these expressions of extremism. After the confrontations at Strange Matter Coffee, Verchereau, a board member of the , which advocates for and supports the LGBTQ+ community, said people banded together to talk about “how to be safe in those moments; how to de-escalate when and where possible.”

The CARE initiative reinforces such efforts. The centers offer tool kits catered to specific audiences. Among them are a to online radicalization, a , and “.”

Flanagan said the team views this public health model as separate from but complementary to law enforcement interventions. The goal is to have law enforcement as minimally engaged as possible — to detect nascent warning signs and address them before police get involved.

The resources help identify conditions that can make people more susceptible to manipulation by extremists, such as unaddressed behavioral health issues and vulnerabilities, including having experienced trauma or the loss of a loved one.

Lansing resident Erin Buitendorp witnessed protesters, some of them armed, flood the state Capitol building during the pandemic over lockdown and masking orders. She’s a proponent of the public health approach. It’s “providing people with agency and a strategy to move forward,” she said. It’s a way to channel energy “and feel like you can actually create change with community.”

Lansing and Athens were chosen for a number of reasons, including their proximity to universities that could serve as partners — and to rural communities.

In the small town of Howell, 40 miles southeast of Lansing, outside a production of the play “The Diary of Anne Frank” at an American Legion post.

In nearby DeWitt, the local school district proposed a mini lesson on pronouns for a first grade class that involved reading the picture book “They She He Me: Free to Be!” Threats against school staff followed and officials canceled the lesson. Since then, the CARE team has helped provide support to teachers there in holding conversations on contentious topics in classrooms and in dealing with skeptical parents.

“It’s really important that rural communities not be left behind,” Flanagan said. “They persistently are in America, and then they’re often simultaneously demonized for some of the most extreme, or extremist, political problems and challenges.”

The CARE team hopes to expand its program nationwide. Similar public health initiatives have been launched elsewhere, including Boston Children’s Hospital’s and the , run by New York City’s Citizens Crime Commission.

And in June a new tool, the , went live, offering guidance to help prevent violent extremism.

Pete Simi, a professor of sociology at Chapman University and a leading expert on extremism, sees a daunting task ahead, with extremism’s having become more mainstream over the past 25 years. “It’s just devastating,” he said. “It’s really startling.”

Simi said that while there was previously talk of shifts in the Overton window, the range of ideas considered politically acceptable to mainstream society, “I would say now it has been completely shattered.” Violent extremists now feel “unshackled, supported by a new administration that has their back.”

“We are in a more dangerous time now than any other in my lifetime,” Simi said.

The Rev. Pippin Whitaker ministers the Unitarian Universalist Fellowship of Athens in Georgia, which last year received a package of ammunition in the mail with no note included. She embraces framing extremism, and people’s lack of awareness of it, as a public health issue.

“If you have a germ out there,” Whitaker said, “and people aren’t aware that if you wash your hands you can protect yourself, and that it’s an actual problem, you won’t enact basic protective behavior.”

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Investigadores proponen tratar al extremismo como una amenaza para la salud pública /news/article/investigadores-proponen-tratar-al-extremismo-como-una-amenaza-para-la-salud-publica/ Mon, 08 Sep 2025 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=2085436 En los últimos años, en la capital de Michigan y sus alrededores, Rebecca Kasen ha visto y oído cosas que nunca habría imaginado.

“Estamos viviendo un momento muy extraño”, reflexionó Kasen, directora ejecutiva del .

Una madrugada de noviembre, una cámara de vigilancia del Women’s Center captó a un grupo de personas burlándose de un cartel en una ventana que decía “Black Lives Matter”. Uno de ese grupo vandalizó la despensa comunitaria gratuita. Ese mismo otoño, el personal de la institución informó que había sido acosado.

A pocas cuadras de allí, sobre East Michigan Avenue, la cafetería Strange Matter Coffee —que apoya causas progresistas en la comunidad— ha tenido que soportar a “”, personas que se plantan frente al local llevando armas o cámaras, y a veces gritan consignas a favor del presidente Donald Trump. Su presencia inquieta tanto a los clientes como al personal, contó Kasen.

Las que vienen ocurriendo en todo Estados Unidos durante los últimos años han sido impulsadas en gran parte por el , y por una rebelión alimentada por la desinformación sobre las respuestas a la pandemia de covid.

Más recientemente, la reacción contra la inmigración y contra las iniciativas de diversidad, equidad e inclusión aumentó las tensiones.

El año pasado, el registró que están activos en todo el país y que fomentan disturbios mediante una amplia variedad de tácticas, a veces violentas.

Los investigadores encontraron que, en los últimos años, la derecha política se ha ido desplazando cada vez más hacia “una autoritaria y patriarcal, dedicada a erosionar el valor de la democracia inclusiva y de las instituciones públicas”.

Los analistas del (PERIL) de la American University sostienen que, en los espacios en línea, “el odio es interseccional”.

Por ejemplo, explicó Pasha Dashtgard, director de investigación de PERIL, las plataformas que promueven la supremacía masculina suelen ser también abiertamente antisemitas. Conversaciones que parecen intrascendentes pueden desembocar muy rápido en agresiones. El estreno de la película “A Minecraft Movie” desató una ola de críticas contra una supuesta tendencia a elegir actrices negras y personas no binarias.

La escalada de las posiciones radicales llevó al equipo de PERIL y al Southern Poverty Law Center a cambiar el enfoque y tratar al extremismo como un problema de salud pública.

Los (CARE) operan en Lansing, Michigan, y en Athens, Georgia. Ofrecen formación, apoyo, derivaciones y recursos a las comunidades afectadas por el odio, la discriminación y las ideologías supremacistas, así como a las personas más vulnerables a las ideas fundamentalistas, especialmente los jóvenes.

Los investigadores definen el extremismo como la creencia de que el propio grupo está en conflicto directo y encarnizado con otro de identidad diferente —ideología, raza, identidad o expresión de género—, lo que fomenta una mentalidad de “nosotros contra ellos” y la convicción de que el conflicto solo puede resolverse a través de la separación, la dominación o el exterminio.

Quienes estudian el extremismo aseguran que, a medida que el gobierno federal elimina los fondos para la prevención de la violencia, los gobiernos estatales y las comunidades locales se dan cuenta que están solos para enfrentar el desafío. (El programa CARE no recibe financiamiento federal).

Aaron Flanagan, subdirector de prevención y alianzas del Southern Poverty Law Center, explicó que su organización y PERIL se unieron hace unos cinco años para trata de responder juntos una pregunta: “¿Qué se necesitaría para crear un modelo que funcione en todo el país, prevenga la radicalización juvenil, esté arraigado en las comunidades y ofrezca soluciones en las que los residentes puedan confiar?”.

Se inspiraron en un modelo alemán de lucha contra el extremismo que existe desde hace décadas y que creó “centros de asesoramiento móviles”. El objetivo es ofrecer “a todos los niveles de la sociedad civil las herramientas necesarias para reconocer el extremismo” y facilitar el diálogo sobre cómo abordarlo, explicó Dashtgard.

“No se trata de cómo responder cuando un grupo como Patriot Front marcha por tu ciudad —explicó Pete Kurtz-Glovas, quien hasta junio fue subdirector de alianzas regionales de PERIL, durante una capacitación en enero—. Se trata de ver cómo reaccionar cuando tu hijo o alguien de tu comunidad empieza a manifestar ideas radicales”.

Michigan ha sido considerado desde hace tiempo para el extremismo. Timothy McVeigh y Terry Nichols, condenados por el atentado en 1995 contra un edificio federal en Oklahoma City, estaban vinculados a un grupo militarizado en ese estado. Algunos de los hombres acusados en 2020 de también tenían lazos con una milicia armada que se autodenomina Wolverine Watchmen.

Aunque Lansing y la vecina East Lansing —donde se encuentra la Universidad Estatal de Michigan— son zonas relativamente progresistas, no han estado exentas de conflictos.

Will Verchereau recuerda vívidamente los primeros días de la pandemia: una camioneta circulaba a toda velocidad por su vecindario, en Lansing, agitando la bandera de la Confederación y con la música a todo volumen. La camioneta después se unió a una caravana de protesta que hizo colapsar las calles alrededor del Capitolio estatal para manifestarse contra las medidas de confinamiento de Whitmer.

Poco a poco, la comunidad ha empezado a reaccionar ante estas expresiones extremistas. Después de los enfrentamientos en Strange Matter Coffee, Verchereau —miembro de la junta del , una organización que defiende los derechos de la comunidad LGBTQ+— dijo que la gente comenzó a reunirse para hablar sobre “cómo mantenerse seguros en esos momentos y cómo calmar los ánimos cuando y donde fuera posible”.

La iniciativa CARE fortalece ese tipo de esfuerzos. Los centros ofrecen herramientas adaptadas a distintos públicos. Entre ellas, una sobre la radicalización en línea, una y un documento titulado “”.

Flanagan explicó que el equipo considera que este enfoque de salud pública es independiente de las intervenciones policiales, pero se complementa con ellas. El objetivo es que la policía intervenga lo menos posible: la idea es identificar las primeras señales de alerta y actuar antes de que sea necesaria la presencia de las autoridades.

Estos recursos ayudan a detectar factores que vuelven a las personas más vulnerables a la manipulación de los extremistas. Por ejemplo, problemas de salud mental no tratados o situaciones de fragilidad, como haber vivido un trauma o la pérdida de un ser querido.

Erin Buitendorp, residente de Lansing, fue testigo de cómo manifestantes —algunos armados— entraron al Capitolio estatal durante la pandemia para protestar contra las medidas de confinamiento y el uso de mascarillas. Buitendorp está a favor del enfoque de salud pública. Es “una forma de dar a las personas herramientas para actuar y estrategias para avanzar”, dijo. Es una manera de canalizar la energía “y sentir que realmente se puede generar un cambio en la comunidad”.

Lansing y Athens fueron seleccionadas por varias razones, entre ellas, su cercanía con universidades que pueden actuar como aliadas, y su proximidad a comunidades rurales.

En la pequeña localidad de Howell, unas 40 millas al sudeste de Lansing, manifestantes mientras se estaba representando “El diario de Ana Frank” en una sede de la American Legion.

En DeWitt, una ciudad cercana, el distrito escolar propuso una lección breve sobre los pronombres para una clase de primer grado, que incluía la lectura del libro ilustrado “They She He Me: Free to Be!”. Pero se recibieron amenazas contra el personal escolar y las autoridades cancelaron la actividad.

Desde entonces, el equipo de CARE ha ofrecido apoyo a docentes para conversar sobre temas que resultan controversiales en el aula y para manejar el escepticismo de algunos padres.

“Es muy importante que las comunidades rurales no queden fuera, señaló Flanagan. En Estados Unidos, eso ocurre con frecuencia. Y, al mismo tiempo, muchas veces se las demoniza, se las considera problemáticas y se las asocia con las actitudes habituales en el extremismo político”.

El equipo de CARE espera expandir su programa a nivel nacional.

Iniciativas similares se han lanzado en otros lugares, como el Boston Children’s Hospital’s y el , dirigido por la Citizens Crime Commission de la ciudad de Nueva York.

Además, en junio se lanzó una nueva herramienta: , un centro de recursos en línea que ofrece orientación para prevenir el extremismo violento.

Pete Simi, profesor de sociología en la Chapman University y experto en extremismo, cree que el desafío es enorme, dado que se ha vuelto más frecuente en los últimos 25 años.

“Es devastador, opinó. Es realmente alarmante”.

Simi dijo que, aunque antes se hablaba de cambios en la “ventana de Overton” —como se define el rango de ideas que se consideran políticamente aceptables en la sociedad—, “yo diría que ahora esa ventana está completamente destrozada”. Agregó que los extremistas violentos hoy “se sienten liberados, respaldados por una nueva administración que los apoya”.

“Estamos en un momento más peligroso que cualquier otro de mi vida”, advirtió.

La reverenda Pippin Whitaker dirige la Unitarian Universalist Fellowship de Athens, en Georgia, que el año pasado recibió por correo un paquete de municiones sin ninguna nota. Whitaker considera que el extremismo y la falta de conciencia de la gente al respecto son un tema de salud pública.

“Si hay un germen rondando, pero la gente no sabe que en realidad es un problema y que puede protegerse simplemente lavándose las manos, no va a tomar medidas básicas de protección”, dijo Whitaker.

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Journalists Assess Health Impacts of Trump’s Megabill, Who Will Feel Them, and When /news/article/on-air-july-5-2025-medicaid-megabill-affordability-insurance-vaccines/ Sat, 05 Jul 2025 09:00:00 +0000 /?p=2057017&post_type=article&preview_id=2057017 Â鶹ŮÓÅ Health News chief Washington correspondent Julie Rovner discussed how cuts to Medicaid in President Donald Trump’s megabill will affect Americans’ access to health care on NPR’s “Up First,” CNN’s “CNN This Morning” and WNYC’s “The Brian Lehrer Show” on July 2. Rovner also discussed U.S. domestic and global vaccine policy on WAMU’s “1A” on July 1.

Céline Gounder, Â鶹ŮÓÅ Health News’ editor-at-large for public health, discussed a new study that found a link between a common type of hormone therapy and higher rates of breast cancer on CBS’ “CBS Mornings” on July 2. Gounder also discussed a breakthrough drug for HIV prevention on CBS’ “CBS Mornings Plus” on July 1.

Â鶹ŮÓÅ Health News chief rural correspondent Sarah Jane Tribble discussed how Medicaid cuts in President Trump’s megabill could strain rural hospitals on CNN’s “CNN News Central” and on NPR’s “All Things Considered” on July 2 and July 1, respectively.

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As Cannabis Users Age, Health Risks Appear To Grow /news/article/cannabis-medical-use-older-adults-health-risks/ Mon, 09 Jun 2025 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=2043104 Benjamin Han, a geriatrician and addiction medicine specialist at the University of California-San Diego, tells his students a cautionary tale about a 76-year-old patient who, like many older people, struggled with insomnia.

“She had problems falling asleep, and she’d wake up in the middle of the night,” he said. “So her daughter brought her some sleep gummies” — edible cannabis candies.

“She tried a gummy after dinner and waited half an hour,” Han said.

Feeling no effects, she took another gummy, then one more — a total of four over several hours.

Han advises patients who are trying cannabis to “start low; go slow,” beginning with products that contain just 1 or 2.5 milligrams of tetrahydrocannabinol, or THC, the psychoactive ingredient that many cannabis products contain. Each of the four gummies this patient took, however, contained 10 milligrams.

The woman started experiencing intense anxiety and heart palpitations. A young person might have shrugged off such symptoms, but this patient had high blood pressure and atrial fibrillation, a heart arrhythmia. Frightened, she went to an emergency room.

Lab tests and a cardiac work-up determined the woman wasn’t having a heart attack, and the staff sent her home. Her only lingering symptom was embarrassment, Han said. But what if she’d grown dizzy or lightheaded and was hurt in a fall? He said he has had patients injured in falls or while driving after using cannabis. What if the cannabis had interacted with the prescription drugs she took?

“As a geriatrician, it gives me pause,” Han said. “Our brains are more sensitive to psychoactive substances as we age.”

Thirty-nine states and the District of Columbia now for medical reasons, and in 24 of those states, as well as the district, is also legal. As older adults’ use climbs, “the benefits are still unclear,” Han said. “But we’re seeing more evidence of potential harms.”

A wave of recent research points to reasons for concern for older users, with cannabis-related emergency room visits and hospitalizations rising, and a Canadian study finding an association between such acute care and subsequent dementia. Older people are more apt than younger ones to try cannabis for therapeutic reasons: to relieve chronic pain, insomnia, or mental health issues, though evidence of its effectiveness in addressing those conditions remains thin, experts said.

In an published June 2 in the medical journal JAMA, Han and his colleagues reported that “current” cannabis use (defined as use within the previous month) had jumped among adults age 65 or older to 7% of respondents in 2023, from 4.8% in 2021. In 2005, he pointed out, fewer than 1% of older adults reported using cannabis in the previous year.

What’s driving the increase? Experts cite the steady march of state legalization — use by older people is highest in those states — while surveys show that the of cannabis use has declined. One national survey found that a growing it safer to smoke cannabis daily than cigarettes. The authors of the study, in JAMA Network Open, noted that “these views do not reflect the existing science on cannabis and tobacco smoke.”

The cannabis industry also markets its products to older adults. The Trulieve chain gives a 10% discount, both in stores and online, to those it calls “wisdom” customers, 55 or older. Rise Dispensaries ran a yearlong cannabis education and empowerment program for two senior centers in Paterson, New Jersey, including field trips to its dispensary.

The industry has many satisfied older customers. Liz Logan, 67, a freelance writer in Bronxville, New York, had grappled with sleep problems and anxiety for years, but the conditions grew particularly debilitating two years ago, as her husband was dying of Parkinson’s disease. “I’d frequently be awake until 5 or 6 in the morning,” she said. “It makes you crazy.”

Looking online for edible cannabis products, Logan found that gummies containing cannabidiol, known as CBD, alone didn’t help, but those with 10 milligrams of THC did the trick without noticeable side effects. “I don’t worry about sleep anymore,” she said. “I’ve solved a lifelong problem.”

But studies in the United States and Canada, which use for adults nationally in 2018, show climbing rates of cannabis-related health care use among older people, both in and in hospitals.

In California, for instance, cannabis-related by those 65 or older rose, to 395 per 100,000 visits in 2019 from about 21 in 2005. In Ontario, acute care (meaning emergency visits or hospital admissions) resulting from cannabis use increased fivefold in middle-aged adults from 2008 to 2021, and more than .

“It’s not reflective of everyone who’s using cannabis,” cautioned Daniel Myran, an investigator at the Bruyère Health Research Institute in Ottawa and lead author of the Ontario study. “It’s capturing people with more severe patterns.”

But since other studies have shown among some cannabis users with heart disease or diabetes, “there’s a number of warning signals,” he said.

For example, a disturbing proportion of older veterans who currently use cannabis , a recent JAMA Network Open study found.

As with other substance use disorders, such patients “can tolerate high amounts,” said the lead author, Vira Pravosud, a cannabis researcher at the Northern California Institute for Research and Education. “They continue using even if it interferes with their social or work or family obligations” and may experience withdrawal if they stop.

Among 4,500 older veterans (with an average age of 73) seeking care at Department of Veterans Affairs health facilities, that more than 10% had reported cannabis use within the previous 30 days. Of those, 36% fit the criteria for mild, moderate, or severe , as established in the Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders.

VA patients differ from the general population, Pravosud noted. They are much more likely to report substance misuse and have “higher rates of chronic diseases and disabilities, and mental health conditions like PTSD” that could lead to self-medication, she said.

Current VA policies don’t require clinicians to ask patients about cannabis use. Pravosud thinks that they should.

Moreover, “there’s increasing evidence of a potential effect on memory and cognition,” said Myran, citing his team’s study of Ontario patients with cannabis-related conditions going to emergency departments or being admitted to hospitals.

Compared with others of the same age and sex who were seeking care for other reasons, these patients (ages 45 to 105) had 1.5 times the risk of a dementia diagnosis within five years, and 3.9 times the risk of that for the general population.

Even after adjusting for chronic health conditions and sociodemographic factors, those seeking acute care resulting from cannabis use had a 23% than patients with noncannabis-related ailments, and a 72% higher risk than the general population.

None of these studies were randomized clinical trials, the researchers pointed out; they were observational and could not ascertain causality. Some cannabis research doesn’t specify whether users are smoking, vaping, ingesting or rubbing topical cannabis on aching joints; other studies lack relevant demographic information.

“It’s very frustrating that we’re not able to provide more individual guidance on safer modes of consumption, and on amounts of use that seem lower-risk,” Myran said. “It just highlights that the rapid expansion of regular cannabis use in North America is outpacing our knowledge.”

Still, given the health vulnerabilities of older people, and the far greater potency of current cannabis products compared with the weed of their youth, he and other researchers urge caution.

“If you view cannabis as a medicine, you should be open to the idea that there are groups who probably shouldn’t use it and that there are potential adverse effects from it,” he said. “Because that is true of all medicines.”

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A Ministroke Can Have Major Consequences /news/article/ministroke-transient-ischemic-attack-tia-major-consequences/ Tue, 27 May 2025 09:00:00 +0000 /?post_type=article&p=2037057 Kristin Kramer woke up early on a Tuesday morning 10 years ago because one of her dogs needed to go out. Then, a couple of odd things happened.

When she tried to call her other dog, “I couldn’t speak,” she said. As she walked downstairs to let them into the yard, “I noticed that my right hand wasn’t working.”

But she went back to bed, “which was totally stupid,” said Kramer, now 54, an office manager in Muncie, Indiana. “It didn’t register that something major was happening,” especially because, reawakening an hour later, “I was perfectly fine.”

So she “just kind of blew it off” and went to work.

It’s a common response to the neurological symptoms that signal a TIA, a transient ischemic attack or ministroke. At least experience one each year, with the incidence .

Because the symptoms disappear quickly, usually within minutes, people don’t seek immediate treatment, putting them at high risk for a bigger stroke.

Kramer felt some arm tingling over the next couple of days and saw her doctor, who found nothing alarming on a CT scan. But then she started “jumbling” her words and finally had a relative drive her to an emergency room.

By then, she could not sign her name. After an MRI, she recalled, “my doctor came in and said, ‘You’ve had a small stroke.’”

Did those early-morning aberrations constitute a TIA? Might a 911 call and an earlier start on anticlotting drugs have prevented her stroke? “We don’t know,” Kramer said. She’s doing well now, but faced with such symptoms again, “I would seek medical attention.”

Now, a large epidemiological study by researchers at the University of Alabama-Birmingham and the University of Cincinnati, published in JAMA Neurology, points to another : Over five years, study participants’ performance on cognitive tests after a TIA drops as steeply as it does among victims of a full-on stroke.

“If you have one stroke or one TIA, with no other event over time and no other change in your medical status, the rate of cognitive decline is the same,” said Victor Del Bene, a neuropsychologist and lead author of the study.

An by Eric Smith, a neurologist at the University of Calgary, was pointedly headlined “Transient Ischemic Attack — Not So Transient After All!”

The study showed that even if the symptoms resolve — typically within 15 minutes to an hour — TIAs set people on a different cognitive slope later in life, Smith said in an interview: “a long-lasting change in people’s cognitive ability, possibly leading to dementia.”

The study, analyzing findings from data on more than 30,000 participants, followed three groups of adults age 45 or older with no history of stroke or TIA. “It’s been a hard group to study because you lack the baseline data of how they were functioning prior to the TIA or stroke,” Del Bene said.

With this longitudinal study, however, researchers could separate those who went on to have a TIA from a group who went on to suffer a stroke and also from an asymptomatic control group. The team adjusted their findings for a host of demographic variables and health conditions.

Immediately after a TIA, “we don’t see an abrupt change in cognition,” as measured by cognitive tests administered every other year, Del Bene said. The stroke group showed a steep decline, but the TIA and control group participants “were more or less neck and neck.”

Five years later, the picture was different. People who had experienced TIAs were cognitively better off than those who had suffered strokes. But both groups were experiencing cognitive decline, and at equally steep rates.

After accounting for various possible causes, the researchers concluded that the cognitive drop reflected not demographic factors, chronic illnesses, or normal aging, but the TIA itself.

“It’s not dementia,” Del Bene said of the decline after a TIA. “It may not even be mild cognitive impairment. But it’s an altered trajectory.”

Of course, most older adults do have other illnesses and risk factors, like heart disease, diabetes, or smoking. “These things together work synergistically to increase the risk for cognitive decline and dementia over time,” he said.

The findings reinforce long-standing concerns that people experiencing TIAs don’t respond quickly enough to the incident. “These events are serious, acute, and dangerous,” said Claiborne Johnston, a neurologist and chief medical officer of Harbor Health in Austin, Texas.

After a TIA, neurologists put the risk of a subsequent stroke within 90 days at 5% to 20%, with half that risk occurring in the first 48 hours.

“Feeling back to normal doesn’t mean you can ignore this, or delay and discuss it with your primary care doctor at your next visit,” Johnston said. The symptoms should prompt a 911 call and an emergency room evaluation.

How to recognize a TIA? Tracy Madsen, an epidemiologist and emergency medicine specialist at the University of Vermont, promotes the BE FAST acronym: balance loss, eyesight changes, facial drooping, arm weakness, speech problems. The “T” is for time, as in don’t waste any.

“We know a lot more about how to prevent a stroke, as long as people get to a hospital,” said Madsen, vice chair of an American Heart Association committee that, in 2023, for TIAs.

The statement called for more comprehensive and aggressive testing and treatment, including imaging, risk assessment, anticlotting and other drugs, and counseling about lifestyle changes that reduce stroke risk.

Unlike other urgent conditions, a TIA may not look dramatic or even be visible; patients themselves have to figure out how to respond.

Karen Howze, 74, a retired lawyer and journalist in Reno, Nevada, didn’t realize that she’d had several TIAs until after a doctor noticed weakness on her right side and ordered an MRI. Years later, she still notices some effect on “my ability to recall words.”

Perhaps “transient ischemic attack” is too reassuring a label, Johnston and a co-author argued in in JAMA. They suggested that giving a TIA a scarier name, like “minor ischemic stroke,” would more likely prompt a 911 call.

The experts interviewed for this column all endorsed the idea of a name that includes the word “stroke.”

Changing medical practice is “frustratingly slow,” Johnston acknowledged. But whatever the nomenclature, keeping BE FAST in mind could lead to more examples like Wanda Mercer, who shared her experience in .

In 2018, she donated at the bloodmobile outside her office in Austin, where she was a systems administrator for the University of Texas, then walked two blocks to a restaurant for lunch. “Waiting in line, I remember feeling a little lightheaded,” she said. “I woke up on the floor.”

Reviving, she assured the worried restaurant manager that she had merely fainted after giving blood. But the manager had already called an ambulance — this was smart move No. 1.

The ER doctors ran tests, saw no problems, gave Mercer intravenous fluids, and discharged her. “I began to tell my colleagues, ‘Guess what happened to me at lunch!’” she recalled. But, she said, she had lost her words: “I couldn’t articulate what I wanted to say.”

Smart move No. 2: Co-workers, , called the EMTs for the second time. “I was reluctant to go,” Mercer said. “But they were right.” This time, emergency room doctors diagnosed a minor stroke.

Mercer has had no recurrences. She takes a statin and a baby aspirin daily and sees her primary care doctor annually. Otherwise, at 73, she has retired to an active life of travel, pickleball, running, weightlifting, and book groups.

“I’m very grateful,” she said, “that I have a happy story to tell.”

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Un mini accidente cerebrovascular puede tener graves consecuencias /news/article/un-mini-accidente-cerebrovascular-puede-tener-graves-consecuencias/ Tue, 27 May 2025 08:55:00 +0000 /?post_type=article&p=2040739 Diez años atrás, Kristin Kramer se despertó temprano una mañana porque uno de sus perros necesitaba salir. Fue cuando sucedieron un par de cosas extrañas.

Cuando intentó llamar a su otro perro, “no podía hablar”, recordó. Y al bajar las escaleras para dejarlos salir al jardín, “me di cuenta que no podía mover mi mano derecha”.

Así y todo volvió a la cama, “lo cual fue una tontería”, dijo Kramer, ahora de 54 años, quien es gerenta de una oficina en Muncie, Indiana. “No me di cuenta de que estaba sucediendo algo grave”, sobre todo porque, al despertar una hora después, “estaba perfectamente”.

Así que “simplemente no le di importancia”, y se fue a trabajar.

Es una respuesta común a los síntomas neurológicos que indican un AIT, un accidente isquémico transitorio o un mini accidente cerebrovascular. Al menos experimentan uno cada año, y la incidencia .

Debido a que los síntomas desaparecen rápido, generalmente en minutos, las personas no buscan tratamiento inmediato, lo que las expone a un alto riesgo de sufrir un derrame cerebral más grave.

Kramer sintió un hormigueo en el brazo durante los dos días siguientes y consultó a su médico, quien no encontró nada alarmante en una tomografía computarizada. Pero luego empezó a confundir las palabras y finalmente un familiar la llevó a una sala de emergencias.

Para entonces, ni siquiera podía firmar. Después de una resonancia magnética, recordó, “mi médico entró y me dijo: ‘Ha tenido un derrame cerebral leve'”.

¿Esas anomalías matutinas fueron un AIT? ¿Podría haber evitado su derrame cerebral una llamada al 911? ¿ Comenzar antes con un tratamiento con anticoagulantes? “No lo sabemos”, dijo Kramer. Ahora está bien, pero si volviera a experimentar esos síntomas, “buscaría atención médica”.

Ahora, un amplio estudio epidemiológico realizado por investigadores de la Universidad de Alabama-Birmingham y la Universidad de Cincinnati, publicado en JAMA Neurology, resalta : a lo largo de cinco años, el rendimiento de los participantes en el estudio en pruebas cognitivas tras un AIT disminuye de forma tan pronunciada como en las víctimas de un ictus grave.

“Si se sufre un ictus o un AIT, sin ningún otro evento a lo largo del tiempo ni ningún otro cambio en el estado de salud, la tasa de deterioro cognitivo es la misma”, afirmó Victor Del Bene, neuropsicólogo y autor principal del estudio.

de Eric Smith, neurólogo de la Universidad de Calgary, que acompañó a la publicación del estudio, tuvo un título muy acertado: “¡Ataque isquémico transitorio, no tan transitorio después de todo!”.

El estudio demostró que incluso si los síntomas se resuelven —normalmente en un plazo de 15 minutos a una hora—, los AIT sitúan a las personas en una fase cognitiva diferente en etapas posteriores de la vida. Smith dijo en una entrevista: “un cambio duradero en la capacidad cognitiva de las personas, que posiblemente conduzca a la demencia”.

El estudio, que analizó los hallazgos de datos de más de 30,000 participantes, realizó un seguimiento de tres grupos de adultos de 45 años o más sin antecedentes de accidente cerebrovascular o AIT. “Ha sido un grupo difícil de estudiar debido a la falta de datos de referencia sobre su funcionamiento antes del AIT o accidente cerebrovascular”, dijo Del Bene.

Sin embargo, con este estudio longitudinal, los investigadores pudieron separar a quienes sufrieron un AIT del grupo que posteriormente sufrió un accidente cerebrovascular y también de un grupo de control asintomático. El equipo ajustó sus hallazgos a diversas variables demográficas y afecciones de salud.

Inmediatamente después de un AIT, “no observamos un cambio abrupto en la cognición”, algo que midieron en pruebas realizadas cada dos años, afirmó Del Bene. El grupo con accidente cerebrovascular mostró un deterioro pronunciado, pero los participantes del grupo con AIT y del grupo de control “estaban prácticamente empatados”.

Cinco años después, el panorama era diferente. Las personas que habían sufrido AIT tenían un mejor estado cognitivo que quienes habían sufrido un accidente cerebrovascular. Sin embargo, ambos grupos experimentaban un deterioro cognitivo a un ritmo igualmente pronunciado.

Tras considerar diversas causas posibles, los investigadores concluyeron que el deterioro cognitivo no reflejaba factores demográficos, enfermedades crónicas ni el envejecimiento normal, sino el propio AIT.

“No se trata de demencia”, afirmó Del Bene sobre el deterioro tras un AIT. “Quizás ni siquiera se trate de un deterioro cognitivo leve. Pero sí de una trayectoria alterada”.

Por supuesto, la mayoría de los adultos mayores padecen otras enfermedades y factores de riesgo, como cardiopatías, diabetes o tabaquismo. “Estos factores, en conjunto, actúan sinérgicamente para aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y demencia con el tiempo”, afirmó.

Los hallazgos refuerzan la preocupación de larga data de que las personas que experimentan un AIT no responden con la suficiente rapidez al incidente. “Estos eventos son graves, agudos y peligrosos”, afirmó Claiborne Johnston, neurólogo y director médico de Harbor Health en Austin, Texas.

Luego de un AIT, los neurólogos estiman el riesgo de sufrir un ictus posterior en un plazo de 90 días entre el 5% y el 20%, y la mitad de ese riesgo se produce en las primeras 48 horas.

“Sentirse normal de nuevo no significa que puede ignorarlo o posponerlo y hablarlo con su médico de cabecera en su próxima visita”, dijo Johnston. Los síntomas deberían motivar una llamada al 911 y una evaluación en una emergencia.

¿Cómo reconocer un AIT? Tracy Madsen, epidemióloga y especialista en medicina de emergencia de la Universidad de Vermont, promueve el acrónimo BE FAST (en inglés: pérdida del equilibrio, cambios en la visión, caída facial, debilidad en los brazos, problemas del habla). La “T” significa tiempo, es decir, no desperdicies nada.

“Sabemos mucho más sobre cómo prevenir un accidente cerebrovascular, siempre que las personas vayan al hospital”, dijo Madsen, vicepresidenta de un comité de la Asociación Americana del Corazón (AHA) que, en 2023, revisó las para los AIT.

La declaración exigió pruebas y tratamientos más completos y agresivos, que incluyan imágenes, evaluación de riesgos, anticoagulantes y otros medicamentos, y asesoramiento sobre cambios en el estilo de vida que reduzcan el riesgo de accidente cerebrovascular.

A diferencia de otras afecciones urgentes, un AIT puede no parecer grave y ni siquiera visible; los propios pacientes deben determinar cómo actuar.

Karen Howze, abogada y periodista jubilada de 74 años de Reno, Nevada, no se dio cuenta de que había sufrido varios AIT hasta que un médico notó debilidad en su lado derecho y le ordenó una resonancia magnética. Años después, todavía nota algún efecto en su capacidad para recordar palabras.

Quizás “accidente isquémico transitorio” sea una etiqueta demasiado tranquilizadora, argumentaron Johnston y un coautor en . Sugirieron que darle a un AIT un nombre más intimidante, como “accidente cerebrovascular isquémico menor”, probablemente provocaría una llamada al 911.

Todos los expertos entrevistados para esta columna respaldaron la idea de un nombre que incluya la palabra “accidente cerebrovascular”.

Cambiar la práctica médica es “frustrantemente lento”, reconoció Johnston. Pero sea cual sea la nomenclatura, tener presente BE FAST podría dar lugar a más ejemplos como el de Wanda Mercer, quien compartió su experiencia en .

En 2018, donó sangre en el móvil frente a su oficina en Austin, donde trabajaba como administradora de sistemas en la Universidad de Texas, y luego caminó dos cuadras hasta un restaurante para almorzar. “Esperando en la fila, recuerdo haberme sentido un poco mareada”, dijo. “Desperté en el suelo”.

Reavivada, le aseguró al preocupado gerente del restaurante que simplemente se había desmayado después de donar sangre. Pero el gerente ya había llamado a una ambulancia: fue la mejor decision número 1.

Los médicos de emergencias le realizaron pruebas, no detectaron ningún problema, le administraron líquidos intravenosos y le dieron el alta. “Empecé a decirles a mis colegas: ‘¡Adivinen qué me pasó en el almuerzo!'”, recordó. Pero se quedó sin palabras: “No podía articular lo que quería decir”, recordó.

Decisión número 2: sus compañeros de trabajo, sospechando , llamaron a los paramédicos por segunda vez. “Me resistía a ir”, dijo Mercer. “Pero tenían razón”. Esta vez, le diagnosticaron un derrame cerebral leve.

Mercer no ha tenido recurrencias. Toma una estatina y una aspirina infantil a diario y visita a su médico de cabecera anualmente. Por lo demás, a sus 73 años, se ha retirado a una vida activa de viajes, pickleball, correr, levantar pesas y grupos de lectura.

“Estoy muy agradecida de tener una historia feliz que contar”, expresó.

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The Growing Inequality in Life Expectancy Among Americans /news/article/growing-disparity-life-expectancy-racial-ethnic-groups-study/ Wed, 22 Jan 2025 10:00:00 +0000 /?post_type=article&p=1972211 The life expectancy among Native Americans in the western United States has dropped below 64 years, close to life expectancies in the Democratic Republic of the Congo and Haiti. For many Asian Americans, it’s around 84 — on par with life expectancies in Japan and Switzerland.

Americans’ health has long been unequal, but shows that the disparity between the life expectancies of different populations has nearly doubled since 2000. “This is like comparing very different countries,” said Tom Bollyky, director of the global health program at the Council on Foreign Relations and an author of the study.

Called “Ten Americas,” the analysis published late last year in The Lancet found that “one’s life expectancy varies dramatically depending on where one lives, the economic conditions in that location, and one’s racial and ethnic identity.” The worsening health of specific populations is a key reason the country’s — at 75 years for men and 80 for women — is the shortest among wealthy nations.

To deliver on pledges from the new Trump administration to make America healthy again, policymakers will need to fix problems undermining life expectancy across all populations.

“As long as we have these really severe disparities, we’re going to have this very low life expectancy,” said Kathleen Harris, a sociologist at the University of North Carolina. “It should not be that way for a country as rich as the U.S.”

Since 2000, the average life expectancy of many American Indians and Alaska Natives has been steadily shrinking. The same has been true since 2014 for Black people in low-income counties in the southeastern U.S.

“Some groups in the United States are facing a health crisis,” Bollyky said, “and we need to respond to that because it’s worsening.”

Heart disease, car fatalities, diabetes, covid-19, and other common causes of death are directly to blame. But research shows that the , their behaviors, and their environments heavily influence why some populations are at higher risk than others.

Native Americans in the West — defined in the “Ten Americas” study as more than a dozen states excluding California, Washington, and Oregon — were among the poorest in the analysis, living in counties where a person’s annual income averages below about $20,000. Economists have shown that people with low incomes generally .

Studies have also linked the stress of poverty, to detrimental coping behaviors like and And reservations often lack grocery stores and , which makes it hard to buy and cook healthy food.

About 1 in 5 Native Americans in the Southwest don’t have health insurance, according to a . Although the Indian Health Service provides coverage, the report says the program is weak due to chronic underfunding. This means people may delay or skip treatments for chronic illnesses. Postponed medical care contributed to the outsize toll of covid among Native Americans: About 1 of every died of the disease at the peak of the pandemic.

“The combination of limited access to health care and higher health risks has been devastating,” Bollyky said.

At the other end of the spectrum, the study’s category of Asian Americans maintained the longest life expectancies since 2000. As of 2021, it was 84 years.

Education may partly underlie the reasons certain groups live longer. “People with more education are more likely to seek out and adhere to health advice,” said Ali Mokdad, an epidemiologist at the Institute for Health Metrics and Evaluation at the University of Washington, and an author of the paper. Education also offers more opportunities for full-time jobs with health benefits. “Money allows you to take steps to take care of yourself,” Mokdad said.

The group with the highest incomes in most years of the analysis was predominantly composed of white people, followed by the mainly Asian group. The latter, however, maintained the highest rates of college graduation, by far. About half finished college, compared with fewer than a third of other populations.

The study suggests that education partly accounts for differences among white people living in low-income counties, where the individual income averaged less than $32,363. Since 2000, white people in low-income counties in southeastern states — defined as those in Appalachia and the Lower Mississippi Valley — had far lower life expectancies than those in upper midwestern states including Montana, Nebraska, and Iowa. (The authors provide details on how the groups were defined and delineated in .)

Opioid use and HIV rates didn’t account for the disparity between these white, low-income groups, Bollyky said. But since 2010, more than 90% of white people in the northern group were high school graduates, compared with around 80% in the southeastern U.S.

The education effect didn’t hold true for Latino groups compared with others. Latinos saw lower rates of high school graduation than white people but lived longer on average. This long-standing trend recently changed among Latinos in the Southwest because of covid. Hispanic or Latino and Black people were as likely to die from the disease.

On average, Black people in the U.S. have long experienced worse health than other races and ethnicities in the United States, except for Native Americans. But this analysis reveals a steady improvement in Black people’s life expectancy from 2000 to about 2012. During this period, the gap between Black and white life expectancies shrank.

This is true for all three groups of Black people in the analysis: Those in low-income counties in southeastern states like Mississippi, Louisiana, and Alabama; those in highly segregated and metropolitan counties, such as Queens, New York, and Wayne, Michigan, where many neighborhoods are almost entirely Black or entirely white; and Black people everywhere else.

Better drugs to treat high blood pressure and HIV help account for the improvements for many Americans between 2000 to 2010. And Black people, in particular, saw steep rises in high school graduation and gains in college education in that period.

However, progress stagnated for Black populations by 2016. Disparities in wealth grew. By 2021, Asian and many white Americans had the highest incomes in the study, living in counties with per capita incomes around $50,000. All three groups of Black people in the analysis remained below $30,000.

A wealth gap between Black and white people has historical roots, stretching back to the days of slavery, Jim Crow laws, and policies that prevented Black people from owning property in neighborhoods that are better served by public schools and other services. For Native Americans, a historical wealth gap can be traced to a near annihilation of the population and mass displacement in the 19th and 20th centuries.

Inequality has continued to rise for several reasons, such as a between predominantly white corporate leaders and low-wage workers, who are disproportionately people of color. And reporting from Â鶹ŮÓÅ Health News shows that decisions not to expand Medicaid have jeopardized the health of hundreds of thousands of people living in poverty.

Researchers have studied the potential health benefits of reparation payments to address historical injustices that led to racial wealth gaps. One estimates that such payments could reduce premature death among Black Americans by 29%.

Less controversial are interventions tailored to communities. Obesity often begins in childhood, for example, so policymakers could invest in after-school programs that give children a place to socialize, be active, and eat healthy food, Harris said. Such programs would need to be free for children whose parents can’t afford them and provide transportation.

But without policy changes that boost low wages, decrease medical costs, put safe housing and strong public education within reach, and ensure access to reproductive health care including abortion, Harris said, the country’s overall life expectancy may grow worse.

“If the federal government is really interested in America’s health,” she said, “they could grade states on their health metrics and give them incentives to improve.”

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Here’s Why Getting a Covid Shot During Pregnancy Is Important /news/article/covid-coronavirus-vaccine-shot-pregnancy-babies-protection/ Fri, 04 Oct 2024 09:00:00 +0000 /?p=1923822&post_type=article&preview_id=1923822 Nearly 90% of babies who had to be hospitalized with covid-19 had mothers who didn’t get the vaccine while they were pregnant, according to released by the Centers for Disease Control and Prevention. The findings appear in the agency’s Morbidity and Mortality Weekly Report.

Babies too young to be vaccinated had the highest covid hospitalization rate of any age group except people over 75.

The study looked at infant medical data from October 2022 to April 2024 in 12 states and underscores the critical importance of vaccinating pregnant people. It also echoes what physicians have anecdotally reported for more than three years — that people are still skeptical of covid vaccines due to persistent misinformation.

Of the 1,470 infants sick enough to be hospitalized due to covid, severe outcomes occurred “frequently,” according to the report. Excluding newborns hospitalized at birth, about 1 in 5 infants hospitalized with covid required intensive care, and nearly 1 in 20 required a ventilator.

“These aren’t necessarily high-risk, ill newborns. These are just regular, full-term, healthy newborn kids who happen to get covid and wind up on a ventilator in the hospital,” said , a professor of clinical obstetrics and gynecology and the director of the Infectious Diseases in Pregnancy Program at the David Geffen School of Medicine at UCLA.

Babies can’t get the covid vaccination until they are at least 6 months old. That leaves a “huge window” when infants are most vulnerable, Silverman said. so they on to their newborns is an effective way of protecting babies during that time. Vaccination during pregnancy also protects pregnant people from severe disease.

But persistent vaccine misinformation online has led to skepticism among Silverman’s pregnant patients.

“The most frustrating response that I get from folks is that they need to do more research before they think about getting the covid vaccine,” Silverman said. “We have dozens and dozens of studies showing the safety of the mRNA vaccine. I don’t know how much more research we can provide to skeptics.”

Among the 1,000-plus babies hospitalized with covid, the median age was just 2 months old, according to the report. Nine of the infants died.

South Carolina pediatrician said she plans to share the study with families she cares for. “There absolutely is a proportion of the population who will look at this and say, ‘Hey, wow, I should get that vaccine. It could protect my baby,’” she said.

Greenhouse believes the new data could solidify the risk of skipping the vaccine when she speaks to families.

“I think that it might help to convince some parents when you can actually show them hospitalization numbers and you can show them intensive care numbers and you can show them mechanical ventilation numbers,” Greenhouse said. “Those things are a big deal.”

Often, Greenhouse waits to be informed that a person is pregnant before bringing up the updated covid shot. Now she’s rethinking that strategy. “As pediatricians we do get moms in our office who are pregnant and we have an opportunity to intervene and to do some education and make them understand how important this is,” she said.

Physicians can encourage vaccination by making it as easy and simple as possible, Silverman said. He encouraged fellow doctors to offer the shots in their offices, rather than sending patients to pharmacies or other providers.

“We lose probably 30 to 40% of vaccination opportunities once someone has to leave the office to get a vaccine,” Silverman said.

But offering covid shots in their clinics leaves some doctors with a difficult calculation. They are struggling to predict how many patients will be interested in the vaccine and may not be able to return all their excess doses. Many providers can’t afford to lose money on doses that won’t be used, but they still need to order enough to vaccinate vulnerable patients who want the shot.

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Estudio revela que los casos de gripe aviar siguen sin detectarse /news/article/estudio-revela-que-los-casos-de-gripe-aviar-siguen-sin-detectarse/ Mon, 23 Sep 2024 14:23:21 +0000 /?post_type=article&p=1924165 Un nuevo estudio respalda los temores de que más trabajadores ganaderos puedan haber contraído la gripe aviar de lo que se haya informado.

“Estoy muy seguro de que hay más personas infectadas de las que sabemos”, dijo Gregory Gray, investigador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Texas en el Medical Branch, quien dirigió el publicado a fines de julio y en proceso de revisión para ser publicado en una revista líder en enfermedades infecciosas. “En gran parte, eso se debe a que nuestra vigilancia ha sido muy deficiente”.

Si los casos de gripe aviar no se van informando, los oficiales de salud corren el riesgo de tardar en notar si el virus se vuelve más contagioso. Un gran aumento de infecciones fuera de las comunidades de trabajadores agrícolas activaría el sistema de vigilancia de la gripe del gobierno, pero para entonces podría ser demasiado tarde para contenerlo.

“Necesitamos averiguar qué podemos hacer para detener esto”, dijo Gray. “No es algo que simplemente vaya a desaparecer”.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) basan sus decisiones en su sistema de vigilancia. Por ejemplo, la agencia tiene vacunas contra la gripe aviar, pero ha decidido no ofrecerlas a los trabajadores agrícolas, con el argumento de que el número de casos es bajo.

Sin embargo, las pruebas de gripe aviar entre este grupo de trabajadores siguen siendo raras, por lo que la investigación de Gray se destaca como la primera en buscar signos de infecciones anteriores no diagnosticadas en personas que habían estado expuestas a ganado enfermo, y que se habían enfermado y recuperado.

El equipo de Gray detectó signos de infecciones previas de gripe aviar en trabajadores de dos granjas lecheras que registraron brotes en Texas a principios de este año. Analizaron muestras de sangre de 14 trabajadores que no habían tenido pruebas para el virus y encontraron anticuerpos en dos. Esto representa una tasa de casi el 15% en solo dos granjas lecheras de más de 170 con brotes de gripe aviar en 13 estados este año.

Uno de los trabajadores con anticuerpos estaba tomando medicamentos para una tos persistente cuando accedió a que los investigadores analizaran su sangre en abril. El otro se había recuperado recientemente de una enfermedad respiratoria. No sabía qué la había causado, pero dijo a los investigadores que otros trabajadores agrícolas a los que no se habían realizado pruebas también habían estado enfermos.

Richard Webby, director del Centro Colaborador para la Influenza de la Organización Mundial de la Salud en el Hospital de Investigación Infantil St. Jude, en Memphis, Tennessee, dijo que los resultados confirmaban sus sospechas de que había habido más casos humanos de gripe aviar que los 13 reportados este año por los CDC.

“Quizás lo que vemos no sea exactamente la punta del iceberg, pero ciertamente no es toda la historia”, dijo Webby.

Aunque el estudio es pequeño, resalta la urgencia sobre los informes de enfermedades no diagnosticadas entre trabajadores agrícolas y veterinarios. Los CDC han advertido que si las personas se infectan simultáneamente con la gripe estacional y la gripe aviar, los dos tipos de virus podrían intercambiar genes de una manera que permita que la gripe aviar se propague entre las personas tan fácilmente como las variedades estacionales.

No hay evidencia que sugiera que eso esté ocurriendo actualmente. Y los casos asintomáticos de gripe aviar parecen ser raros, según en Michigan descrito por los CDC el 19 de julio. Los investigadores analizaron muestras de sangre de 35 trabajadores de tambos que habían tenido brotes en Michigan, y ninguno mostró signos de infecciones pasadas. A diferencia del estudio en Texas, estos trabajadores no se habían enfermado.

“Es un estudio pequeño, pero un primer paso”, dijo Natasha Bagdasarian, directora médica de Michigan. Agregó que el estado estaba aumentando los esfuerzos para realizar pruebas a los trabajadores agrícolas, pero que estas acciones se complicaban por problemas sistémicos, como el empleo precario que los hace vulnerables a ser despedidos por faltar al trabajo por enfermedad.

Sin más asistencia para los trabajadores agrícolas y cooperación entre el gobierno y la industria ganadera, Gray dijo que el país corre el riesgo de permanecer a oscuras sobre este virus.

“Hay muchos estudios genómicos y trabajos de laboratorio, pero en las granjas es en donde ocurre la verdadera acción”, dijo Gray, “y no estamos prestando atención”.

Problemas de comunicación

Un trabajador lechero en Colorado dijo a Â鶹ŮÓÅ Health News que buscó atención médica hace aproximadamente un mes debido a una irritación ocular, un síntoma común de la gripe aviar.

El médico le realizó un chequeo habitual, que incluyó un análisis de orina. Pero el trabajador no había oído hablar de la gripe aviar, y el médico no la mencionó ni realizó pruebas para detectar el virus. “Me dijeron que no tenía nada”, dijo en español, hablando bajo condición de anonimato por temor a represalias de sus empleadores.

Este trabajador y otros dos en Texas dijeron que sus empleadores no les dan gafas, máscaras N95 o delantales para protegerse de la leche y otros fluidos que podrían estar contaminados con el virus. Comprar su propio equipo es difícil porque no tienen dinero.

Lo mismo ocurre con ir al médico. Un trabajador en Texas dijo que no buscó atención por fuertes dolores de cabeza y dolor de garganta porque no tiene seguro médico y no puede permitirse el costo. Supuso que los síntomas se debían a trabajar largas horas en graneros calurosos, con poca agua. “No te dan agua ni nada”, dijo. “Tú traes tus propias botellas”. Pero no hay forma de saber la causa de los síntomas, ya sea gripe aviar u otra cosa, sin hacer pruebas.

Aproximadamente una quinta parte de los trabajadores en granjas ganaderas no tienen seguro médico, según , y una proporción similar tiene ingresos familiares de menos de $40,000 al año.

Ninguno de los empleadores de los tres trabajadores agrícolas, ni oficiales en sus estados, les habían hablado de la gripe aviar, mucho menos les ofrecieron hacerse pruebas. Los CDC se jactaron en de que, a través de su asociación con Meta, la empresa propietaria de Facebook e Instagram, las publicaciones sobre la gripe aviar han aparecido en pantallas de computadoras y teléfonos inteligentes más de 10 millones de veces.

Sin embargo, este alcance no llega a los trabajadores agrícolas que no están conectados a las redes sociales, que no hablan inglés o español, o que no tienen acceso a teléfonos inteligentes e internet, dijo Bethany Boggess Alcauter, directora de investigación y programas de salud pública en el Centro Nacional de Salud de Trabajadores Agrícolas. Ella y otros dijeron que las ofertas de equipo protector de los funcionarios de salud no estaban llegando a las granjas.

“Hemos escuchado que los empleadores han sido reacios a aceptar la oferta”, dijo Christine Sauvé, gerente de política y participación del Centro de Derechos de los Inmigrantes de Michigan. “Si esto comienza a transmitirse más fácilmente de persona a persona, estamos en problemas”, dijo, “porque las unidades de vivienda de los trabajadores agrícolas están hacinadas y tienen poca ventilación”.

Las clínicas podrían alertar a los funcionarios de salud si los trabajadores agrícolas enfermos buscan atención médica. Pero muchos trabajadores agrícolas no lo hacen porque no tienen seguro médico y podrían despedirlos por faltar al trabajo.

“El mayor temor que escuchamos es la represalia de los empleadores, o que alguien pueda ser incluido en una lista negra para otros trabajos”, dijo Sauvé.

Vigilancia de la gripe

Los CDC evalúan la situación actual de la gripe aviar como un bajo riesgo para la salud pública porque el sistema de vigilancia de la gripe del país no ha detectado alertas preocupantes.

El sistema busca aumentos anormales en las visitas al hospital. No se ha detectado nada inusual hasta ahora. También analiza un subconjunto de muestras de pacientes en busca de tipos inusuales de virus de la gripe. Desde finales de febrero, la agencia ha evaluado alrededor de 36,000 muestras. Ninguna con gripe aviar.

Sin embargo, Samuel Scarpino, epidemiólogo especializado en la vigilancia de enfermedades, dijo que este sistema no detectaría muchas amenazas emergentes para la salud porque, por definición, comienzan con un número relativamente pequeño de infecciones. Aproximadamente 200,000 personas trabajan en granjas ganaderas en el país, según los CDC. Eso es solo el 0.1% de la población total del país.

Scarpino dijo que la vigilancia de los CDC se activaría si las personas comenzaran a morir por gripe aviar. Los 13 casos conocidos han sido leves. Y probablemente el sistema detectaría aumentos si el virus se propaga más allá de este grupo de trabajadores y sus contactos más cercanos, pero para entonces puede ser demasiado tarde para contenerlo.

“No queremos encontrarnos en otra situación como la de covid”, dijo Scarpino, recordando cómo las escuelas, restaurantes y negocios tuvieron que cerrar porque el coronavirus estaba demasiado extendido para controlarlo mediante pruebas y aislamiento individual. “Para cuando detectábamos casos”, dijo, “había tantos que solo nos quedaban malas opciones”.

Signos preocupantes

Los investigadores advierten que el virus H5N1 de la gripe aviar ha evolucionado en los últimos años para ser más infeccioso para los mamíferos, incluidos los humanos. Esto resalta la necesidad de monitorear lo que está ocurriendo a medida que el brote se extiende por las granjas lecheras del país.

Este virus parece estar propagándose principalmente a través de la leche y el equipo de ordeñe. Pero, por primera vez, los investigadores informaron y que se propagó de manera ineficiente a través del aire entre unos pocos hurones de laboratorio mantenidos a centímetros de distancia. Y en , algunas vacas se infectaron al inhalar diminutas gotas cargadas de virus, algo que podría ocurrir si una vaca infectada tose cerca de otra.

De hecho, las vacas tosen. El nuevo estudio de Texas señala que el ganado tosía durante los brotes en las granjas y mostraba otros signos de enfermedades respiratorias.

Otras observaciones fueron ominosas: aproximadamente la mitad de unos 40 gatos en una granja murieron repentinamente en el punto álgido de su brote, probablemente por lamer leche cruda contaminada con el virus de la gripe aviar.

La mayoría de las personas diagnosticadas con gripe aviar han sido infectadas por animales. En su nuevo estudio, Gray observó un indicio de que el virus puede ocasionalmente transmitirse de persona a persona, pero agregó que esto sigue siendo una conjetura. Uno de los dos individuos con anticuerpos trabajaba en la cafetería de la granja, junto al tambo y a los trabajadores agrícolas, pero no cerca del ganado.

“Necesitamos encontrar formas de tener una mejor vigilancia”, dijo, “para que podamos tomar decisiones informadas en lugar de decisiones basadas en suposiciones”.

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